RETRODEZCAN

Este imperativo es del todo incorrecto pero me resulta más contundente que el original RETROCEDAN. Por lo tanto, si la Real Academia de la Lengua Española me lo permite, desde hoy en adelante haré uso exclusivo de él.
Con RETRODEZCAN pretendo dar a conocer parte de mi obra pictórica, escultórica, fotográfica y, en menor proporción, literaria y, a la vez, mantener una corriente de opinión sobre los acontecimientos de naturaleza artística de hoy día.
Espero que tomeis la sabia decisión de manteneros a una distancia prudencial de mis opiniones aquí vertidas que no siempre tienen por que ser del agrado de la mayoría; ¿o, sí?

martes, 13 de enero de 2009

HORMIGÓN SOBRE EL BAJÍO

Contemplando esta fotografía con la tranquilidad que merece el recuerdo y desde la perspectiva que le otorga el tiempo, recapacito de nuevo sobre la conveniencia o no llevada a cabo por quienes hubieron de tomar una decisión tan drástica sobre la conversión de la costa de Martianez en el complejo urbanístico que dió como resultado las, para mí, cotrovertidas piscinas. No se yo si Cesar Manrique, desde esta misma perspectiva en el tiempo, hubiera aprobado un proyecto de estas características en detrimento de los numerosos bajíos por donde tantas veces transité a pleno sol porque en la noche, las móviles ánimas iluminadas, suspendidas en la oscuridad, solían deambular a su antojo sobre las rocas, provocando el pánico entre los que como yo, recien llegados, carecíamos totalmente de aquella otra cultura de costas que después de aprendida nos haría saber que tales fantasmas no eran otros sino los experimentados pulpeadores que, amparados en la oscuridad, en una mano la antorcha y armados de su potera en la otra, hacíanse con un riquísimo botín de tiernos cefalópodos que en los días posteriores serían presumiblemente consumidos por los paladares más genuinos del Puerto de la Cruz, incluido el mio.
Hasta allí me acompañaron estos músicos de la Discoteca Bali a quienes hice partícipes de mis más serias dudas respecto del futuro que le esperaba a aquel trozo de litoral tan característico y singular y que, aún hoy, continua fijado en mi retina del mismo modo que fijada ha quedado, sobre el bajío para siempre, la plancha de hormigón armado vertido bajo la que permanecerán definitivamente sepultadas y en silencio aquellas ánimas errantes, móviles e iluminadas que por primera vez en el Puerto me acercaron hasta ese misterio que encierra la cultura del mar y que yo, ignorante, lamenté desconocer hasta entonces.

2 comentarios:

  1. Los errores de Martiánez y los aciertos de Los Martínez. El negocio de quitar la naturaleza en pro del capital. Todo cambia. De nuevo la versión aborigen sería la mejor. Si quitáramos el Martiánez protestarían los jóvenes de ahora. Como joven de antes prefiero la calidad a la cantidad.

    ResponderEliminar
  2. En realidad tienes razón, Dorta.
    Primero fue el risco, despues el guanche, posteriormente el convento y, por último, la publicidad del LORO PARK.
    Incluso, dada las circunstancias, solo falta ahora el fraffitti sobre la funesta publicidad.

    ResponderEliminar