domingo 14 de junio de 2009
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POEMA
La guadaña aún está mellada
pero la idea de la muerte
me ronda
con afilada esperanza.
Aún no había cumplido los veinte años cuando compuse este dramático poema, acuciado como estaba por la tremenda presión psicológica que mi madre ejercía, por entonces, sobre mí.
ATARDECER
El sol estallaba en su ocaso
tiñendo de roja sangre
la mansa paz del horizonte
EPITAFIO PARA MI TUMBA:
FALLECIDO EN DEFENSA PROPIA
CREDULIDAD
NO MIENTO, solo me invento VERDADES
INDISCIPLINA:
Jamás obedecí a órdenes, sólo a argumentos
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