RETRODEZCAN

Este imperativo es del todo incorrecto pero me resulta más contundente que el original RETROCEDAN. Por lo tanto, si la Real Academia de la Lengua Española me lo permite, desde hoy en adelante haré uso exclusivo de él.
Con RETRODEZCAN pretendo dar a conocer parte de mi obra pictórica, escultórica, fotográfica y, en menor proporción, literaria y, a la vez, mantener una corriente de opinión sobre los acontecimientos de naturaleza artística de hoy día.
Espero que tomeis la sabia decisión de manteneros a una distancia prudencial de mis opiniones aquí vertidas que no siempre tienen por que ser del agrado de la mayoría; ¿o, sí?

martes, 2 de septiembre de 2008

PERSONAJES POPULARES

Uno de los casos más patéticos con los que me he encontrado, y que sin embargo no eludí fotografiar pese a la intensa carga dramática que presentaba el motivo, es el de un indigente que se veía en la obligación de mendigar mostrando como reclamo los dos muñones de sus manos amputadas.

En mi opinión, su aparente resignación aún le confería una mayor crudeza a la siniestra escena.

Aún así, mi instinto fotográfico supo prevalecer y sobreponerse por encima de cualquier consideración de tipo ético, incluso estético.

1 comentario:

  1. CONJUNTO HISTORICO DEL PUERTO DE LA CRUZ
    DELIMITACIÓN
    El ámbito de protección propuesto para el Conjunto Histórico del Puerto de la Cruz adopta la forma de un polígono irregular, que acoge el área fundacional de este núcleo urbano -junto a sus barrios más antiguos, así como un número considerable de islotes correspondientes a inmuebles y espacios urbanos de gran relevancia histórica y patrimonial. La fragmentación y escasa continuidad espacial de la delimitación que se propone no es sino el resultado de las importantes transformaciones sufridas por la ciudad a partir de la expansión turística de mediados del siglo XX. Como consecuencia de la misma, gran parte de los inmuebles originales que conformaban el antiguo centro histórico de la ciudad desaparecieron, junto a las edificaciones más populares surgidas a lo largo del XIX y principios del XX y ubicadas en su periferia.
    En la actualidad subsiste un sector que mantiene, en líneas generales, la retícula urbana originaria en torno al eje que conecta la Iglesia de Nuestra Señora de la Peña y la Plaza del Charco; si bien se aprecian graves intrusiones arquitectónicas con volumetrías y tipologías desproporcionadas y de nulo valor patrimonial y/o ambiental. Esta circunstancia contribuye a explicar la presencia de los numerosos islotes, que constituyen hitos arquitectónicos aislados que han sobrevivido al cambio de la fisonomía urbana, erigiéndose en testigos de la evolución histórica portuense.
    En consecuencia, el Conjunto Histórico queda inserto dentro de un perímetro cuyos límites son los que se relacionan a continuación:
    El punto de origen se proyecta desde el extremo del dique occidental del muelle, siguiendo la costa en dirección oeste hasta alcanzar el punto con coordenadas UTM (347.467; 3.144.374), frente al Peñón del Fraile. Desde aquí prosigue por una línea perpendicular hacia el sur, hasta el comienzo del paseo de Luis Lavaggi, comprendiendo el citado Peñón; a partir del cual la línea imaginaria se proyecta hacia el este por el eje de la calle San Felipe hasta la intersección con el eje de la calle Mazaroco.
    Desde esta intersección, la línea virtual se desplaza a lo largo de la misma calle San Felipe, hacia la línea sur de fachadas, continuando por ésta hasta el cruce con la calle Teobaldo Power; desde donde el límite asciende por el frente de fachadas occidental de esta última vía hasta la confluencia con la calle Puerto Viejo. A partir de este punto, el límite se proyecta hasta el frente sur de fachadas, continuando hasta la intersección de la calle Puerto Viejo con la calle Pérez Zamora.
    Desde esta confluencia, la línea imaginaria se prolonga siguiendo el frente occidental de fachadas de esta vía hasta el cruce con la calle Dr. Ingram. Los inmuebles números 36 y 38, comprendidos en este segmento, quedan afectados en su totalidad. Asimismo, se protege la fachada sur de la vivienda nº 46, que hace esquina con Dr. Ingram (parcela 05 del polígono 81413).
    En la intersección entre las calles Pérez Zamora y Dr. Ingram, la línea perimetral se desplaza hasta el eje de la calle, ascendiendo de esta manera por Pérez Zamora hasta la confluencia con el eje de la calle Cupido; por el que continúa hasta la intersección con la calle Nieves Ravelo. Desde este punto, el límite discurre por el frente occidental de fachadas de esta calle, afectando a los inmuebles de este lado en su totalidad, hasta la intersección con el eje de la calle La Sala; prosiguiendo por él hasta la confluencia con el eje de la calle Pérez Zamora.
    A partir de la intersección con el eje de esta última, la línea se prolonga por el eje de esta misma calle hasta la plaza de la capilla de la Cruz Verde (también conocida por Santa Rita), bordeándola y alcanzando el eje de la calle Blanco, por cuyo eje desciende hasta llegar a la altura del nº 23 de dicha calle (parcela 15 del polígono 84400, según las referencias catastrales vigentes), en que se desplaza hacia la margen este y discurre por el frente de fachadas hasta alcanzar el inmueble nº 19 (esquina con la calle Valois, la parte edificada de la parcela 01, polígono 84400), que se protege en su totalidad.
    A partir de esta vivienda (calle Blanco esquina a Valois), la línea continúa por la margen sur de la calle Valois hasta la intersección con el eje de la calle Las Damas, que queda protegida totalmente en su tramo meridional hasta la intersección con la Carretera de Las Cabezas-punta de la Carretera.
    El límite prosigue en dirección este, incluyendo los inmuebles números 6, 8, 10 y 12, así como el perímetro circular de la Gasolinera de La Estrella. Retornando a la intersección entre calle Valois y calle Las Damas, el límite desciende hacia el norte por el eje de esta última vía hasta la trasera de los inmuebles 8c y 10 de la calle Iriarte (parcelas 01 y 02 del polígono 84414 según las referencias catastrales vigentes), los cuales se protegen íntegramente. La línea, por tanto, se traza desde el eje de la calle Las Damas hasta el eje de la calle Agustín de Bethencourt, siguiendo el límite de ambas parcelas.
    Desde el eje de la calle Agustín de Bethencourt, la línea se proyecta hacia el norte hasta la confluencia con el eje de la calle Iriarte, alcanzando la intersección con el eje de la calle Esquivel. A partir de este punto, la línea se desplaza, por la misma calle Iriarte, hacia el frente sur de fachadas, protegiéndose de forma integral las viviendas números 28 A y 34 A -Casa Sol, con fachada principal a la calle Zamora- de dicha calle (parcelas 01 y 04 del polígono 86410. Esta línea imaginaria se prolonga hasta el eje de la calle Zamora (intersección de las calles Iriarte y Zamora), por el cual prosigue hasta la intersección con el eje de la prolongación imaginaria del paseo de San Telmo.
    A partir de la confluencia con el eje del paseo de San Telmo, la línea discurre por el eje de éste hasta la empalizada de la Ermita de San Telmo, que rodea, en un esguince hacia el norte, hasta alcanzar el punto con coordenadas UTM (348.588; 3.144.432). Desde el extremo septentrional de la empalizada, se traza una línea virtual en dirección NE, por el mar, hasta alcanzar el punto con coordenadas UTM (348.555; 3.144.477), y desde aquí hacia el oeste hasta el punto con coordenadas UTM (348.389; 3.144.504). A partir de este punto, la línea perimétrica bordea la costa (El Penitente, espigón oriental del muelle, restos de la Batería de Santa Bárbara y playa del muelle) y asciende por el dique occidental hasta cerrar la delimitación.
    Como un apéndice en esta delimitación figura el camino de Las Damas, desde la confluencia con la calle Valois, incluyendo los inmuebles tradicionales existentes en el mismo. Se incluyen, asimismo, los siguientes islotes:
    A.- La Ermita (actualmente parroquia) de San Amaro, en la plaza de San Amaro, ocupando las parcelas 01 y 02 del polígono 95410 y extendiéndose hacia la margen norte de la calle Leopoldo Cólogan, hasta la intersección con el eje de la calle Pitera, y continuando por el eje de la calle Castaño hasta la altura del límite de la parcela.
    B.- La Ermita de San Antonio y la hacienda adyacente, que fuera propiedad de la familia Blanco (calle San Rafael, s/n), coincidente con la parcela 08 del polígono 83310, incluyendo la margen sur del camino de San Rafael.
    C.- El Sitio Little o Litre, en el paseo del Sitio Litre, 14, coincidente con el polígono 88390, parcela 01, afectando también la margen este del camino del Sitio Litre.
    D.- El Casino y el Parque Taoro, partiendo del punto con coordenadas UTM (348.300; 3.143.723) hasta el punto con coordenadas UTM (348.214; 3.143.847), continuando por la margen exterior de la carretera del Taoro (norte este y sur) hasta la intersección con la margen este del camino de la Sortija. A partir de este punto, bordea el límite oriental del polígono 80350 hasta la confluencia con el eje de la calle Dinamarca, continuando por el eje de esta calle hasta intersección con la calle Suiza. A partir de este punto, la línea discurre por la margen sur de la calle Suiza hasta la intersección con la carretera del Taoro, continuando por la margen oeste de esta carretera hasta alcanzar el punto inicial y cerrar el perímetro, comprendiendo expresamente la Iglesia Anglicana y la Casa del Párroco.
    E.- La Biblioteca Inglesa, en la calle Irlanda, coincidiendo con la parcela 10 del polígono 84340.
    F.- La hacienda de El Durazno, en la calle Grande, nº 9, esquina con el camino del Durazno; ocupando la parcela 06 del polígono 00310 y extendiéndose por el eje de los caminos Grande y del Durazno.
    G.- La capilla de la Cruz del Durazno, localizada en una placeta de tendencia triangular situada en el camino del Durazno y delimitada por el perímetro de dicha placeta. Este islote se prolonga en dirección sur en una longitud de unos 800 m, abarcando el camino de El Ciprés, entre la propia Cruz del Durazno y la zona conocida como La Palmita, en la curva de La Borruguita (antigua Carretera C-820), estableciéndose una franja de protección de 6 m a partir del eje del camino en ambas márgenes.
    H.- La casa llamada Sitio Luna, en la calle Sor Pura, 1, y el Templete de Lomo Nieves, parte de su antiguo jardín, al sur de la calle Templete, coincidiendo con las parcelas 15, 07 y 08, extendiéndose, en la parte correspondiente a la parcela 15, hacia el eje de la calle Sor Pura.
    I.- El Sitio de Lavaggi, en la Avenida Generalísimo, 7, coincidente con la parcela 08 del polígono 87411.
    J.- La Casa Cólogan, en la calle Leopoldo Cólogan Zulueta, 12, coincidiendo con la parcela 05 del polígono 95410, y el paseo de los Cipreses, a lo largo de la calle Ciprés.
    K.- La Casa del Risco de Oro y jardines, cuya delimitación comienza en la margen sur del camino de entrada a la casa, junto a la Carretera General Puerto Cruz-Las Arenas, ascendiendo por éste hasta alcanzar el punto con coordenadas U.T.M. (348.445; 3.143.900). Desde este punto se proyecta una línea en dirección este hasta alcanzar el punto con coordenadas U.T.M. (348.522; 3.143.145) y, de seguido, otra línea hasta el punto con coordenadas U.T.M. (348.600; 3.143.228). A partir de este punto, la delimitación sigue el camino por su margen este hasta la intersección con el camino de Las Tapias. El perímetro continúa por el camino de Las Tapias, incluyendo ambas márgenes, hasta la confluencia con la carretera del Taoro. Desde esta intersección, sigue el borde de la carretera del Taoro y la Carretera General Puerto Cruz-Las Arenas, por la margen este, hasta cerrar el perímetro.
    L.- La Casa Yeoward, coincidiendo con la parcela 10 del polígono 95370 y prolongando la delimitación hasta el eje de la calzada de Martiánez y la calle Yeoward.
    M.- La casa Arroyo, en la carretera general Puerto Cruz-Las Arenas. El islote conforma un polígono irregular comprendido entre los puntos con las siguientes coordenadas U.T.M.: (348.307; 3.143.045), (348.364; 3.143.068), (348.386; 3.140.014), (348.332; 3.142.992), (348.330; 3.143.020) y (348.296; 3.143.012).
    N.- La Casa del Nido, en la calle Dr. Diego Guigou, 18, conformando otro polígono irregular cuyos vértices se generan mediante la unión de los siguientes puntos con coordenadas U.T.M.: (348.456; 3.142.931), (348.462; 3.142.940), (348.948; 3.142.965), (348.499; 3.142.971), (348.504; 3.142.971), (348.521; 3.142.933), (348.459; 3.142.923) y (348.470; 3.142.940).
    Ñ.- La casa de Felipe Machado del Hoyo, en la carretera de Punta Brava, s/n, cuya delimitación corresponde a un perímetro definido por los siguientes puntos con las siguientes coordenadas U.T.M.: (347.211; 3.143.778, en el vértice NE), pasando por el punto (346.985; 3.143.660) y el (346.875; 3.143.609, en el vértice SO). Desde este punto avanza en línea recta en dirección SSE hasta el punto con coordenadas U.T.M. (346.950; 3.143.231), a partir del cual el límite meridional adopta la forma de una línea poligonal que pasa por los siguientes puntos U.T.M.: (346.999; 3.143.231), (346.996; 3.143.215), (347.010; 3.143.213), (347.013; 3.143.220), (347.034; 3.143.222), (347.033; 3.143.216), (347.100; 3.143.222), (347.046; 3.143.417), (347.045; 3.143.430), (347.080; 3.143.435), (347.090; 3.143.398), (347.209; 3.143.442), (347.164; 3.143.487), (347.189; 3.143.490), (347.189; 3.143.482), (347.220; 3.143.481), (347.215; 3.143.487), (347.232; 3.143.494), (347.235; 3.143.501), (347.244; 3.143.495), (347.255; 3.143.472), (347.263; 3.143.472), en el vértice SE. El límite oriental pasa por los siguientes puntos con coordenadas U.T.M.: (347.257; 3.143.495), (347.264; 3.143.599), desde donde prosigue en línea recta hasta el punto inicial. En cualquier caso, la delimitación de este islote de protección coincide con la propiedad de D. Felipe Machado.
    O.- El Cementerio de San Carlos, sito en el Paseo de Luis Lavaggi, así como el antiguo almacén de pólvora, coincidente con las parcelas 01, 02 y 03 del polígono 76390 y la parcela 03 del polígono 77408.
    P.- El Cementerio Protestante, en la calle Dr. Madán, coincidente con la parcela 04 del polígono78410.
    Q.- El islote configurado por la capilla de la Cruz del Chorro Cuaco, el Chorro de idéntica denominación y el conocido como Callejón de Cuaco, que parte en dirección sur desde aquella capilla, incluyendo los inmuebles tradicionales que se alinean en su margen oriental. Asimismo, se incluyen en este islote la totalidad de los inmuebles números 18 y 20, situados en la margen sur de la calle Valois, a continuación del Chorro Cuaco.
    R.- El islote configurado por los antiguos jardines del Hotel Martiánez y la Plaza de Viera y Clavijo, que conforma un perímetro con la siguiente delimitación: se inicia en la intersección de los ejes de la calle Valois y del camino del Sitio Litre, por el que asciende hasta alcanzar el punto con coordenadas U.T.M. (348.685; 3.144.097). Desde aquí se proyecta hacia el este hasta alcanzar el punto con coordenadas U.T.M. (348.691; 3.144.168). Avanza hacia el NE en línea recta hasta conectar con el eje de la calle Calzada Martiánez y envolver la Plaza de Viera y Clavijo siguiendo los ejes de esta vía, de la calle la Hoya y de la calle Valois, hasta conectar con el punto inicial.
    S.- La capilla de la Cruz de Doña Severa, situada en el extremo de las edificaciones que se alinean en la margen norte de la calle Bencomo, en el extremo occidental del barrio de Punta Brava, con un entorno de protección configurado por un cuadrilátero imaginario cuyos lados son paralelos a las cuatro fachadas de la capilla en una distancia de 3 m.
    T.- La capilla de la Cruz de Don Dámaso, situada en una curva de la Carretera TF-213 de La Vera a Los Realejos, con un perímetro de protección configurado por un cuadrilátero imaginario cuyos lados son paralelos a las cuatro fachadas de la capilla en una distancia de 3 m.

    28 de agosto de 2008 0:46
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    Blogger Antonio Dorta dijo...

    EL BARRIO DE LA RANILLA
    Junto a esta arquitectura de mayor calidad constructiva, el Puerto de la Cruz alberga notables ejemplos de arquitectura popular (en gran parte desaparecidos), que se concentraban mayormente en el barrio de La Ranilla. El auge demográfico de este núcleo urbano a partir del siglo XVIII configuró una trama urbana de calles rectas organizadas bajo una retícula de tendencia ortogonal, en la que la casa terrera de gran desarrollo longitudinal y organizada en torno a una patio central o lateral constituye el rasgo definidor de su arquitectura. Utilizando materiales más modestos, las casas presentan fachadas estrechas en las que se abren dos o tres vanos, prolongándolas en altura a medida que avanza el siglo XIX y, en especial, a partir del XX, con objeto de enmascarar las características cubiertas de tejas. Es entonces cuando proliferan igualmente viviendas de una planta con azotea, como evolución constructiva propia del siglo pasado. Esta misma tipología popular se repite en los sectores periféricos del núcleo urbano: Las Cabezas y zonas exteriores de La Hoya.

    28 de agosto de 2008 0:48
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    EL BARRIO DEL CENTRO

    El barrio de El Centro se completa con los inmuebles localizados en la calle Blanco, Dr. Ingram, Nieves Ravelo, calle Valois y Pérez Zamora.

    Predominan las viviendas de los siglos XVIII y XIX, con modificaciones en el último siglo, dos y tres plantas y patios con galerías abiertas o cerradas mediante ventanas de guillotina.

    Sobresalen los inmuebles alineados a ambos lados de la calle Pérez Zamora, en su mayor parte de dos plantas y entre los que destacan la antigua Casa del Pueblo (nº 32) o el nº 36, una de las viviendas más antiguas del Puerto de la Cruz.

    El nº 38 ofrece un original balcón central con decoración vegetal y columnillas salomónicas.

    En el patio existe otro balcón, éste en estilo neoclásico.

    En la calle Blanco, el nº 22 -o antiguo casino de la ciudad- cuenta con un torreón-mirador, mientras que el nº 19 ocupa el antiguo emplazamiento de la casa donde nació Álvarez Rixo, erigiéndose como uno de los elementos patrimoniales más valiosos del Puerto de la Cruz.

    Destacan sus ventanas delimitadas por pilastras estriadas y cornisa moldurada, así como los balcones -de gran originalidad-, gárgolas en la fachada y mirador.

    Este conjunto acoge, igualmente, elementos de arquitectura contemporánea igualmente valiosos, como la gasolinera de La Estrella (obra del arquitecto Luis Cabrera) o el Callejón de Las Damas, de indudable resonancia histórica para la ciudad.

    28 de agosto de 2008 0:56
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    LA HOYA

    En el entorno urbano de la iglesia, que incluye el sector de La Hoya, se concentran algunos de las principales vías urbanas y edificios de la ciudad.

    En la calle Quintana se alternan inmuebles del siglo XVIII de dos plantas -como el Hotel Marquesa, que destaca por su patio cuadrado delimitado por cuatro galerías altas y una destacada labor de carpintería- y algún otro, de factura modernista (nº 2), que constituye una singularidad dentro de la arquitectura portuense.

    Las calles de San Juan, Las Tiendas, La Hoya, Zamora, Iriarte y Luis de la Cruz completan la red viaria tradicional, conservando numerosos inmuebles de indudable valor patrimonial.

    Desde el nº 4 de la calle la Hoya, que, con sus dos plantas y el balcón en la fachada, constituye uno de los edificios más antiguos de la ciudad; hasta la célebre Casa Iriarte, con un patio cerrado por ventanales y dos bellos balcones en sus fachadas.

    Otros inmuebles de interés son la Casa Reimers (siglo XVIII), que dispone de granero; la Casa Ventoso (siglo XVIII), en la que la originalidad del patio con escalera decorada en lacería no desmerece la fama de su esbelto torreón con seis pisos; el nº 4 de la calle Zamora, notable por sus grandes dimensiones y por el espacioso granero en la tercera planta; el antiguo Colegio de la Pureza, construido en el siglo XVIII y conservando su torreón y un patio cerrado con ventanas de guillotina.

    28 de agosto de 2008 0:57
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    EL ARTE CANARIO

    El arte canario no siempre fue realizado por canarios. Desde la Conquista hasta el siglo XVII (tanto la civil como la religiosa) se nutrió de talleres foráneos, ya fuesen de la Baja Andalucía, de Flandes, de Génova, incluso de Méjico. Así pues, puede decirse que hasta finales del siglo XVII no había una producción artística canaria capaz de responder a la demanda de imágenes, pinturas, ornamentos religiosos, orfebrería, etc. El primer cliente era la iglesia, siendo de destacar el mecenazgo del Cabildo Catedral de Las Palmas y de las grandes Órdenes Religiosas (franciscanos, dominicos, agustinos, etc.). La aristocracia también desempeñó un papel importante, pero menor que el de la iglesia. Hay que citar, sin embargo, el protagonismo de las familias flamencas afincadas en la isla de La Palma y dedicadas a la producción y comercio de la caña de azúcar, las cuales hicieron importantes encargos de tallas y pinturas a los talleres flamencos. Hoy en día estas obras de importación se han integrado en el patrimonio cultural de las islas.

    [1. Virgen del Rosario, Escultura de madera policromada, 74 cm., Flandes, 1.ª mitad del siglo XVI, Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, Barlovento, La Palma.]

    Canarias Prehispánicas, siglos XIII y XIV

    Antes de la llegada de los conquistadores castellanos a las islas, otros europeos arribaron a sus costas: primero los genoveses, a fines del siglo XIII, y luego los catalanes y los mallorquines; estos últimos fundaron el obispado de Telde (1331-1391). Pero casi nada queda de estos primeros colonizadores del Archipiélago. Se cree que acaso sea mallorquina la imagen de San Nicolás de Tolentino que se conserva en la parroquia de la localidad del mismo nombre, en la isla de Gran Canaria. Lo mismo puede decirse de los conquistadores normandos que llegaron en el siglo XIV, de quienes sólo se conservan las ruinas góticas de San Marcial del Rubicón, en Lanzarote, y algunos elementos arquitectónicos de estilo gótico en Betancuria (Fuerteventura). La imagen de la Virgen de la Peña, patrona de esta isla, pudo haber sido traída por los normandos en el primer tercio del siglo XV. Es una hermosa escultura de alabastro, labrada en algún taller del norte de Francia.



    Arte de los conquistadores (siglo XV)

    Los conquistadores castellanos también portaban consigo imágenes sacras de campaña, como la Virgen de la Consolación, que acompañaba al Adelantado Alonso Fernández de Lugo, y que hoy se conserva en la iglesia de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife. Se cree que la Virgen de las Nieves de La Palma, que es de procedencia sevillana, también pudo haber sido traída por dicho conquistador. Sevillana es también la Virgen del Pino, patrona de Gran Canaria, realizada en barro cocido por Jorge Fernández. La primera imagen de la Virgen arribó a la isla seguramente con las misiones franciscanas en la mitad del siglo XV; perdida en el aluvión de 1826, hoy sólo la conocemos a través de copias. La del Cristo de La Laguna llegó con el Adelantado Alonso Fernández de Lugo. Es una pieza de excepcional valor artístico, tallada en madera de roble de Flandes, de estilo gótico. Antes de que el Duque de Medina Sidonia se la obsequiara al adelantado era venerada en la ermita de la Vera Cruz en Sanlúcar de Barrameda. En 1520 el conquistador la donó a su vez al convento franciscano de San Miguel de las Victorias, en cuya iglesia aún se conserva.



    El siglo XVI y su arte

    En las columnas y bóvedas de la catedral de Las Palmas -el monumento más importante de la arquitectura canaria- nos encontramos con una manifestación grandiosa del estilo gótico-manuelino. El estilo gótico también está presente en muchas portadas de palacios del barrio histórico de Vegueta, barrio que se desarrolló en torno a la fábrica de la catedral de Las Palmas.

    [2. Catedral de Las Palmas.]



    En las portadas de las mansiones de Vegueta también se conservan del estilo renacentista algunos elementos arquitectónicos clasicistas. En cuanto a las artes plásticas de esta época, siglo XVI, cabe citar la importación de algunas tallas flamencas renacentistas, datadas en el primer tercio de esta centuria, como el tríptico de Taganana, atribuido a un pintor de la escuela de Brujas, o el de la ermita de Las Nieves, en Agaete, atribuido a Joos Van Cleve.

    [3. Tríptico de Las Nieves, Agaete, las Palmas de Gran Canaria.]



    Barroco

    En Canarias, la cultura artística del Barroco abarca desde mediados del siglo XVII hasta finales del siglo XVIII. Es el primer estilo que arraiga plenamente en las Islas. Ya no cabe hablar de una implantación relativa; se manifestó en todas las artes, contando con una aportación importante de los creadores canarios, pues fue entonces cuando se formaron en los núcleos urbanos de las islas los primeros talleres que abastecían de cuadros e imágenes a las iglesias, conventos y mansiones señoriales. Lo cual no quiere decir que se dejasen de importar obras de los talleres genoveses y sevillanos; aunque se interrumpiera la importación de tallas flamencas, ya que la presencia de éstas en las islas, especialmente en La Palma, tenía que ver con un fenómeno comercial, el de la caña de azúcar, y cuando dicho monocultivo fue reemplazado por el del vino, todo el tráfico comercial de las islas se desvió a Inglaterra.

    La segunda mitad del siglo XVII en Canarias estuvo marcada por las secuelas de una gran crisis económica, de la que se hacía eco Viera y Clavijo, señalando el hecho de que todos los grandes conventos fuesen fundados antes de 1640. Sin embargo los talleres canarios desde entonces hasta finales del siglo XVIII no dejaron de producir piezas de arte sacro para los conventos, ermitas y parroquias de las islas.



    Durante el siglo XVII se configura el modelo de la arquitectura tradicional canario, tanto en la tipología civil (la casa) como en la religiosa (la iglesia, la ermita y el convento). El uso de la madera en las ventanas exteriores, en las balaustradas de los patios interiores y en los artesonados de los salones y en los suelos infunde personalidad a estas creaciones anónimas de nuestra arquitectura. La tradición artesanal de la carpintería proclama su origen mudéjar, proveniente de la Baja Andalucía, en tanto que ciertas soluciones arquitectónicas apuntan a un origen portugués.



    En la pintura surgen los primeros maestros canarios, como el orotavense Gaspar de Quevedo, nacido en 1616. Entre los siglos XVII y XVIII trabajaron Cristóbal Hernández de Quintana (1651-1725), en Tenerife, y Bernardo Manuel de Silva (1655-1721), en La Palma, quien también cultivó la imaginería religiosa. Y a finales de dicha centuria hay que destacar la labor del grancanario Juan de Miranda (1723-1805).

    En el estilo barroco también se expresó el más grande escultor que ha dado Canarias durante el Antiguo Régimen, el imaginero José Luján Pérez (1756-1815), creador en sus imágenes marianas de un modelo de rotunda y deslumbrante belleza, véase la Dolorosa de la Catedral de Las Palmas, que la devoción popular asocia con la fisonomía de la mujer canaria. Las obras que proyectó como arquitecto evidencian su filiación a la estética neoclásica, por ejemplo, sus intervenciones en la catedral de Las Palmas.

    [4. Cristo de Luján Pérez, Catedral de Las Palmas.]



    Durante los siglos XVII y XVIII florecieron también las labores de orfebrería. La plata traída de América se repujaba en los talleres canarios, sobresaliendo la calidad de las piezas elaboradas por los orfebres laguneros. Asimismo floreció el arte del retablo: esas portentosas fábricas de madera dorada que decoran suntuosamente los interiores de los templos de las islas.



    Los mejores frutos artísticos llegaron en la segunda mitad del siglo XVIII. El modelo de vivienda aristocrática alcanzó entonces su máximo esplendor (véase la denominada Casa de los Balcones, de la Orotava). Esta tipología se caracteriza por el brillante desarrollo de las fachadas -de tres plantas, con un balcón corrido en el granero-, y por la amplitud y nobleza de los patios interiores -con corredores sustentados por columnas, que podían ser de piedra o de madera, y balaustradas de madera talladas con maestría y primor- De uno de los costados del patio partía la escalera de madera que conducía al salón noble de la casa, cuyas ventanas, dotadas de asientos, daban a la fachada principal del edificio.



    En las últimas décadas del siglo XVIII, la penetración de las ideas ilustradas procedentes de Europa supuso una modernización «externa» de la casa tradicional canaria, que perdió algo de su aire señorial y rústico para vestirse con la apariencia decorosa de la edificación urbana. Las referencias neoclásicas, que se manifiestan en la regularización de los vanos, en el uso discreto de frontones y, sobre todo, en la tendencia a tapar los aleros de los tejados, constituyen modificaciones estilísticas que no afectan a la estructura interna de la vivienda. Es tan sólo un cambio de piel.



    Arte del siglo XIX

    El nuevo espíritu cívico, que la ilustración canaria promovió a finales del siglo XVIII, fue el desencadenamiento ideológico que hizo posible durante la centuria siguiente el desarrollo urbano de las dos capitales canarias, Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, ciudades que crecerían impulsadas por la actividad comercial de sus respectivos puertos. La arquitectura y el urbanismo serán un reflejo de estas profundas transformaciones que se estaban operando en la sociedad canaria.



    Los principales arquitectos ejercieron también de urbanistas: Manuel de Oraá (1822-1889), en Tenerife, que proyectó el Teatro Guimerá; y Manuel Ponce de León y Falcón (1812-1880), que también practicó la pintura, a quien se debe el diseño de la plaza del Espíritu Santo, en Las Palmas de Gran Canaria.



    En el terreno de las artes figurativas esta nueva mentalidad determina el nacimiento del retrato burgués. Como las rentas de la iglesia disminuyeron sensiblemente y la religiosidad se fue enfriando, un nuevo tipo de mecenazgo acabaría por imponerse: el de la burguesía y el de las instituciones públicas (ayuntamientos, cabildos, etc.). Salvo excepciones, no hay pintura mitológica, ni pintura de ruinas, ni versiones morales de la historia romana.



    Los artistas se convierten en profesionales burgueses: Luján Pérez fue consejero del Cabildo de Las Palmas, Fernando Estévez, concejal del Ayuntamiento de la Orotava, y Luis de la Cruz, alcalde del Puerto de la Cruz.



    Los dos artistas neoclásicos más importantes que dio Canarias fueron el pintor Luis de la Cruz y Ríos (1776-1853) y el imaginero Fernando Estévez (1788-1854). El primero fue un magnífico retratista y miniaturista, para quien posó la aristocracia isleña, antes de que Fernando VII lo nombrara pintor de Corte, debiendo trasladarse a Madrid, donde siguió cultivando la miniatura y el retrato al óleo. De Fernando Estévez, cabe decir que fue discípulo de Luján Pérez. Su estilo es más sosegado y clásico que el de su maestro. La serenidad, como se sabe es un atributo estético del arte neoclásico. Plasmó en sus vírgenes un modelo de belleza femenina cuya expresión dulce y melancólica induce a pensar en la influencia que pudo haber recibido de la estatuaria genovesa de la época, cuyas piezas se siguieron importando en Canarias a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Véase su Magdalena de la Catedral de La Laguna, o el Nazareno de la iglesia de Santo Domingo, en Santa Cruz de La Palma. En 1846, atraído por el auge comercial de su puerto, se instaló en Santa Cruz, donde abrió un taller, y fue nombrado profesor de dibujo y modelado en la recién creada Academia Provincial de Bellas Artes.



    En el siglo XIX el pintor canario descubre la naturaleza. Al principio sus visiones eran idealizadas y románticas, por ejemplo, en los paisajes de Cirilo Truilhé (1813-1904); pero después, la visión naturalista es implantada por una generación de pintores canarios que estudiaron en Madrid con el maestro Carlos Haes entre los cuales el más dotado fue, sin lugar a dudas, Valentín Sanz y Carta (1849-1898). Nadie antes que él supo representar los paisajes de las cumbres de las islas, atravesados por profundos barrancos y cubiertos por la frondosa vegetación de la laurisilva y el pino canariensis. Gracias a la recomendación de su amigo el político grancanario Fernando de León y Castillo, que era un admirador de su pintura, se enroló como dibujante en una expedición científica que zarpaba rumbo a las Antillas. Al llegar al puerto de La Habana, nuestro pintor se quedó prendado de la ciudad, donde muy pronto se granjeó fama de hábil retratista y paisajista consumado. Sorprendido por el éxito alcanzado entre la sociedad criolla, decidió presentarse a una oposición para cubrir la cátedra de Paisaje en la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, de La Habana. No tuvo dificultad en ganarla, y se quedó en dicha capital, donde pintó evocadoras imágenes del interior y de las costas. A los 49 años, hallándose en la plenitud de sus facultades creativas, falleció en La Habana, a causa de unas fiebres contraídas en una visita que realizó con su esposa a la región de los lagos (State Islands), en Estados Unidos.

    Si Luis de la Cruz emigró a Madrid y Valentín Sanz a La Habana, el palmero Manuel González Méndez (1843-1909) lo hizo a París. Allí adquirió una sólida formación académica, estudiando con el afamado maestro Gérome. Despuntó, sobre todo, en el arte del retrato.

    [5. Fragmento de la obra Molino de viento, Valentín Sanz Carta.]



    Umbral del siglo XX

    En el umbral del siglo XX hay que citar la figura del pintor y decorador grancanario Néstor Martín Fernández de la Torre (1887-1938); quien nos ha dejado dos grandes series pictóricas que reflejan su adscripción a la estética del simbolismo modernista: el Poema del Mar y el Poema de la Tierra, quedando ésta última inconclusa. Estas series sólo son una parte del ambicioso Poema de los Elementos, que, como homenaje a la naturaleza canaria había proyectado realizar, y que su temprana muerte truncó. Antes de él ningún artista canario se había atrevido a realizar tan vastas decoraciones murales. Sirva de ejemplo las que ejecutó para el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas o para el Casino de Santa Cruz de Tenerife. El muralismo fue también cultivado por José Aguiar (1895-1976), nacido en Cuba, aunque de origen gomero -sus padres eran de Agulo-. A comienzos de la década de los 30, mientras Néstor realizaba su decoración del Casino de Santa Cruz, Aguiar ejecutaba en el mismo edificio otro gran mural, el Friso Isleño. Se formó en Italia, en contacto con los artistas del grupo Novecento, próximos a la ideología del Fascio. A su vuelta, y una vez terminada la Guerra Civil, se propuso reflejar en imágenes la ideología de los vencedores. Con el paso del tiempo, su temperamento apasionado le llevó a practicar una pintura barroca y expresionista, de colores intensos y composiciones abigarradas, como se puede contemplar en los grandes murales que realizó para el Cabildo de Santa Cruz de Tenerife (1951-60) y para la Basílica de Candelaria, que hubo de concluir su hijo.

    [6. Segunda Tapada. El Fandango de Candil. Acuarela. 29 x 23 cms. 1927, Museo de Néstor.]



    En el primer tercio del siglo XX, hay que citar también la producción paisajística de dos pintores en cuyas obras se refleja la influencia de la escuela impresionista: el tinerfeño Botas Ghirlanda (1882-1917), que pasó una temporada en Nápoles, pintando su bahía, y el grancanario Nicolás Massieu y Matos (1874-1954), de quien cabe mencionar sus visiones de las cumbres de Gran Canaria. Dentro del impresionismo se encuadra la producción de los acuarelistas canarios, cuya estética deriva de las acuarelas que realizaron los viajeros ingleses que visitaron las islas en el siglo XIX, como Alfred Diston. El más dotado de todos los acuarelistas canarios fue Francisco Bonnín (1874-1963). Sus visiones tópicas y amables del campo de las islas responden a los planteamientos estéticos e ideológicos del regionalismo, que contó con otros cultivadores representativos, como José Aguiar, al que ya nos hemos referido, y el costumbrista Pedro de Guezala (1896-1960), que se especializó en la fijación de una iconografía tópica del campesinado canario, haciéndose populares sus cuadros de magos y magas.

    [7. Óleo de Botas Ghirlanda.]



    En cuanto a la arquitectura, hay que decir que, desde mediados del siglo XIX hasta principios del siglo XX, predominan los neoestilos y el eclecticismo. Luego, a principios del siglo XX, se impone el estilo decorativo del modernismo, que se expande en amplias zonas de la calle Triana, en Las Palmas, así como en el Barrio de los Hoteles, en Santa Cruz de Tenerife. Los principales arquitectos modernistas canarios fueron Estanga, Pintor, Pisaca, etc.

    Como reacción al decorativismo modernista surge el racionalismo arquitectónico, defendido por la revista de vanguardia Gaceta de Arte, cuyo director Eduardo Westerdahl fue un encendido defensor de la nueva arquitectura funcional. Los principales arquitectos que proyectaron en este estilo fueron en Gran Canaria, Miguel Martín Fernández de la Torre, hermano del pintor Néstor, y en Tenerife, Marrero Regalado. Ambos se pasaron a una estética regionalista, llamada neocanario, que se desarrolló en los años cuarenta y cincuenta.



    En las artes plásticas, los años treinta vieron el auge del arte de vanguardia: por una parte, el surrealismo de Óscar Domínguez y Juan Ismael, por otra parte, el indigenismo, que fue promovido por la Escuela Luján Pérez en Las Palmas. Pintores como Felo Monzón y Jorge Oramas o escultores como Plácido Fleitas y Eduardo Gregorio, se propusieron reflejar en imágenes los rasgos de identidad del paisaje y del hombre de las islas. Mientras que en París, el tinerfeño Óscar Domínguez, el más internacional de los artistas que han dado las islas, pintaba evocaciones oníricas del paisaje insular.

    [8. Autorretrato, lápiz rojo sobre papel, 24 x 18 cms., José Jorge Oramas.]



    La Guerra Civil cercenó este renacimiento cultural. Hubo que empezar de nuevo. En los años cincuenta se formó en la ciudad de Las Palmas, el grupo «LADAC», en el que inició su andadura artística Manolo Millares, quien luego jugaría un papel trascendental en el desarrollo del arte abstracto español, como fundador del grupo «El Paso», (1967), del que también formó parte el escultor grancanario Martín Chirino. El arte dramático de Millares se valió de la ruda y raída arpillera para dar cuenta de la situación de angustia que se vivía en España en los años de la dictadura franquista; pero también este humilde material expresaba simbólicamente el amor que este artista sentía por la cultura aborigen canaria: sus homúnculos evocan los cueros retorcidos y acartonados que amortajaban las momias guanches conservadas tras las vitrinas del Museo Canario de Las Palmas. La obra escultórica de Chirino está exenta de connotaciones dramáticas. El planteamiento formal de sus piezas se sustenta en el efecto de expansión/concentración potenciado por el desarrollo de líneas de fuerza estructurales. Sus esculturas, realizadas en hierro, bronce y acero cortén, son representaciones simbólicas de la vida originaria, como lo proclama la perfección orgánica y eurrítmica de sus espirales. La alusión a los petroglifos de la cultura aborigen les confiere a estas espirales el valor de emblemas de la entidad canaria.

    Mientras Millares y Chirino participaban en Madrid en la aventura de «El Paso», otro artista canario, César Manrique (1920-1992), establecido como aquéllos en la capital de España realizaba una pintura abstracta cuya textura matérica constituía una alusión simbólica, metonímica, al territorio volcánico de su isla natal, Lanzarote. Tras unos años de fructífera estancia en Nueva York (1964-68), tomó la decisión de volver a Canarias, cumpliendo en la isla de Lanzarote su vocación de artista total: pintor, escultor (véanse sus imaginativos móviles), arquitecto paisajista, diseñador, etc.

    Desde la Conquista ¾ cuando todas las piezas artísticas eran importadas¾ hasta hoy, el hombre canario ha ido proponiendo distintos modelos de interpretación del mundo y ha encontrado en el arte una forma de afirmación de su identidad.

    [9. El viento, escultura de Martín Chirino.]



    Bibliografía

    General

    CASTRO BORREGO, Fernando: Antología crítica del arte en Canarias, Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, 1987.

    Libro de síntesis divulgativa, organizado de modo didáctico. Selección de 160 diapositivas comentadas sobre las artes plásticas canarias desde la Conquista hasta los años setenta.



    GALANTE GÓMEZ, Francisco: Historia crítico-descriptiva de la arquitectura canaria, Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, 1987.

    Libro de síntesis divulgativa sobre la arquitectura canaria. Selección de 183 diapositivas, desde la Conquista hasta los años setenta, organizadas según un criterio tipológico.



    HERNÁNDEZ PERERA, Jesús: «Arte» en Canarias, Fundación March, Editorial Noguer, 1984.

    Libro de síntesis realizado por uno de los fundadores de la historia del arte canario.



    VV.AA.: Historia del arte en Canarias, Edirca, Las Palmas de Gran Canaria, 1982.

    Libro de síntesis divulgativa.



    VV.AA. Biblioteca de Artistas Canarios, colección dirigida por Fernando Castro Borrego, Consejería de Cultura del Gobierno de Canarias, se publica a partir de 1991.



    VV.AA.: Homenaje a Alfonso Trujillo. Arte y Arqueología, tomo I, Aula de Cultura del Cabildo de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1982.

    Artículos de investigación sobre distintos capítulos del arte en Canarias.



    Específica

    FRAGA, M.ª del Carmen: La arquitectura mudéjar en Canarias, Aula de Cultura, Santa Cruz de Tenerife, 1977.

    Contribución esencial al estudio de las relaciones entre la arquitectura mudéjar canaria y de la Baja Andalucía.

    GALANTE GÓMEZ, Francisco: La idea clásica en la arquitectura canaria. 1775-1900. Santa Cruz de Tenrife, 1989.

    Visión de conjunto de este periodo de la arquitectura canaria.



    HERNÁNDEZ PERERA, Jesús: La orfebrería en Canarias. Madrid, 1955.

    Libro fundamnetal para conocer este capítulo de las artes suntuarias en Canarias. Fue modelo metodológico para los ulteriores trabajos sobre platería que se realizaron en España.



    MARTÍN RODRÍGUEZ, Fernando: Arquitectura doméstica canaria, Cabildo Insular de Tenerife,Santa Cruz de Tenerife, 1978.

    Libro imprescindible para conocer la evolución y las características de nuestra arquitectura tradicional.



    RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Margarita: La pintura en Canarias durante el siglo XVIII. Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 1986.

    Trabajo de investigación valioso por los datos de archivo que aporta.



    TRUJILLO RODRÍGUEZ, Alfonso: Arte gótico en Canarias. Cabildo Insular de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1976.

    Trabajo de síntesis sobre este periodo.



    TRUJILLO RODRÍGUEZ, Alfonso: El retablo barroco en Canarias. La Guagua, n.º 2, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1979.

    Libro de consulta obligatoria para quien quiera conocer este capítulo del arte religioso en Canarias.



    VV.AA.: El museo imaginado. 1930-1990. Catálogo de la exposición del CAAM, Las Plalmas de Gran Canaria, diciembre-enero, 1991-1992.

    Panorámica del arte moderno en Canarias. Ensayo de interpretación.



    VV.AA.: Gaceta de Arte y su época. 1932-1936. Catálogo de la exposición del CAAM, Las Palmas de Gran Canaria, 1996.

    Valoración sobre el significado de las vanguardias insulares.



    Ilustraciones

    1. PÉREZ MORERA, Jesús: Silva. Biblioteca de Artistas Canarios,Viceconsejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 1994, pág 84.

    2. MILLARES TORRES, Agustín: Historia General de las Islas Canarias, Tomo IV, Edirca, Las Palmas de Gran Canaria, 1977, pág 343.

    3. Gran Enciclopedia Canaria. Tomo III, Ediciones Canarias,Santa Cruz de Tenerife, 1995, pág. 768.

    4. MILLARES TORRES, Agustín: Historia General de las Islas Canarias, Tomo IV, Edirca, Las Palmas de Gran Canaria, 1977, pág 183.

    5. Gran Enciclopedia Canaria. Tomo III, Ediciones Canarias,Santa Cruz de Tenerife, 1995, pág. 776.

    6. ALMEIDA CABRERA, Pedro: Néstor. Biblioteca de Artistas Canarios, Viceconsejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 1991, pág 124.

    7. Gran Enciclopedia Canaria. Tomo II, Ediciones Canarias,Santa Cruz de Tenerife, 1995, pág. 395.

    8. JIMÉNEZ DORESTE, Josefa Alicia: Oramas. Biblioteca de Artistas Canarios, Viceconsejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 1991, pág 21.

    9. Geo. Especial Canarias, pág 89.

    28 de agosto de 2008 3:19
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    Blogger Antonio Dorta dijo...

    EL ARTE CANARIO

    El arte canario no siempre fue realizado por canarios. Desde la Conquista hasta el siglo XVII (tanto la civil como la religiosa) se nutrió de talleres foráneos, ya fuesen de la Baja Andalucía, de Flandes, de Génova, incluso de Méjico. Así pues, puede decirse que hasta finales del siglo XVII no había una producción artística canaria capaz de responder a la demanda de imágenes, pinturas, ornamentos religiosos, orfebrería, etc. El primer cliente era la iglesia, siendo de destacar el mecenazgo del Cabildo Catedral de Las Palmas y de las grandes Órdenes Religiosas (franciscanos, dominicos, agustinos, etc.). La aristocracia también desempeñó un papel importante, pero menor que el de la iglesia. Hay que citar, sin embargo, el protagonismo de las familias flamencas afincadas en la isla de La Palma y dedicadas a la producción y comercio de la caña de azúcar, las cuales hicieron importantes encargos de tallas y pinturas a los talleres flamencos. Hoy en día estas obras de importación se han integrado en el patrimonio cultural de las islas.

    [1. Virgen del Rosario, Escultura de madera policromada, 74 cm., Flandes, 1.ª mitad del siglo XVI, Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, Barlovento, La Palma.]

    Canarias Prehispánicas, siglos XIII y XIV

    Antes de la llegada de los conquistadores castellanos a las islas, otros europeos arribaron a sus costas: primero los genoveses, a fines del siglo XIII, y luego los catalanes y los mallorquines; estos últimos fundaron el obispado de Telde (1331-1391). Pero casi nada queda de estos primeros colonizadores del Archipiélago. Se cree que acaso sea mallorquina la imagen de San Nicolás de Tolentino que se conserva en la parroquia de la localidad del mismo nombre, en la isla de Gran Canaria. Lo mismo puede decirse de los conquistadores normandos que llegaron en el siglo XIV, de quienes sólo se conservan las ruinas góticas de San Marcial del Rubicón, en Lanzarote, y algunos elementos arquitectónicos de estilo gótico en Betancuria (Fuerteventura). La imagen de la Virgen de la Peña, patrona de esta isla, pudo haber sido traída por los normandos en el primer tercio del siglo XV. Es una hermosa escultura de alabastro, labrada en algún taller del norte de Francia.



    Arte de los conquistadores (siglo XV)

    Los conquistadores castellanos también portaban consigo imágenes sacras de campaña, como la Virgen de la Consolación, que acompañaba al Adelantado Alonso Fernández de Lugo, y que hoy se conserva en la iglesia de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife. Se cree que la Virgen de las Nieves de La Palma, que es de procedencia sevillana, también pudo haber sido traída por dicho conquistador. Sevillana es también la Virgen del Pino, patrona de Gran Canaria, realizada en barro cocido por Jorge Fernández. La primera imagen de la Virgen arribó a la isla seguramente con las misiones franciscanas en la mitad del siglo XV; perdida en el aluvión de 1826, hoy sólo la conocemos a través de copias. La del Cristo de La Laguna llegó con el Adelantado Alonso Fernández de Lugo. Es una pieza de excepcional valor artístico, tallada en madera de roble de Flandes, de estilo gótico. Antes de que el Duque de Medina Sidonia se la obsequiara al adelantado era venerada en la ermita de la Vera Cruz en Sanlúcar de Barrameda. En 1520 el conquistador la donó a su vez al convento franciscano de San Miguel de las Victorias, en cuya iglesia aún se conserva.



    El siglo XVI y su arte

    En las columnas y bóvedas de la catedral de Las Palmas -el monumento más importante de la arquitectura canaria- nos encontramos con una manifestación grandiosa del estilo gótico-manuelino. El estilo gótico también está presente en muchas portadas de palacios del barrio histórico de Vegueta, barrio que se desarrolló en torno a la fábrica de la catedral de Las Palmas.

    [2. Catedral de Las Palmas.]



    En las portadas de las mansiones de Vegueta también se conservan del estilo renacentista algunos elementos arquitectónicos clasicistas. En cuanto a las artes plásticas de esta época, siglo XVI, cabe citar la importación de algunas tallas flamencas renacentistas, datadas en el primer tercio de esta centuria, como el tríptico de Taganana, atribuido a un pintor de la escuela de Brujas, o el de la ermita de Las Nieves, en Agaete, atribuido a Joos Van Cleve.

    [3. Tríptico de Las Nieves, Agaete, las Palmas de Gran Canaria.]



    Barroco

    En Canarias, la cultura artística del Barroco abarca desde mediados del siglo XVII hasta finales del siglo XVIII. Es el primer estilo que arraiga plenamente en las Islas. Ya no cabe hablar de una implantación relativa; se manifestó en todas las artes, contando con una aportación importante de los creadores canarios, pues fue entonces cuando se formaron en los núcleos urbanos de las islas los primeros talleres que abastecían de cuadros e imágenes a las iglesias, conventos y mansiones señoriales. Lo cual no quiere decir que se dejasen de importar obras de los talleres genoveses y sevillanos; aunque se interrumpiera la importación de tallas flamencas, ya que la presencia de éstas en las islas, especialmente en La Palma, tenía que ver con un fenómeno comercial, el de la caña de azúcar, y cuando dicho monocultivo fue reemplazado por el del vino, todo el tráfico comercial de las islas se desvió a Inglaterra.

    La segunda mitad del siglo XVII en Canarias estuvo marcada por las secuelas de una gran crisis económica, de la que se hacía eco Viera y Clavijo, señalando el hecho de que todos los grandes conventos fuesen fundados antes de 1640. Sin embargo los talleres canarios desde entonces hasta finales del siglo XVIII no dejaron de producir piezas de arte sacro para los conventos, ermitas y parroquias de las islas.



    Durante el siglo XVII se configura el modelo de la arquitectura tradicional canario, tanto en la tipología civil (la casa) como en la religiosa (la iglesia, la ermita y el convento). El uso de la madera en las ventanas exteriores, en las balaustradas de los patios interiores y en los artesonados de los salones y en los suelos infunde personalidad a estas creaciones anónimas de nuestra arquitectura. La tradición artesanal de la carpintería proclama su origen mudéjar, proveniente de la Baja Andalucía, en tanto que ciertas soluciones arquitectónicas apuntan a un origen portugués.



    En la pintura surgen los primeros maestros canarios, como el orotavense Gaspar de Quevedo, nacido en 1616. Entre los siglos XVII y XVIII trabajaron Cristóbal Hernández de Quintana (1651-1725), en Tenerife, y Bernardo Manuel de Silva (1655-1721), en La Palma, quien también cultivó la imaginería religiosa. Y a finales de dicha centuria hay que destacar la labor del grancanario Juan de Miranda (1723-1805).

    En el estilo barroco también se expresó el más grande escultor que ha dado Canarias durante el Antiguo Régimen, el imaginero José Luján Pérez (1756-1815), creador en sus imágenes marianas de un modelo de rotunda y deslumbrante belleza, véase la Dolorosa de la Catedral de Las Palmas, que la devoción popular asocia con la fisonomía de la mujer canaria. Las obras que proyectó como arquitecto evidencian su filiación a la estética neoclásica, por ejemplo, sus intervenciones en la catedral de Las Palmas.

    [4. Cristo de Luján Pérez, Catedral de Las Palmas.]



    Durante los siglos XVII y XVIII florecieron también las labores de orfebrería. La plata traída de América se repujaba en los talleres canarios, sobresaliendo la calidad de las piezas elaboradas por los orfebres laguneros. Asimismo floreció el arte del retablo: esas portentosas fábricas de madera dorada que decoran suntuosamente los interiores de los templos de las islas.



    Los mejores frutos artísticos llegaron en la segunda mitad del siglo XVIII. El modelo de vivienda aristocrática alcanzó entonces su máximo esplendor (véase la denominada Casa de los Balcones, de la Orotava). Esta tipología se caracteriza por el brillante desarrollo de las fachadas -de tres plantas, con un balcón corrido en el granero-, y por la amplitud y nobleza de los patios interiores -con corredores sustentados por columnas, que podían ser de piedra o de madera, y balaustradas de madera talladas con maestría y primor- De uno de los costados del patio partía la escalera de madera que conducía al salón noble de la casa, cuyas ventanas, dotadas de asientos, daban a la fachada principal del edificio.



    En las últimas décadas del siglo XVIII, la penetración de las ideas ilustradas procedentes de Europa supuso una modernización «externa» de la casa tradicional canaria, que perdió algo de su aire señorial y rústico para vestirse con la apariencia decorosa de la edificación urbana. Las referencias neoclásicas, que se manifiestan en la regularización de los vanos, en el uso discreto de frontones y, sobre todo, en la tendencia a tapar los aleros de los tejados, constituyen modificaciones estilísticas que no afectan a la estructura interna de la vivienda. Es tan sólo un cambio de piel.



    Arte del siglo XIX

    El nuevo espíritu cívico, que la ilustración canaria promovió a finales del siglo XVIII, fue el desencadenamiento ideológico que hizo posible durante la centuria siguiente el desarrollo urbano de las dos capitales canarias, Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, ciudades que crecerían impulsadas por la actividad comercial de sus respectivos puertos. La arquitectura y el urbanismo serán un reflejo de estas profundas transformaciones que se estaban operando en la sociedad canaria.



    Los principales arquitectos ejercieron también de urbanistas: Manuel de Oraá (1822-1889), en Tenerife, que proyectó el Teatro Guimerá; y Manuel Ponce de León y Falcón (1812-1880), que también practicó la pintura, a quien se debe el diseño de la plaza del Espíritu Santo, en Las Palmas de Gran Canaria.



    En el terreno de las artes figurativas esta nueva mentalidad determina el nacimiento del retrato burgués. Como las rentas de la iglesia disminuyeron sensiblemente y la religiosidad se fue enfriando, un nuevo tipo de mecenazgo acabaría por imponerse: el de la burguesía y el de las instituciones públicas (ayuntamientos, cabildos, etc.). Salvo excepciones, no hay pintura mitológica, ni pintura de ruinas, ni versiones morales de la historia romana.



    Los artistas se convierten en profesionales burgueses: Luján Pérez fue consejero del Cabildo de Las Palmas, Fernando Estévez, concejal del Ayuntamiento de la Orotava, y Luis de la Cruz, alcalde del Puerto de la Cruz.



    Los dos artistas neoclásicos más importantes que dio Canarias fueron el pintor Luis de la Cruz y Ríos (1776-1853) y el imaginero Fernando Estévez (1788-1854). El primero fue un magnífico retratista y miniaturista, para quien posó la aristocracia isleña, antes de que Fernando VII lo nombrara pintor de Corte, debiendo trasladarse a Madrid, donde siguió cultivando la miniatura y el retrato al óleo. De Fernando Estévez, cabe decir que fue discípulo de Luján Pérez. Su estilo es más sosegado y clásico que el de su maestro. La serenidad, como se sabe es un atributo estético del arte neoclásico. Plasmó en sus vírgenes un modelo de belleza femenina cuya expresión dulce y melancólica induce a pensar en la influencia que pudo haber recibido de la estatuaria genovesa de la época, cuyas piezas se siguieron importando en Canarias a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Véase su Magdalena de la Catedral de La Laguna, o el Nazareno de la iglesia de Santo Domingo, en Santa Cruz de La Palma. En 1846, atraído por el auge comercial de su puerto, se instaló en Santa Cruz, donde abrió un taller, y fue nombrado profesor de dibujo y modelado en la recién creada Academia Provincial de Bellas Artes.



    En el siglo XIX el pintor canario descubre la naturaleza. Al principio sus visiones eran idealizadas y románticas, por ejemplo, en los paisajes de Cirilo Truilhé (1813-1904); pero después, la visión naturalista es implantada por una generación de pintores canarios que estudiaron en Madrid con el maestro Carlos Haes entre los cuales el más dotado fue, sin lugar a dudas, Valentín Sanz y Carta (1849-1898). Nadie antes que él supo representar los paisajes de las cumbres de las islas, atravesados por profundos barrancos y cubiertos por la frondosa vegetación de la laurisilva y el pino canariensis. Gracias a la recomendación de su amigo el político grancanario Fernando de León y Castillo, que era un admirador de su pintura, se enroló como dibujante en una expedición científica que zarpaba rumbo a las Antillas. Al llegar al puerto de La Habana, nuestro pintor se quedó prendado de la ciudad, donde muy pronto se granjeó fama de hábil retratista y paisajista consumado. Sorprendido por el éxito alcanzado entre la sociedad criolla, decidió presentarse a una oposición para cubrir la cátedra de Paisaje en la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, de La Habana. No tuvo dificultad en ganarla, y se quedó en dicha capital, donde pintó evocadoras imágenes del interior y de las costas. A los 49 años, hallándose en la plenitud de sus facultades creativas, falleció en La Habana, a causa de unas fiebres contraídas en una visita que realizó con su esposa a la región de los lagos (State Islands), en Estados Unidos.

    Si Luis de la Cruz emigró a Madrid y Valentín Sanz a La Habana, el palmero Manuel González Méndez (1843-1909) lo hizo a París. Allí adquirió una sólida formación académica, estudiando con el afamado maestro Gérome. Despuntó, sobre todo, en el arte del retrato.

    [5. Fragmento de la obra Molino de viento, Valentín Sanz Carta.]



    Umbral del siglo XX

    En el umbral del siglo XX hay que citar la figura del pintor y decorador grancanario Néstor Martín Fernández de la Torre (1887-1938); quien nos ha dejado dos grandes series pictóricas que reflejan su adscripción a la estética del simbolismo modernista: el Poema del Mar y el Poema de la Tierra, quedando ésta última inconclusa. Estas series sólo son una parte del ambicioso Poema de los Elementos, que, como homenaje a la naturaleza canaria había proyectado realizar, y que su temprana muerte truncó. Antes de él ningún artista canario se había atrevido a realizar tan vastas decoraciones murales. Sirva de ejemplo las que ejecutó para el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas o para el Casino de Santa Cruz de Tenerife. El muralismo fue también cultivado por José Aguiar (1895-1976), nacido en Cuba, aunque de origen gomero -sus padres eran de Agulo-. A comienzos de la década de los 30, mientras Néstor realizaba su decoración del Casino de Santa Cruz, Aguiar ejecutaba en el mismo edificio otro gran mural, el Friso Isleño. Se formó en Italia, en contacto con los artistas del grupo Novecento, próximos a la ideología del Fascio. A su vuelta, y una vez terminada la Guerra Civil, se propuso reflejar en imágenes la ideología de los vencedores. Con el paso del tiempo, su temperamento apasionado le llevó a practicar una pintura barroca y expresionista, de colores intensos y composiciones abigarradas, como se puede contemplar en los grandes murales que realizó para el Cabildo de Santa Cruz de Tenerife (1951-60) y para la Basílica de Candelaria, que hubo de concluir su hijo.

    [6. Segunda Tapada. El Fandango de Candil. Acuarela. 29 x 23 cms. 1927, Museo de Néstor.]



    En el primer tercio del siglo XX, hay que citar también la producción paisajística de dos pintores en cuyas obras se refleja la influencia de la escuela impresionista: el tinerfeño Botas Ghirlanda (1882-1917), que pasó una temporada en Nápoles, pintando su bahía, y el grancanario Nicolás Massieu y Matos (1874-1954), de quien cabe mencionar sus visiones de las cumbres de Gran Canaria. Dentro del impresionismo se encuadra la producción de los acuarelistas canarios, cuya estética deriva de las acuarelas que realizaron los viajeros ingleses que visitaron las islas en el siglo XIX, como Alfred Diston. El más dotado de todos los acuarelistas canarios fue Francisco Bonnín (1874-1963). Sus visiones tópicas y amables del campo de las islas responden a los planteamientos estéticos e ideológicos del regionalismo, que contó con otros cultivadores representativos, como José Aguiar, al que ya nos hemos referido, y el costumbrista Pedro de Guezala (1896-1960), que se especializó en la fijación de una iconografía tópica del campesinado canario, haciéndose populares sus cuadros de magos y magas.

    [7. Óleo de Botas Ghirlanda.]



    En cuanto a la arquitectura, hay que decir que, desde mediados del siglo XIX hasta principios del siglo XX, predominan los neoestilos y el eclecticismo. Luego, a principios del siglo XX, se impone el estilo decorativo del modernismo, que se expande en amplias zonas de la calle Triana, en Las Palmas, así como en el Barrio de los Hoteles, en Santa Cruz de Tenerife. Los principales arquitectos modernistas canarios fueron Estanga, Pintor, Pisaca, etc.

    Como reacción al decorativismo modernista surge el racionalismo arquitectónico, defendido por la revista de vanguardia Gaceta de Arte, cuyo director Eduardo Westerdahl fue un encendido defensor de la nueva arquitectura funcional. Los principales arquitectos que proyectaron en este estilo fueron en Gran Canaria, Miguel Martín Fernández de la Torre, hermano del pintor Néstor, y en Tenerife, Marrero Regalado. Ambos se pasaron a una estética regionalista, llamada neocanario, que se desarrolló en los años cuarenta y cincuenta.



    En las artes plásticas, los años treinta vieron el auge del arte de vanguardia: por una parte, el surrealismo de Óscar Domínguez y Juan Ismael, por otra parte, el indigenismo, que fue promovido por la Escuela Luján Pérez en Las Palmas. Pintores como Felo Monzón y Jorge Oramas o escultores como Plácido Fleitas y Eduardo Gregorio, se propusieron reflejar en imágenes los rasgos de identidad del paisaje y del hombre de las islas. Mientras que en París, el tinerfeño Óscar Domínguez, el más internacional de los artistas que han dado las islas, pintaba evocaciones oníricas del paisaje insular.

    [8. Autorretrato, lápiz rojo sobre papel, 24 x 18 cms., José Jorge Oramas.]



    La Guerra Civil cercenó este renacimiento cultural. Hubo que empezar de nuevo. En los años cincuenta se formó en la ciudad de Las Palmas, el grupo «LADAC», en el que inició su andadura artística Manolo Millares, quien luego jugaría un papel trascendental en el desarrollo del arte abstracto español, como fundador del grupo «El Paso», (1967), del que también formó parte el escultor grancanario Martín Chirino. El arte dramático de Millares se valió de la ruda y raída arpillera para dar cuenta de la situación de angustia que se vivía en España en los años de la dictadura franquista; pero también este humilde material expresaba simbólicamente el amor que este artista sentía por la cultura aborigen canaria: sus homúnculos evocan los cueros retorcidos y acartonados que amortajaban las momias guanches conservadas tras las vitrinas del Museo Canario de Las Palmas. La obra escultórica de Chirino está exenta de connotaciones dramáticas. El planteamiento formal de sus piezas se sustenta en el efecto de expansión/concentración potenciado por el desarrollo de líneas de fuerza estructurales. Sus esculturas, realizadas en hierro, bronce y acero cortén, son representaciones simbólicas de la vida originaria, como lo proclama la perfección orgánica y eurrítmica de sus espirales. La alusión a los petroglifos de la cultura aborigen les confiere a estas espirales el valor de emblemas de la entidad canaria.

    Mientras Millares y Chirino participaban en Madrid en la aventura de «El Paso», otro artista canario, César Manrique (1920-1992), establecido como aquéllos en la capital de España realizaba una pintura abstracta cuya textura matérica constituía una alusión simbólica, metonímica, al territorio volcánico de su isla natal, Lanzarote. Tras unos años de fructífera estancia en Nueva York (1964-68), tomó la decisión de volver a Canarias, cumpliendo en la isla de Lanzarote su vocación de artista total: pintor, escultor (véanse sus imaginativos móviles), arquitecto paisajista, diseñador, etc.

    Desde la Conquista ¾ cuando todas las piezas artísticas eran importadas¾ hasta hoy, el hombre canario ha ido proponiendo distintos modelos de interpretación del mundo y ha encontrado en el arte una forma de afirmación de su identidad.

    [9. El viento, escultura de Martín Chirino.]



    Bibliografía

    General

    CASTRO BORREGO, Fernando: Antología crítica del arte en Canarias, Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, 1987.

    Libro de síntesis divulgativa, organizado de modo didáctico. Selección de 160 diapositivas comentadas sobre las artes plásticas canarias desde la Conquista hasta los años setenta.



    GALANTE GÓMEZ, Francisco: Historia crítico-descriptiva de la arquitectura canaria, Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, 1987.

    Libro de síntesis divulgativa sobre la arquitectura canaria. Selección de 183 diapositivas, desde la Conquista hasta los años setenta, organizadas según un criterio tipológico.



    HERNÁNDEZ PERERA, Jesús: «Arte» en Canarias, Fundación March, Editorial Noguer, 1984.

    Libro de síntesis realizado por uno de los fundadores de la historia del arte canario.



    VV.AA.: Historia del arte en Canarias, Edirca, Las Palmas de Gran Canaria, 1982.

    Libro de síntesis divulgativa.



    VV.AA. Biblioteca de Artistas Canarios, colección dirigida por Fernando Castro Borrego, Consejería de Cultura del Gobierno de Canarias, se publica a partir de 1991.



    VV.AA.: Homenaje a Alfonso Trujillo. Arte y Arqueología, tomo I, Aula de Cultura del Cabildo de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1982.

    Artículos de investigación sobre distintos capítulos del arte en Canarias.



    Específica

    FRAGA, M.ª del Carmen: La arquitectura mudéjar en Canarias, Aula de Cultura, Santa Cruz de Tenerife, 1977.

    Contribución esencial al estudio de las relaciones entre la arquitectura mudéjar canaria y de la Baja Andalucía.

    GALANTE GÓMEZ, Francisco: La idea clásica en la arquitectura canaria. 1775-1900. Santa Cruz de Tenrife, 1989.

    Visión de conjunto de este periodo de la arquitectura canaria.



    HERNÁNDEZ PERERA, Jesús: La orfebrería en Canarias. Madrid, 1955.

    Libro fundamnetal para conocer este capítulo de las artes suntuarias en Canarias. Fue modelo metodológico para los ulteriores trabajos sobre platería que se realizaron en España.



    MARTÍN RODRÍGUEZ, Fernando: Arquitectura doméstica canaria, Cabildo Insular de Tenerife,Santa Cruz de Tenerife, 1978.

    Libro imprescindible para conocer la evolución y las características de nuestra arquitectura tradicional.



    RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Margarita: La pintura en Canarias durante el siglo XVIII. Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 1986.

    Trabajo de investigación valioso por los datos de archivo que aporta.



    TRUJILLO RODRÍGUEZ, Alfonso: Arte gótico en Canarias. Cabildo Insular de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1976.

    Trabajo de síntesis sobre este periodo.



    TRUJILLO RODRÍGUEZ, Alfonso: El retablo barroco en Canarias. La Guagua, n.º 2, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1979.

    Libro de consulta obligatoria para quien quiera conocer este capítulo del arte religioso en Canarias.



    VV.AA.: El museo imaginado. 1930-1990. Catálogo de la exposición del CAAM, Las Plalmas de Gran Canaria, diciembre-enero, 1991-1992.

    Panorámica del arte moderno en Canarias. Ensayo de interpretación.



    VV.AA.: Gaceta de Arte y su época. 1932-1936. Catálogo de la exposición del CAAM, Las Palmas de Gran Canaria, 1996.

    Valoración sobre el significado de las vanguardias insulares.



    Ilustraciones

    1. PÉREZ MORERA, Jesús: Silva. Biblioteca de Artistas Canarios,Viceconsejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 1994, pág 84.

    2. MILLARES TORRES, Agustín: Historia General de las Islas Canarias, Tomo IV, Edirca, Las Palmas de Gran Canaria, 1977, pág 343.

    3. Gran Enciclopedia Canaria. Tomo III, Ediciones Canarias,Santa Cruz de Tenerife, 1995, pág. 768.

    4. MILLARES TORRES, Agustín: Historia General de las Islas Canarias, Tomo IV, Edirca, Las Palmas de Gran Canaria, 1977, pág 183.

    5. Gran Enciclopedia Canaria. Tomo III, Ediciones Canarias,Santa Cruz de Tenerife, 1995, pág. 776.

    6. ALMEIDA CABRERA, Pedro: Néstor. Biblioteca de Artistas Canarios, Viceconsejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 1991, pág 124.

    7. Gran Enciclopedia Canaria. Tomo II, Ediciones Canarias,Santa Cruz de Tenerife, 1995, pág. 395.

    8. JIMÉNEZ DORESTE, Josefa Alicia: Oramas. Biblioteca de Artistas Canarios, Viceconsejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 1991, pág 21.

    9. Geo. Especial Canarias, pág 89.

    28 de agosto de 2008 3:20
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    Blogger Antonio Dorta dijo...

    Tenerife... la escapada que mereces

    De la costa a la alta montaña, Tenerife conforma un universo de marcados contrastes donde encontrarás el lugar perfecto para llenar tus vacaciones de momentos inolvidables: recónditas calas de arena negra, extensas playas doradas, profundos barrancos, gigantescos acantilados, bosques exóticos, parajes volcánicos de aspecto lunar y formas imposibles, valles cubiertos de plataneras…

    La Isla de Tenerife, la mayor del Archipiélago, te hará descubrir paisajes increíbles y todo un mundo de sensaciones; abre tus ojos a una naturaleza sorprendente y a todas las comodidades de un destino turístico capaz de poner en tus manos todo lo que sueñas para disfrutar al cien por cien de tu tiempo de ocio: escalada, parapente, espeleología, rutas a caballo, a pie o en bicicleta, pesca de altura, buceo, surf, windsurf y mucho más. Podrás participar en excursiones y actividades únicas como rutas nocturnas por ciudades monumentales o la observación de estrellas junto a guías expertos en uno de los lugares más bellos del mundo: el Parque Nacional del Teide, coronado por el majestuoso volcán al que debe su nombre y que es, con 3.718 metros, el pico más alto de España.

    Tenerife, la Isla de la eterna primavera, dotada de magníficos campos de golf y los más modernos puertos deportivos, es también el lugar ideal para dejarte cuidar en centros de salud y belleza donde abandonarte al placer de los más relajantes y saludables tratamientos.

    Disfruta en sus excepcionales hoteles y apartamentos o en casa rurales de ambiente familiar en las que te sentirás como en casa.

    La Isla se deja descubrir también desde la gastronomía y la cultura, con una mágica combinación de tradición y modernidad; recorre cascos históricos como el de La Laguna, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, muy cerca de edificios espectaculares como el Auditorio de Tenerife, una obra que firma el arquitecto e ingeniero Santiago Calatrava y que acoge una riquísima programación estable de música y danza de todos los estilos y orígenes.

    Ciudades cosmopolitas y complejos turísticos de primer orden completan una oferta inigualable en variedad y calidad, pensada para que te regales la escapada que mereces.

    28 de agosto de 2008 3:23
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    Blogger Antonio Dorta dijo...

    ARQUITECTURA CANARIA PRE-COLONIAL (I)



    Eduardo Pedro García Rodríguez *



    Desde los estamentos oficiales y oficialistas del sistema colonial en Canarias vienen desarrollando ingentes esfuerzos en trasmitirnos la idea de que nuestros ancestros eran unos trogloditas que sólo habitaban en cuevas y cuya cultura estaba anclada en el neolítico. No valdría la pena tratar de clarificar estas aseveraciones colonialistas si no fuera por el respeto que me inspira un amplio sector de la juventud canaria que corre el riesgo de asumir como ciertas esta y otras inexactitudes que desde los centros escolares, institutos e incluso desde la Universidad española en Canarias vierten sigilosamente y en tono peyorativo educadores e intelectuales al servicio del sistema imperante.



    Es lamentable que personas que han sido puestas para “educar” a nuestros hijos y nietos, en su mayoría hagan gala de un total desconocimiento -cuando no de total desprecio- de nuestra historia y tradiciones, haciendo en cambio alarde de culturas foráneas, las cuales inculcan a nuestros hijos creando en ellos el complejo de endofobia, es decir, lo único bueno es lo que viene y es impuesto de fuera, ya que de fuera procede el colonialismo territorial, económico, político, cultural y espiritual que tiene sometida a nuestra Matria.



    Es vergonzante que el actual gobierno de la Coca y sus socios del Pepe, supuestamente autónomo y supuestamente canario, haya decidido eliminar de los planes escolares del próximo curso la asignatura de Historia de Canarias. Posiblemente estos políticos de servicio, fieles cancerberos de sus amos de la metrópoli, tienen bien asumido de que un pueblo que desconoce su Historia es un pueblo con sentimientos de orfandad genética y, por tanto, fácilmente dominable al que será más factible inculcarles los dogmas del sistema y forzarlo a abrigar sentimientos de gratitud hacía una madrastra arbitraria, explotadora y castradora del intelecto, al tiempo que nuestra sociedad asume inconscientemente actitudes de auto desprecio como etnia diferente y diferenciada, dejándose absorber por una marea de modas foráneas y globalizantes ajenas a nuestra idiosincrasia y tradiciones, emanadas desde el sistema colonial, castradoras de nuestra identidad como pueblo. Es incuestionable que tanto la historia como la sociedad canaria en tiempos no muy lejanos les exigirán responsabilidades a estos políticos de servicio vende Matria por el cúmulo de atrocidades que están cometiendo impunemente contra el sufrido e indefenso pueblo canario.



    LA CUEVA VIVIENDA, ASPECTOS GENERALES



    El hombre primitivo comienza a usar las cuevas como refugios. Con el paso del tiempo y las necesidades de trasladarse de un lugar a otro por alimentos o mejores condiciones de vida, comienza a construir viviendas artificiales. Primeramente chozas, carpas, fáciles de transportar a otro sitio, luego grandes construcciones de piedra hasta llegar a las realizaciones modernas, han mantenido una finalidad en común: el cobijo contra la intemperie y los peligros de la noche, lugar de familia, de comer, de dormir, de trabajo, de recibo, de culto, de relaciones sociales, de descanso y de convalecencia.



    Desde unos treinta mil años atrás, según dibujos encontrados en cuevas, se encuentran ilustraciones de chozas de madera y ramas. Se supone que la caverna era el refugio invernal, mientras que la choza se trasladaba a la zona de caza o para temporadas estivales o de mejor estación. A la par, se encontraron rastros de viviendas subterráneas, excavando un pozo profundo y realizando un techo con ramas, que dejaba al descubierto las zonas laterales. Se utilizaron en sectores de clima riguroso y se encuentran rastros de unos veinticinco mil años atrás en Europa (Ucrania y Checoslovaquia).

    A medida que el hombre se va tornando más sedentario, aparecen construcciones mejor asentadas al terreno. En el neolítico, entre el 8000 y el 4000 antes de Cristo, se arman chozas con paredes laterales y techo cónico, con vigas, y se considera que allí se utilizan los primeros sostenes que constituirían el primer concepto de columna; y hacia el siglo III antes a.e.a., ya se realizan divisiones dentro de las chozas para contar con distintos ambientes. Cuando una población decide asentarse definitivamente en un lugar, se construye una especie de fortaleza contra ataques enemigos y defensa de las fieras, realizada con pilares, sobre el nivel del suelo: el palafito. También en el neolítico ya se comienzan a hacer construcciones de piedra y quedan rastros del dolmen: una laja de piedra horizontalmente apoyada sobre otras dos pilastras verticales.

    Luego, para la construcción de habitaciones interiores, se comienzan a usar piedras, y un invento importante: el ladrillo de arcilla, crudo y secado al sol, preferido a los cocidos, que se conocen también desde la antigüedad. El Génesis habla de ellos refiriéndose a la construcción de la torre de Babel.

    En Grecia, en el S. XV antes de Cristo, se encuentran techos cubiertos de tejas de arcilla. Y ya la choza ha evolucionado a una construcción de varios ambientes que dan a un patio, que a la vez tiene una puerta de salida al exterior. El patio resolvía la iluminación y la ventilación.

    El primer instrumento empleado en la construcción de los primeros edificios de cierta importancia en la antigüedad, fue la palanca, y el uso de cuñas de madera y escoplos de piedra y luego de metal. También se valían del terraplén.

    Asimismo desde la prehistoria se conocían los hornos para cocer ladrillos.

    Hacia el 1100 a .e.a., los egipcios ya conocían el nivel y la plomada. Antes, se pudieron hacer monumentos como las pirámides, esencialmente porque contaban con muchísima mano de obra que dejaba la vida en las gigantescas construcciones.

    Los griegos perfeccionaros esos rudimentarios instrumentos, y además lograron la roldana o rondana, importante para subir materiales. Y los romanos perfeccionan el aparejo, y las árganas hidráulicas y de viento, y los montacargas.

    Se han hallado restos en la zona mediterránea, de una sierra de mármol que data del siglo IV después a.e.a.

    Quizás dentro de la edificación de viviendas, lo que resulta de más lento desarrollo es el lugar destinado a servicios higiénicos.

    El arco se usó desde mucho antes, pero fue perfeccionado por los romanos, lo que dio lugar a importantes innovaciones en la estructura de las casas-habitaciones y en importantes obras públicas en acueductos y cloacas, lo que a la vez influye en la construcción de viviendas más cómodas. Además los romanos agregaron la huerta para la obtención de alimentos. En Grecia se ubicaba a las mujeres en habitaciones relegadas.

    Ya en Roma no aparece esta diferenciación, y de allí hasta nuestros días, las casas van evolucionando en confort y diseño interior, pero las bases fundamentales se mantienen, con diferencias propias de los criterios urbanísticos de cada época.

    Un caso particular lo representa el iglú, con una construcción circular con cúpula de bloques superpuestos en espiral y una ventana de hielo o tripa de animal.

    Recién en la Edad Media se comienza a utilizar el vidrio en ventanas. En la antigüedad se cierran sólo con postigos de madera o de piedra. Entre los romanos, también comienzan a usarse postigos de mica.

    En algunas casas de la antigüedad se realizaban pozos negros para tirar las aguas servidas de la cocina y el baño, y periódicamente se vaciaba. Pero no lo usaba la mayoría de las viviendas. En Roma se trató de canalizar hacia un curso de agua, hasta que llegó el sistema de cloacas (Las cloacas se comienzan a generalizar avanzado el siglo XIX). Pero el pueblo en general, no usaba esto.

    Los retretes de las casas consistían en dos zócalos donde se asentaba una tabla con orificio en el centro, y que llevaba al pozo negro. Se comenzaron a hacer retretes públicos, que eran una serie de asientos de piedra o mármol, no aislados entre sí, y rara vez ocultos por puertas y paredes, a la vista de los transeúntes. Incluso los baños privados tenían dos o tres asientos, por lo que las damas venecianas, hacia el 1700, para cubrir el pudor, usaban pequeños antifaces que estaban a ese fin colocados en un nicho del retrete.

    En el medioevo, los retretes se descargaban en callejones que había entre casa y casa.

    En París del 1700, un servicio regular se encargaba de vaciar todas las mañanas los recipientes de desechos físicos de cada casa.

    La escalera nació antes que las casas de varias plantas. Primeramente, en forma de peldaños esculpidos sobre un palo, colocado oblicuamente para ascender a cabañas cercanas a las subidas de crecientes de agua. Luego aparecen los peldaños de maderos horizontales atados a dos parantes verticales.

    Las escaleras más antiguas de Asiria y Babilonia eran de piedra o de ladrillos y se encontraban en el exterior de los edificios en forma de rampa, colocándolas para poder subir.

    En las habitaciones interiores se comienzan a usar en la antigüedad escaleras de madera. (Nidia Cobiella)

    ARQUITECTURA EN ROCAS EN OTRAS CULTURAS

    La arquitectura en la roca ha sido una práctica en diversos pueblos y culturas motivada casi siempre por las características propias de los terrenos donde se han ubicado los asentamientos humanos. Existen múltiples ejemplos de este tipo de arquitectura que han llegado hasta el presente. De ellos vemos a exponer algunos ejemplos de los cuales podemos deducir que el hecho de que una comunidad humana habite en cuevas horadadas e incluso naturales no presupone que dicho habitas no estén dotados de ciertas manifestaciones artísticas y dignas, alejadas del concepto que de troglodita en términos peyorativos vienen empleando ciertas culturas etnocentristas, las cuales indudablemente tuvieron también sus orígenes urbanos en este tipo de viviendas y en chozas rudimentarias.



    Petra, el enigma nabateo



    Según la historiografía más difundida la ciudad pétrea Petra se funda alrededor del siglo VI a.e.a., por árabes nabateos, una tribu nómada que se asentó en la zona y sentando los principios de un imperio comercial que llegaba hasta Siria. A pesar de los sucesivos intentos por parte del rey selaucida Antigonus, del emperador romano Pompeyo y de Herodes el Grande de tomar Petra para sus respectivos imperios, la ciudad seguía en poder nabateo hasta aproximadamente el año 100 d.e.a, cuando los romanos se hicieron con ella.

    Pero el peculiar asentamiento no fue habitado únicamente por nabateos. En At Beidha, se ha encontrado una aldea entera del 6500 a .e.a., y se sabe que fue poblada hacia el 1200 a .e.a., por edomitas -descendientes de Esaú-, famosos por su sabiduría, escritura, industria textil, la excelencia y finura de sus cerámicas, y su destreza trabajando el metal. El área era conocida entonces como Edom (rojo).


    Los nabateos emigraron hacia el interior de Edom durante el periodo Persa, obligando a los edomitas a trasladarse hacia el sur de Palestina.



    Sabían esculpir y tallar la piedra con una maestría admirable, pero no construían casas ya que vivían en cuevas sin ventilación, lo que les obligaba a salir continuamente de ellas a causa del humo que emanaban las lámparas de aceite. Construyeron infinidad de tumbas, algunas de ellas con disposición de triclinio, pero jamás se encontró en su interior ningún cuerpo. Todas las construcciones poseen una belleza y una mezcla de estilos clásicos que valió a los nabateos ganarse el título de "genios".


    Templos, tumbas, un teatro semicircular con una capacidad para unos 3.000 espectadores sentados y otros edificios se esparcen sobre 400 millas cuadradas, guardando en su seno aproximadamente 800 monumentos individuales que albergaron a unos 30.000 habitantes. Es precisamente esa genialidad la que más llama la atención, pues es incomprensible que dicha maestría constructora únicamente se vea representada en las fachadas de los templos. El más famoso de ellos es, sin duda, el Tesoro del Faraón (Khazneh al-Faroun), el cual aparece al doblar el recodo en que termina el desfiladero y que, como otros muchos monumentos de Petra, debe su nombre a los monjes que poblaron la zona a principios de la Edad Media. Sobre éste se han vertido infinidad de leyendas, pero la más curiosa es la que cuentan los beduinos: el objeto de piedra que lo corona, y que se asemeja a una urna, contiene el tesoro que Moisés trajo de Egipto. El recipiente presenta multitud de golpes y agujeros de bala debido a los fracasados intentos de apoderarse de las supuestas riquezas.



    El reino nabateo, que perduró cinco siglos, estuvo influido por los diferentes pueblos que inevitablemente tenían que pasar por su territorio. Babilonios, egipcios, romanos, griegos... todos aportaron algo a lo que más tarde se denominó arte nabateo.


    La arquitectura en Petra, cuyos principales rasgos reflejan lo que se ha dado en llamar el "orden Nabateo", es una manifestación tangible de la asimilación por parte de este pueblo. Primero los griegos y después los romanos supieron sacar partido de la ventajosa situación que ofrecían aquellos parajes desérticos.



    El arte fue lento en su penetración en Petra. Se puede notar una influencia babilónica, aunque muy escasa, en los motivos ornamentales de algunas tumbas. Hay algunos toques egipcios en la forma piramidal de los primeros sepulcros y en el encuadramiento clásico de las puertas de sus templos.



    Beta Gyorgis es una singularidad de la arquitectura ya que es uno de los pocos edificios del mundo cuya estructura ha sido prácticamente tallada a partir de una enorme roca, es decir, el edificio es una unidad sin ladrillos ni parantes de ningún tipo y pertenece a un escaso y selecto grupo de monumentos rupestres.

    Su origen es todo un misterio, en un principio se pensaba que había sido construida en el siglo XIII por expediciones de caballeros Templarios, teoría basada en que la estructura tenía forma de cruz. Sin embargo, su decoración, forma y estilo son muy similares a los hallados en los templos cristianos de los pueblos árabes por lo que hoy día, y tras grandes investigaciones, la teoría más fuerte indica que esta serie de estructuras pétreas en el norte de Etiopía fueron construidas tras varias expediciones de avanzada que salían desde Medio Oriente de las tantas que tuvieron lugar a la región en alguna parte del siglo XII. Esta teoría actualmente es la más apoyada ya que las civilizaciones árabes medievales contaban con un largo legado y conocimiento en la construcción de estructuras pétreas que se remontan al Imperio Persa, los Sasánidas y por supuesto la región de Palmira en Siria. De hecho cuando los romanos conquistaron parte de Medio Oriente llamaron a una de las regiones como Arabia Petraea -Arabia Rocosa- a causa de la gran cantidad de rocas y construcciones a partir estas halladas en la región. Por último, el gobierno de Etiopía trata de establecer al rey nativo de la región Gebre Mesqel Lalibela de la dinastía a Zagwe como responsable de la construcción de dichos edificios. (Anfrix 2008)



    Lalibela la creación de los once templos que fueron excavadas en la roca durante el Siglo 12.

    Una de las creaciones humanas más increíbles, ellas son un monumento perdurable a la fe en la Deidad. Este ingente esfuerzo realizado por un pueblo miserable en lo económico nos confirma que la miseria no es obstáculo para la explotación de los seres humanos por ciertas confesiones religiosas que, a pesar de que predican la humildad y el amor el género humano, no dudan en emplear los recursos disponibles en macra construcciones aún a costa del hambre de los fieles.

    Los Templos de Lalibela

    · Bet Medhane Alem - Casa del Redentor del Mundo

    · Bet Maryam - Casa de María

    · Bet Danaghel - Casa de las Vírgenes

    · Bet Debre Sinai - Casa del Monte Sinaí

    · Bet Gologotha - Casa del Gólgota

    · Bet Emmanuel - Casa de Emmanuel

    · Bet Mercurious - Casa de San Mercurious

    · Bet Abba Libanous - Casa de Abba Libanous

    · Bet Gabriel-Rufael - Casa de los Arcángeles

    · Bet Giorgis - Casa de San Jorge

    · La Capilla Sellassie - Capilla de la Trinidad.





    Los Templos rupestres de Ivanovo se encuentran cerca de la población de Ivanovo, a 16 kilómetros de la ciudad de Ruse, provincia de Ruse en Bulgaria.

    El complejo consta de un grupo de templos, capillas y monasterios que se encuentran tallados en roca; las primeras se encuentran a lo largo de las elevadas orillas rocosas del río Rusenski Lom, a más de 30 metros sobre el nivel del agua; este sitio es considerado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. El lugar data de aproximadamente el año 1320, en el que un patriarca de Bulgaria funda la primera comunidad monacal y a partir de entonces los monjes excavaron sus celdas, iglesias y capillas en las rocas, sumado un total de 40 iglesias y aproximadamente unos 300 edificios, muchos de los cuales, desafortunadamente, no se conservan en la actualidad.

    La fama de este complejo, se debe en gran medida a las muchas inscripciones antiguas y frescos de los siglos XIII y XIV que se conservan en cinco de estas iglesias y que son considerados ejemplos extraordinarios del arte búlgaro medieval; estos se pueden apreciar en la Capilla del Arcángel Miguel, el baptisterio de la capilla Gospodev Dol, la iglesia de San Teodoro y la de la Santa Madre de Dios. Asimismo son de gran importancia las inscripciones antiguas que también se localizan en muchas de las construcciones de este complejo, la más famosa de ellas, la del monje Ivo Gramatik, la cual data del siglo XIV.

    Son prácticamente innumerables los templos, monasterios, fortalezas y complejos de viviendas excavadas en las rocas que existen en orbe, para el lector interesado en el tema incluimos a continuación algunos lugares donde están ubicadas estas obras de arquitectura: Lalibela (Etiopía), Matmatah (Túnez), Fethiye (Anatolia), Bamiyan, (Afganistán), Monasterios Bizantinos de Meteora (Grecia), Santorini, Tumba Tracia (Armenia), Santuarios de San Cosme y San Damián y Virgen de la Peña (Huesca-España), Iglesias rupestres bizantinas en Bari, Massafa, Matera, Messina etc. (Italia), Alemania, Jerusalén (Israel), (Turquía), Gumusler, Myra, Manazan ,Zelve, Süme, Kaunas, Sudán, Dunhuang (China), Mogao, Longmen, Bezelik, Luojank, olon (Birmania), Bagan Taq, Bostan (Irán), Kermanshah, Meymand, Amanta, Isla Elefanta, Kart Vardzia (Georgia), Tbilisi (Macedonia), Vechi (Moldavia), Montescaglioso (Italia), Necrópolis de Pantica (Sicilia), Angio, Chateau de Breze, San Emilión (Francia), Santa Verena (Suiza), Newgrage (Irlanda), Tierradentro (Colombia), Isla de Pascua, Ellora Kanheri (India), Mahakali, Lomas Rishi, Mada in Salih (Arabia Saudí), Madera. Chihuahua (México), Uchisar (Capadocia).



    Fotografías:

    Pag. 4 Viviendas excabadas en la roca en Petra.

    Pag. 5 templos excavado en la roca en Petra y templo de Beta Gyorgis en Etiopía.

    Pag. 6 templo excavado en la roca en Gebre Mesqel Lalibela.

    Pag. 7 templo exvado en la roca en Ivonovo.

    Continuará:

    *De la Asociación Sociocultural Kebehi Benchomo

    Agosto de 2008.

    http://elguanche.net/Benchomo/arquitecturacanariapre1.htm

    28 de agosto de 2008 3:25
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    ARQUITECTURA CANARIA PRE-COLONIAL (II)



    Eduardo Pedro García Rodríguez *



    Cuevas viviendas en Europa



    Desde el Netherdal hasta ahora las cuevas han ejercido un atractivo sobre el hombre, es más que posible que a su alero se haya tejido gran parte de la historia y cultura del homo sapiens moderno.



    La piedra en una forma de urbanismo que tiene sus ventajas y su belleza especial además de un componente espiritual especial. Muchos monasterios de la Edad Media especialmente en Oriente se han construido por agrupaciones de cuevas. En su aislación y silencio y en el medio de la montaña es más fácil escuchar a la Diosa-Madre .

    La arquitectura subterránea también conocida por arquitectura enterrada, arquitectura excavada o arquitectura troglodítica. Es un subtipo de la arquitectura solar bioclimática aprovecha una tecnología para reducir la incertidumbre ambiental para seres humanos en el subterráneo (bajo tierra) más cerca a la superficie, donde pretende construir un refugio acogedor y duradero.

    Esta arquitectura se orienta hacia el sol y al aprovechamiento de los recursos que hay naturalmente en los alrededores del sitio elegido para la construcción: el propio suelo consolidado tal como esta. Se aprovecha mucho la inercia térmica para tener un confort térmico interior en la vivienda. Este tipo de arquitectura esta muy a menudo relacionado con la autoconstrucción.

    En muchas partes del mundo han sido por siglos formas tradicionales de viviendas, las cuevas. Particularmente en zonas de clima árido y calido, Palestina, Siria, Egipto, Libia, Marruecos, Canarias, Túnez Turquía y Afghanistán, y europeos Italia, Cerdeña, Francia, Yugoslavia, también en España como herencia amazigh. En este ultimo país, en los territorios que otrora fueran de dominio árabe-mazigio especialmente en Al-andaluz (Andalucía) hay pueblos enteros de casas cuevas-viviendas.

    Según los investigadores Luis Arias González y Juan José Andrés Matías: “Actualmente, las cuevas-vivienda constituyen en España un patrimonio arquitectónico muy apreciado por su originalidad y por los beneficios económicos que producen tanto su rehabilitación en sí como su, cada vez mayor, explotación y reconversión en alojamientos turísticos. La mayoría de ellas, restauradas convenientemente, ofrecen ahora en distintos puntos de Canarias, Andalucía, Levante, Aragón, Navarra, Castilla y León, Madrid y Castilla-La Mancha, todo tipo de comodidades que las han transformado en la imagen floreciente –y muy rentable- de un sistema hostelero alternativo que aúna la calidad más moderna con los aspectos ecológicos de moda –“construcción bioclimática”- y la pervivencia, a la vez, de una pintoresca tradición constructiva. Desde hace unas tres décadas, la alta consideración alcanzada por la cueva-vivienda ha puesto en marcha un peculiar proceso de “gentrificación”, es decir, que son ahora las clases sociales más altas quienes han revalorizado y transformado en lugares “chic”, zonas anteriormente sumidas en la depresión y el abandono. Pero, al margen de estos nuevos usos habitacionales privados, constatamos un renovado interés entre los mismos poderes públicos por sumarse a esta recuperación arquitectónica y cultural. Sin embargo, hasta los años 70, las casas troglodíticas eran consideradas en nuestro país un foco de poblamiento marginal y un sinónimo inequívoco de “subvivienda” o de infravivienda de la más baja estofa. Sus mismos ocupantes, las autoridades políticas del momento y el grupo de arquitectos y demás expertos en el tema de la habitación popular, coincidían al verter sobre ellas una inequívoca consideración peyorativa y despreciativa.” (Luis Arias González y Juan José Andrés Matías, 2008)

    Técnicas de excavación y tipos de cuevas horadadas

    Por lo general, se adaptan a la forma del terreno, siendo casi nula la preparación del mismo. Sin embargo, no hay duda que, a veces, en algunos sectores se observa un acondicionamiento previo antes de la excavación, principalmente de los accesos y entradas. Éste consiste en cortar verticalmente un sector del cerro, donde va la fachada, dejándole, rara vez, visera en la parte superior. A la vez, y lateralmente, se preparan dos planos triangulares que sirven de muros de contención y resguardan la fachada. Estos planos con respecto a la fachada forman casi siempre un ángulo superior a 90º. También se nivela el terreno frente a la fachada, formando una especie de plazuela que da amplitud a la entrada y sirve de desahogo a sus moradores. Los trabajos comunitarios de desmontes para arreglar los accesos los realizan los miembros de los linajes que allí viven.

    Cuando se excava una cueva, tanto si se hace horizontal como en foso (pe. Matmata), se acostumbra a utilizar la técnica del arco, consistente en trazar un arco de medio punto en la pared, desde el que se excavará de arriba abajo, penetrando un metro o metro y medio, espesor que se da a los muros de carga, de frente y lateralmente; luego se harán otros arcos sucesivos según se vayan horadando hasta conseguir la altura deseada. El arco, además de servir como referencia en la excavación, da seguridad a la misma.

    Pese a la variedad de técnicas usadas en la horadación de las cuevas, dos formas son las más generalizadas: a) las excavadas de forma horizontal y a ras del suelo del camino o sendero, tipo más frecuente; b) las excavadas en foso y a partir de aquí y a ese nivel se horadan las demás habitaciones.

    Desde el camino o sendero para llegar a la primera habitación se desciende mediante rampa o escalones. Este tipo es consecuencia de la poca elevación del cerro. Un cerro que tenga unos cinco metros de altura forzosamente habrá de excavarse en foso. Una y otra forma de excavación aprovecha intensamente el suelo, porque se hace en profundidad y perpendicular al cerro, excepto cuando se «sobaquea», es decir, se abre una habitación a cada lado de la primera. Estas habitaciones van dotadas de ventanas.

    La primera habitación es la entrada y sirve de acceso a las demás. La forma de esta primera habitación puede variar, así como sus dimensiones: las hay cuadradas, rectangulares, trapezoidales, ovaladas, etc. Por lo general presentan un techo con bóveda de medio cañón, con una altura en el centro de 2,5 m . a 4 m . y 1,5 m . a 2 m . en los arranques. El suelo se pica nivelado y si la arcilla es buena se le deja natural, fregándolo sólo con agua. En otras ocasiones, después de picado, se le echan de 3 a 4 cm . de granza de arena, encima se les da mezcla y luego se pone solería.

    Las cuevas habitadas en la Península Ibérica

    Hacia mitad del siglo XX España era la región con más cuevas habitadas dentro del ámbito mediterráneo y es muy posible que aún hoy lo continúe siendo. A principios de los años 60 eran 42 las provincias españolas que tenían familias viviendo en cuevas con un nivel de presencia muy diferente de unas provincias a otras. Dejando al margen lo que solo son situaciones excepcionales, la vivienda-cueva se extendía especialmente por Aragón, Navarra, País Valenciano, Castilla-La Mancha y sobre todo por Andalucía.

    A principios de los años 60 del siglo pasado Andalucía era la región de la Península Ibérica con mayor volumen de cuevas habitadas y ella sola concentraba el 49 por ciento de las familias que vivían en cuevas en toda España. A su vez, dentro de Andalucía la concentración de viviendas trogloditas era mayor en las provincias de Jaén, Almería y sobre todo en Granada, donde habitaba el 41 por ciento del total de familias trogloditas del país en dicha fecha.

    Extensión y alcance territorial

    En Andalucía el uso de viviendas excavadas ha estado presente en mayor o menor proporción en todas las provincias andaluzas, si bien en los años 60 del siglo XX tenían ya un carácter residual en las provincias de Huelva, Málaga y Sevilla, habiendo desaparecido en la actualidad en todas ellas. En Huelva y Málaga se utilizaron con carácter de provisionalidad por familias de pescadores. En la provincia de Córdoba se desarrolló un núcleo de cuevas habitadas, relativamente estable en torno al municipio de Iznájar, al pie de la Penibética y que, aunque muy disminuido, se mantiene en la actualidad.

    La provincia de Cádiz ofrece una situación similar a las anteriores en cuanto a significación mínima de la vivienda troglodita, aunque merece una atención especial, ya que este tipo de vivienda tiene aquí una tipología especial. Se trata de viviendas localizadas en el municipio de Setenil de las Bodegas, en la vertiente del Rio Guadalporcún, que aprovechan una hendidura tallada en la mole rocosa y cuentan con una parte subterránea y otra construida desde la oquedad hacia fuera con objeto de captar luz y favorecer la salida de humos. Se han calificado como viviendas semitrogloditas, por su carácter de vivienda parcialmente subterránea, pero no excavada. Algunas de ellas continúan habitadas y constituyen uno de los actuales atractivos turísticos del municipio.

    Hacia el Este, en concreto en las provincias de Jaén, Almería y sobre todo Granada las cuevas habitadas aumentan en número, a la vez que van uniformando su tipología. En la provincia de Jaén las cuevas habitadas en la década de los 50 del pasado siglo se situaban en gran número de municipios, enclavados en las vertientes del Valle del Guadalquivir y sus afluentes, especialmente en las del Guadiana Menor y el Guadalimar. Se trataba de alojamientos de pequeña superficie, muy deficientes, casi sin huecos al exterior; en suma, auténticas infraviviendas que han ido desapareciendo progresivamente. En efecto, el descenso a partir de esa fecha ha sido muy significativo, incluso en aquellos municipios de la provincia con una importante tradición de vivienda troglodita. Ése fue el caso de Jódar, sin duda el núcleo troglodita más importante de la provincia (él solo contaba con más del 25% de las cuevas habitadas de la provincia en 1900), habiéndose reducido su número a 11 en 1981 y a 4 en 1991. Actualmente subsiste en el barrio de la Serrezuela alguna habitación excavada a la que se ha adosado la casa que fue construida con posterioridad y que actualmente se utiliza como desahogo de la vivienda. Un uso residual, no propiamente residencial, también se mantiene en otros municipios de la provincia de Jaén que tuvieron cuevas en pasadas décadas. También es posible encontrar algún municipio con escaso número de cuevas habitadas, como es el caso de Alcaudete o Pegalajar, donde, además, se está impulsando el turismo rural en las tradicionales viviendas excavadas.

    Durante la segunda mitad del siglo XX su posición era la segunda en la escala provincial andaluza (tras la de Granada), si bien a principios del siglo puede que las posiciones de ambas provincias estuvieran cambiadas y quizás fuera Almería la provincia andaluza con mayor número de cuevas habitadas, que se extendían profusamente a lo largo de los La provincia de Almería ha constituido a lo largo del siglo XX un área con enorme implante de este tipo de vivienda y así lo han reflejado numerosos autores valles de los Ríos Almanzora y Andarax, llegando hasta la misma capital de la provincia). (Mª Eugenia Urdiales Viedma, 2003)

    Los mamatís

    La vivienda mas codiciada por el hombre mazigio (bereber) primitivo fue una cueva. En cuanto el ser humano consiguió vivir de forma estable en un mismo sitio, eligió la cueva como el mejor refugio que le ofrecía la naturaleza. Abrigada en invierno y fresca en verano, fácil de defender de los enemigos y de las fieras salvajes, a cubierto de las mas intensas lluvias y de huracanados vientos. Las cuevas, naturales o artificiales, fueron una vivienda muy apreciada por el hombre durante muchos milenios.

    Uno de los pueblos imazighen (bereberes) que durante milenio han excavado sus viviendas en la piedra caliza o arena arcillosa son los mamatís de Túnez.

    Hacia el oeste por el oasis de Gabes a 20 kilómetros se llega a Matmata, pueblo de casas trogloditas. Localizada en una pequeña cordillera, sus habitantes, en su mayoría beréberes, han construido las viviendas bajo tierra, excavando la arena arcillosa buscando temperaturas más agradables y constantes.

    Las cuevas habitación se disponen en círculo alrededor de un foso, con una profundidad de 10 metros , por lo que cuando uno se va acercando pareciera que nadie viviera por esas zonas.



    En los alrededores se encuentran otros centros de poblados de cuevas viviendas como Tijma, habitada por mazigios (beréberes) cuyas mujeres tienen el pelo naranja teñido con henna y tatuajes realizados también con este tinte.


    La ciudad de Matmata es la capital de los mazigios (Bereberes) de Túnez. Un antiguo pueblo aguerrido, que ha habitado en el norte del continente desde tiempos inmemorables, y que tiene muchos recuerdos - de los invasores fenicios, romanos, barbaros, arabes, franceses y otros tantos.



    Estos imazighen (Bereberes) llegaron a vivir en las ciudades construidas en sus tierras por los extranjeros, pero la mayoría de ellos abandonaron estas ciudades cuando los turcos quisieron cobrarles impuestos inmensurables y volvieron a las cuevas donde muchos de ellos habitan aun.



    Aparte de las cavernas, existían sus fortalezas - "ksares", donde se ocultaban protegiéndose de sus enemigos.



    Aun conservan su idioma, costumbres y tradiciones. Los jóvenes, como es usual, poco a poco se trasladan a las grandes ciudades. Pero entre los mas viejos se encuentran todavía aquellos que en la época del espacio cósmico del Internet viven aun en las casas de los trogloditas - cavernas. Claro que hay que admitir, que sorprende bastante, al ver cerca de la caverna una batería solar y antena de televisión, pues algunas casas subterráneas tienen electricidad.



    Las casas-cuevas, fueron ideadas hace siglos con el fin de esconderse de diferentes agresores, por eso es muy difícil encontrarlas en medio de los lomos.



    En las puertas hay dibujos de peces, huellas de la mano abierta (símbolos de oración a la Diosa Tanit ), símbolos que protegen al hogar de maleficios y atraen la buena suerte. En comparación con el calor que hace en el exterior el interior de la cueva es fresco.



    Las casas-cuevas suelen tener bastantes habitaciones. Vivir allí, es bastante confortable - en invierno no hace frío y en verano no hace calor.



    “Casas como estas ya no se construyen”, - “Tiempos atrás, cuando un hombre joven se casaba, se reunía la familia completa y todos ayudaban a cavar un nuevo hueco en la arena y construían así la casa a la nueva pareja de jóvenes”, afirman los habitantes más viejos del lugar.





    Hemos dado un somero repaso a las viviendas-cuevas en algunos países, viviendas que hasta no hace mucho tiempo eran vilipendiadas y condenadas, y sus moradores marginados por una sociedad prepotente que sólo valora la ostentación despreciando muchos de los beneficios que la naturaleza nos brinda en sus múltiples facetas, se dice que los antiguos era sabios y sabían vivir integrados en la naturaleza, mucho de cierto debe haber en este aserto cuando la actual sociedad del ocio y el consumo trata de rescatar para uso y disfrute de algunos privilegiados las antiguas viviendas trogloditas, algunas de las cuales han sido transformadas en villa y hoteles de lujo, debe ser cosa del ser atávico que todos llevamos dentro aún en esta era especial y cibernética.



    En las páginas precedentes hemos dado un somero repaso a algunas de las culturas que han desarrollado técnicas de excavación para construir templos, edificios públicos y viviendas en la roca en algunos casos similares a las que construían nuestros ancestros, en la páginas siguientes trataremos las construcciones canarias pre-coloniales y veremos que nuestros antepasados no sólo habitaban las cuevas en estado natural como insistentemente y de manera interesada nos vienen propugnando ciertos estamentos oficiales y oficialistas encargados de recrear según modelos etnocentristas la cultura primigenia canaria, pero antes, estimamos oportuno incluir algunos apuntes en torno a la geografía y orografía de Canarias, pues aunque parezca increíble, lamentablemente en pleno siglo XXI son muchos los jóvenes y no tan jóvenes que ignoramos nuestra realidad geográfica tanto como la histórica.



    Ello es debido a que tanto el sistema educativo español impuesto en Canarias como los medios de comunicación sociales españoles en las islas-que son casi todos, aún los autodenominados autonómicos- no dejan de bombardearnos artera y continuamente con mensajes subliminales dirigidos a alienar la mente de los ciudadanos. Frecuentemente estos medios tergiversan la realidad informativa empleando términos que aparentemente trasmiten la sensación al lector u oyente de un aparente despiste o desconocimiento geográfico, la verdad es que estos son perfectamente estudiados e impuestos por los jefes de redacción de los diversos medios de comunicación, verdaderos cancerberos de los dogmas emanados desde la metrópoli y de los políticos de servicio locales, así nos vemos sorprendidos con disparates como los siguientes; “En el Sur de Tenerife s ha inaugurado el hotel más moderno de Europa” “Fuerteventura es la isla del continente europeo que menos pluviosidad recibe al año” “Con las obras del nuevo dique semisumergido, el puerto de Las Palmas de Gran Canaria continuará estando entre los diez primero del viejo continente” “ “El tubo volcánico de la cueva del viento en Icod de los vinos es la gruta más larga de Europa.” “Arafo tiene el mayor número de pozos de nieve acreditados de toda Europa.” Y así, infinidad de estas interesadas incogruencias.



    Afirma mi amigo Bentakayse que “la palabra no es inocente” aserto con el que estoy totalmente de acuerdo. Decía un ministro Nazi de propaganda que una mentira por increíble que esta sea si se repite continuamente acaba siendo aceptada como verdad, y de esta técnica saben mucho los estamentos coloniales en Canarias, fruto ello es el hecho de que una gran parte de la población canaria tiene asumido como realidad incuestionable la falacia de que somos europeos y de que estamos situados físicamente en Europa.



    Geografía y Orografía de las islas Canarias



    Canarias es un archipiélago con una extensión de 7273 km2, (sin contar las Islas Salvajes, bajo administración portuguesa) situado en el Atlántico situado frente a la costa noroeste de África, entre las coordenadas 27º 37' y 29º 25' de latitud norte y 13º 20' y 18º 10' de longitud oeste (esta situación implica una diferencia de una hora entre Canarias y la península ibérica, es decir, en Canarias la Sol sale una hora antes.) La distancia a nuestro continente es muy pequeña, de tan sólo 95 km ., en el punto más próximo, si se compara con la que lo separa de las tierras europeas: 1.400 km .

    Está formada por siete islas mayores: Esero (El Hierro), Ghumār (La Gomera), Benahuare (La Palma), Chinech (Tenerife), Erbania (Fuerteventura), Tamaránt (Gran Canaria) y Titoreygatra (Lanzarote). Además del Archipiélago Chinijos (La Graciosa , Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este, Roque del Oeste, Isla de Lobos, además de las Islas Salvajes las cuales como hemos dicho están bajo administración portuguesa.

    Por su origen y evolución íntimamente relacionados con la apertura y expansión del Atlántico Sur y el margen noroccidental del continente, el archipiélago canario no guarda ninguna relación con la evolución geológica de la Península Ibérica ni con Europa.



    Desde el punto de vista geológico, el archipiélago se encuentra situado en la zona magnética tranquila del margen pasivo africano. Su substrato es oceánico y se formó al separarse África de América a lo largo de un sistema de rift (la actual dorsal medio atlántica). Es un buen ejemplo de vulcanismo oceánico intraplaca de tipo alcalino.



    Origen:



    Se trata de una construcción volcánica edificada a lo largo de una dilatada actividad volcánica con emisiones de diverso tipo. Las islas se encuentran sobre la litosfera oceánica en el contacto entre ésta y la litosfera continental de la placa africana.



    Las formas de modelado de las Islas Canarias están influencias principalmente por las estructuras volcánicas, su litología y el clima. La combinación de los distintos factores ha dado lugar a una evolución morfoclimática especial, donde aparecen estructuras como calderas, barrancos, terrazas, acantilados, etc.



    El proceso de formación se inicia en el Mioceno, aunque el volumen principal de las islas emergidas se formó, en algunos casos, hacia el Plioceno, incluso en el Cuaternario.



    Sin embargo, las Islas no presentan la misma edad, dado que su formación no fue simultánea, sino que las dataciones efectuadas sobre las rocas superficiales aportan unas edades de entre 20 y 10 millones de años para las islas más antiguas Titoreygatra, Erbania, Tamaránt, y Ghumār (Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria y La Gomera ) y entre 10 y 0,5 millones de años para las más jóvenes Chinech, Benahuare y Esero (Tenerife, La Palma y El Hierro). De igual modo, hay que señalar, que cada isla es el resultado no de un único episodio eruptivo, sino que se ha formado por etapas o ciclos eruptivos relativamente cortos, separados por largos períodos de inactividad volcánica en los que actuó, tras la emersión del edificio insular, la erosión. En cada ciclo, la superposición de nuevos materiales extendía y elevaba los edificios insulares.

    Uno de los rasgos más característicos del relieve canario y que en primera instancia llama la atención, es la altitud que llegan a alcanzar los edificios insulares. A pesar de su reducido tamaño, el apilamiento de materiales que se ha dado a lo largo de su historia geológica origina estos ‘continentes en miniatura’ sobre el océano. Cada una de las Islas suele tener su máxima altitud en las zonas centrales, y a partir de ahí va disminuyendo hasta llegar al litoral. Titoreygatra y Erbania (Lanzarote y Fuerteventura) constituyen una excepción. Son las islas más bajas y llanas, cuyo relieve ha sido arrasado por la erosión durante periodos temporales más largos que en las demás, pues se trata de los edificios insulares más antiguos del Archipiélago. Esto también ha provocado que estas dos Islas sean tan áridas, ya que las nubes cargadas de humedad que traen los vientos alisios, pasan de largo sin provocar la precipitación de niebla o lluvia horizontal.

    Las mayores altitudes en Canarias están constituidas por el Teide en Chinech (Tenerife) ( 3.718 m , el pico más elevado de las islas), el Roque de los Muchachos en Benahuare ( La Palma ) ( 2.423 m ), el Pico de las Nieves en Tamaránt (Gran Canaria) ( 1.949 m ), Malpaso en Esero (El Hierro) ( 1.501 m ), Garajonay en Ghumār ( La Gomera ) ( 1.487 m ), Jandía en Erbania (Fuerteventura) ( 807 m ) y Peñas del Chache en Titoreygatra (Lanzarote) ( 671 m ).

    En la línea de Edafología, la profesora Inmaculada Menéndez en colaboración con profesores de la Universidad , de la de La laguna y de otros centros extranjeros, investigan sobre el polvo atmosférico procedente, en gran parte, del vecino Sahara, el mayor desierto a nivel mundial, y sobre las consecuencias de éste cuando se deposita en el suelo. “Analizamos su procedencia y trayectorias de viaje, la distribución de tamaños de las partículas de este polvo sahariano y su composición geoquímica y mineralogía”.

    Esta línea de trabajo es de gran interés debido a que se ha detectado que los suelos de Canarias tienen, en gran medida, un aporte de este material externo, el polvo sahariano. “Hay en concreto un mineral, el cuarzo, que está ausente en las rocas de las Islas, llegando exclusivamente con el polvo sahariano”. La profesora Menéndez comenta que, fácilmente, más del 30% del material que forma el suelo es de origen externo a las islas, llegando éste por vía eólica, como polvo atmosférico.

    Continuará.

    Imágenes capítulo II:

    Pag. 1: Mapa que expresa los dominios árabes-mazgios en la Península Ibérica.

    Pag. 3: Cueva vivienda en Granada, España.

    Pag. 5 Mujer matmatis moliendo grano. 2. Interior de una cueva-vivienda en Matmata.

    Pag. 7 Mapa de las Islas Canarias y parte del continente.

    *De la Asociación Sociocultural Kebehi Benchomo

    Agosto de 2008.

    28 de agosto de 2008 3:26
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    ARQUITECTURA CANARIA PRE-COLONIAL (III)



    Eduardo Pedro García Rodríguez *



    Los antepasados del hombre de Cro-Magnon provenían de África y gradualmente sustituyeron a los neandertales, probablemente por competencia ecológica. Los análisis de ADN neandertal hacen baja la probabilidad de que las poblaciones neandertales y Cro- Magnon hubiesen hibridazo, por lo menos de manera significativa.

    El origen de la especie humana moderna, Homo sapiens, está con probabilidad en África. Esto lo sabemos gracias a los trabajos de los genetistas Allan C. Wilson, Mark Stoneking y Rebecca L. Cann quienes compararon fragmentos de ADNmt (ADN mitocondrial) de 241 individuos. Los datos se ordenaban en un árbol que mostrase el menor número de pasos o cambios evolutivos (parsimonia). Los resultados mostraron que las secuencias trabajadas se podían agrupar en dos: las africanas y las no africanas.

    MC-09b.jpgEn segundo lugar las secuencias africanas mostraban mayor variabilidad entre si que las secuencias no africanas, lo que indicaban que las primeras habían tenido más tiempo para acumular mutaciones y por lo tanto son las más antiguas. Por otra parte las muestras genéticas no africanas eran más parecidas entre si, lo que indica que un grupo de humanos modernos salió de África y paulatinamente pobló Eurasia (Este modelo evolutivo se conoce con el nombre de Out of Africa o de "arca de Noé").

    Árbol genealógico de R. Cann, M. Stoneking y A. Willson. El árbol muestra un apartamiento entre las poblaciones africanas y las no africanas. A parte de esto se nota que las poblaciones africanas se establecieron hace mucho más tiempo que las no africanas. Esto indica que los humanos modernos se habrían originado en África y los distintos grados de divergencia indicarían el momento en que fueron colonizadas las distintas partes del Globo.

    Mucho más antiguos que los restos de Cro-Magnon (con 30.000 a 32.000 años) son los de nuestros ancestros africanos, los cuales están representados por los fósiles de Bodo, Eyasi, Ndutu, Salé y Broken Hill. Estos restos pertenecen al Pleistoceno medio africano y los paleoantropólogos los ubican en la especie Homo rhodesiensis. Esta especie fue contemporánea de la especie Homo heidelbergensis, solo que esta última vivió en Europa y dio origen a los neandertales.
    Con una edad entre 200.000 y 100.000 años encontramos fósiles con una anatomía más moderna, tales como los de los niveles superiores de Laetoli, Tanzania (Cráneo L.H. 18), Border Cave en Sudáfrica y el famoso cráneo de Jebel Irhoud I de Marruecos que presenta una capacidad craneal de 1305 cc. De hecho este último puede considerarse como miembro de las poblaciones que dieron origen al Homo sapiens. En 1997 el equipo del paleoantropólogo Tim White hallaron en Etiopía los restos de humanos de nuestra especie más antiguos. Su edad está estimada entre 154.000 y 160.000 años. (Ferney Yesid Rodríguez)

    Concretándonos más al norte de nuestro continente el antropólogo canario Francisco García Talavera recoge: “La existencia en el Norte de África de poblaciones blancas clasificadas inicialmente como caucasoides, ha dado píe a múltiples hipótesis sobre su origen.

    La primera evidencia del poblamiento humano de la región la tenemos en los yacimientos de Ternifine, Ain Hanech y Sidi Abder Rahman, con una antigüedad de 200.000 años, que fueron clasificados como Homo erectus (Newman, 1995). Pero es la aparición del Homo sapiens de Jebel Irhoud del Paleolítico Medio (Musteriense) (100.000-200.000 años B.P.) con características neandertaloides atenuadas que preconizan el tipo de Afalou, y del hombre ateriense (sapiens sapiens) de Dar es-Soltan (30.000 años B.P.) que para algunos es el eslabón intermedio entre aquellos y el hombre moderno de Mechta-Afalou, portador de la industria Ibero-Mauritana (19.000-10.000 años B.P.). Este último, junto a los protomediterranoides venidos de oriente con la cultura capsiense (10.000 - 5.000 B.P.), constituyen los dos tipos humanos que han dado origen al pueblo bereber, que esencialmente conforma la mayoría antropológica de la población norteafricana actual.” (F.García Talavera, 2002)


    De los primeros habitantes de Canarias



    Si bien los primeros cronistas de las invasiones y conquistas por parte de los europeos de las islas dejaron claramente expuesto el origen norteafricano de las poblaciones que habitaban el territorio, en siclos históricos posteriores conforme la metrópoli iba agudizando sus planteamientos centralistas y acultorizadores etnocentristas, comenzaron a surgir disparatadas teorías en torno a los pobladores originarios emanadas del sistema colonial, negando, tergiversando y confundiendo el incuestionable origen africano de nuestros ancestros al objeto de crear un sentimiento de ascendencia europea, más acorde con los planes de dominación política, económica, social, cultural y espiritual de la nación sometida, pues un pueblo inseguro de sus orígenes es más fácilmente dominable y explotable.



    Así, comenzaron a surgir leyendas y fábulas en torno a nuestros orígenes étnicos, en su mayor parte propagados por criollos de servicio, por ejemplo, algunos autores nos han trasmitido sin el menor rubor la idea de que nuestros antepasados eran los supervivientes de la mítica Atlántida, otros nos han supuesto una ascendencia española, no faltando quienes incluso afirman que procedemos de vikingos, en fin, ponen especial énfasis en atribuirnos cualquier procedencia europea con tal de que no asumamos la real, la africana. Otros, imbuidos por un aparente romanticismo nos han venido trasmitiendo la falacia de que todos nuestros ancestros guanches eran altos y rubios con los ojos azules y, claro, asumido, consiente o inconscientemente que es sí, cuando uno se mira en el espejo y se ve moreno y con ojos oscuros o melados, automáticamente entiende que no es guanche, cuando la realidad es que el antiguo pueblo canario-como el actual-estaba y está- compuesto de individuos rubios, morenos, altos, bajos, gordos y flacos, atléticos y canijos como cualquier otra sociedad humana.



    El interés por el estudio de la etnografía canaria por parte de algunos europeos no españoles comenzó a tomar cierto auge a partir de los siglos XIX y XX, entre los que destacaron George Glass, Boris de Sain Vicent, René Verneau, Sabin Berthelot etc., aunque justo es reconocer que también fueron grandes profanadores de los panteones guanches. A pesar de que algunos de ellos estaban profundamente influenciados por sus convicciones políticas o etnocentristas, nos apoyaremos en estos autores y en otros posteriores para tratar de dar una ligera semblanza de los primeros pobladores de nuestro territorio.



    LOS PRIMEROS POBLAMIENTOS DE LAS ISLAS CANARIAS



    En los milenios X al VIII a.e.a. las condiciones climáticas del Sahara eran semejantes a las de Centro-Europa, abundando la fauna y la flora, en las orillas de ríos y lagos habitaban grupos humanos de pescadores y recolectores. De estos grupos surgió una “revolución neolítica” según se deduce de los millares de yacimientos de grabados rupestres existentes en bastas regiones del Sahara, en los que se representan animales tales como la Jirafa; el Elefante; el León; el Hipopótamo etc.



    Estos yacimientos tanto de pinturas como de grabados rupestres están concentradas en la zona mesosahariana, principalmente en los grandes macizos montañosos del Hadrar de los Iforas, y del Hoggar, el Tassili-n-Ajjer o Tassili -n- Azyer, (que quiere decir “La Meseta entre los dos ríos”) con su prolongación Libia el Tadrart Acacus, el Tibesti y el Ennedi.



    Como queda dicho más arriba, en las zonas templadas se asentaron grupos humanos de los que surgieron estilizadas civilizaciones, alcanzando un considerable desarrollo en la época neolítica, teniendo su máxima expresión en el culto a los muertos. El interés por preservar los cadáveres de sus parientes ya denota una incipiente capacidad mágico religiosa, con concepciones abstractas de una posible vida en otro plano de la existencia.



    Los enterramientos, es una práctica muy extendida entre las sociedades norteafricanas que se remonta a la Prehistoria. En el Norte de África, las prácticas funerarias son dudosas en el Paleolítico pero están plenamente documentadas en el Neolítico. Modas y formas de enterramiento que gozarán de amplia pervivencia en todo el ámbito sahariano, manteniéndose en un principio en buena medida libre de las influencias púnicas, aunque más tarde una gran parte de estas sociedades avanzadas asumieron la cultura púnica a través de Cartago, tal como nos lo muestra la ingente cantidad de estelas funerarias dedicadas a la Diosa Tanit, (Astarte) y que afectaría al mundo mazigio continental que solamente empezaría a cambiar muy tardíamente con la imposición del Islam.



    La forma de enterramientos predominantes en todo el Sahara parece ser que es el túmulo. A estos túmulos los naturales, denominan aarrom al que se compone de un simple túmulo de piedras, en Canarias tienen sus paralelismos en La Rasca, Chinech, y radjen a la construcción turriforme de bloques. Los radjen pueden ser cilíndricos, denominándose en estos casos chuchet o con gradas que es lo que se conoce como Bazinas. (Pírámides de Chacona, Güímar, Puerto Mequínez (Puerto de la Cruz,) Icod, en Chinech (Tenerife) así como los existentes en Benahuare (Isla de La Palma,) La Isleta en Tamarant Gran Canaria), esta última cuya base fue convertida en un nido de ametralladoras por el ejércitos español, etc.



    Generalmente estas construcciones funerarias o de observación astronómicas se emplazaban en lugares elevados, pequeños promontorios, o en las márgenes cortadas por la erosión uads. Puede aparecer uno solo, aislado, o formando agrupaciones (túmulos funerarios de Tamarant).



    En ocasiones estas Bazinas cumple con las funciones de mausoleos, monumentos para reyes y héroes y como observatorios astronómicos cuando están situados en determinadas elevaciones geográficas. Este fue el caso de un héroe legendario mazigio caudillo de los Âyth Wâryaghar, llamado Sidi Mahan (Majan) cuando murió lo enterraron en el punto más alto del macizo de Yabal Hmam, (Montaña de Palomas) le dedicaron un Igurramen (Murramen) que llamaron Mahan Dadda (Majano del Abuelo.)



    Igual sistema de enterramiento fue empleado con la heroína mazigia Tim Ghinat o Al Kahina, según la denominación árabe.



    Es sobradamente conocido y admitido el indiscutible paralelismo entre las culturas de los antiguos canarios con las del continente, con el Magreb y especialmente con la del Sahara región donde se produjo un gran movimiento de pueblos durante la prehistoria tardía y la protohistoria de África noroccidental, donde hubo una gran diversidad cultural y, al mismo tiempo, una gran movilidad de pueblos, algunos de los cuales poblaron las islas canarias en sucesivas oleadas y distintas épocas como ya hemos dicho, confirma este aserto el indudable origen común de la lengua y las distintas variedades dialectales de las islas con la lengua tamazight y sus diferentes dialectos hablados en el continente. En Tamaránt (Gran Canaria,) la cerámica pintada tiene un innegable paralelismo con otras norteafricanas de tradición mediterránea, que mantendrá la cerámica kabilia. Las cuevas artificiales presentes en todas las islas, y los graneros colectivos son también de tradición mediterránea, difundidas desde el Norte al Rif, Atlas Medio, Anti-atlas y Gran Atlas, siendo usadas en la actualidad. En Túnez, encontramos las casas semiexcabadas, y las cuevas horadadas en la toba, de inequívoco paralelismo con las casas hondas de Lanzarote y Fuerteventura, y la Cuevas Labradas de Tamaránt y Chinech.



    Los túmulos prehislámicos de los imazighen de gran difusión sahariana y surmagrebí tienen sus homólogos en los de Tamarant (Gran Canaria).



    Los artefactos líticos, cerámica, grabados alfabetiformes, estatuillas, definen el horizonte más reciente de la isla de Benahuare (La Palma), íntimamente ligado con el Sahara, por el contrario, otras manifestaciones más antiguas de cerámica, grabados, ciertos artefactos líticos y óseos tienen diversos paralelos norteafricanos. En Chinech, algunos de los elementos de la cultura material tienen clara similitud con comunidades magrebíes occidentales cronológicamente protohistóricas, tales como la cerámica y las espátulas.



    Titeroygatra y Erbania o Erbani (Fuerteventura), participan igualmente de paralelos imazighen ambientados en lo que pudiera ser el mundo indígena protomazigio. Los grabados rupestres de Esero o Hero (El Hierro), los podomorfos de Chinech, Erbania y Titoreygatra, y los alfabetiformes líbicos nos conectan aún más con el mundo mazigio, si bien los de tipo meandros, espirales, etc., especialmente los de Benahuare tienen paralelos en la fachada atlántica europea (Galicia y Portugal, Irlanda e incluso en las fachadas atlánticas del Norte y del Sur de América.)



    En cuanto al origen de los primeros pobladores de nuestras islas, si bien las fuentes historiográficas son unánimes al afirmar que los primitivos habitantes procedían de África, son bastante parcos en detalles, limitándose los más explícitos a decirnos que, por lo que frisan sus costumbres, y tanto en el hablar como en contar tienen, son como los de los moros.



    La mayoría de los investigadores modernos “oficiales” vienen situando los primeros asentamientos humanos en las islas en torno al siglo I a.e.a., si bien algunos van paulatinamente retrocediendo en el cómputo de tiempo, y los más avanzados los sitúan en torno al siglo I a.e.a., fecha que como veremos están totalmente alejadas de la realidad.



    Hace más de tres décadas cuando apunté la idea de la presencia fenicia en las islas, fui atacado y denigrado públicamente por determinados estamentos oficiales cuyos representantes esgrimiendo sus titulaciones académicas se habían autoerigidos en únicos interpretes de la cultura canaria, no admitiendo otras interpretaciones que las asumidas por el sistema. La idea a trasmitir a la sociedad canaria era -y sigue siendo en centros de educación oficiales y oficialistas, así como por la mayoría de los medios de comunicación sociales- la de que nuestros ancestros eran una sociedad anclada en un estado cultural correspondiente al neolítico. Como vengo sosteniendo desde hace tiempo, la realidad es que la antigua sociedad canaria debido al hecho de que en determinado periodo histórico Europa se vio sumida en una época de total oscurantismo como consecuencia del auge tomado por el cristianismo, el cual vaticinaba el fin inmediato del mundo, razón por la cual se abandonaron los avances técnicos en la navegación, geográficos, comerciales etc., que había alcanzado el mundo greco-romano.



    Como consecuencia de esta situación nuestro continente sufrió una serie de convulsiones políticas y económicas como consecuencia del derrumbe del imperio romano y, las islas se vieron aisladas durante el oscuro periodo de la alta edad media, por tanto, al verse privadas del aporte de manufacturas desde el exterior, nuestros ancestro tuvieron que adaptar su cultura material a los elementos que podían obtener del entorno natural -en las islas no existen metales factibles de ser transformados artesanalmente- la madera, la piedra, los huesos. Las pieles y algunas fibras vegetales.



    En cambio, los aspectos morales, culturales, sociales y espirituales alcanzaron un desarrollo muy superior al de los europeos de la época, tanto es así que muchos de sus aspectos continúan vigentes.



    Actualmente, un grupo de científicos de reconocido prestigio han abandonado los obsoletos parámetros en que se había enmarcado la historia antigua de Canarias y vienen investigando sobre la arribada a las islas de fenicios o libio-púnicos con fines comerciales y de extracción de materias primas, entre los siglos VI y V antes de la era actual, así como de las primeras arribadas poblacionales de otros pueblos procedentes del noroeste africano. Contrariamente a las teorías comúnmente aceptadas hasta la fecha, las cuales vienen admitiendo como inicio de los primeros asentamientos en las islas el siglo II de la era actual, asentamiento promovido según estos autores por Juba II de Mauritania, la realidad es que por esas fechas las islas ya llevaban siglos habitadas.



    Modestamente, compartimos el planteamiento de la presencia humana en las islas (especialmente en las orientales) desde hace más de 4.500 años. Las arribadas más recientes se producen como hemos dicho durante los siglos VI y V a.d.n.e., nos basamos para sostener esta afirmación en las observaciones de campo que desde el año 1996 venimos llevando a cabo en la isla de Tenerife, donde numerosos yacimientos de grabados rupestres nos muestran elementos gráficos de indudable origen libio-púnico y mazigio, los cuales son fácilmente contrastables con otros existentes en el continente, debidamente datados y documentados.



    Fuera de las rutas marítimas del Mediterráneo, el mar se hacía tenebroso, la navegación antigua estaba marcada por leyendas de monstruos que devoraban a las naves y marinos, leyendas terroríficas ampliamente difundidas por los pueblo de navegantes y fácilmente sostenibles debido a la superstición que embargaba a lo sociedades “cultas” de aquellos tiempos.



    Según las narraciones de la época los peligros eran prácticamente insuperables. Estas leyendas eran sostenidas por los pueblos navegantes especialmente los fenicios cartagineses y gaditanos, para mantener en secreto las rutas comerciales y las consiguientes fuentes de materias primas que explotaban así de manera exclusiva.



    No obstante, la necesidad de abrir nuevas rutas comerciales, a la búsqueda de nuevas fuentes de materias primas y esclavos o por descubrir nuevas tierras, incitó a algunos pueblos navegantes a emprender nuevas aventuras marítimas desafiando los peligros supuestos y reales que implicaba el adentrarse en mares desconocidos. Una de estas empresas fue acometida por el faraón Neko o Nekao, quien según Heródoto (IV, 42) decidió circunvalar África, tras abandonar la excavación de un canal que había proyectado entre el Nilo y el Mar Rojo, hacía el 600 a .e.a.



    Los egipcios mantenían excelentes relaciones comerciales con un pueblo conocido como “Los reyes del mar” –los fenicios-, así el faraón Neko confió la primera circunvalación del continente africano de que tenemos noticias a la pericia de los fenicios. La expedición debía rodear el continente con el encargo de regresar por el estrecho de Gibraltar, una aventura tan arriesgada que hubiese hecho desistir a cualquiera que no fuesen los fenicios. El mismo Heródoto dice que el persa Sataspes, con una tripulación egipcia, fue incapaz siglo y medio más tarde de hacer el viaje en sentido inverso, a pesar de que era su único recurso para conmutar la condena a muerte que le había impuesto Jerges, la cual finalmente, se ejecutó sin admitir excusas a su fracaso.



    El viaje sufragado por el faraón Neko duró tres años; los fenicios debían saber ya lo que se esperaba de ellos puesto que llevaron los medios necesarios para sembrar la tierra y recoger la cosecha; efectuaron un recorrido exclusivamente costero con dos escalas invernales, una, posiblemente al sur de Mozambique, y otra, en Senegal. Heródoto que no conocía la esfericidad de la Tierra y la posición del Ecuador, le pareció increíble que los fenicios afirmaran que habían hecho buena parte del viaje con el sol a mano derecha; siendo precisamente este dato el que da veracidad a todo el relato.



    Narra Heródoto que esta exploración había sido confirmada por los cartagineses, lo que puede referirse al famoso viaje de Hannón, contemporáneo de la época en que escribía el historiador griego.



    Veamos lo que la ciencia moderna recoge en cuanto a los primeros moradores de las islas, así el antropólogo francés René Verneau quien dedicó un amplio y documentado estudio en torno a los primeros habitantes del territorio canario, afirma un entronque de algunas de las primitivas etnias canarias con elementos egipcios, cuestión esta que también es asumida por Buenaventura Bonnet y otros autores como tendremos oportunidad de ver.



    “Sin ninguna duda, en la actualidad sabemos que, mucho antes de que Juan de Bethencourt abordase en Canarias, estas islas habían sido visitadas repetidas veces por poblaciones procedentes del norte del continente africano. Pero no siempre esas poblaciones se limitaron a hacer viajes de exploraciones y a devastar poblados. En varias ocasiones se establecieron en el archipiélago y entre la raza que poblaba antiguamente las islas y los recién llegados se realizaron cruces.



    De los pueblos que pudieron haberse mezclado de esta forma con el elemento canario antiguo, hoy sólo investigaré la raza sirio-árabe. Se la encuentra con frecuencia en Gran Canaria, El Hierro y La Palma. Incluso en algunos lugares había llegado a predominar considerablemente sobre el elemento guanche, que yo considero como el más antiguo.



    Las tres localidades en las que hemos encontrados sus restos están situadas cerca del litoral. Las dos únicas piezas que poseemos del interior nos ofrecen el tipo guanche. Es probable, pues, que allí se produjera lo que ha ocurrido en casi todas partes, como por ejemplo en Filipinas, donde la raza negrita primitiva se retiró a las montañas del interior cuando llegaron los invasores que se establecieron en la orilla del mar. Si esta hipótesis no es arriesgada, estaríamos autorizados a pensar que la raza guanche, que se conservó pura en el interior de la isla, poblaba todo el país antes de la llegada de los emigrantes que fueron a ocupar el litoral.



    Si en lugar de comparar estos últimos con los árabes, los hubiésemos comparado con los egipcios, hubiéramos constatado analogías igualmente sorprendentes e incluso algunos diámetros hubiesen coincidido con exactitud. También señalaremos una particularidad anatómica que se encuentra en Canarias y en Egipto. Quiero hablar de la depresión que existe detrás de la sutura coronal y que rodea el cráneo de una sien a otra, como si en este punto se hubiera aplicado una venda que hubiese comprimido los parietales. Esta depresión, aproximadamente constante en los cráneos egipcios, existe en todos los de San Juan de Belmaco, excepto en uno. Igualmente lo he observado en un cierto número de los de las otras islas que presentan el tipo sirio-árabe.



    Algunas particularidades anatómicas de los cráneos egipcios, como la depresión en la parte trasera de la sutura coronal, también se encuentran en los cráneos canarios del tipo sirio-árabe. Sin embargo, nunca se ha dicho que los canarios, ni tampoco los egipcios, hayan tenido la costumbre de deformarse artificialmente.



    Aliado de esta gente de tipo semítico, puro o mezclado, en cada isla vivían individuos que debemos considerar como pertenecientes a la misma raza que los guanches de Tenerife. Estos individuos se habían retirado, sobre todo, al interior de las islas, abandonando sin duda el litoral a los recién llegados.



    Los rasgos anatómicos concuerdan, pues, con los caracteres etnográficos que, hace dos años y medio, me permitieron afirmar la existencia de varias razas en el archipiélago canario antes de la conquista española. Lo que he dicho hoy nos muestra que los sirio-árabes vinieron a establecerse al lado de los guanches.” (René Verneau, 1996)



    Uno de los autores de principios del pasado siglo que abordó con cierta profundidad el origen de las últimas migraciones del continente hacia Canarias fue D. Buenaventura Bonnet, este investigador atribuye un origen ario a estos contingentes humanos. Sí bien algunos de los planteamientos expuestos por este estudioso han sido superados o clarificados por los investigadores actuales especialmente en algunos aspectos lingüísticos, dado mi afán divulgativo no me resisto a transcribir algunos pasajes de dicho trabajo pues considero que muchos de los temas tratados continúan vigentes, además de ser un trabajo muy avanzado para la época en que fue realizado y continúa siendo un referente para los actuales investigadores. Las citas son extensas, pero espero que sean de utilidad para los lectores que sienta un especial interés por conocer nuestros orígenes como pueblo diferente y diferenciado.



    Los arios en las islas Canarias



    […] Ya hemos visto en párrafos anteriores a las tribus arias llegar en su movimiento expansivo a las costas occidentales de Marruecos, y también hemos indicado la manera de vivir esas tribus, sosteniendo incesantes luchas, ora entre ellas mismas, ora contra los pueblos extranjeros que las rodeaban. El vigor de esa raza que se extendió por casi todo el mundo antiguo, el ardor de sus empresas, su carácter, y su espíritu de heroísmo, fueron consecuencias de su desarrollo precoz y de sus virtudes guerreras.



    Esto dicho, sigamos estudiando el movimiento de estos hombres.



    Descendieron por los valles del Sus y del Draa hasta las orillas del Atlántico, continuando su avance por la costa africana hasta el Cabo Juby actual, punto quizás, el más meridional de sus exploraciones.



    Desde las costa occidentales del África los arios se lanzaron al mar, obedeciendo a su fuerza expansiva, en busca de aventuras, o empujados por las guerras intestinas sostenidas por la posesión de los ricos valles de la Mauritania.



    Conociendo, como en efecto conocían, el arte de la navegación, bastó que se apartaran un poco de la costa africana, para enseguida divisar las islas de Lanzarote o de Fuerteventura, muy cercanas al continente.



    Desde ese momento preparose la expedición para reconocerlas y asentarse en las tierras recién descubiertas. Desde luego, nuestro conocimiento acerca de la forma y ocasión en que se verificó el establecimiento de los arios en nuestro archipiélago, no lo podernos precisar, pero en líneas generales podemos deducir que por los años 1150 al 1110 antes de Jesucristo debió efectuarse.



    Es indudable que las tribus arias al penetrar en las Canarias encontraron en el archipiélago una población troglodita perteneciente a la raza de Cro-Magnón con la que tuvo que luchar, hasta que se fusionaron en parte, o celebraron pactos respetando el territorio que ocupaban ambos y su mutua independencia.



    De las tribus que se arriesgaron a la empresa, la principal o directora del movimiento sería la de los Mahu-haria que antes de ahora hemos nombrado. La expedición partió del cabo Nun donde mueren las últimas estribaciones del Anti-Atlas y desemboca el Draa, puntos geográficos bien señalados para indicar una nueva ruta a pueblos emigrantes. Los invasores arribaron en las costas orientales de Fuerteventura por algunos de sus puertos, tales como el de las Lajas, Tegurame o el de Tuineje.



    Desde la costa los arias se desparramaron por todo el país construyendo ciudades o fortificaciones desde las que se defendieron no solo de los habitantes de la isla, sino también de las sucesivas oleadas de inmigrantes que el África arrojaba sobre ellos. La muralla que separaba a jandía del resto de la isla, tendría igual objeto que las fortificaciones ya nombradas, o sea el defenderse de sus enemigos.



    Estas construcciones estaban formadas de grandes piedras, muy bien trabajadas, perteneciendo al tipo llamado ciclópeo o pelásgico análogo al usado en Micenas y Argos, pregonando esto el origen ario de ambas.



    De esta muralla, dice el P. Abreu Galindo en su Historia, libro 1º, capítulo XI, página 33, edición de 1848, lo siguiente: “Estaba dividida esta isla de Fuerteventura en dos reinos, uno desde donde está la villa hasta Jandia, y la pared de ella; y el rey desta parte se llamó Ayoze, y el otro desde la villa hasta Corralejo, y es te se llamó Guize, y partía estos dos señoríos una pared de piedra que va de mar a mar cuatro leguas”.



    Del nombre de la tribu Mahu -haria se derivó el de los habitantes del país, que aun hoy se conocen con la denominación de Majoreros. Abreu Galindo escribe Mahoreros; de suerte que la corrupción de esta palabra es evidente y su origen y derivación sin género de duda.



    A la vez el prefijo de la voz Mahu-haria, Mahu, tiene su origen en el vocablo Tamohu o T'mahu, con el cual los egipcios designaron algunos ramales pelásgicos de ojos azules y cabellos rubios que invadieron el Delta, y que en general significaba gentes del Norte porque dada la situación geográfica del Egipto y la del Asia Menor, esos pueblos invasores llegaban del Septentrión.



    De la unión de ese apelativo con la raíz, se formó el de Mahu-haria y por aspiración y debilitación de vocales, el de majoreros actual, que demuestra su filiación con los arios, o pelasgos, llamados también pre-helénicos.



    Por consiguiente, debemos aceptar que la invasión de esta isla (Lanzarote) se efectuó desde la de Fuerteventura atravesando el estrecho de la Bocaína que las separa unos 11 kilómetros, alcanzando tierra por el sur de Lanzarote, en la punta de Matagorda o en la de Pechiguera.



    La distancia entre ambas islas se acorta por existir entre ellas un islote o peñón llamado isla de Lobos de tres kilómetros y medio de extensión, que toma su nombre de los muchos lobos marinos que en otra época salían a la orilla a gozar del sol, de cuyas pieles se confeccionaban cintas para curar ciertas enfermedades; también este islote fué nido y refugio de piratas.



    El paso se facilitaba de una isla a otra mediante el peñón ya indicado, si bien no negamos que también llegaron directamente de África tribus arias, pero la afirmación de Abreu Galindo al decir: “Los naturales destas dos islas Lanzarote y Fuerteventura se llaman Mahoreros...” (Libro 1º, capítulo IX página 29) confirma nuestro aserto de que los Mahu-harias poblaron ambas islas.



    Asimismo, el nombre de Haría, raíz de la voz Mahu-Haria, demuestra la filiación que pretendemos establecer con las gentes que invadieron a Fuerteventura. Todos sabemos que Haría es el pueblo más septentrional de Lanzarote, que sería el punto extremo de las correrías de aquellos hombres, o por lo menos el postrer recinto fortificado de la isla.



    También hemos de hacer notar que el cabo o punto de Fariones, de Hario-nes, guarda similitud con las voces ya analizadas por nosotros, sin que pueda esto considerarse como meras casualidades, pues desde el punto de vista filológico están comprobados su origen como un hecho probado, si bien no se ha prestado a este estudio la importancia que merece.” (Buenaventura Bonnet y Reverón, 1925)



    Los canarios



    “De la costa africana partieron otros grupos o tribus que cayeron sobre las Canarias, saliendo del Cabo Juby en vez de efectuarlo por el de Non, punto aquel, el más meridional a que llegaron los arias en sus correrías.



    Esas tribus eran las de los Chahun harias, las cuales Plinio describe como sigue, hablando del Atlas: “Los que habitan los más cercanos montes llenos de elefantes y fieras y de todo género de serpientes, se llaman Canarios, porque el sustento es el mismo que el suyo y comparten con ellos la carne de las fieras”



    Aún cuando no opinemos de igual modo que el escritor latino acerca de la etimología de la voz canarios, su afirmación acerca de la existencia en el Atlas de esos hombres es de gran valor para nosotros.



    Desde aquellos montes, los Chahun- hanas o Kahun- hanas se fueron acercando a las costas de la Mauritania, hecho que acredita el geógrafo Ptolomeo al afirmar que existía en África un cabo llamado Chahun-haria extrema, o sea la última Canaria, cabo que corresponde exactamente con el actual juby, que debe su nuevo nombre al rey Juba; siendo este punto el más meridional de las excursiones arias, según hemos indicado, y confirma Plinio, al decir en el mismo capítulo citado: “Es cierto que está junto a éstos (los Canarios), la gente que los Etiopes que llaman Perorsos..., las denominaciones Mahu -.haría y Chahun-haria, designarían agrupaciones de tribus clasificadas por las posiciones geográficas que tenían en el territorio africano.



    Sabemos que el prefijo Mahu o T'mahu de la voz Mahu-haría, según los egípcios, significaba gente del Norte, en tanto que la voz, Chahun haria contiene asimismo un prefijo Cha o Ka que asimismo significa, lo más inferior, lo extremo, denominación que en el caso que estudiamos expresa claramente Gente del Sur o Meridional, como efectivamente lo eran los Chahun-harias con respecto a los Mahu. harias.

    Continurá:



    Imágenes:

    1.- Árbol genealógico de R. Cann, M. Stoneking y A. Willson.

    4.- Rey de Maxorata, Erbania (Fuerteventura)



    *De la Asociación Sociocultural Kebehi Benchomo

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