Uno de los casos más patéticos con los que me he encontrado, y que sin embargo no eludí fotografiar pese a la intensa carga dramática que presentaba el motivo, es el de un indigente que se veía en la obligación de mendigar mostrando como reclamo los dos muñones de sus manos amputadas.En mi opinión, su aparente resignación aún le confería una mayor crudeza a la siniestra escena.
Aún así, mi instinto fotográfico supo prevalecer y sobreponerse por encima de cualquier consideración de tipo ético, incluso estético.








