RETRODEZCAN

Este imperativo es del todo incorrecto pero me resulta más contundente que el original RETROCEDAN. Por lo tanto, si la Real Academia de la Lengua Española me lo permite, desde hoy en adelante haré uso exclusivo de él.
Con RETRODEZCAN pretendo dar a conocer parte de mi obra pictórica, escultórica, fotográfica y, en menor proporción, literaria y, a la vez, mantener una corriente de opinión sobre los acontecimientos de naturaleza artística de hoy día.
Espero que tomeis la sabia decisión de manteneros a una distancia prudencial de mis opiniones aquí vertidas que no siempre tienen por que ser del agrado de la mayoría; ¿o, sí?

lunes, 20 de febrero de 2017

ODIA EL DELITO Y.... ¿COMPADECE AL DELINCUENTE?

La población carcelaria española está desconfiada. Creen que el abrumador número de condenados por corrupción, cohecho, fraude, malversación de fondos, desfalco, etc., etc., que muy pronto han de entrar en prisión por orden judicial, signifique un enorme y serio peligro para sus intereses particulares como internos. Algunos de ellos temen por sus propias pertenencias, otros por sus escasos ahorros conseguidos durante tantos años pero, en cualquier caso, tampoco estarían del todo dispuestos a servir como presos de confianza en la misma celda que deba ocupar cada uno de los recién llegados. Se niegan rotundamente a servir como Ángeles de la Guardia para impedir que los nuevos inquilinos intenten   lesionarse o suicidarse.

Desde hace mucho tiempo hemos venido aceptando que, en un estado de derecho como parece ser el nuestro, las penas de prisión no deberían ser el resultado de la venganza por el delito cometido y por el que haya sido condenado un miembro de nuestra heterogénea comunidad sino un lugar común y digno dónde educar debidamente al delincuente durante su tiempo de estancia para su posterior reinserción en el seno de la sociedad que ha mancillado con su conducta delictiva.

En tal sentido, me viene  ahora a la memoria la célebre frase de Concepción Arenal que dice así: “ODIA EL DELITO Y COMPADECE AL DELINCUENTE”, o aquella otra: “ABRID LAS ESCUELAS Y SE CERRARÁN  LAS CÁRCELES”

Estoy de acuerdo con ambas, sin embargo, la reflexión hecha por un interno, arrepentido del delito cometido en su día, me hizo ver la situación de los nuevos condenados de muy distinta manera, desde otra nueva perspectiva.

INTERNO: “Cuando entré aquí, siendo aún muy joven, yo era un perfecto analfabeto y el hijo mayor de una familia humilde, numerosa y desarraigada. Carecía por entonces de trabajo estable y a pesar de no tener padre, conseguía llevar a casa lo necesario para sobrevivir. En la cárcel no sólo he aprendido a leer y escribir sino también un buen oficio del que me siento muy satisfecho. Aquí he sido educado en valores  de los que, hasta entonces, desconocía por completo su existencia, valores tales como las leyes, la ética o la moral, el amor al prójimo, la convivencia, etc., etc. Por lo tanto, las máximas tan acertadas de Concepción Arenal casi se han cumplido del todo; no tanto la segunda porque, ahí fuera, estudiar cuesta dinero pero, así y todo, me siento útil y preparado para la reinserción.

Una vez escuchada su franca confesión, me he preguntado a mí mismo ¿por qué razón, para delincuentes tan formados como Rato, Blesa, Sánchez Barcoj, Fco. Correa, Luis Bárcenas, López Viejo y un largo etcétera, la pena de prisión no se ha de tener en cuenta como una venganza propiamente dicha y no como cualquier otra cosa?,   habida cuenta, además, que todos y cada uno de ellos han estado debidamente formados e informados, han sido universitarios, han llegado a ser banqueros, economistas, empresarios, políticos, asesores fiscales, presidentes de consejos de administración, etc., etc.

La cárcel, al contrario que al joven delincuente confeso, no tiene nada que enseñarles a este tipo de criminales. En todo momento, ellos han sabido perfectamente a lo que se arriesgaban mientras delinquían, en qué consistían sus propios delitos y que penas podían serles impuestas si los fiscales descubrían sus crímenes; por lo tanto, no me opongo en absoluto a que todos ellos cumplan la totalidad de las penas impuestas como venganza personal, -en lo que a mí respecta-, por el grave daño que, durante años,  han infligido al resto de honestos ciudadanos de este país entre los que me cuento. 



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