RETRODEZCAN

Este imperativo es del todo incorrecto pero me resulta más contundente que el original RETROCEDAN. Por lo tanto, si la Real Academia de la Lengua Española me lo permite, desde hoy en adelante haré uso exclusivo de él.
Con RETRODEZCAN pretendo dar a conocer parte de mi obra pictórica, escultórica, fotográfica y, en menor proporción, literaria y, a la vez, mantener una corriente de opinión sobre los acontecimientos de naturaleza artística de hoy día.
Espero que tomeis la sabia decisión de manteneros a una distancia prudencial de mis opiniones aquí vertidas que no siempre tienen por que ser del agrado de la mayoría; ¿o, sí?

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jueves, 6 de abril de 2017

LAS CUATRO DENTELLADAS CARDINALES

Hace ya algunos años, mientras aún permanecía como estudiante en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona, tenía por costumbre mantener frecuentes y amenas tertulias en el bar con muchos de los jóvenes artistas que, por aquel entonces, también cursaban estudios en la misma institución y que por lo común  solían ser mucho más jóvenes que yo. Dijéramos que podría haber sido el padre de cada uno de ellos.

En una de aquellas ocasiones, un joven prometedor como artista, en un tono jocoso pero nada alejado de la realidad, me planteaba una cuestión a la que yo nunca había prestado demasiada atención y que me pareció entonces muy divertida por cuanto, en sí misma, tenía mucho de original y nada carente de un inteligente sentido del humor del que, por otra parte, me encontraba yo tan necesitado.

“España, -me decía-, es lo que resta de las sucesivas y graves mordeduras que su territorio ha sufrido a lo largo de su historia. La mordida del Oeste, la más grave sin duda, es la que le despojó de lo que hoy es Portugal cuando el papa Alejandro III, mediante una bula denominada Manifestis Probatum, reconoció a aquel país como nación independiente y cedida luego a Alfonso y sus herederos. España ha sido además atacada, aunque con muy  distinta suerte, por sus otros tres costados; en definitiva, por los cuatro puntos cardinales de su geografía peninsular. Otra grave dentellada, aunque al parecer no todavía del todo definitiva ni de momento tan grave, es la que yo llamo dentellada del Sur, es decir, la propinada en su día por la pérfida Albión en Gibraltar y que, por el momento insisten aún hoy, en no abandonar su valiosa y estratégica presa en el Mediterráneo, amparándose continuamente en el tan conocido Tratado de Utrech (1701-1714) y cuyo último gobernador español fuera Diego de Salinas.



Las mordeduras del Norte que tantas víctimas dejara en el País Vasco a base de feroces y terroríficas dentelladas, parece que, por suerte, han ido cicatrizando de manera paulatina, sobre todo, a raíz del compromiso por parte de ETA de su desarme total y definitivo en beneficio de la vía política aunque no por ello cejen todavía en perseguir un único objetivo, como viene ocurriendo también en Cataluña: su supuesto derecho a la independencia. 

El Tratado de Utrech tiene también para Cataluña (caso de los catalanes) una significación especial por cuanto Felipe V, aunque concediera en el siglo XVIII, a instancias de la Reina de Inglaterra, una amnistía en favor de los catalanes, no obstante, éstos serían privados por el rey de sus Constituciones, debido, sobre todo, a las evidentes simpatías mostradas en favor de la dinastía de los Austrias en detrimento a la de los Borbones y que el monarca no acababa por aceptar. Desde entonces, una nueva jauría, -siempre según el joven alumno-,  ha seguido merodeando en torno a los sucesivos gobiernos desde el final de la dictadura, esperando el momento propicio de asestar la dentellada definitiva del Este con la que hacer valer aquel viejo tratado y les permita alcanzar definitivamente la independencia tan deseada desde antaño”.

Nunca me había parado a pensar en las CUATRO DENTELLADAS CARDINALES a las que mi joven camarada se refería para, con tanto entusiasmo y maestría, delimitar, con tanta precisión, nuestro territorio peninsular a partir de acontecimientos históricos, algunos aún por resolver.


lunes, 3 de abril de 2017

MORIR DIGNAMENTE

No miento cuando afirmo que lo que uno, en realidad, persigue en la vida es, en definitiva, poder morir dignamente. Lo que resulta mucho más comprometido  de considerar es aquello que entendemos por “morir dignamente”. ¿Acaso vivir dignamente es garantía suficiente para llegar a alcanzar una muerte digna? En cierto modo sí, aunque cabría también preguntarse qué es lo que entendemos por vivir dignamente. Y es precisamente en eso dónde no nos ponemos nunca de acuerdo los humanos.

¿Es del todo indispensable, -me pregunto-, vivir dignamente para morir también dignamente? O por el contrario, una cosa no está en función de la otra.

Para muchos, morir dignamente, independiente del modo de vida que hayan llevado hasta su último aliento, sería hacerlo, por ejemplo, en gracia de Dios, asistidos por un sacerdote y sin dolor. Para otros, sin embargo, independientemente de su fe religiosa, sería que la muerte, a ser posible, les sorprendiera en su propia casa, en la cama, cerca de los suyos, sin sufrimiento alguno. 

Todos, sin excepción, sí que rechazaríamos una muerte dolorosa; por consiguiente, en lo que parecemos estar  todos de acuerdo es en no desear morir con sufrimiento y, a ser posible, evitar tener que ocupar una cama ajena y entubado en la última planta de cualquier tipo de hospital, aunque en sus blancas dependencias, una oportuna dosis de morfina, bien administrada por profesionales, nos evitase totalmente el tan temido dolor físico.

Queda así demostrado que el sufrimiento al que vengo refiriéndome, ya no dependería de ese dolor físico padecido pues el fármaco en cuestión lo evitaría del todo sino que estaría, más bien, en función de tu propio bienestar, físico o psicológico, de las condiciones ambientales y de convivencia, de las relaciones con los que te rodean, sean éstos amigos o familiares dispuestos a acompañarte hasta el final de tu existencia.

¿No podríamos decidir nosotros, en tales circunstancias, nuestro propio final?

Siempre han existido, a criterio de muchos, otras formas distintas de morir dignamente como, por ejemplo, aquellas tan excelsas de "morir por la Patria". Éstas últimas, por el contrario, sí que han sido, no sólo físicamente dolorosas, sino, además, producidas sin asistencia de ningún tipo ni compañía alguna, de repente y en pleno campo de batalla. ¿Fueron acaso unas decisiones propias las de “morir por la Patria?.


jueves, 23 de marzo de 2017

TERROR ISLÁMICO

Lo peor del Islam ha vuelto a atacar de nuevo. Esta vez con los escasos medios de los que, por el momento, se hallan a su alcance. Y lo ha hecho en Londres, donde cada uno de cinco habitantes es de origen musulmán.


La lucha armada contra el infiel, según la interpretación que algunos hacen del Corán, les garantizará la Gloria eterna, donde podrán disponer de todo aquello de lo que se han visto privados en vida, incluidas las mujeres, naturalmente doncellas.

Ese goce material de la Eternidad se contradice con aquel otro que preconiza la religión católica, -el cristianismo en general-, en el que alcanzar el Cielo es visto también como un goce eterno pero del todo espiritual; es decir, muy alejado de ese otro que sólo promete placeres terrenales y materiales después de muertos, por lo que la felicidad no es vista en si misma como una entelequia sino que permanece siempre al alcance de cualquier cristiano creyente, arrepentido a tiempo de todos sus pecados.


Visto desde éste punto de vista, ¿Cómo hacer creer a esos musulmanes que los cristianos, una vez fallecidos, como víctimas además de su extrema barbarie, también y según sus propias creencias acabarán, de igual modo, alcanzando la Gloria?

Si los terroristas, -que tanto invocan a Alá para cometer sus criminales atentados-, estuvieran plenamente seguros de que los que hoy son sus acérrimos enemigos también podrían alcanzar la Gloria prometida una vez asesinados, posiblemente llegarían al convencimiento de que quizá no hubiera valido la pena derramar en vida tanta sangre inocente para lograr el mismo objetivo.

Otra cosa muy distinta es la lectura geopolítica que pudiera hacerse de los intereses ocultos que movilizan los ataques terroristas; pero Doctores tiene también la Iglesia.

martes, 14 de marzo de 2017

EL DIARIO DE TENERIFE






Mi modesta intervención habitual en el diario On Line EL DIARIO DE TENERIFE, me ha brindado la ventajosa oportunidad de expresar públicamente todo aquello que me afecta directamente como ciudadano en materia, digamos, sociológica y cuyos efectos habría de encontrarlos en el acontecer político local y nacional de cada día y cuya influencia afecta, además, de manera tan certera al bienestar general de parte de la ciudadanía de este gran país. Poco podemos hacer para cambiar democráticamente las condiciones sociales en favor de la mayoría como no sea ejerciendo el derecho al voto cuando nos corresponda y expresando, al mismo tiempo, nuestra particular opinión cuando nos la solicitan.

En tal sentido, llevo publicados en EL DIARIO DE TENERIFE unos treinta y tres artículos de opinión en los que trato de encontrar explicación plausible a las muchas dudas que me asaltan respecto del discurso político de los partidos, de la parcialidad en la administración de la Justicia por parte de los tribunales y del deterioro de la, finalmente, conquistada democracia en España.

La mayoría de esos artículos están también presentes en este mismo Blog




martes, 7 de marzo de 2017

LA JUSTICIA: No debiera ser igual para todos

De tanto escuchar, sobre todo en los últimos años, aquello de que LA JUSTICIA NO ES IGUAL PARA TODOS, debo admitir, sin temor a equivocarme, de que tal vez sea cierta esa afirmación, casi categórica, que muchos ponen en boca de otros para no parecer sospechosos de sus propias dudas jurídicas.

Después de un profundo análisis que seguramente pondrá en entredicho mi propia conciencia demócrata, debo admitir que, en realidad, LA JUSTICIA NO DEBIERA SER IGUAL PARA TODOS por cuanto no todos disponemos siempre de las mismas oportunidades que se supone deberían habernos ofrecido los varios dirigentes de los distintos gobiernos elegidos en este país desde la muerte del dictador.

La educación escolar y universitaria gratuita me parecen un derecho fundamental para toda la ciudadanía, así como también unos salarios dignos, el acceso a la vivienda, el derecho a la Seguridad Social, al cobro de pensiones a partir del final de tu vida profesional, etc. etc. Sólo así nos podríamos presentar humildemente ante la justicia, -aceptando todas nuestras propias responsabilidades-, en igualdad de condiciones. Por lo tanto, hasta no ver cumplidos todos estos derechos fundamentales como requisitos indispensables, la Justicia debería ser mucho más benevolente si cabe con las clases más desfavorecidas y mucho más rígida y severa con aquellas otras que, -amparándose en un estatus social, político y económico determinados-, se valen para delinquir de la manera más descarada al amparo, precisamente, de su excelente formación académica o profesional en el desempeño determinado de la función pública.

En su alegoría, LA JUSTICIA se representa como una mujer con los ojos vendados, -que no ciega-, con una espada en su mano derecha y una balanza, -que no de precisión-, en la izquierda. Imaginemos por un momento que su lazarillo fuera aquel niño de Tormes, tan sumamente necesitado, que todos ya conocemos a través de la popular y excelente novela anónima española del siglo XVI. ¿Creeríamos entonces en una justicia más ejemplar aunque menos imparcial pero más benevolente con unos y más severa con otros?

En cualquier caso, ¿Podríamos acaso imaginar de qué manera ésta representación (precisamente femenina) administraría justicia hoy si el pequeño Lázaro, aunque fuera sólo por un momento, la despojara de la espesa venda que imposibilita su visión desde hace tanto tiempo y se sumiera en la realidad delictiva que asola desde décadas éste país y donde las extremas desigualdades benefician mucho más a la clase dirigente que a la mayoría de la clase trabajadora?





jueves, 2 de marzo de 2017

SI VIS PACEM PARA BELLUM


Tendríamos que remontarnos a la época de los romanos para escuchar una  rotunda sentencia atribuida desde siempre a Julio Cesar que dice: “SI VIS PACEM PARA BELLUM”, pero que, -en realidad, aunque algo más completa si cabe-, corresponde al escritor romano sobre temas militares llamado Vegecio, quién entonces escribiera la siguiente: “IGITUR QUI DESIDERAT PACEM, PREPARET BELLUM”. Tanto una como la otra, vienen a decir lo mismo: “SI REALMENTE DESEAS LA PAZ, PREPÁRATE PARA LA GUERRA”.

Con esta suerte de sentencia mal interpretada nos sorprende ahora, en pleno Siglo XXI, el presidente de los EE.UU Donald Trump, tratando de justificar el aumento del nueve por ciento del presupuesto destinado a defensa de aquel país, -ya de por sí-, armado hasta los dientes,  argumentando  que América, en el futuro, no puede permitirse el lujo de perder ninguna otra guerra que se le presente a partir de su elección como presidente de la nación. Atrás pues queda el fiasco de la lejana intervención en Vietnam, y la más reciente de Irak.

Sus nuevos enemigos a batir, en caso de próximos conflictos armados, serán, -como ya bien a insinuado-, los llamados países musulmanes además de los comunistas China y Corea del Norte, con quienes desea competir desesperadamente en armamento militar de carácter atómico para no sentirse desprotegido ni sorprendido ante una posible inminente guerra nuclear.

De la filosofía que se desprende de aquellas sencillas sentencias romanas, basadas en el propio miedo del enemigo al conflicto, sabiéndote preparado y bien pertrechado para una posible guerra, pasamos a la pueril interpretación triunfalista del Sr. Trump cuando afirma que no sólo basta con estar preparados para abordarlas (las guerras) sino además para ganarlas. Y esta afirmación es la que para mí comporta mayor riesgo si cabe porque una vez, -sabiéndose siempre ganador-,  no tendría mayor inconveniente en declararle la guerra a cualquiera.

“El miedo de tu enemigo consolida la PAZ; no es necesario declararle la guerra”

Aquella otra guerra silenciosa de antaño, la llamada GUERRA FRÍA, se basaba precisamente en ese equilibrio mantenido gracias a la BALANZA DEL MIEDO entre los dos bloques enfrentados, entre las dos potencias que siempre mantuvieron un acuerdo tácito de  paz no escrito gracias a creer cada una de ellas que la otra se encontraba perfectamente preparada para una guerra. Espero que Trump lo comprenda de una vez.

viernes, 24 de febrero de 2017

CONTRA-VERDAD

¿Cuantas veces habrán ocultado los distintos  gobiernos de éste país parte de cualquier verdad en su propio beneficio?

Los distintos gobiernos elegidos han venido jactándose a menudo de no mentir; solo que no mentir no significa esconder a la opinión pública parte de ese trozo de  verdad fundamental  pero tan incómoda que no interesa en absoluto difundir en perjuicio únicamente propio y a la que yo he bautizado, precisamente, con el curioso nombre de contra-verdad.

Considero contra-verdad  a aquella parte escondida de una verdad cualquiera, oculta para no perjudicar con su publicación los intereses de ciertos miembros de un determinado partido político, -cuando no al partido mismo,- y no aquella otra tan de moda ahora calificada de post-verdad y que, como ya se sabe, es considerada así como consecuencia directa del resultado de una mentira, tan bien urdida, que a fuerza de repetirse constantemente consigue la ventajosa apariencia de ser cierta. 

A lo largo de todos sus años de legislatura, los distintos gobiernos elegidos han hecho  gala, en infinidad de ocasiones, de este recurrente método de contra-verdad del que vengo hablando últimamente.

El mismísimo Luis Bárcenas, por poner sólo un ejemplo, recurrió a menudo a ella argumentando, sin escrúpulos, la sospechosa manera de contabilidad paralela llevada a cabo durante años por él en el partido y también lo hizo en su día la portavoz del PP, Mª Dolores de Cospedal, durante  su ya mítica intervención, intentando justificar la opaca indemnización por despido cobrada entonces por parte del propio Bárcenas a instancias del  Partido Popular.

Ésta vez, su primera  intención no fue la de mentir, aunque su verdadero propósito sí que fue el de enmascarar, disfrazar  parte de aquella verdad, para  ocultarla convenientemente a ojos de la opinión pública. Y, sabe Dios, lo muy difícil que le resultó.

Ha sido tan memorable aquella pasada intervención de Cospedal, que la reproduzco íntegramente de nuevo para tratar de entender la argumentación de contra-verdad que he venido desarrollando hoy desde un principio:

"La indemnización que se pactó fue una indemnización en diferido… y como fue una indemnización en difini… en diferido… en forma, efectivamente… de simulación de… simulación… o de lo que hubiera sido en diferido en partes de una… de lo que antes era una retribución, tenía que tener la retención a la seguridad social, es que si no hubiera sido… ahora se habla mucho de pagos que no tienen retenciones a la seguridad social ¿verdad? Pues aquí se quiso hacer como hay que hacerlo… es decir con la retención a la seguridad social. Y mire usted, yo le voy a decir algo bien claro: si hubiera algo que ocultar… si hubiera habido algo que ocultar… es más… gobernando en España el partido socialista, y por lo tanto teniendo acceso absolutamente a toda la documentación oficial… pues no se habría hecho un pago en diferido de una indemnización en forma de retribución, o se habría hecho ese pago también dándole la forma en su parte de cotizaciones sociales, no se entendía que hubiera nada que ocultar y no había nada que ocultar, y por eso se hizo con esa claridad"

lunes, 20 de febrero de 2017

ODIA EL DELITO Y.... ¿COMPADECE AL DELINCUENTE?

La población carcelaria española está desconfiada. Creen que el abrumador número de condenados por corrupción, cohecho, fraude, malversación de fondos, desfalco, etc., etc., que muy pronto han de entrar en prisión por orden judicial, signifique un enorme y serio peligro para sus intereses particulares como internos. Algunos de ellos temen por sus propias pertenencias, otros por sus escasos ahorros conseguidos durante tantos años pero, en cualquier caso, tampoco estarían del todo dispuestos a servir como presos de confianza en la misma celda que deba ocupar cada uno de los recién llegados. Se niegan rotundamente a servir como Ángeles de la Guardia para impedir que los nuevos inquilinos intenten   lesionarse o suicidarse.

Desde hace mucho tiempo hemos venido aceptando que, en un estado de derecho como parece ser el nuestro, las penas de prisión no deberían ser el resultado de la venganza por el delito cometido y por el que haya sido condenado un miembro de nuestra heterogénea comunidad sino un lugar común y digno dónde educar debidamente al delincuente durante su tiempo de estancia para su posterior reinserción en el seno de la sociedad que ha mancillado con su conducta delictiva.

En tal sentido, me viene  ahora a la memoria la célebre frase de Concepción Arenal que dice así: “ODIA EL DELITO Y COMPADECE AL DELINCUENTE”, o aquella otra: “ABRID LAS ESCUELAS Y SE CERRARÁN  LAS CÁRCELES”

Estoy de acuerdo con ambas, sin embargo, la reflexión hecha por un interno, arrepentido del delito cometido en su día, me hizo ver la situación de los nuevos condenados de muy distinta manera, desde otra nueva perspectiva.

INTERNO: “Cuando entré aquí, siendo aún muy joven, yo era un perfecto analfabeto y el hijo mayor de una familia humilde, numerosa y desarraigada. Carecía por entonces de trabajo estable y a pesar de no tener padre, conseguía llevar a casa lo necesario para sobrevivir. En la cárcel no sólo he aprendido a leer y escribir sino también un buen oficio del que me siento muy satisfecho. Aquí he sido educado en valores  de los que, hasta entonces, desconocía por completo su existencia, valores tales como las leyes, la ética o la moral, el amor al prójimo, la convivencia, etc., etc. Por lo tanto, las máximas tan acertadas de Concepción Arenal casi se han cumplido del todo; no tanto la segunda porque, ahí fuera, estudiar cuesta dinero pero, así y todo, me siento útil y preparado para la reinserción.

Una vez escuchada su franca confesión, me he preguntado a mí mismo ¿por qué razón, para delincuentes tan formados como Rato, Blesa, Sánchez Barcoj, Fco. Correa, Luis Bárcenas, López Viejo y un largo etcétera, la pena de prisión no se ha de tener en cuenta como una venganza propiamente dicha y no como cualquier otra cosa?,   habida cuenta, además, que todos y cada uno de ellos han estado debidamente formados e informados, han sido universitarios, han llegado a ser banqueros, economistas, empresarios, políticos, asesores fiscales, presidentes de consejos de administración, etc., etc.

La cárcel, al contrario que al joven delincuente confeso, no tiene nada que enseñarles a este tipo de criminales. En todo momento, ellos han sabido perfectamente a lo que se arriesgaban mientras delinquían, en qué consistían sus propios delitos y que penas podían serles impuestas si los fiscales descubrían sus crímenes; por lo tanto, no me opongo en absoluto a que todos ellos cumplan la totalidad de las penas impuestas como venganza personal, -en lo que a mí respecta-, por el grave daño que, durante años,  han infligido al resto de honestos ciudadanos de este país entre los que me cuento. 



domingo, 12 de febrero de 2017

VERDADES COMO PUÑOS

A diferencia de las “medias verdades”, las llamadas “verdades como puños”, bautizadas así por el acervo popular, resultan mucho más contundentes que las anteriores, más compactas si cabe pero, en mi modesta opinión, no tan indiscutibles como a primera vista puedan parecer. Solamente son admisibles las irrefutables, aquellas otras que la ciencia ha mantenido siempre a buen recaudo y en disposición de ser demostradas fehacientemente. El ejemplo más sencillo de los que expondré a continuación es aquel que dice: “el orden de los factores no altera el producto”. Otro ejemplo algo más complejo pero no por ello menos verosímil es el que se desprende del famoso Teorema de Pitágoras, también indiscutible. Que la Tierra gira en torno a su eje (rotación) a la vez que alrededor del Sol (traslación) resulta del mismo modo una verdad inamovible desde que Galileo lo descubriera.

Por razones obvias se dice comúnmente de las matemáticas que son “ciencias exactas” sin embargo, el espectro que presenta el lenguaje no parece aceptar tal aseveración. Me explico: he oído a veces expresiones tales como: “no se hable más; dos y dos son cuatro, lo mires por dónde lo mires”. Pues bien, tratemos de analizar con detenimiento la oración.
Si la verdad que se pretende demostrar significa que los sumandos (2+2) dan como resultado cuatro, resulta una afirmación cuanto menos ambigua porque también con los sumandos (3+1) se obtiene el mismo resultado y con los otros sumandos (1+1+1+1) de igual manera se consigue la misma suma.
Si por el contrario, la verdad que se pretende demostrar es que cuatro es el resultado de (2+2), nos encontraríamos en la misma situación que la anterior porque también lo es de (3+1) y de (1+1+1+1). Sin embargo, si hubiéramos elegido como ejemplo  "dos por dos son cuatro, lo mires por dónde lo mires" el análisis hubiera sido muy distinto porque, exceptuando el (4x1), sólo estos dos factores (2x2) y no otros, dan como resultado cuatro; por lo tanto nos encontramos, ahora sí, ante una VERDAD ABSOLUTA.

De manera que el lenguaje propiamente dicho es completamente ajeno a lo que algunos entendemos por verdades o mentiras, ni está sujeto al arbitrio de ninguna autoridad que nos obligue siempre a contar sólo la verdad. En muchos casos, cuando se escribe, no se tiene la más mínima conciencia ni tampoco la absoluta certeza de cuánto hay de verdad o de mentira en el texto. La subjetividad nos lleva siempre ha herir, sin ni siquiera pretenderlo, los posibles intereses o susceptibilidades de todos aquellos que nos leen a diario; tanto si unos consideran verdad u otros mentira el resultado de lo que escribimos.

No me imagino a unos supuestos Agentes de la Verdad deteniendo a alguien por haber escrito que el agua de mar no es salada. Espero que ello no ocurra nunca en bien de la llamada LIBERTAD DE EXPRESIÓN que, precisamente, es uno de los sólidos pilares de nuestra joven DEMOCRACIA


jueves, 9 de febrero de 2017

VERGÜENZA AJENA

Existen muchos varones que después de pasar casi media hora sentado en el wáter haciendo sus más sucias necesidades en silencio y en privado, suelen salir inmediatamente después a la calle con la sana intención de comerse por completo el mundo con la conciencia bien tranquila. Pero, ¿dónde vas, muchacho?, ¿con la cantidad de porquería que has almacenado durante tantos días en el intestino y aun así insistes en salir con hambre?

En mi caso particular, antes de salir definitivamente, me siento un buen rato en el bidet. Esos minutos de aseo íntimo me sirven casi siempre de antesala para la reflexión a la espera de las sorpresas que más tarde pueda depararme el día una vez ya en el exterior; o ahí fuera, -como suelen decir algunos protagonistas de las malas películas americanas-.

Como hombres nuevos nos enfrentamos al cada día en cuerpo y alma: limpios de cuerpo y mente; el alma, -en lo que a mí respecta-, impecable. En cualquier caso, impolutos, sin ninguna sospecha de haber salido hace un momento del wáter donde escondíamos a hurtadillas la porquería y convencidos además de que pasará mucho tiempo antes de que no nos tengamos que sentar de nuevo con el pantalón hasta los tobillos, el culo completamente al aire y la conciencia muy tranquila.

Sólo con verme en situación semejante, me hace sentir mucho más tolerante si cabe con los demás, más comprensivo, más humano también, aunque igual de convencido de mis otras muchas limitaciones como persona.

Por todo ello, casi me atrevería a afirmar que soy muy frugal en las comidas como para no verme en el delicado trance de tener que visitar el wáter mucho más veces de las que son estrictamente imprescindibles, y mantener así  mi intestino a buen recaudo y lo suficientemente alejado de su capacidad máxima de almacenamiento aunque sí con la tolerancia mínima suficiente como para que no me preocupe hasta el extremo de que no me permita presumir, entre mis semejantes más allegados, de mis buenas y apacibles intenciones para con los demás.

lunes, 6 de febrero de 2017

SIN RENCORES

Personalmente, creo no haberle guardado rencor a nadie a lo largo de mi vida pero eso nunca se sabe del todo hasta no hacer un riguroso examen de conciencia que nos permita eximir esa improbable sospecha, imagino, tan inquietante. En cualquier caso, uno ya es tan mayor, ha vivido uno tanto, que si se hubiera dado alguna vez el caso, estoy plenamente convencido de que los supuestos destinatarios de tales resentimientos ya habrían fallecido lo que, por fortuna, también supone que el hipotético rencor guardado hubiera prescrito definitivamente. En tal caso y después de una exhaustiva reflexión sobre tal asunto he llegado incluso a preguntarme si, en realidad, ha valido la pena no haberle guardado rencor a nadie que quizá se lo hubiera realmente  merecido. Sin embargo uno continúa aún vivo y sin ningún resentimiento contra nadie.

Los que ya gozan de la vida eterna sólo ocupan un lugar en nuestra maltrecha memoria; un lugar diminuto y remoto en proporción con el concepto de tiempo y espacio que se supone impera en el más allá. ¿La equivalencia, pongamos por caso, de una semana de vida terrenal a qué  dimensión corresponde en la otra vida? Me lo pregunto para tratar de saber si a partir de una determinada edad como la mía y al albur de que algún otro pueda guardarme un rencor que considere no merecer, ¿valdría quizás la pena pasar a mejor vida como muchos otros lo hicieran antes y disfrutar de la eternidad con mucha más paciencia y de la mejor manera posible?

Cuando alguien se propone ser mejor que el resto a toda costa, por lo general suele despertar en los demás sentimientos contradictorios que se traducen normalmente en un severo rencor en ocasiones enfermizo. Para evitarlo, ser mejor que los demás no debe de constituir nunca una meta en sí misma sino una consecuencia del trabajo bien hecho a lo largo de tu vida activa.

Creo francamente que gente como Mozart, Mondrian, Rodín, Madame Curie, Einstein, por poner algunos ejemplos, fueron en un sentido los mejores sin ni siquiera proponerselo sino que tal categoría se la otorgó más tarde el público como consecuencia de su gran dedicación a lo que realmente les gustó hacer siempre.


Yo intento hacer lo mismo; jamás compito. No importa que luego nadie reconozca mi trabajo, quizá porque no me lo merezca, pero me inclino siempre por no intentar ser el mejor a propósito ni  a cualquier precio sino procurar hacer mi trabajo lo mejor posible mientras lo lleve a cabo. Aunque también cabe la posibilidad de que la extrema dedicación por todo aquello que me gustó hacer y con lo que disfruté en vida alcance el valor que, después de muerto, le concedan otros pero sí que para entonces estaré completamente seguro de que nadie me guardó nunca el menor rencor y echó en falta mi ausencia.

viernes, 27 de enero de 2017

LOS ATAQUES SIEMPRE VINIERON DE FUERA

Aparte de colaborar en él, suelo leer también los interesantes artículos de opinión de mis otros distintos colegas que edita asiduamente el PERIÓDICO de TENERIFE y que pone de manifiesto el interés que despiertan sus comentarios entre sus asiduos lectores. Hace unos días me llamó mucho la atención uno de ellos (un artículo, me refiero) que bajo el título de LOS ATAQUES NO VIENEN SÓLO DE FUERA firmaba el Sr. Ricardo Peytavi. Como que soy canario y residente en Catalunya algo más de treinta años no dejé de sentirme directamente aludido por cuanto la preservación de la lengua de un pueblo, -que por otro lado los canarios (díganse güanches) fueron despojados brutalmente de ella durante la conquista-, es considerado el patrimonio más rico que pueda desear, -además de sus tradiciones-, cualquier etnia por muy primitiva que sea. Para cuidar de ella, en ocasiones no basta sólo con hablarla y escribirla sino que también han de verse obligados a ampararla, tomando medidas y decisiones del todo incomprensibles para muchos otros, como, por ejemplo, para el que fuera inepto ministro de educación del gobierno del PP llamado WERT que mediante una desacertada decisión ministerial quiso “españolizar a los niños catalanes” valiéndose de la enseñanza en las escuelas primarias catalanas.
Las islas en general, en todos los mares u océanos del mundo, simbolizan el estado perfecto de libertad, de tranquilidad, de sosiego, de paz, etc., etc. En particular, las Canarias así también lo parecían en aquel ya lejano pasado pero el océano que las circunda las convirtió entonces en una paradisiaca prisión de donde los aborígenes no pudieron jamás escapar para, huyendo del invasor, refugiarse en cualquier otro lugar del mundo y conservar de, espaldas a la guerra, su lengua materna y sus tradiciones. Me vienen a la memoria unos versos de mi querido amigo Luis Santacreu que me recuerdan aquello de “Yo naci en una prisión………………donde la celda es azul y los barrotes de espuma”.
Estudiando Hª del Arte en la Universidad de Barcelona, me matriculé en dos asignaturas de las llamadas de libre elección: latín y catalán. Pues bien, el lingüista y catedrático de catalán, hoy ya fallecido, no era otro que el Sr. Juan Solà, con el que no sólo aprendí lengua catalana sino que también me enseñó el dramático significado que suponía para un pueblo no poseer lengua propia por haberle sido arrebatada por terceros. Ni que decir tiene que el Sr. Solà conocía las islas y su historia perfectamente por haberse dedicado gran parte de su vida, aparte de a la docencia en sí, también al senderismo y montañismo no sólo en Catalunya sino en las zonas más rurales de la Isla de Tenerife.
Es curioso constatar como aquí en Cataluña no te preguntan, -cuando te lo preguntan,- si hablas español. Lo normal es que te pregunten si hablas castellano. La palabra español es un topónimo que a los catalanes se les antoja relativamente moderno por cuanto la Península Ibérica, en su día, la constituían una serie de reconocidos reinos como el de León, Castilla, Aragón y, por abreviar, después de la unificación posterior y, sobre todo, con la expulsión de árabes y judíos se oficializó y se impuso el castellano, -que no el español-,-como lengua oficial.
Quiero terminar diciendo o, tal vez, afirmando que a pesar de haber nacido en Tenerife el topónimo de “canario” me crea un sentimiento lejano de culpa rayando el síndrome porque lo único que de verdad he merecido, -por no hablar en plural-, es el apelativo de “criollo” con todo lo que ello significa en relación con el azaroso pasado colonizador de aquella España de entonces.

viernes, 13 de enero de 2017

MONEDERO E INDA

Como tele-vidente que en ocasiones soy, he podido prestar mucha atención a dos enfrentados contertulios, presentes a menudo en muchos de los distintos platós y medios televisivos de éste país y que por sus especiales características éticas y/o estéticas no despiertan en mí demasiada simpatía que digamos como la que sí siento por muchos otros con los que los dos primeros suelen debatir acaloradamente y a menudo en diversos programas políticos en la TV española. Me refiero al politólogo Juan Carlos Monedero y al periodista Eduardo Inda.
Hay en Juan Carlos dos detalles distintos que, en realidad, me inquietan en gran medida y son, por un lado, su expresión adusta a veces y sus gafas, ambas estilo Trotsky, lo que para empezar, dice mucho en cuanto a su orientación política de izquierdas tan discutida en el seno de otros partidos políticos que no de PODEMOS. Por el otro, su desafortunado e inevitable apellido, MONEDERO,  lugar del  que suele extraer a menudo toda esa verborrea en calderilla con la que tiende a apabullar siempre a su oponente de turno sin distinción de raza ni credo. 
Siempre me pregunté la razón por la que un hijo como él, de familia sencilla, politólogo en ciernes reconocido, no haya podido convencer jamás de las ventajas que,  -para un modesto comerciante como es su propio padre-,  supone pertenecer a un partido político del que fue, durante cierto tiempo, nada menos que secretario del Proceso Constituyente y Programa de PODEMOS.
Lo que más me preocupa, sin embargo, de MONEDERO es su gran habilidad para salir siempre airoso y en la foto, formando parte de la joven cúpula de PODEMOS y al mismo tiempo seguir afirmando ante los medios de comunicación que, definitivamente, él no desempeña por ahora ningún cargo político dentro del partido. Algún día sabremos si en ese mismo monedero del que suele extraer tanta calderilla cuando le conviene, mantiene todavía a buen recaudo las treinta monedas de plata de las que tanto hablan sus enemigos políticos.


Eduardo INDA, por el contrario, representa la figura del perfecto petimetre del siglo XXI. Ser elegante como él pretende no radica sólo en el bien vestir sino, sobre todo, en los modales adecuados. Sin embargo, personajes con esa inquina por todo cuanto se refiere a su adversario, sólo he podido reconocerlos como protagonistas en los viejos Western del cine filmado en Hollywood a partir de la década de los años cincuenta del pasado siglo. Su perfil encajaría perfectamente en esos distintos tipos de caracteres de los que se nutren las tradicionales películas del género de aquel entonces.

Por su ampuloso discurso además de su verbo fácil y rápido y si en lugar de llamativas corbatas de seda luciera un sucio alzacuellos blanco, por ejemplo, y conservase las patillas en ambas mejillas, mostrando sus blancos dientes y sonrisa fácil actuales, estaríamos con toda seguridad ante un severo y pernicioso predicador de la época, capaz de vendernos el cielo a cambio de yacer plácidamente con la más joven y hermosa de sus recientes pervertidas feligresas.

¿Y por qué no como buhonero? Tampoco le vendría mal ese destacado rol. A bordo de su carromato tirado por dos tercas mulas, de pueblo en pueblo, vendiendo agua bendita en frascos de vidrio, engañando a los calvos con eficaces crecepelos, recomendando espesos ungüentos para el lumbago y otras dolencias, confiando a los jóvenes elixires destinados a la eterna juventud, etc., etc. Todo ello a un precio más que razonable, desde luego, pero sin ninguna garantía de éxito de la que no advertiría jamás, por si acaso.

¿Y tahur? ¿Se lo imaginan en el interior del SALOON, sentado tras una mesa circular con tapete verde, pañuelo de seda al cuello y embutido en un chaleco de terciopelo granate con la parte posterior también de negra seda con hebillita de plata y además de ganando, hacerlo con disimuladas trampas?

Ese es mi Eduardo INDA, no el Licenciado en Ciencias de la Información que hoy día todos conocemos, sino aquel otro indulgente predicador, el eficaz buhonero o el honesto tahur de tantas y tantas películas que guardo en la memoria y de las que elijo el papel que a cada uno le corresponde en función no sólo de la estética de la que presume sino también de la ética de la que, en mi opinión, carece.

viernes, 6 de enero de 2017

MORIR DE REPENTE


En Canarias, de niño no entendía yo muy bien que significaba exactamente eso de  morir de repente. Ahora recuerdo que en el Puerto de la Cruz, sin embargo, sí que conocí a gente que luego moriría así, de repente. Con los años llegué a comprender que morir de repente no significaba fallecer de viejo, ni después de haber sufrido síntomas evidentes de una enfermedad conocida; es decir, de pulmonía, de peritonitis, de tuberculosis, etc., etc., por poner ejemplos.


-¿De que murió?, –preguntaba alguien-.

-De repente, -contestaba el otro-. Y esa respuesta suponía para mí un misterio inexplicable porque, en mi modesta y joven opinión, todo el mundo, si es que tenía que morir, debería hacerlo como consecuencia de algo muy concreto: de viejo, de una penosa enfermedad o, como a veces ocurría, de un maldito e inesperado accidente.

-¿De qué ha muerto? -Una guagua le "escachó" la cabeza, -contestaba el otro-. Yo que escuchaba la desgarradora respuesta, entendía entonces que aquella persona había muerto como consecuencia de un desgraciado e inevitable accidente.
Ello me llevó a la conclusión de que eso de morir de repente estaba  al fin y al cabo asociado a una muerte fulminante pero sobre todo prematura, es decir, a morir relativamente joven todavía.

Cuando alguien como yo ha vivido más años de los que aún, por lógica, le quedan a uno por vivir, diríamos que ya posees la suficiente confianza en aceptar que has empezado a morir paulatinamente y que quizá, por esa razón, creamos encontrarnos, al fin, a salvo de morir repentinamente, es decir, de repente. Aunque, bien mirado, todos empezamos a morir en el mismo momento de haber nacido.

Hoy vivo muy cerca de un pueblecito de la comarca del Gironés, en la provincia de Girona, llamado Llagostera. Pues bien, en este pueblo nadie muere de repente o eso es lo que me han dicho sus vecinos; todos los que fallecen lo hacen de viejo, después de una larga enfermedad, de un lamentable accidente o de un certero y fulminante ataque al corazón.