RETRODEZCAN

Este imperativo es del todo incorrecto pero me resulta más contundente que el original RETROCEDAN. Por lo tanto, si la Real Academia de la Lengua Española me lo permite, desde hoy en adelante haré uso exclusivo de él.
Con RETRODEZCAN pretendo dar a conocer parte de mi obra pictórica, escultórica, fotográfica y, en menor proporción, literaria y, a la vez, mantener una corriente de opinión sobre los acontecimientos de naturaleza artística de hoy día.
Espero que tomeis la sabia decisión de manteneros a una distancia prudencial de mis opiniones aquí vertidas que no siempre tienen por que ser del agrado de la mayoría; ¿o, sí?

martes, 14 de febrero de 2017

MONEDERO FALSO

Reconozco que siento debilidad por los perdedores honestos; quizá porque, en cierto modo, me identifico bastante con ellos. El caso de Errejón, cuyo programa de partido fue rotundamente rechazado por una gran mayoría en la asamblea de Vista Alegre II, me conmueve en particular porque, aparte de honesto, Íñigo me parece un joven brillante, culto y educado pero cuya inocencia –bendita sea- le ha llevado a confiar en exceso en aquellos colegas de viaje que han acabado por derribar al fin, sin ninguna conmiseración, sus tesis políticas respecto a cómo él creía que debía funcionar la dinámica del partido. Sin embargo, dejando aparte al propio Pablo Iglesias, quiero centrarme hoy en la inquietante figura del controvertido Juan Carlos Monedero quién, con su verbo fácil ante los medios de comunicación, durante todo el año anterior, ha venido presumiendo de su aparente imparcialidad respecto de los dos candidatos a la secretaría general arguyendo, además, que dentro de PODEMOS no desempeñaba ya ningún cargo de relevancia pero que , según mi opinión, ello no le impedía  mostrarse públicamente como cronista mediático de las interioridades del partido cuando era entrevistado por la prensa o la televisión y tomando descaradamente partido por uno de ellos en concreto: por Pablo Iglesias. 


Por el valle de lágrimas dejado estos días por Íñigo Errejón, navega ufano el místico Carlos Monedero en busca de ese río revuelto donde la ganancia de pescadores sabe que está del todo asegurada. Aferrado siempre a su monedero de vieja, de broche de presión metálico, guarda, y en ocasiones acaricia, las relucientes treinta monedas de plata que desde la fundación de PODEMOS lleva siempre consigo. Tanto si se suicida como si no, haría bien en devolverlas a su lugar de origen. Judas no lo hizo.

Al astuto Monedero siempre, a lo largo de la Historia, se le ha visto manipulando, cuando no intrigando en el seno de las más poderosas familias europeas del Renacimiento: los Medicci, los Sforza, los Borgia, etc. La penúltima vez que fue visto tuvo lugar en la Corte de los Zares, encarnado en la inquietante figura del monje Rasputín entre la familia Romanov. Hoy regresa de nuevo, en pleno siglo XXI, envuelto esta vez en su aureola de reputado politólogo y seguramente dispuesto a ocupar un sitio relevante en el seno de la cúpula del nuevo PODEMOS desde donde poder mediar en su propio y único beneficio.


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