RETRODEZCAN

Este imperativo es del todo incorrecto pero me resulta más contundente que el original RETROCEDAN. Por lo tanto, si la Real Academia de la Lengua Española me lo permite, desde hoy en adelante haré uso exclusivo de él.
Con RETRODEZCAN pretendo dar a conocer parte de mi obra pictórica, escultórica, fotográfica y, en menor proporción, literaria y, a la vez, mantener una corriente de opinión sobre los acontecimientos de naturaleza artística de hoy día.
Espero que tomeis la sabia decisión de manteneros a una distancia prudencial de mis opiniones aquí vertidas que no siempre tienen por que ser del agrado de la mayoría; ¿o, sí?

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martes, 3 de marzo de 2015

FERIA ARCO - MADRID



Se ha inaugurado la FERIA ARCO en Madrid y, como viene siendo habitual, ya comienzan a sucederse entre los miles de visitantes las especulaciones sobre el concepto de Arte; o dicho de otra manera: ¿Qué consideramos hoy arte?

La mayoría estamos completamente de acuerdo que el arte llamado de VANGUARDIA estaría contemplado dentro de ese otro criterio al que calificamos de CONTEMPORÁNEO y en tales circunstancias la creación artística no deja de estar ligada a distintas consideraciones a tener en cuenta como puedan serlo las nuevas corrientes artísticas, especulativas, políticas, sociales, etc., etc.

Esta breve introducción ha de servirme como pretexto para publicar la siguiente parábola como ejemplo del interés que una determinada obra de arte puede despertar en el receptor y como las condiciones que la rodean influyen directamente en nuestras apreciaciones.



"La nave continuaba navegando en mar abierto sin esperanzas por el momento de encontrar tierra. El agua potable escaseaba de tal manera que hubo de racionarla hasta extremos agónicos. Tal era la gravedad de la situación que el capitán decidió que la tripulación, bajo pena de muerte, no volvería a beber hasta que descubrieran tierra. Para ello situó a un vigía en la cofa del palo mayor todo el día y otro sobre cubierta alternando entre las amuras de babor y estribor respectivamente. El resto permanecería en la sentina hasta que se obrara el milagro.


A su antojo y a escondidas, el marinero que observaba el horizonte desde la cubierta disponía de libre acceso al consumo de agua a cualquier hora del día y de la noche  sin que el capitan ni el resto de la tripulación lo advirtiesen. Su compañero continuaba en la cofa oteando sediento el mismo horizonte mientras el resto de marineros permanecían ociosos en el interior de la sentina.


Al tercer día de esta terrible situación, acuciada por la insoportable sed, se oyó la  emocionada y profunda voz del vigía del palo mayor gritar: ¡¡TIERRA!!  Casi al unísono, aunque con mucho menor entusiasmo, el marinero de cubierta también profirió la palabra mágica. El resto de la tripulación ni siquiera salió a cubierta movidos por la curiosidad del espectáculo sino que se precipitaron hasta el frágil barril de agua para tratar únicamente de calmar la sed acumulada durante dias.


La silueta de la tierra recortada en el horizonte no produjo la misma impresión en la marinería.


El vigía principal se deleitaba en la imagen flotando sobre el horizonte que le había salvado la vida. El segundo vigía de cubierta también apreciaba la misma imagen pero sin especial deleite, agradecido sin embargo de no haber tenido que pagar, gracias a su malsana astucia, un precio tan alto como el pagado por sus compañeros de viaje. En cuanto al resto de la tripulación bajo cubierta, la imagen que ofrecía el horizonte no les interesaba en absoluto pero sí el beneficio obtenido con  su milagroso descubrimiento: AGUA.
                                         
                                           EPÍLOGO

El marinero de cubierta jamás podría jactarse de haber vivido una experiencia similar a la del resto de sus compañeros. No habría podido contar nunca su verdad so pena de ser ajusticiado en la horca. 

domingo, 26 de febrero de 2012

LOS SUEÑOS DE MORFEO (cuento)


CAPÍTULO I

Hace muy poco tiempo y por pura casualidad he podido enterarme de la existencia de una misteriosa y clandestina profesión de la que jamás antes había oido hablar. Al parecer, no todo el mundo está preparado para llevarla a cabo y la prueba de ello es que en España, por poner un ejemplo próximo, sólo existe un hombre capaz de haberla explotado en su propio beneficio. Para ella se requieren unas dotes muy especiales caracterizadas por un extraño fenómeno de nacimiento que los científicos han bautizado con el mítico nombre de síndrome de MORFEO y que en la actualidad  sólo afecta a uno de cada cien millones de personas por cada tres generaciones.
Yo conozco a ese hombre; de mediana estatura, mirada somnolienta en sus grises ojos abiertos sobre unas profundas ojeras de color violeta, naríz ganchuda bajo la que atraviesa, sin apenas labios, una linea recta acotada por unas comisuras con restos siempre de saliva sobre un mentón huidizo. Escaso pelo cano y unos setenta años de edad. Curiosamente, se hace llamar MORFEO, de igual manera que el síndrome que tanto le afecta y que paradojicamente le sirve para ganarse muy bien la vida, por cierto.
Un veintinueve de Febrero de la década de los cuarenta del siglo pasado vino al mundo, totalmente en silencio, un niño de cuatro kilos de peso y cuarenta centímetros de estatura. Nació a mediodia pero  roncaba tan profundamente que la comadrona no tuvo suficiente con las habituales dos nalgadas para intentar despertarlo de inmediato sino que fue necesario emplear un enorme despertador de sobremesa para que, por fín, abriera los diminutos ojos legañosos.
Por esa razón fue bautizado con el nombre de MORFEO, nombre que en el futuro utilizaría para designar también a su muy curiosa propia empresa. Una pequeña empresa que por sus especiales características sólo precisaba de su propia persona para generar unos beneficios que le permitirían vivir cómodamente el resto de sus dias dedicando además la mayor parte del tiempo empleado en descansar por cuenta ajena.
Su clientela se componía, en su mayoría, de toda aquella gente que vinculada al mundo del espectáculo, a la  política, etc., además de todas aquellas otras personas que a costa de sus impropias horas de sueño, intentaban ganarse fácilmente la vida amparadas en la más absoluta oscuridad de sus sucios propios negocios, engendrados gracias a la audacia que genera siempre la codicia.
El "modus operandi" era bien sencillo al tiempo que muy discreto. Su alias y telefóno sólo aparecían en las impolutas agendas secretas de no más de un centenar de pro-hombres de muy diversa índole especialmente vinculados todos ellos al poder económico, empresarial, político y, en algunos casos, también artísticos. En definitiva, todos aquellos que se entienden, se confabulan y se lucran al amparo de los llamados poderes fácticos de este mísero pais en bancarrota.
Su despacho, por así decirlo, no era nada convencional. Se trataba de una cómoda suite con teléfono, radio, televisor y un potente ordenador MAC donde guardaba una reducida lista de asíduos clientes cuyas fichas detallaban sus especiales características psiquicas y psicológicas. La cama era enorme; de dos cincuenta metros de larga por otros dos metros de ancha y contaba con todos los adelantos ergonómicos para garantizar un perfecto descanso. Junto al amplio vestidor se abría un modernísimo cuarto de baño de unos treinta y seis metros cuadrados que incluía además de todos los servicios sanitarios, un enorme y profundo yacusi de los de última generación.
Morfeo, como es natural, se prodigaba muy poco en sociedad pero afortunadamente yo me encontraba en poder de una detallada información privilegiada facilitada por una especie de vice-secretario del Ministerio del Interior cuyo nombre, por razones de seguridad, no me está permitido desvelar pero a quién sin embargo le debo el hecho de que el dormidor profesional, al mencionar el nombre de mi informador, accediera a concederme una larga y suculenta entrevista la apacible tarde de verano en la que, previa cita, me personé en su domicilio por primera y única vez. Una discreta vivienda con terracita de la que tampoco se me está permitido citar aquí por razones más que obvias. Como siempre, yo iba acompañado de mi inseparable NIKON con la que esperaba obtener algunas fotos del personaje una vez nos hubiésemos relajado lo suficiente de lo que se suponia debía afectarnos aquel inesperado factor sorpresa por parte de ambos. MORFEO no se opuso en absoluto a la magnitud de la entrevista que previamente habíamos acordado  pero declinó con esmerada educación mi invitación a que fuera retratado. 
Algunos meses después de aquella larga entrevista y sin que aún no hubiera sido publicada en los medios, me sorprendió enormemente encontrar en un periódico local una escueta noticia en su página de sucesos en la que se mencionaba aquel domicilio como lugar de los hechos de un posible asesinato ocurrido hacía ya unos dias. Según el diario, la policia no descartaba ninguna hipótesis, detalle que según mi propia experiencia venía a decir que por el momento sólo disponían de simples conjeturas sobre el caso. Lo sorprendente de todo ello resultó ser que se trataba de un domicilio que yo ya conocía previamente y aunque no citaban el nombre del cadaver todo hacía suponer de que aquella persona era la misma que yo había entrevistado tiempo atrás: MORFEO.
Me tomé algunos dias de reflexión antes de decidirme a acudir a la policia para tratar en lo posible de arrojar alguna luz que pudiera ayudar a esclarecer un caso que por sus especiales características me había conmovido profundamente, entre otras cosas  porque, que yo supiera, aquel buen hombre no parecía haber tenido nunca entre el entorno profesional en que se movía comunmente enemigos a los que pudiera haber hecho, pongo por caso, una desleal competencia mercantil y mucho menos aún entre su muy selecta, escogida y discreta clientela por lo que  mi aguda perspicacia no sólo me decia que MORFEO no era persona merecedora de una tan trágica muerte como aquella sino que sus viles asesinos, dadas las actuales circunstancias, parecían haber salido de entre los más eficaces profesionales del crimen organizado que pueblan los bajos fondos de la muy populosa ciudad de Barcelona. 

CAPÍTULO II 

El comisario y yo nos conocíamos profesionalmente. Mis fotografías habían ilustrado en distintas páginas de sucesos de otros tantos periódicos muchas intervenciones policiales comandadas por el sagaz agente de modo que ambos teníamos motivos más que suficientes para llegar a un entendimiento ventajoso para nuestros propios intereses profesionales.

Según el médico forense, MORFEO había sido asesinado sobre la medianoche del día de autos mientras dormía profundamente en su espaciosa cama. Al parecer, el asesino con mucho sigilo había colocado una almohada sobre su cabeza y a través de ella y a bocajarro había disparado dos tiros que habían impactado en el cráneo causándole la muerte de inmediato. En el lugar de los hechos yacían esparcidos restos de plumón despedidos del interior de la almohada mezclados con trozos de masa encefálica en medio de un gran charco de sangre que teñía completamente de rojo  una extensa superficie de las blancas sábanas que cubrían el lecho. La puerta de la vivienda no había sido forzada y los casquillos de bala no se había encontrado en el interior de la habitación lo que hacía suponer dos cosas: que el asesino disponía de llave y por lo tanto conocía bien a la víctima y que nos encontrábamos ante la presencia de un sicario muy profesional.
Después de unos días de exhaustiva investigación, el comisario había llegado a la conclusión de que el asesino había actuado solo y si bien había utilizado un silenciador para perpetrar el asesinato, el recurso de la almohada fue ideado para que la sangre de la víctima no le salpicara la ropa ni el rostro. No resulta pues dificil  llegar a imaginar que trás la misteriosa ejecución del dormidor y una vez abandonado el escenario del crimen, el asesino habría tenido tiempo suficiente de haberse mezclado, sin levantar sospechas, entre algún grupo de gente conocida que frecuentara los mismos lugares que él a esa hora de la noche de un sábado cualquiera de un año bisiesto como 2012.

CAPÍTULO III

Yo me encontraba en posesión de una valiosísima información que a lo largo de mi extensa declaración fuí poniendo lentamente a disposición del comisario mientras éste iba grabando mi alocución en un sencillo y barato  magnetófono de bolsillo.
Empecé hablando del síndrome que había afectado a MORFEO desde su nacimiento y como con el tiempo había convertido  aquel extraño fenómeno en su auténtica y definitiva profesión como medio de ganarse la vida de una forma que yo calificaría, sin lugar a dudas, de sumamente honrada. Y se la ganaba como dormidor por cuenta ajena; es decir, durmiendo por riguroso encargo para otros durante el día. Mientras los que le pagaban asistían a veladas nocturnas que en ocasiones duraban hasta altas horas de la madrugada, MORFEO dormía profundamente por ellos para que el sueño no les venciera en medio de una fiesta, una conferencia, una sesión de ópera, de teatro, etc., etc., evitando así el espantoso ridículo que supone empezar bostezando en una velada y acabar profundamente dormido en presencia de los demás.
De manera despectiva, una gran parte de su clientela, al referirse a él, lo hacían por el apodo de "el marmota" aunque, por suerte, MORFEO desconocía por completo este grosero detalle contra su persona. Lo que en realidad todo el mundo ignoraba, y esto si que le acarreaba un auténtico drama personal, era el coste vital que le suponía dormir para otros tantas y tantas horas diarias seguidas y lo que resultaba aún peor, soñar durante todo ese tiempo de manera totalmente involuntaria por todos y cada uno de ellos a diario. Unos sueños, la mayoría de las veces, terribles, angustiosos y sin poder de algún modo evitarlos. Pese a todo, estos sueños, en un sentido, jugaban a su favor un importante papel que sin embargo nunca trató de aprovechar para lucrarse personalmente con el chantaje a pesar de que a través de ellos MORFEO era sabedor de todas sus miserias, de sus vicios, de sus miedos, de sus conductas, de sus infedelidades, etc., detalles que por precaución el dormidor iba anotando escrupulosamente en cada una de las fichas abiertas a sus clientes y encontrarse dispuesto a utilizarlas sólo como mecanismo de defensa si se diera alguna vez el caso de correr un riego serio contra su salud por parte de terceros.
A pesar de no poderla demostrar ni siquiera documentalmente, toda esta información, completamente desconocida para el comisario, resultaba de lo más creíble si se tiene en cuenta el historial clínico que obraría en poder de la administración de la Maternidad y que podría demostrar, cuanto menos, el extraño síndrome que desde su nacimiento había afectado hasta el día de su muerte al dormidor  Morfeo. En ningún momento el comisario había puesto en duda la declaración obtenida por mi parte en la entrevista que yo había llevado a cabo hacía unas semanas en casa de la víctima pero al hilo de mi sorprendente intervención el policía sí que ya había comenzado a atar cabos basándose en otras informaciones que el manejaba a su antojo y que yo, hasta aquel momento, desconocía por completo.
El comisario no descartaba como causa principal y móvil del crimen un posible ajuste de cuentas perpetrado por activos miembros del cártel de la cocaina en Barcelona contra la persona de MORFEO por intromisión y competencia desleal en el mercado negro de la dama blanca.
 


EPÍLOGO

Morfeo jamás pudo suponer que el ejercicio de su tan honrada profesión chocaría frontalmente contra los sucios intereses de las mafias organizadas barcelonesas de la cocaina. Tampoco le darían tiempo a utilizar en su defensa toda la información obtenida y acumulada en años de sus mas fervientes clientes a través de sus propios inquietantes sueños y que tan meticulosamente iba almacenando en el disco duro de su poderoso ordenador MAC;  y lo que resulta aún peor, encontraría la muerte sin ni siquiera saber exactamente el motivo por el que le habían asesinado de aquella forma tan vil.
Todo esto llega a ser mucho más fácil de lo que en principio parece, concluyó laconicamente el comisario mientras yo continuaba sumido en un profundo y respetuoso silencio. El precio de la hora de sueño pactada por Morfeo con sus ambiciosos distinguidos clientes resultaba bastante inferior al precio tasado por los mafiosos en el mercado del gramo de cocaina cortada, hecho que provocaba una paulatina aunque discreta desbandada de los cocainómanos en favor de los intereses de MORFEO quién, sin ni siquiera sospecharlo, continuaba ganando secretos enemigos en la misma proporción que también engrosaba nuevos y muy solventes clientes.

Sólo a alguien que no hubiera sido yo, quizás a su propio asesino, se le habría podido ocurrir escribir sobre la fría lápida de su tumba, a modo de epitáfio, aquella sencilla pero ridícula frase que rezaba así:

                                            MURIÓ DURMIENDO; COMO UN LIRÓN





domingo, 26 de abril de 2009

MALDITO EMPLEO

Imágen cedida por gentileza de ONDIRAIDUVEAU

Mucho antes de que el Sr. Morcillo decidiera asistir a la consulta de su afable amigo y médico de familia de toda la vida, ya había hecho insertar esa misma mañana un escueto anuncio en el diario LA VANGUARDIA en los siguientes términos:

TRANSPORTES MORCILLO. Pequeña empresa familiar dedicada al transporte nacional e internacional por carretera, precisa señorita para su oficina que hable perfectamente inglés.

Luego se dirigió a pie, caminando con las piernas muy abiertas, hasta el ambulatorio próximo de la Seguridad Social de su barrio.

-Buenos días, doctor, -saludó Morcillo nada más abrir la puerta de la consulta de su amigo y médico favorito-.

-Buenos días, Morcillo, ¿Que te trae esta vez por aquí?, -respondió el doctor en tono algo jocoso pues de sobra conocía el desagradable padecimiento de su obeso cliente-.

-Pues bién, lo de siempre, -comenzó por precisar el paciente mientras ordenaba mentalmente sus comprometidos argumentos-. En estas últimas semanas he venido padeciendo de nuevo las molestas y horribles hemorroides externas de costumbre como consecuencia, seguramente, de la gran cantidad de horas que, en suma, me paso sentado frente al volante. Claro, que ello no tendría la menor importancia si no fuera por lo mucho que me perjudica el hecho de estar, precisamente, casado.

-¿A que se debe la relación que haces entre tu estado civil y la supuesta gravedad de tus inflamadas hemorroides externas, Morcillo?, -preguntó incrédulo aunque sonriente el doctor-.

-Verás, ....pués que después de los baños de asiento de agua helada en el bidet que me habías recomendado tomar para tratar de bajar tan dolorosa inflamación, procedo posteriormente, tal y como bién me aconsejaste, a la higiene personal de esa parte del trasero con la mala fortuna de que la alianza de oro de casado que , desde mi boda, adorna el anular de mi mano derecha, se convierte durante el proceso de lavado en un peligroso instrumento cortante, sobre todo cuando me froto, haciéndome, incluso, sangrar abundantemente.

-Eso tiene dos fáciles y distintas soluciones, Morcillo, -aconsejó siempre risueño su amigo y doctor del alma-. Cámbiate el anillo de mano o bién despréndete durante un tiempo de tu inseparable preciada joya y manténla convenientemente guardada hasta que recuperes del todo la salud en esa parte tan delicada de tu oronda anatomía, hombre.

-Eso es imposible, doctor, y también por dos difíciles y distintas razones, -respondió convincente el camionero-. Primero, porque la dichosa sortija, debido a mi mórbida obesidad, habrían de seccionarla a fín de lograr deshacerme definitivamente de ella y segundo, porque mi mujer me lo impide expresamente; me lo tiene totalmente prohibido. Ella cree que la contínua presencia del anillo en el dedo, contribuye eficazmente a mantener a suficiente distancia a sus posibles rivales ya que, gracias a él, sus competidoras comprueban mi auténtica condición de hombre felizmente casado y en consecuencia desisten.

En ese caso, -respondió sonriente el doctor-, te repito una vez más: deshazte definitivamente de la alianza de oro en cuestión y en el preciso momento en que cualquier otra mujer se te acerque con las supuestas intenciones y el propósito que siempre tu querida esposa concibe entre las probables rivales de su mismo sexo, no tienes más que bajarte tranquilamente los pantalones hasta por lo menos las rodillas, girarte graciosamente hacia la recién llegada inclinando noventa grados el torso hacia adelante y, por último, mostrarle sin ningún tipo de pudor tus múltiples, generosas e inflamadas hemorroides violetas que tanto te afectan como símbolo inequívoco de auténtico hombre casado, fiel, temeroso y, sobre todo, trabajador incansable.

Ya de nuevo instalado en su pequeño despacho, su siempre suspicaz esposa hizo pasar a una joven extranjera de rubia cabellera que, al parecer, acudía a él en relación con el anuncio aparecido aquella misma mañana en el diario LA VANGUARDIA y con la sana intención de conseguir tan ansiado empleo.

¿Vienes a por lo del empleo?, -preguntó Morcillo visiblemente sorprendido por el intenso color amarillo de su pelo-.

-I' m sorry, I don't understand you, -respondió más sumisa que sonriente la joven recién llegada-.

-Que si vienes por lo del empleo, -insistió pacientemente Morcillo-.

- Excus-me!, I don't speak spanish......., -respondió la inglesita rubia visiblemente decepcionada-.

-Pero......., vamos a ver; ¿Tú no hablas mi idioma, coño?. -casi le increpó Morcillo con las hemorroides inflamadas ahora al máximo-.

- I'm english, I'm speak perfectly english, -respondía una y otra vez la joven mostrándole enérgicamente con una mano el trozo de periódico mientras con el dorso de la otra golpeaba violentamente el anuncio insertado-.

Morcillo, levantándose no sin cierta dicficultad del asiento (y todos sabemos por qué), se aproximó entonces, siempre con las piernas separadas, muy despacio hasta la joven que permanecía del todo indecisa y aún en pie en medio del diminuto despacho, frente a su mesa, y asiéndola fuertemente del brazo, conduciéndola sin dilación hasta la salida de la entidad y sin que la inglesa pudiera entender absolutamente nada de lo que el conductor decía, el empresario le iba repitiendo, insistentemente, una y otra vez, mientras le abría la puerta de par en par:

-Yo mañana, telefón a tí; si, si, yo mañana, telefón........

A la mañana siguiente, en la sección correspondiente de LA VANGUARDIA volvía a aparecer un nuevo anuncio pero puntualizando y editado ahora en los siguientes términos:

TRANSPORTES MORCILLO. Pequeña empresa familiar dedicada al transporte nacional e internacional por carretera, precisa para su oficina SEÑORITA ESPAÑOLA QUE HABLE PERFECTAMENTE INGLÉS o bién SEÑORITA INGLESA QUE HABLE PERFECTAMENTE ESPAÑOL.

lunes, 13 de abril de 2009

A J. CALVO por su intolerancia


El presente cuento corto tuvo, en principio, un inesperado destinatario sobre el que me había hecho una idea muy equivocada de su integridad, generosidad y profesionalidad. No obstante, en previsión de casos como el que nos ocupa, fue cuidadosamente archivado y recuperado hoy para la ocasión. Y como dicen que la OCASIÓN LA PINTAN CALVA, la casualidad, además de la mala suerte, ha querido hoy que nuestro miserable protagonista se apellide, precisamente, CALVO.

EL PERSONAJE: jcalvo@diarioadn.com
Pese a su escasa estatura y a permanecer a diario expuesto a la vista de todo el mundo, el fantoche se movia con bastante soltura y no excento de una cierta prestancia al andar a través de aquel espacio que otros habíanle habilitado en el interior del glamuroso y grandioso escaparate donde, ufano, se exhibia muy seguro de sí mismo aunque sabiamente aislado del exterior por un grueso paño de vidrio blindado que ocupaba muchos metros cuadrados de luz en el hueco dejado en la pared.
Allí se sentía a salvo y en contacto con el mundo exterior, sólamente, a través de su móvil, su E-mail y, sobre todo de su Blog colgado de Internet; cuando no, desde su columna en el diario local ADN.
Un complejo filtro de seguridad se encargaba de guardar el grueso cristal blindado que limitaba el grandioso escaparate con la plaza pública donde se daban cita diariamente sus innumerables y fieles admiradores con quienes el personaje, a falta de mejor voz, se comunicaba por señas, sonreía y saludaba como saluda la realeza a sus súbditos: con el brazo alzado y moviendo solo la mano, la derecha, desde la muñeca, de izquierda a derecha y viceversa.
El filtro de seguridad estaba compuesto por tres distintos cinturones paralelos entre sí de modo que el exterior, el de los PENINSULARES, el más próximo a los admiradores, distaba del segundo, el de los GODOS, solo unos veinte metros. Este segundo distaba del tercero y último, denominado el de los GODOS H., el más peligroso, unos diez metros. Y entre este último y el gran paño de cristal blindado, la distancia apenas media tres o cuatro metros escasos. Tal era la psicosis del personaje
Los PENINSULARES solían poseer sólidos argumentos para convencer. Eran por lo general simpáticos y educados y en ningún caso despertaban las iras de los cientos de peregrinos.
El cinturon de los GODOS era más represivo, censor de los comportamientos y las actitudes. Solían detener y poner a disposición de sus colegas del tercer y último cinturón a todos aquellos a quienes consideraban sospechosos de alterar el curso de los acontecimientos y que fueran susceptibles de transgredir la ortodoxia y la rigidez de las normas establecidas en su propio beneficio.
Por último, los GODOS H., con total impunidad, sometían a las decenas de apresados a crueles vejaciones de todo tipo: desde el martirio psicológico hasta el físico y una vez consumados su criminales propósitos, los prisioneros eran entonces atados de pies y manos y una vez puestos a disposición del Abraham implacable, colocados luego sobre el ara del sacrificio y abandonados a su suerte sobre la vasta superficie de la plaza previamente despejada de militantes. El personaje se felicitaba cada vez por ello.
Ese día, dos infelices que ya habían pasado por todo el doloroso proceso inquisitorial permanecían inmóviles sobre la caliente superficie de la plaza, atados ámbos, como era costumbre, de pies y manos y a merced de la voluntad del fantoche.
El fantoche, por entonces, había desaparecido del escaparate, había dejado de estar presente frente a los desgraciados. Estos, por su parte, ignoraban cual iba a ser su último destino en aquellas circunstancias. Se había hecho un silencio fúnebre. Los feligreses se habían retirado a los aledaños. Furtivamente, una minúscula tronera, camuflada en la pared frontal del edificio, se había abierto lentamente a un costado del escaparate, ahora deshabitado, presagiando lo peor. Los reos rogaron clemencia inútilmente.Un tubo negro con un ánima de siete con sesenta y cinco milímetros de diámetro se abrió paso desde la tronera hasta invadir unos veinte centímetros del espacio aéreo de la plaza. Dos estampidos secos y certeros rompieron el aire y los dos SPAM disparados desde el interior abatieron sin remisión a sus inmóviles objetivos con la precisión y eficacia con la que acostumbra a presumir el experto francotirador.

domingo, 12 de abril de 2009

EL DESALMADO.

En relación a los últimos acontecimientos vividos en las páginas de este humilde Blog, Stanley y Livingston tomaron la repentina aunque desafortunada decisión de emprender un corto viaje de reconocimiento hasta las cotas más profundas de lo que se da en llamar ALMA HUMANA con la única intención de bucear en las posibles causas que originan en el comportamiento de determinados individuos faltas tan graves como la xenofobia, la incompresión y la intolerancia. Para ello elegirían, una vez más, el CUÉLEBE, nave eficazmente comandada por su incondicional amiga T.G. con el resultado que seguidamente se detalla.

Una vez a bordo, eligieron el lugar exacto de la anatomía de J. Calvo mediante el cual tendrían acceso directo garantizado al interior de su cuerpo y donde se supone que Longinos, con su lanza, hiriera, para más INRI, a JESÚS crucificado entonces en el Calvario; herida, que al parecer, presentan todos los humanos, sin excepción, y que portan desde su nacimiento como estigma invisible en el mismo lugar del costado y de la que solo Stanley conocía su existencia; tal era su esmerada erudición.

El costado apenas si opuso resistencia y el CUÉLEBE se coló sin dificultad alguna por entre las frágiles costillas flotantes del xenófobo individuo hasta perforar mansamente la espesa capa de moho que cubría por completo la parte externa de los pulmones. Una vez dentro de ellos, una espesa niebla hacía muy dificil la lenta navegación pero gracias a cierta dosis de TOLERANCIA vertida al exterior por los tres tripulantes, conseguirían al fín hacerse con la situación. Un nauseabundo olor, producido seguramente como consecuencia de una viscosa ENVIDIA VERDOSA flotando inerte en el espacio, les había obligado de nuevo a permanecer el resto del tiempo con las escotillas herméticamente cerradas.

Rodearon el corazón sin dificultad. Un corazón pequeño, insignificante y violeta cuyos contundentes latidos estremecían el casco de la embarcación sin presagiar nada que no pudiera ser INTOLERANCIA y MALDAD y por cuya razón se mantuvieron a una distancia más que prudencial de sus compulsivas diástoles.

El CUÉLEBE, orbitando en circulos concentricos cada vez mayores, fue alejandose paulatinamente y en la oscuridad de aquel órgano violeta, trangresor y raquítico cuyo amenazante y compulsivo latido no había conseguido amendrantar, como pretendía en un principio, a tan distinguidos e ilustres viajeros.

Durante mucho tiempo viajaron a través de la oscuridad y en todas direcciones. A lo lejos continuaban escuchándose los intermitentes latidos del insano corazón amenazante y, sin embargo, no habían tenido ocasión de encontrar aún el lugar por cuyo motivo habíanse desplazado hasta allí. Después de mucho titubear y de común acuerdo, decidieron finalmente emprender el largo viaje de regreso convencidos de que jamás podrían descubrir el ALMA que con tanto ahinco habían resuelto acudir a inspeccionar; sencillamente porque aquel despreciable individuo carecía de ella. Se trataba simplemente de lo que muchos suelen denominar como un perfecto y cretino DESALMADO.

sábado, 14 de marzo de 2009

EL MENSAJE DE LA BOTELLA ARROJADA AL MAR (cuento dedicado al CUÉLEBE)

Borrador provisional.

PRÓLOGO

Si de vez en cuando nos detuviéramos un instante en mirar hacia lo alto comprobaríamos, no sin asombro, como los viejos olmos suelen dar a menudo hermosas y delicadas peras doradas.


CAPÍTULO I

Mientras la botella, - arrojada al Mediterráneo por el náufrago-, se desplazaba lenta y suavemente empujada por las corrientes hacia su destinatario con un cálido mensaje de esperanza en su interior, la muerte, a lomos de su caballo cubierto de espuma blanca, galopaba desbocada y sin descanso, con sus alforjas repletas de sucias jeringuillas, bajo los puentes de los suburbios, en auxilio de los más necesitados.

Si la velocidad se le suponía constante, aquella botella arrojada al Mediterráneo por el paciente náufrago habría recorrido en la mitad de tiempo la mitad, también, del trayecto hasta su destino.

Justo en ese momento y a esa distancia la encontró el viejo pescador. En un punto equidistante entre el remitente y su destinatario; sin embargo, él desconocía esa circunstancia hasta que destapada, leyera el mensaje que contenía en su interior. También él esperaba desde hacía ya años un mensaje semejante pero este, precisamente, no se trataba del suyo. Con mucho respeto y sumo cuidado volvió a taparla de nuevo y la devolvió al mar para que continuara su curso. De lo que estaba completamente seguro es que a su destinatario solo le restaba esperar la mitad del tiempo porque, en consecuencia, la botella había ya alcanzado el ecuador de su recorrido mientras que la que él continuaba inútilmente esperando, posiblemente, ni siquiera, hubiera sido arrojada todavía al mar ni lo sería nunca.

CAPÍTULO II

Como cada mañana, la mujer se acercó descalza y en silencio hasta la orilla del mar en calma. Con los pies dentro del agua tibia se llevó la mano sobre sus cejas y haciendo con ella visera sobre sus enormes ojos grises dispúsose a otear de nuevo la línea oscura del horizonte. Después de lamer sus pies descalzos, el tenue oleaje, cada vez al retirarse, agitaba del tal modo los guijarros que al chocar estos entre sí emitían un único y acompasado ruido que el eco se encargaba de expandir a lo largo de la gran playa desierta. Aquel día tampoco había divisado nada.

Mientras mantenía la vista fija en el horizonte, algo había chocado contra sus pies arrastrado por las olas. Se trataba de una botella de cristal oscuro que retiró del agua de inmediato. La llevó consigo tierra adentro y luego de sentarse sobre la arena húmeda de la playa, extrajo a través del gollete el cilindro de papel que se ocultaba en su interior. Desenrrollándolo lo leyó. Lamentablemente no iba dirigido a ella, no se trataba del que llevaba tan largo tiempo esperando. Su destinatario no era otro que un joven pescador quién, al parecer, aún continuaría esperando a la remitente en aguas bravas del Atlántico a bordo de una ligera barca blanca de vela que, casualmente, llevaba por nombre LA ESPERANZA.

EPÍLOGO

No siempre las PRETENSIONES alcanzan el destino deseado porque, a menudo, los caminos se cruzan entre sí confundiendo al propio DESTINO.



P.D.
Apreciado T.G.:
Como puedes comprobar nadie ha resultado muerto. El cuento solo hace alusión a la ironía del DESTINO.
Espero que como has prometido decidas ilustrarlo de manera que con tu arte, que se muy bien que te sobra, enmiendes la calidad de la que yo adolezco para la literatura.


viernes, 20 de febrero de 2009

EL HOMBRE DE LA CATANA y el jubilado (terrible cuentecito corto)

Merced a permanecer con sus párpados cerrados, el espejo del cuarto de baño se le antojaba esa mañana tan opaco como su propio futuro inmediato mientras, energicamente, se cepillaba los dientes frente a él. Su mano izquierda sostenía un vaso lleno de Oraldine y de su boca se desparramaba una baba blanquecina que ya le cubría la totalidad del mentón. La manía de no cepillarse la dentura con los ojos bien abiertos le impidió por un instante darse cuenta del brusco ensombrecimiento que habia provocado de improviso, en el diminuto espacio del lavabo, la enorme figura recortada ante el quicio de la puerta del terrible HOMBRE DE LA CATANA quién, con su elevada estatura, impedia el paso de la escasa luz natural de la vivienda en aquel momento. Cuando decidió al fín abrir los ojos, vertiendo aún más espuma blanca por la boca, lo único en lograr distinguir, como un fugaz relámpago, fue el fulgor plateado del frío acero atravesando velozmente la penumbra y descendiendo vertiginosamente en dirección a su cabeza. Solo dispuso del tiempo justo de arrojar al rostro del intruso el Oraldine mientras, con el vaso ya vacio, lograba escabullirse milagrosamente por debajo de la axila de su agresor justo en el momento en que este descargaba, inmisericorde, el violento golpe mortal que pese a no encontrar su objetivo, terminaría incrustándo, como cuchillo caliente en taco de mantequilla, todo el ancho de la bien templada hoja de su catana en la jamba de la puerta del lavabo. Mientras el asesino se esforzaba por recuperar en vano el arma homicida fuertemente aprisionada en la madera, Livingston dispuso a su favor del tiempo aún suficiente de poder llegar hasta la puerta de su piso y salir precipitadamente al rellano donde desembocó jadeante, eructando todavía más espuma por la boca, el vaso vacio en su mano izquierda y, en la derecha, el diminuto cepillo de dientes con el que en última instancia hubiera intentado defenderse, si se hubiera dado el caso, del violento ataque oriental.

-¿Otra vez con alucinaciones, Livingston? -le preguntó el vecino de enfrente al verle salir hasta el desierto rellano en pijama y todavía sudando-.

Livingston preparaba la respuesta y Vicente, también jubilado como él, continuaba impasible y a la espera, armado con una simple escobilla de mango corto, afanándose en limpiar el polvo acumulado sobre la superficie del barato felpudo ante la puerta de su vivienda.

-¡¡Era otra vez el de la catana, Vicente!!; ¡¡venía de nuevo a por mí!!, -sentenció amistoso Livingston.

-Desde que te has jubilado no paras de ver asesinos por todas partes, Livingston. Anda, entra de nuevo en tu casa y cálmate, por favor, -le aconsejó paternalmente Vicente, intimidándole con la escobilla antes de darle con la puerta en las narices.

Livingston entró de nuevo en casa . Desandó el pasillo en sentido contrario y se introdujo a hurtadillas en la penumbra del cuarto de baño. Abandonó el vaso en la repisa y se guardó el diminuto cepillo en el bolsillo superior del pijama, por si acaso. Con los ojos bien abiertos esta vez y frente al espejo de nuevo, creyó, con gran sorpresa por su parte, reconocer en su propia persona, tristemente reflejada en la bruñida superficie, al temible HOMBRE DE LA CATANA. Se retiró de allí asustado y en silencio, retrocediendo muy despacio, caminando siempre hacia atrás y atravesando abrumado la puerta de espaldas. Al pasar bajo el umbral, desconcertado aún, no acertaba a comprender cómo, cuando y de que manera se había podido producir aquella enorme y limpia hendidura en la jamba de madera de la puerta del lavabo que, casualmente, había advertido ahora, en este preciso instante, justamente al salir.



sábado, 27 de diciembre de 2008

SANTA KLAUS en CANARIAS (cuento navideño)

Cuando Papá Noel visitó Canarias por primera vez, no podía creer lo que estaba presenciando. El Teide nevado y, sin embargo, las playas soleadas donde, sobre la tibia arena, tomaban el sol la mayoría de sus paisanos del Norte.
Es comprensible que se sintiera traicionado por todos aquellos que, momentaneamente, habían abandonado el Norte para instalarse al sol en Canarias y cuyas viviendas habían dejado bien cerradas por temor a las ventiscas y las nevadas tan frecuentes en sus paises de origen pero sin posibilidad alguna de que él, fiel a la tradición, acudiera, como cada año, a la cita comprometida con los suyos y poder acceder con los numerosos regalos reservados para ellos al interior de sus viviendas ahora abandonadas, frias y sin fuego en el hogar.
Cada vez más a menudo, muchas chimeneas dejaban de exhalabar humo en estas fechas por lo que sus renos tenían enorme dificultad en poder orientarse durante la noche. Por esa razón los regalos sin destinatario se fueron acumulando por miles y al no saber que destino otorgarles, decidió almacenarlos durante un tiempo y viajar a otras latitudes a investigar.
Desde hace ya muchos años, los paises del Sur decidieron acogerle con los brazos abiertos, entre ellos Canarias pero, aunque Santa Klaus no era nada suspicaz, si que sospechaba, sin embargo, que tal acogida se debía solo al supuesto acentuado interés de los mayores en recibir algo a cambio de un clima benigno, tibio y acogedor.
Por tal motivo, todos los regalos recibidos cada 25 de Diciembre en el Sur, proceden del enorme excedente que aún almacena Santa Klaus como consecuencia de la corriente migratoria de sus propios paisanos hacia otras latitudes más beniganas durante tantos años.
Cuando los nórdicos, como resultado probable de la crisis económica que venimos padeciendo hoy, dejen de hacer turismo en invierno, Santa Klaus volverá a abandonarnos, dirección Norte, y sus renos podrán de nuevo guiarse en la noche por el humo exhalado de las miles de chimeneas activas de las tantas viviendas ocupadas que ya nunca abandonaran sus paisanos para alejarse a disfrutar de un mejor clima en Canarias con lo que nosotros, los sureños, volveremos a esperar, como antaño, al 6 de Enero para que nuestros Reyes Magos regresen a obsequiarnos nuevamente; aunque sólo sea a cambio de nuestra tan conocida interesada hospitalidad.

Cuento corregido para todos aquellos que lo hayan recibido con anterioridad

jueves, 6 de noviembre de 2008

TOP SECRET (Por razones obvias, no revelaremos el nombre del agente)

Foto del agente infiltrado en anteriores campañas antiespionaje

CRÓNICA DE ANTONIO DORTA
(corresponsal para este Blog desde Tenerife)

EL TELEGRAMA FUE EL CULPABLE DE UN ERROR CON EL FARY


Reconozco amigo Zoilo que fue una de mis tardes más extrañas.Todo comenzó como quien no quiere la cosa.Ya, a lo largo del día, nos habían comunicado telegráficamente, (aún se carecía de ordenador en condiciones en la Comisaría), por medio de los Servicios Secretos de la llegada de un grupo de espías en calidad de "limpios" a Tenerife tras , su avión, haber hecho escala, como siempre, en Gando (Gran Canaria).Allí ya se sospechó por los Servicios Secretos destacados en el propio aeropuerto de los "supuestos" agentes pues, según la azafata: Lucía del Puerto García-Esteruelas, habían ido con regularidad al baño, tanto la señora como el inglés.Todo parecía extraño, muy extraño y hasta enigmático.
El servicio del avión sospechó también, al observar cómo se movían por el interior del mismo, la pareja de jubilados. La caída de la señora con la 34 turbulencia de la primera hora de vuelo fue para ellos la pieza clave. Todo un rebote super extraño de esa mujer contra el suelo, sillón izquierdo, suelo, sillón derecho, al menos tres veces por cada movimiento pendular de la susodicha nave en la turbulencia mentada...Ya situados de nuevo en el Puerto de la Cruz, y con todas las sospechas del caso, terminaré diciendo que: llegamos a la zona de bancos, de los del dinero no, de los de sentarse. Vimos como tomaron asiento, el contable no , el de sentarse uno.Queríamos poner a uno de los nuevos agentes, pero el Comandante, con tal de subir en medallas y condecoraciones, hace lo que sea y de aquí sacaría dos reconocimientos, nada más y nada menos. Tomó su posición. Era el hombre de negro, que se aprecia en la foto; persona curtida en las aventuras del régimen anterior y más en la línea de golpear y después preguntar que en la de las europeas.
Eso aún no había llegado a Canarias. Un agente, aquí, era y casi es más que sin la "a". Es decir, aquí un "agente" es más que la "gente". Puede ser que la "a" actúe de prefijo negativo en estos lares.
Efectivamente, eran dos jubilados premiados de FAIRY. Terminaron con todo roto.
El comandante empezó con el paraguas creyéndolo fusil y termino escachando el reloj ¿Rolex?, regalo de la empresa al súbdito, por 40 años de dedicación en cuerpo y alma, contra las rocas del paseo Martiánez.
Nunca más supimos de ellos.
Sé que se arreglaron la dentadura que fue rota accidentalmente por el anillo del jefe pero con el tiempo sí que encontraríamos el error: fue todo por el telegrama encriptado que decía: "Cuiden al súbdito del Affaire".
Ya que no se querían peligros diplomáticos.
El jefe leyó: "Cuidado con el súbdito del Fairy". Y menos mal que no leyó "cuidado con el súbdito de El Fary" que venía en ese mismo vuelo casualmente.
Si le llega a pasar algo a El Fary, culturalmente hubiéramos sucumbidos todos en ese caso.

¡¡A ver, turistas!!: documentación, por favor

Antonio Dorta, que de casi todo se entera, me había puesto sobreaviso de la posible entrada en la isla de un matrimonio americano que según fuentes consultadas podrían pertenecer a la CIA en calidad de agentes y que se encontrarían en misiones de espionaje en Tenerife; concretamente en el Puerto de la Cruz.
Un discreto dispositivo de contraespionaje se había puesto inmediatamente en marcha. También yo pasé a la acción y me aposté, sin ser visto, en la zona prevista para la detención con la cámara a punto.
Carecía completamente de datos que me facilitaran una descripción aproximada de la pareja mixta de espias pero de pronto, como por arte de mágia, de entre la espesura del jardín del Oasis surgió la siniestra figura de aquel singular hombrecillo de negro que llamó poderosamente mi atención: tullido, botines de los de antes, corbata moteada y tocado de negro sombrero y gafas también negras bajo un sol abrasador. Me convencí al momento de que ese era mi hombre; al que debía prestar más atención que a ningún otro.
Ví como cruzaba la avenida de Colón, tranquilo, cojeando ligeramente y mirando fijamente por encima de la gruesa montura de sus gafas de sol hasta tomar asiento en uno de esos bancos de cemento del paseo que por estar pintados de blanco no parecen nunca de cemento pero sí que son de cemento; los de Cesar Manrique, vamos.
Allí aguardó largo rato hasta que de pronto, como caidos del cielo, una pareja de sexagenarios, tocados con sendos sombreros claros, con barbuquejo incluído y todo, vino a acomodarse precisamente junto a mi hombre, bajo la sombrita que proyectaba una palmera sobre el banco blanco pero de cemento, insisto.
No hubo sorpresas, por lo menos para mí. Transcurridos unos minutos en los que la humedad comenzaba ya a notarse en el ambiente, el del traje negro, y todo lo demás también negro, sin levantarse siquiera, se giró lentamente en el asiento y siempre mirando por encima de la gruesa montura negra de sus gafas de sol, dirigiose con sorna a la pareja de supuestos americanos increpándolos bruscamente de esta manera: ¡¡A ver, turistas!!: documentación, por favor.
Y yo disparé primero.


Tras la identificación, y de esto me enteré dias más tarde por boca del propio Dorta, la pareja en cuestión no resultó ser la de americanos que los confidentes se habían apresurado en señalar y a la que todos esperábamos tan ansiosos aquellos días sino unos jubilados de Ponferrada que habían viajado esa semana a Tenerife en un vuelo charter con el que habían resultado agraciados merced a un sorteo organizado entre sus numerosos clientes por el prestigioso detergente Fairy.

Pero yo disparé primero.

sábado, 16 de agosto de 2008

Todos hemos tenido PADRES

En mi modesta opinión, nuestros padres pudieron haberse llevado a la tumba ciertas experiencias particulares que no consideraron pertinentes ponerlas en nuestro conocimiento pero que, al igual que la mayoría de todos nosotros, sí que necesitaron ponerlas en práctica.
Zoilo

Los textos de ficción de Carlos Cay en El Pais carecen para mí del más mínimo interés. No voy a entrar en su calidad narrativa ni en el estilo "expresionista" del relato pero sí que reconozco, sin embargo, mi total interés por la estupenda ilustración que acompaña siempre a "me cago en mis viejos" y que, en mi opinión, está muy por encima, superando con mucho la creación narrativa y de cuyo autor, por desgracia, sabemos muy poco o casi nada por no figurar su firma en ninguna de las historietas publicadas hasta ahora.
Por su impecable estilo le he podido reconocer en ilustraciones similares en otros distintos artículos de distintas características pero siempre omitiendo su propio nombre.

(Reproduzco aquí un texto sobre el particular de mi amigo Antonio Pedro).
ME MEO CON LOS VIEJOS.
AL MAL TIEMPO, BUENAS MACETAS.
Hoy también salí.
Fui con los colegas del curro a dar un volteo.
Cuando llegué vi un libro encima de la mesa de la entrada.
La vieja no había llegado y el viejo se le oía como tecleando sus rollos en el ordenador que no sabe usar, por cierto.
Bah, lo abrí.
De pronto se cayó del libro, como una hoja podrida. La miré fijamente y hasta la olí, no sea que fuera hierba de la buena y que la tuviera disecada por algún recuerdo. Me la hubiera fumado allí mismo en su honor, pero no era eso. Parecía una rosa por el color y porque me pico un espina. Rápidamente me chupé la sangre para no dejar rastro y miré el libro y era de poemas, jajaja, y de cuentos, no sé por qué, mi pureta usa estos rollos y menos a su edad. La leyenda esa decía al principio:
Introducción sinfónica
"Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra para poderse presentar decentes en la escena del mundo.
Fecunda, como el lecho de amor de la miseria, y parecida a esos padres que engendran más hijos de los que pueden alimentar, mi musa concibe y pare en el misterioso santuario de la cabeza, poblándola de creaciones sin número, a las cuales ni mi actividad ni todos los años que me restan de vida serían suficientes a dar forma.
Y aquí dentro, desnudos y deformes, revueltos y barajados en indescriptible confusión, los siento a veces agitarse y vivir con una vida oscura y extraña, semejante a la de esas miríadas de gérmenes que hierven y se estremecen en una eterna incubación dentro de las entrañas de la tierra, sin encontrar fuerzas bastantes para salir a la superficie y convertirse al beso del sol en flores y frutos."
Gustavo Adolfo Béquer
Joder, menudo el tronco, me dije. Siempre armándome ruido por las cosas que digo y el tío disparata en colores. Leyendo cosas extrañas sobre los hijos, a ver si encima, eso va por mí.
Mis viejos leen mucho porque hicieron varias carreras, de cuando había que estudiar mogollón.
Los viejos son viejos, imagínate, que entonces no había LOGSE, ni primaria, ni eso, ni nada, sólo habían números en las puertas de las clases.
En aquel tiempo, si tenías faltas al escribir, no te pasaban, si estaban colgados todos con lo del Franco, ese del culo blanco. (¡Viva Franco! que tiene el culo blanco porque su mujer lo lava con ARIEL..........., pero con música del Himno Nacional).
Ah, un día, mi viejo me dijo que tenían que hacer filas para entrar y cantar mirando al sol o de cara al sol que era una canción jodida. En fila y sin pibas en la clase yo no sé como el viejo no salió del otro bando.
Por cierto, que leer, a mi viejo con el messenger es cojonudo pone hasta la comita esa encima de las palabras y todo. Nada, que mi pureta es un finolis escribiendo. A saber, que del tipo se puede esperar cualquier cosa, aunque siempre me troncho con sus historias. Me da a mí que se la está pegando a la vieja con una tía, porque ese libro tiene poemas. Voy a revisarle la cartera a ver qué foto le saco aparte de algún billete prestado para mis gastos. O la chaqueta por lo de los preservativos, aunque me da que él ya no los usa ni con la vieja. Ahora que ya casi me quería olvidar del tema, entro aquí, pongo el blog tuyo, Zoilo, y me encuentro esto de las macetas y las plantas y me persigue el mal rollo con lo del tiempo. Por cierto para la hierba del armario del cuarto de lavar de la azotea necesito otro envase. Esto del cuarto éste te lo cuento otro día, pedazo de historia alternativa.
Que conste que al viejo mío, sólo lo oigo reír cuando se encierra en el despacho, pone el sándalo y le oigo a Bob Marley de fondo. Tremendos vacilones que con las plantas se monta mi viejo y no precisamente moviendo macetas porque ese curro a él no le va.
Stanley Jr.

--
Antonio Pedro

jueves, 5 de junio de 2008

LA PREMONICIÓN (para menores de 60 años)

Capítulo I
Contaba apenas diez años de edad cuando se presentó la oportunidad de realizar mi primer viaje de larga distáncia. La invitación había corrido a cargo de mi padre, a la sazón Jefe de Estado Mayor de Navegación Aeroespacial, quién en calidad de almirante y en estrecha colaboración con el CENTRO DE INVESTIGACIONES DE PUBLICIDAD ANTIGUA y el de BIENES Y SOCIEDADES DE ALTO CONSUMO (C.I.P.A y BI.SO.AL.CO.), respectivamente, había sido designado para el cargo de Coordinador de Operaciones Especiales, con el propósito de llevar a cabo una magna expedición de carácter estríctamente científico estructurada en el seno de un programa de contenido arqueológico y en conmemoración del quinto milenario del GRAN ÉXODO, cuyos actos y en especial su destino, aún yo ignoraba.
Tanto el C.I.P.A. como el CI.BI.SO.AL.CO., organismos ámbos dependientes del CENTRO DE INVESTIGACIONES TERRÍCOLAS (C.I.T.), disponían de fiables y suficientes indicios que invitaban al desarrollo, en estado aún embrionario, de una nueva teoría capaz de sostener la única hipótesis hasta el momento plausible, mediante la cual, se establecía que la curiosa coincidencia habida entre el HOLOCAUSTO NUCLEAR y LA SEMANA DE LA PORCELANA EGIPCIA, auspiciada con gran profusión en su día por EL CORTE INGLÉS a través de los numerosos medios de comunicación de la época (radio, prensa, T.V., etc.) y apoyada mediante un descomunal despliegue publicitario destinado a la llamada SOCIEDAD DE CONSUMO de entonces, no fué precisamente producto de la casualidad.
Así pues, la incógnita a despejar distaba, al parecer, tan solo un par de años luz de nuestro sistema.
Capítulo II
Con las primeras luces de una aparente artificial mañana del mes de Diciembre del año 6.990, nos presentamos en la BASE. Todo había sido dispuesto para el despegue y, desde horas antes a nuestra llegada, las respectivas tripulaciones de las tres naves que componían la flota de expedición, se encontraban ya a bordo. Cuatro compañías de zapadores mecanizadas fueron embarcadas, a partes iguales, en la segunda y tercera nave, la Niña y la Pinta, respectivamente. La primera y mayor de las tres, la capitana Santa María, albergaba el llamado CENTRO DE RECEPCIÓN E INFORMATIZACIÓN DE DATOS además del CENTRO QUIRÚRGICO y de SOCORRO.
Luego de atravesar en silencio la pista y seguidos del edecán de mi padre, nos situamos los tres en el interior de un círculo señalado sobre el asfalto, bajo la nave capitana, de cuyo vientre, después de breves segundos de espera, descendió el hueco y transparente cilindro de recepción hasta apoyarse sobre la superficie del suelo, haciendo coincidir la circunferencia de su base con la dibujada sobre la pista y aislándonos por momentos a los tres del exterior. Pasados unos instantes y a modo de émbolo, el círculo del suelo fué elevándose por el interior del cilindro, lenta y verticalmente, hasta depositarnos mansamente en el seno de la nave.
Solo el regreso, dependiendo del éxito de la misión, sería celebrado oficialmente por las autoridades; de ahí la ausencia absoluta, en el día de hoy, de cualquier intención de protocolo de carácter conmemorativo. Únicamente los controladores, desde detrás de los vídrios de la TORRE, desde la lejanía y en el espacio, dibujaban con sus dedos, por encima de sus cabezas, el signo de la victoria por el éxito de la OPERACIÓN. Las silenciosas naves fueron también mudos testigos de aquellas señales de triunfo.
No tardamos en despegar hacia una singladura que duraría dos años. Ya en vuelo, las tres naves adoptaron la denominada FORMACIÓN PACÍFICA y una velocidad tipificada por los navegantes como de CRUCERO.
Durante todo el tiempo que permanecimos navegando, ni un solo día dejé de asistir a las clases que, merced a un programa de estudios diseñado exprofeso para mí, recibía vía satélite a través de un SPACE-FAX ubicado en el CENTRO DE RECEPCIÓN DE DATOS de la propia nave. De las incidencias técnicas del trayecto, ocupábase en mantenerme debidamente informado el edecán de mi padre, lo que en sí mismo constituía una clase adicional extra.
A lo largo del viaje y tras una exhaustiva recopilación de datos procedentes del C.I.T. y que yo regularmente usurpaba en beneficio própio a través de mi ordenador personal conectado al CENTRAL de la nave, pude, con suma curiosidad, averiguar de que manera, en el pasado y en la TIERRA, una mercadería como la porcelana recorría el trayecto desde su lugar de origen, manufacturada en una oscura factoría egípcia, hasta llegar a unos grandes almacenes en CATALONIA. Los trámites de importación-exportación, en los que entraban en juego desde el propio fabricante, intermediarios, autoridades locales, representantes, distribuidores, agentes de aduanas, transportistas y un largo etcétera, no se detenían hasta la recepción por el destinatario y posteriormente por el consumidor salvaje. Todos y cada uno de ellos coincidieron, y así consta en antiguos documentos, en destacar la calidad, originalidad, elegancia, delicadeza de la arcilla y, sobre todo, la belleza de la policromía y la exquicitez de los dibujos y signos de cada una de las piezas que componían el conjunto de la importación pero, sin embargo, muy pocos fueron los que advirtieron el significado de lo que para nosotros hoy constituye la clave y motivo de tan magna expedición: LOS JEROGLÍFICOS.
Capítulo III
Recién cumplidos mis doce años, alcanzábamos sin ningún tipo de incidentes y en el tiempo previsto, la órbita terrestre. Habría de transcurrir algún tiempo, a partir de ese instante, hasta que, merced a una determinada vectorial a la que aún me resultaba imposible acceder, entráramos en la atmósfera del planeta TIERRA. Lo hicimos en línea y justo en un punto concreto que nos situaba exactamente sobre la cuenca del MEDITERRÁNEO, en la vertical con GIBRALTAR.
En fila índia, término que aún hoy prevalece en nuestros manuales de navegación, las tres naves, sin romper la formación inicial, desaceleraron paulatinamente hasta mantener la velocidad de RECONOCIMIENTO. Un especialista conectó entonces las retinas frontales de la capitana y sobre la gran pantalla del CENTRO DE RECEPCIÓN, aparecieron en picado las primeras imágenes de la TIERRA. Al instante pude comprobar lo que ya se sabía desde hacía siglos; las aguas solo cubrían apenas la cuarta parte de la superficie terrestre. En cinco milenios, el nivel del mar había descendido cientos de metros y, varados sobre peñasos y salientes de los acantlados del MEDITERRÁNEO, distinguíanse, víctimas unos de antiguas batallas navales y probablemente de grandes naufragios otros, las enormes estructuras de acero de pesados mercantes de gran eslora, buques-factoría de ancha manga, embarcaciones de recreo o de pesca, amén de todo tipo de acorazados, destructores, submarinos, portaviones, etc., etc.; artefactos bélicos en definitiva que ahora reposaban pacificamente expuestos a una temperatura no inferior a los ochenta grados.
De lo que en SEVILLA fuera el gran evento del noventa y dos, la EXPO, no quedaba ni la sombra. Idéntica impresión me produjo, ya en vuelo rasante, la escalofriante visión de la VILLA OLÍMPICA de BARCELONA: ¡ruinas, desastre, desolación, ..........!. Habíamos virado noventa grados a estribor y desacelerando ahora al mínimo, suspendidas las naves sobre la vertical de lo que fuera COLÓN, remontamos sin novedad lo que suponíamos las RAMBLAS, rumbo a la PLAZA DE CATALONIA.
Capítulo IV
Una vez allí, todo sucedió muy rápido. Dando tiempo a que el resto de las naves le sobrevolaran y alcanzaran los puntos elegidos a priori, la capitana se mantuvo a escasos metros de la superficie suspendida sobre la planicie de la PLAZA. Un hectómetro, aproximadamente, más al norte, sobre el PASEO de GRACIA, la segunda gravitaba a la misma altura, también a la espera. La tercera hizo lo propio pero hacia el este, sobre la RONDA. Llegado este momento y a una tácita orden del Almirante, los trenes telescópicos de las tres naves fueron previamente activados y del vientre de cada una de ellas el enorme trípode de aterrizaje fué articulándose de tal forma hasta tocar el suelo que al poco quedaron las naves descansando.
Embutidos en nuestros antitérmicos, la tripulación de la capitana, el edecán y yo incluido, fuimos los primeros en desembarcar. El resto de las tripulaciones y las compañías de zapadores permanecieron todavía, hasta nueva orden, en el interior de sus respectivas naves.
En una civilización tan avanzada coma la nuestra, adjetivos como, por ejemplo, fantasmagórico, tétrico, etc., habían sido definitivamente desterrados de nuestro léxico. En el pasado, estos vocablos, sin embargo, hubieran valido muy bien para calificar el paisaje que en este preciso momento se abría a nuestro alrededor.
Apenas si se encontraban signos tangibles de aquella época sobre la superficie candente. En mi deambular por aquellos inhóspitos parajes, solo una rueda de automóvil, abandonada sobre la escalinata que probablemente descendía a lo que en su día fuera un aparcamiento subterráneo, fueron los dos únicos vestigios visibles que pude encontrar de aquella antigua civilización. Para nosotros, sin embargo, ruedas y escaleras solo constituían auténticos anacronismos para los que hoy ya no había lugar dentro de una sociedad de carácter tan tecnológico como era la nuestra.
Para cuando hubo llegado la definitiva orden de desembarco general, los mandos de zapadores sabían ya, exactamente, en que punto se encontraba la puerta que daba acceso al gran almacén de lo que fuera EL CORTES INGLÉS. Las excavaciones comenzaron pues en este lugar concreto de las RONDAS, a un ritmo frenético. Mientras esto ocurría, mi espíritu infantil se mantenía convenientemente ocupado en un merodeo curioso por los alrededores en una vana búsqueda de alguna nueva seña de identidad sobre mis predecesores.
Al regreso, gracias a la sofisticación de su maquinaria, especialistas miembros de zapadores aparecían por un enorme boquete abierto sobre la superficie calcinada portando, con sumo cuidado, distintas piezas de la valiosa porcelana egipcia que, como se presumía, había sido encontrada y aún almacenada y a salvo de la gran HECATOMBE en el interior de uno de los pisos inferiores, bajo el nivel del suelo.
Las primeras estimaciones establecidas, una vez reunidos los técnicos, mi padre al frente, en el CENTRO DE RECEPCIÓN E INFOMATIZACIÓN DE DATOS de la SANTA MARÍA, fueron totalmente favorables a la primitiva hipótesis sobre la que descansaba el viejo proyecto y que justificaba nuestra presencia en la TIERRA. No obstante, antes de partir, la confirmación definitiva de la importancia del hallazgo y desciframiento de los JEROGLÍFICOS, habría de llegar, VÍA SATÉLITE, desde nuestro moderno sistema, concretamente desde el MUSEO ARQUEOLÓGICO TERRÍCOLA, cuyo director, un venerable anciano aún en activo, auténtica autoridad en la materia y poseedor de un profundo conocimiento en temas de índole terrícolas, era el único en poder garantizar tan compleja traducción.
La respuesta del profesor ROSELLA no se hizo esperar. Efectivamente, pasado un tiempo estimado en más que prudencial, en la pantalla del GRAN ORDENADOR, aparecieron las estremecedoras frases que desvelaban el misterioso contenido de aquellos antiquísimos signos. Al decir del sabio investigador, sobre la bruñida superficie de tan preciadas piezas de porcelana, desde el más diminuto cenicero hasta la más grande de las lámparas, la extraña PREMONICIÓN jeroglífica advertía siempre de la inminente tragedia:
¡¡PONEROS INMEDIATAMENTE A SALVO, HOY 24 DE DICIEMBRE DE 1992, LA GRAN HECATOMBE TENDRÁ LUGAR!!, ¡¡HUID RAPIDAMENTE, HUID RAPIDAMENTE!!.
Sin embargo, una vez confirmadas nuestras sospechas y a pesar del éxito de la operación, aún quedaban sin respuesta muchos aspectos de las curiosas costumbres de nuestros ancestros.
Los numerosos cartelitos encontrados junto a las piezas de porcelana en el interior de aquellas vastas dependencias y entre los que una extraña coincidencia centraron toda nuestra atención, abrían para nosotros nuevos interrogantes que, probablemente, en un futuro próximo, darán lugar, seguramente, a un exhaustivo y minucioso estudio sobre el origen, ya comprobado, de las múltiples y distintas superticiones de aquellas culturas. No logramos entender aún como, por ejemplo, una cantidad inicialmente escrita sobre la superficie de la mayoría de letreritos, posiblemente un precio bajo un aspa de color rojo, daba lugar a otro nuevo e inferior, escrito al lado, pero cuyas centenas, decenas o unidades, por lo general, y en la mayoría de los casos, eran siempre NUEVES:
10000/9999; 1000/999; 1500/1499; 2100/2099; 100/99; etc., etc.
EPÍLOGO
"DE LA QUE SE DIÓ EN LLAMAR SOCIEDAD DE CONSUMO, AÚN NO LO SABÍAMOS TODO"
Cuento infantil escrito por Zoilo López con motivo de la EXPO de SEVILLA. Mollet del Vallés. BARCELONA 1.992