RETRODEZCAN

Este imperativo es del todo incorrecto pero me resulta más contundente que el original RETROCEDAN. Por lo tanto, si la Real Academia de la Lengua Española me lo permite, desde hoy en adelante haré uso exclusivo de él.
Con RETRODEZCAN pretendo dar a conocer parte de mi obra pictórica, escultórica, fotográfica y, en menor proporción, literaria y, a la vez, mantener una corriente de opinión sobre los acontecimientos de naturaleza artística de hoy día.
Espero que tomeis la sabia decisión de manteneros a una distancia prudencial de mis opiniones aquí vertidas que no siempre tienen por que ser del agrado de la mayoría; ¿o, sí?

sábado, 30 de agosto de 2008

FIESTAS. Virgen del Carmen. continuación. COSTALEROS

Es de esperar que muchos de estos costaleros aquí presentes sean hoy lo suficiente mayores como para ver pasar la procesión comodamente sentados.
Otros, desgraciadamente, nos han abandonado y espero que en su momento hayan sido escuchados y la Virgen les haya otorgado el favor solicitado en los dias de tanto fervor mariano.
Es el caso de "El Socas", el único con gafas de la fotografía quién ya, desgraciadamente, no se encuentra entre nosotros. Me unió a él una entrañable amistad cultivada en los medios deportivos del fútbol practicado en las filas de "EL PORTEÑO".
En el centro de la misma foto y señalándome amenazadoramente se encuentra TORIBIO. Aunque, a decir verdad, no encuentro en la expresión de su rostro ningún atisbo de enfado. Seguramente, en aquel entonces, nunca pudo imaginar que esta foto se hiciera pública tanto tiempo después.

45 comentarios:

  1. ESTA ES LA HISTORIA DEL EMBARQUE DE LA VIRGEN DEL CARMEN DEL SEGÚN LA HOJA MENSUAL DE LAS PARROQUIAS DE NUESTRA SEÑORA DE LA PEÑA DE FRANCIA, NUESTRA SEÑORA DE LA PEÑITA Y SANTA RITA, DEL PUERTO DE LA CRUZ.

    NUMERO 66 - JULIO DE 1.964

    NUESTRA SEÑORA DEL MAR

    AGUA, BARCOS Y........MULTITUD.-

    Esta tarde la Virgen del Carmen se hace Marinera.

    Su esbelta figura de Reina avanza, sobre los hombros agitados y duros de los hijos del mar, en dirección al muelle.

    En la rampa del fondeadero descansan los botes de pesca varados al sol de la tarde.

    Remos salvavidas, nasas y redes han tejido un original arco de triunfo a la Madre de los marinos, que ahora llega a las escalas del embarcadero.

    El clamor de la multitud es bronco como un golpe de mar.


    En el lecho palpitante de las aguas se mece empavesada una motora. La Virgen desciende, sostenida por muchos brazos, hasta ocupar el escabel de honor de la proa y la barcaza es invadida por los devotos.

    Se intensifica el tableteo del motor; una mano experta suelta las amarras y la motora sale rauda hacia la escotadura del puerto con su racimo humano bajo el trono flotante de la Señora.

    Pequeñas embarcaciones salen detras, formando escolta. La Virgen se interna en el mar con el rostro siempre vuelto a la costa donde hormiguean sus hijos.


    Luego viene el delirio de las calles estrechas, donde la algazara, el humo y los estallidos de la pólvora, enardecen a los devotos.

    Frente a cada humilde vivienda chisporrotea una rueda de artificio; las gargantas enronquecen en atronadores vivas, que intentan convertirse en plegaria.

    Y la Madre buena mira desde la altura de sus andas, en silencio - no sabemos si complacida o triste - el extraño alboroto de los hijos que, a su modo, quieren honrarla.
    Todo ha pasado, como un arranque desatado de locura, y otra vez la Madre del Carmen vuelve a la paz de su capilla del templo, mientras fuera, en la noche templada de julio, hacen guiños de luz las estrellas.


    REZO A LA VIRGEN DEL CARMEN POR LOS MARINEROS DEL PUERTO DE CRUZ

    MEDITACIÓN EN LA NOCHE.-
    Esta es la hora buena para las intimidades.

    Calladamente me acerco a las andas de la Virgen, que aún retienen el olor de la multitud, e intento hilvanar una plegaria.

    En los ojos serenos de la Madre se reflejan muchas verdades amargas, que han hecho estremecer esta tarde su corazón maternal.


    No son malos, no, señora, tus sufridos hijos los marinos; son espontáneos y ruidosos como niños. Su entusiasmo es sincero, aunque rudo; por eso tal vez te agrada.

    Pero tu mirada de Madre profundiza mucho más; atravieza esa cáscara de postiza alegria para llegar hasta el fondo de sus vidas atormentadas.

    Los problemas de tus hijos, los marinos del Puerto de la Cruz, te preocupan, Madre nuestra.

    Te atormentan sus problemas espirituales; te entristecen sus problemas materiales.
    Tienen fe, una fe viva en su Patrona y el Señor del Gran Poder.

    Yo he visto hombres y mujeres del mar arrodillados an tu altar y ante el de tu Hijo con la llama del fervor prendida en los ojos y en los labios, mientras apretaban entre sus manos el ramo de clavellinas o la vela encendida.

    Pero a su fe le falta instrucción; son ignorantes.

    Acaso no sea toda culpa de ellos.

    Siguen su propio camino, un sendero iluminado a veces por una llamita de fe, que se cruza en ocasiones con el verdadero camino seguro y orientador.


    Qué pocos todavia, Señora, los conscientes de su catolicismo, los que han entrado en la auténtica verdad; la vereda de la misa del domingo; la vereda del cumplimiento pascual; la vereda de la práctica de los sacramentos; la vereda de la instrucción religiosa.............................

    Vos, Señora, sabéis que dificil es llegar hasta ahi.

    Poned vuestra mano y ayudanos a allanar depresiones, a obviar obstáculos, a rectificar tramos sinuosos, a sembrar de luz el camino que Cristo nos ha trazado por medio de su Iglesia.


    Con tu ayuda y nuestro esfuerzo queremos arraigar tu devoción auténtica en el corazón de todos tus hijos; los que vivimos junto al mar y los que se adentran en él para buscar el sustento.

    REZO A LA VIRGEN DEL CARMEN POR LOS MARINEROS DEL PUERTO DE CRUZ

    EN LUCHA CON EL MAR.-

    Ellos cada año te llevan hasta el extremo del espigón para que veas las mordeduras del mar en el muelle.

    Es una plegaria elocuente y directa.

    También te piden mayitas.

    Cada noche se adentran en su despensa, el mar, con ilusión de llenar sus frágiles embarcaciones, con ilusión, con sacrificio y con miedo, porque, al regreso, la boca del puerto es como las fauces abiertas de una fiera donde acecha la muerte.

    Y cuando las olas baten sin cesar días y días la ensenada del muelle, ellos aseguran el cascarón de sus botes y se sientan resignados a contemplar el marullo, mientras llega la hora tan tardia a veces, Señora de la bonanza.

    Entonces la vida se hace dificil en el pequeño hogar del pescador.


    Pero vuelven las noches de calma y de pesca y los hombres de mar se alegran al volcar en la playa la plata palpitante de los peces.

    Se alegran y hasta se olvidan de lo dura que es la vida en el mar cuando relente y la humedad atormentan los cuerpos.


    Mientras la noche de julio discurre cargada de bengalas y de regocijo, yo Señora, en la soledad del templo, desgrano ante tus plantas el rosario de dolor de los marinos.

    Si queréis, Madre del Carmen, intercalad, entre estos misterios dolorosos, los misterios de gozo y de gloria, para que aquellos y nosotros te conozcamos mejor y te amemos más.

    http://www.granpoderdedios.org/paginas/default.aspx?id=6765&nomsecc=Historia





    ESTA ES LA HISTORIA DEL EMBARQUE DE LA VIRGEN DEL CARMEN DEL SEGÚN LA HOJA MENSUAL DE LAS PARROQUIAS DE NUESTRA SEÑORA DE LA PEÑA DE FRANCIA, NUESTRA SEÑORA DE LA PEÑITA Y SANTA RITA, DEL PUERTO DE LA CRUZ.

    NUMERO 66 - JULIO DE 1.964

    NUESTRA SEÑORA DEL MAR

    AGUA, BARCOS Y........MULTITUD.-

    Esta tarde la Virgen del Carmen se hace Marinera.

    Su esbelta figura de Reina avanza, sobre los hombros agitados y duros de los hijos del mar, en dirección al muelle.

    En la rampa del fondeadero descansan los botes de pesca varados al sol de la tarde.

    Remos salvavidas, nasas y redes han tejido un original arco de triunfo a la Madre de los marinos, que ahora llega a las escalas del embarcadero.

    El clamor de la multitud es bronco como un golpe de mar.


    En el lecho palpitante de las aguas se mece empavesada una motora. La Virgen desciende, sostenida por muchos brazos, hasta ocupar el escabel de honor de la proa y la barcaza es invadida por los devotos.

    Se intensifica el tableteo del motor; una mano experta suelta las amarras y la motora sale rauda hacia la escotadura del puerto con su racimo humano bajo el trono flotante de la Señora.

    Pequeñas embarcaciones salen detrás, formando escolta. La Virgen se interna en el mar con el rostro siempre vuelto a la costa donde hormiguean sus hijos.


    Luego viene el delirio de las calles estrechas, donde la algazara, el humo y los estallidos de la pólvora, enardecen a los devotos.

    Frente a cada humilde vivienda chisporrotea una rueda de artificio; las gargantas enronquecen en atronadores vivas, que intentan convertirse en plegaria.

    Y la Madre buena mira desde la altura de sus andas, en silencio - no sabemos si complacida o triste - el extraño alboroto de los hijos que, a su modo, quieren honrarla.
    Todo ha pasado, como un arranque desatado de locura, y otra vez la Madre del Carmen vuelve a la paz de su capilla del templo, mientras fuera, en la noche templada de julio, hacen guiños de luz las estrellas.

    MEDITACIÓN EN LA NOCHE.-

    Esta es la hora buena para las intimidades.

    Calladamente me acerco a las andas de la Virgen, que aún retienen el olor de la multitud, e intento hilvanar una plegaria.

    En los ojos serenos de la Madre se reflejan muchas verdades amargas, que han hecho estremecer esta tarde su corazón maternal.


    No son malos, no, señora, tus sufridos hijos los marinos; son espontáneos y ruidosos como niños. Su entusiasmo es sincero, aunque rudo; por eso tal vez te agrada.

    Pero tu mirada de Madre profundiza mucho más; atraviesa esa cáscara de postiza alegría para llegar hasta el fondo de sus vidas atormentadas.

    Los problemas de tus hijos, los marinos del Puerto de la Cruz, te preocupan, Madre nuestra.

    Te atormentan sus problemas espirituales; te entristecen sus problemas materiales.
    Tienen fe, una fe viva en su Patrona y el Señor del Gran Poder.

    Yo he visto hombres y mujeres del mar arrodillados en tu altar y ante el de tu Hijo con la llama del fervor prendida en los ojos y en los labios, mientras apretaban entre sus manos el ramo de clavellinas o la vela encendida.

    Pero a su fe le falta instrucción; son ignorantes.

    Acaso no sea toda culpa de ellos.

    Siguen su propio camino, un sendero iluminado a veces por una llamita de fe, que se cruza en ocasiones con el verdadero camino seguro y orientador.


    Qué pocos todavía, Señora, los conscientes de su catolicismo, los que han entrado en la auténtica verdad; la vereda de la misa del domingo; la vereda del cumplimiento pascual; la vereda de la práctica de los sacramentos; la vereda de la instrucción religiosa.

    Vos, Señora, sabéis que difícil es llegar hasta ahí.

    Poned vuestra mano y ayúdanos a allanar depresiones, a obviar obstáculos, a rectificar tramos sinuosos, a sembrar de luz el camino que Cristo nos ha trazado por medio de su Iglesia.


    Con tu ayuda y nuestro esfuerzo queremos arraigar tu devoción auténtica en el corazón de todos tus hijos; los que vivimos junto al mar y los que se adentran en él para buscar el sustento.

    EN LUCHA CON EL MAR.-

    Ellos cada año te llevan hasta el extremo del espigón para que veas las mordeduras del mar en el muelle.

    Es una plegaria elocuente y directa.

    También te piden mayitas

    Cada noche se adentran en su despensa, el mar, con ilusión de llenar sus frágiles embarcaciones, con ilusión, con sacrificio y con miedo, porque, al regreso, la boca del puerto es como las fauces abiertas de una fiera donde acecha la muerte.

    Y cuando las olas baten sin cesar días y días la ensenada del muelle, ellos aseguran el cascarón de sus botes y se sientan resignados a contemplar el marullo, mientras llega la hora tan tardía a veces, Señora de la bonanza.

    Entonces la vida se hace difícil en el pequeño hogar del pescador.


    Pero vuelven las noches de calma y de pesca y los hombres de mar se alegran al volcar en la playa la plata palpitante de los peces.

    Se alegran y hasta se olvidan de lo dura que es la vida en el mar cuando relente y la humedad atormentan los cuerpos.


    Mientras la noche de julio discurre cargada de bengalas y de regocijo, yo Señora, en la soledad del templo, desgrano ante tus plantas el rosario de dolor de los marinos.

    Si queréis, Madre del Carmen, intercalad, entre estos misterios dolorosos, los misterios de gozo y de gloria, para que aquellos y nosotros te conozcamos mejor y te amemos más.

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  2. Historia de Canarias

    Los Guanches

    La historia y conquista de las Islas Canarias, especialmente de las islas más pobladas, fue hábilmente manipuladas por los conquistadores y sus descendientes durante mucho tiempo. Como por ejemplo Viana,que para adornar sus versos inventó todo lo que le pareció. Estos historiadores solo se han preocupado de enaltecer las barbaridades cometidas por los conquistadores, humillando y despreciando casi siempre a los desafortunados guanches. Respecto a los guanches, se sabe científicamente que eran de mediana estatura. Existían dos razas fundamentalmente, la cromañoide y la mediterránea. Los guanches no se comunicaban entre islas. Eran pacíficos, valientes y grandes defensores de su patria. En la época de la conquista las islas estaban gobernandas por uno o varios reyes a los que denominaban en Gran Canaria Guanarteme y en Tenerife Mencey. Los reyes tenían sus consejero o capitanes. En Tenerife había tres clases sociales: Achimenceyes, rango después del Mencey, Achiciquitza, nobles y Achicaxna, villano. En Gran Canaria llamaban Faycán al gran sacerdote, Guaire o Gaire al consejero o capitán Fayacán al juez. Al ser nombrado Mencey hacían el siguiente juramento.... "Agoñe Yacoron Yñatsahaña Chacoñamet", Juro por el hueso de aquel que me hizo grande... Esta ceremonia se realizaba en el Tagoror.
    Actualmente los investigadores opinan que los primitivos pobladores de las islas Canarias vinieron de Africa. Los restos arqueológicos más antiguos encontrados pertenecen al siglo III a.C. Estos primeros pobladores fueron llegando en distintas migraciones. En las islas no había metales y los pobladores tuvieron que sustituirlos por maderas, huesos y piedras, etc. Cada isla desarrollo una cultura material diferenciada, aunque todas ellas compartieron algunos elementos: Una economía que se fundamentaba en la ganadería y la recolección silvestre y marina, además del cultivo de cereales y el aprovechamiento de los montes. Similar organización social y política. Una cultura material en la que destaca la elaboración de cerámica y diversos útiles de hueso, piedra y madera. Parecidas creencias religiosas basadas en la existencia de un dios supremo, espíritus y demonios. Se practicaba el culto a los muertos. Los aborígenes canarios se designaban con el nombre de Guanches




    El Hierro o Eseró

    EL HIERRO O ESERÓ.-Los primeros habitantes de esta isla se conocen con el nombre de bimbaches. Su actividad económica más importante fue la ganadería de cabras, ovejas y cerdos.Complementaban sus recursos con el aprovechamiento de los frutos silvestres del bosque,la pesca y el marisqueo. De este último quedan como testimonio los "concheros". Su dieta consistía en frutos, miel, leche, manteca y harinas de raíces de plantas y helechos para gofio y tortas. Del mocán y del bicácaro obtenían una especie de vino.
    Como no había muchas cuevas naturales, idearon unas especie de cabañas ligeras hechas de piedras, techadas con helechos y ramas, y con una única entrada. Lo aprovechaban todo: las conchas para cucharas, los huesos para amuletos, el barro para vasijas y recipientes, las pieles para vestidos y calzados, etc. Enterraban a sus muertos en cuevas, acompañados de su ajuar, y les cerraban con piedras. Tenían dos divinidades importantes, Eraorahan (varón) y Moneiba (hembra) a las que rogaban por la imprescindible lluvia; cuando esta escaseaba recurrían a otra divinidad: a Aranfaybo que representaba al demonio.




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    La Gomera


    La Palma

    LA GOMERA O GOMHARA.-Los principales recursos económicos de los primeros habitantes de La Gomera fueron la ganadería y una intensa labor recolectora. Las especies ganaderas fueron las cabras, oveja y cerdos. Su dieta era a base de leche, raíces de junco y hierbas. Comían cogollos de palma y parece ser que ya conocían la técnica de extraer guarapo y convertirlo en miel. También eran hábiles nadadores y mariscadores, como lo demuestran los ricos concheros que se reparten por toda la isla. Abundan los objetos hechos en madera (banot, bastones, recipientes) pero escasean los fabricados con hueso, cuero o piel. La cerámica es muy austera casi sin decoración. Los gomeros utilizaban cuevas como viviendas y también realizaban sencillas construcciones que les servían para cocinar, guardar el ganado o para enterramientos. Adoraban a Hirguan, un demonio con figura de hombre velludo, y a un dios creador llamado Orahan.


    LA PALMA O BENAHOARE.-Los primeros pobladores de esta isla fueron los auaritas, y su actividad fundamental era la ganadería de cabras, ovejas y cerdos. El pastoreo era trashumante, como en otras islas, y la caldera de Taburiente se utilizaba como dehesa comunal. Se practicó la agricultura, pero se abandonó por la ganadería y por la recolección marina y vegetal, la pesca y la caza. Los auaritas vivían en cuevas, abundantes en los barrancos, y donde no habían cuevas, construían cabañas y refugios. Creían en Abora, divinidad solar y también en un perro lanudo que representaba las fuerzas destructoras de la naturaleza. En sus enterramientos practicaban la inhumación y la cremación de los cadáveres. La Palma es la isla que conserva más grabados rupestres, se caracterizan por el frecuente empleo de la línea curva (círculos, espirales) y se encuentran en lugares elevados, situados en las rutas pastoriles o en puntos de aprovisionamiento de agua.

    Tenerife


    Gran Canaria

    TENERIFE O ACHINECH.-Los habitantes de esta isla reciben el nombre de Guanches. La ganadería era la actividad más importante. Había cabras, ovejas y cerdos. El pastoreo era una actividad muy importante, y los rebaños se reunían en verano en las Cañadas del Teide, una zona común con pastos de alta montaña. También practicaban la agricultura, con cultivos de trigo, cebada y habas; la recolección vegetal del bicácaro, faya, helecheras, y el marisqueo y la pesca. Vivían en cuevas naturales y en cabañas que construían con piedras y vegetales. Creían en un dios, Achoron o Achamán, y en adivinos o santones a los que llamaban Guañamenes.Enterraban a sus muertos en cuevas naturales rodeados de su ajuar funerario, que consistía en vasijas, cuentas de collar, obsidiana, objetos de hueso, etc. En tiempos de la conquista, la isla estaba dividida en nueve demarcaciones, llamadas menceyatos, y al frente de cada una había un mencey, ayudado por un consejo llamado Tagoror. Uno de los símbolos del mencey era la añepa, bastón real hecho de madera de tea.


    GRAN CANARIA O TAMARÁN.-Los habitantes de esta isla, los canarios, basaron su economía en la agricultura, tanto de secano como de regadío, y en la ganadería.Cultivaban cebada, trigo y ñames en huertas que protegían con empalizadas, y construían silos para almacenar el grano y acequias para el riego. Disponían de molinos, morteros, vasos cerámicos, punzones y cestos para uso agrícola y doméstico. Los animales más comunes eran la cabra y el cerdo.
    Completaban su dieta con la recolección de higos y mocanes, y con pescado, burgados y lapas. En el momento de la conquista vivían en cuevas naturales, en cuevas excavadas y en casas construidas con piedra seca, agrupadas estas últimas en pequeños poblados de calles estrechas. Tenían un dios supremo, Alcorán, espíritus ancestrales y demonios o genios. Enterraban a sus muertos en cuevas o en túmulos.

    Lanzarote


    Fuerteventura

    LANZAROTE O TYTEROYGATRA.-Los aborígenes de Lanzarote llamados, los mahos, vivían en zonas donde había agua. Tenían tres tipos de viviendas las casas hondas, de piedra seca semienterradas en el suelo, las cuevas hondas, cuevas naturales subterráneas acondicionadas para habitarlas,y las cuevas hondas del malparís de la Corona, tubos de lava mal acondicionados que, posiblemente,se usaban en caso de peligro o para uso pastoril. El único cereal que está documentado es la cebada, que plantarían en huertos cercanos a las viviendas y sembrarían con palos cavadores o con instrumentos de cuernos de cabra. Este cereal se guardaba en grandes recipientes de barro.La cerámica presenta forma y decoración variada. El ganado lo componían cabras y cerdos,que se criaban en libertad y cerca de las viviendas. La dieta consistía en gofio, que mezclaban con leche y manteca, productos del mar y bajo consumo de carne.


    FUERTEVENTURA O ERBANIA.-La isla estaba habitada por los mahoreros, que utilizaban como vivienda los tubos volcánicos de los malpaíses, cuando, no existían, construían casas de piedras semihundidas. Estas casas se agrupaban en poblados y se situaban cerca de fuentes, que no eran más que pobres filtraciones de agua salobre que recogían y guardaban en grandes vasijas de barro. En el interior de las viviendas guardaban molinos de piedra, cuchillos de lajas de pedernal y vasijas de barro. Practicaban el pastoreo de cabras, de las que obtenían carne, leche, queso, sebo y pieles. Su dieta se completaba con gofio de semillas, pescado, burgados y lapas.Tenían, al menos, dos lugares sagrados, que dedicaban al culto: la montaña de Tindaya, donde se ofrecían sacrificios, y la cueva de los Idolos, en la que se realizaban ritos de fecundidad. Enterraban a sus muertos en cuevas, acompañados de su ajuar funerario.

    Poblamiento

    Para empezar a hablar de los pueblos aborígenes que poblaron las Islas Canarias a la llegada de los conquistadores primero hay que resolver una cuestión de vital importancia, quizás la mas escabrosa e importante cuestión acerca de los pueblos aborígenes canarios, y que ha traido en jaque a todos los historiadores y estudiosos de la historia Canaria, ¿Cómo y porqué llegaron y poblaron estos pueblos aborígenes un archipiélago Atlántico situado a 20 leguas de las Costas Africanas?. Los aborígenes canarios aun teniendo una serie de rasgos significativos según su isla origen, mantienen una similitud antropológica común, que es la base para el sustento de las teorías sobre la colonización aborigen del archipiélago, estos: de raza blanca y origen beréber, desconocían la navegación mayor (se tienen noticias de ciertas embarcaciones de madera de Drago), por lo tanto como un pueblo que desconocía la navegación y habitaba una isla pudo llegar a estas. La respuesta, como todo lo que entraña el estudios de los aborígenes, compleja:
    -Poblamiento de la islas consecuencia del desarrollo comercial Feo-Púnico, que fundarían pequeñas colonias para la explotación del Garuó y la Orchilla. Y posteriormente por Roma también para la actividad comercial.
    -Deportación de poblaciones de origen beréber sublevadas contra el Imperio Romano, con el objeto de alejarlas de las áreas conflictivas, esta fue una practica común usada en la Roma Clásica para evitar los levantamientos contra esta.
    - Llegada de tribus beréberes por sus propios medios, navegación menor, a causa de la necesidad o exploración.
    Estas son las tres teorías argumentadas a la hora de resolver la duda del poblamiento del archipiélago por parte de los pueblos aborígenes.

    Vidas y Costumbres

    Los aborígenes canarios pertenecen a dos razas fundamentales , la cromañoide y la mediterránea, las características de la raza cromañoide es la cara ancha y robusta con un cráneo alargado y estrecho, mientras que la principal característica mediterránea es la cara alta y delicada y un carneo corto y ancho. De raza blanca, aunque en algunas islas eran mas morenos que en otras. Su fisionomía solía ser corpulenta, fuerte y eran bastantes ágiles, algo obvio en una civilización paleolítica que vivía entre riscos y barrancos. Tenían una estatura media de 1,70 los hombres y 1,60 las mujeres, algo mas alta que la envergadura europea de la época, y su esperanza de vida eran apenas 30 años. Sobre su carácter se ha dicho mucho, siempre adornando la leyenda de este pueblo,de ellos se ha escrito que eran ágiles, fuertes, nobles, valerosos, aguerridos, de inusual belleza etc....
    Bontier y Le verter escribirían estas celebres palabras acerca de los aborígenes:
    "Id por todo el mundo y no hallareis en ninguna parte personas mas hermosas ni gente mas gallarda que la de estas islas, tanto hombres como mujeres, además de ser de buen entendimiento, si hubiese quien los cultivase". Los aborígenes conocían bien la agricultura, aunque esta era muy rudimentaria. Cosechaban cereales y para cavar la tierra se valían de cuernos de cabra, plantaban trigo, cebada y habas de donde obtenían su principal alimento, el Gofio , que lo elaboraban moliendo los cereales y tostándolos en cazuelas de barro, el gofio era el principal sustento en su alimentación , lo tomaban mezclándolo con leche, agua, manteca o miel. También se alimentaban de frutas silvestres, incluyendo el mocán , yoya , de cuyo jugo confeccionaban una miel muy apreciable a la que llamaban chacerquen . En cuanto a la ganadería, su ganado se componía de ovejas, cabras y cerdos, de estos animales tomaban su leche, queso y manteca además de aprovechas su carne. El pastoreo era una actividad fundametal en las civilizaciones aborígenes, ysobre todo en las islas que carecían de vegetación mayor como son Fuerteventura y Lanzarote, donde las crónicas de la conquista relatan que se criaban más de 60.000 cabras al año de las cuales obtenían carne, leche, queso y el sebo, que tomaban regularmente. En Tenerife la zona que hoy comprende las cañadas del Teide, era una zona neutral en donde todos los menceyatos podían llevar su ganado para pastorear, allí se han encontrado edificaciones que eran usadas por los aborígenes para cobijarse en las épocas de pastoreo. Al desconocer la navegación mayor su pesca se limitaba a pesca de costa y marisqueo. Pescaban usando redes de junco o con anzuelos hechos de astas de cabra. Pero la práctica mas llamativa, y que aun se usa en nuestros días, es el método conocido como embarbascar, que consiste en aprovechar los efectos sedantes de la leche del cardón y la tabaiba, que mezclada en los charcos o rías donde la marea dejaba estancados a los peces, aturde a estos pudiéndose capturar fácilmente con las manos.

    Vestiduras

    Los aborígenes por termino general vestían con trajes confeccionados con pieles de cabra u ovejas u hojas de palma. En Lanzarote los varones usaban una capa de piel de cabra mientras que las mujeres vestían mucho mas abrigadas. En Fuerteventura y la Gomera usaban unas camisas, llamadas tamarcos, hechas también de piel de cabra y usaban un calzado con suela de puerco muy parecido a la abarca (zapato muy ajustado al pie). En el Hierro los varones usaban una especie de capotillos elaborados con pieles de oveja atadas por correas, y las mujeres una especie de manteletas hechas de la misma piel de oveja pero cosidas usando nervios de animales y agujas de pescado. En La Palma usaban también ropas hechas con pieles de ovejas, puercos y cabras. En Tenerife los aborígenes gamuzaban y curtían las pieles con mediana perfección, elaborando camisas largas sin mangas que ceñían a la cintura, debajo de estas la mujeres llevaban una especie de falda que les cubrían hasta los pies, usaban un calzado al que llamaban xercos , y unas medias llamadas huirmas que eran el distintivo de los nobles. Pero es en Gran Canaria donde encotramos una ropa mas elaborada, los aborígenes de esta isla usaban ropillas de hojas de palma y junco tejidas y ajustadas al cuerpo, tamarcos de pieles labradas y teñidas (con tierra y jugo de algunas plantas) y calzado de cuero de cabra ajustadas al pie con correas.

    Viviendas

    Los aborígenes canarios vivían principalmente en cuevas junto a los barrancos o en cabañas de piedra, con techumbre de piel o entramado vegetal. Las cuevas que eran escarvadas en los riscos tambien eran usadas como corrales o despensas. En Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro eran mas común encontrar a sus habitantes viviendo en cabañas que en cuevas, sin embargo en Tenerife la costumbre era habitar en cuevas. En Gran Canaria se han encontrado auténticos poblados de cabañas, con una arquitectura mas avanzada que en el resto de las islas, estas viviendas eran construidas con puertas y ventanas, techadas con bigas de madera y encima como techumbre hierba seca mezclada con barro.

    Lenguaje Aborigen

    Decir sobre las antiguas lenguas aborígenes que aunque en todas las islas hablaban una misma lengua, de origen beréber (como se cree que eran los pueblos aborígenes), en cada isla existían algunas diferencias dialectales, algo obvio debido a la separación geográfica y temporal que hubo entre estos pueblos que poblaron las islas, todo idioma con el tiempo se "corrompe", evoluciona y varía ,dando a luz una nueva lengua diferente de la anterior ,como por ejemplo son el astur-leones y el galaico-portugués en la península ibérica a partir del latín.
    La idea de que la lengua que se usó en las diferentes islas del archipiélago canario por sus aborígenes sea una lengua común , es aceptada por todo los estudiosos de este tema, la notable similitud entre su habla, queda patente en ejemplos como son las voces de los instrumentos de uso ordinario como "ganigo", cazuela, palabra común en todas las islas del archipiélago y "gofio" comida típica en todas las islas donde había cebada para hacerlo. Y en los datos recogidos de los escritos Castellanos sobre la conquista de las islas, donde decían que les era fácil comunicarse con estos pueblos ya que cualquier aborigen de las islas se podía comunicar con otro de otra isla y así servir como traductor a los conquistadores.
    Me gustaría destacar la importancia de diferenciar las palabras originales de como las vemos hoy escritas, las palabras que recogieron los conquistadores son un mero acercamiento fonético entre el sonido ("fonema") entre la palabra dicha por los aborígenes con su propia forma de habla, un diferente tono, acento, cadencia de habla, a la dicción escuchada y posteriormente escrita por los conquistadores.
    Por ejemplo sobre la dicción "Guan", un ingles habría escrito "one" y quizás hoy en dia un hispanoparlante escribiese "wuan" o "guan", pero seguramente ninguno acertaría en la correcta pronunciación de esta, ya que nuestra forma de habla es diferente (incluso en regiones de un mismo ámbito lingüistico).
    También es importante puntualizar que el castellano con que se recogieron esas dicciones es un castellano diferente al que conocemos hoy en dia, no solo en su forma escrita sino en el uso y sonido de las letras. Ha evolucionado mucho desde los siglos XV y XVI que fueron cuando se rescataron la mayoría de las dicciones hasta el XX, ya no solo el español sino las otras lenguas habladas en España o simplemente su forma de habla.
    En el español actual por ejemplo la "h" ha sustituido hoy en muchas palabras a la "f" (fernando-hernando, fermosa-hermosa), la "x" en algunos lugares de españa aun se usa como "j" (ximenez-jimenez).Un valenciano diría en la dicción "xercos" ,jercos y un canario diría algo aproximado a shercos, por eso nos movemos en esa ambigüedad dialectal que rodea todas las dicciones aborígenes y cubre de incertidumbre la lengua de estos aborígenes.
    Las dicciones que dispongo en este vocabulario las escribo de la misma forma que las he encontrado, para asi respetar la posible la fonematica de estas. Supuestamente daría igual escribir beñesmen o veñesmen ya que la mayor parte de los hispanoparlantes no distinguimos la "v" de la "b" en nuestra forma de habla, pero realmente estas tienen una pronunciación diferente, lo mismo pasa entre la "ll" y la "y", etc.

    Ceremonias, Ritos y Creencias

    Has tenido la suerte de ser admitido como un miembro importante de la sociedad guanche. Se trata de una sociedad de clases, en cuya cúspide está el Mencey. Por debajo de él se encuentran los achimencey (aristócratas), que justificarán su status a través de su parentesco con la realeza. Los cichiciquitzos forman una capa media, y en la base social se hallan los achicaxna (plebeyos). Todo el ganado y la tierra son propiedad del Mencey, que los distribuye cada año entre las clases superiores según méritos y necesidades de cada grupo familiar. El Mencey cumple una importante función económica de redistribución, ya que corren de su cuenta los festejos y ceremonias públicas, en las que los alimentos, por ejemplo, saldrán de la "despensa real". En Tenerife no parece haber habido sacerdocio, estando éste a cargo del Mencey (para las ceremonias públicas del Guañac o Estado). Sin embargo, existía la figura del Guañameñe, una especie de profeta o adivino que era objeto de gran respeto y veneración.
    Eres convocado para asistir a la reunión más solemne de los guanches: el Tagoror o Consejo, en el que se toman las grandes decisiones del Menceyato. Las reuniones se celebran en un lugar especial, en el que los asientos están formados por piedras situadas en círculo. En muchos lugares de la isla, el Tagoror tiene lugar junto a rocas o árboles sagrados. Los Dragos (Dracaena Drago), árboles macaronésicos que alcanzan varios siglos de edad, y cuya savia es roja como la sangre y tiene usos medicinales, son un lugar de especial significación. Llegas al círculo de piedras del Tagoror, en el que ocupan su puesto los achimencey. El pueblo llano observa y calla. De pronto se oye el sonido de los bucios, las caracolas, y un estremecimiento recorre la multitud: ¡ Es el Mencey, que se aproxima!.
    El Mencey marcha escoltado por una guardia de honor, y va siempre precedido de un heraldo que porta, en alto, una vara de madera finamente labrada. Se trata de la añepa, el cetro o símbolo del poder real. Todos se inclinan ante la añepa, y por lo tanto, ante el Mencey que la sigue. Verás una añepa en estas páginas: es la larga vara utilizada como separador del texto a lo largo del mismo. En momentos de especial entusiasmo, los gritos de "¡Achit Guañot Mencey!" (¡Viva nuestro Rey y nuestro Protector!) atronarán el aire.
    Los guanches creían en la existencia de un dios supremo, que al parecer identificaban con Magec (el Sol), pero al que llamaban de varias maneras: Achaman (sinónimo de "Los Cielos"), Achuhuran Achahucanac (Dios Grande y Sublime), Achguayaxerax Achoron Achaman (el Sustentador de los Cielos y la Tierra). Al parecer tenían una diosa madre, Achmayex Achguayaxerax Achoron Achaman (la Madre del Sustentador de Cielos y Tierra), o Achguayaxiraxi (Principio Conservador de la Vida). Esta diosa madre fue rápidamente identificada con la Virgen María de los cristianos, hasta el punto que los conquistadores españoles encontraron una imagen de Nuestra Señora de Candelaria, introducida por misioneros y adorada por los guanches en una cueva del Menceyato de Güimar.Los guanches mantenían asimismo relaciones de culto con una divinidad del Mal, Guayota (identificado con el diablo por los conquistadores cristianos), que vivía en el Echeyde, el Teide, que significa "El Fatídico". Guayota no parecía ser amado, pero si temido y respetado. Por la noche adoptaba forma de perro solitario; un encuentro con él era un gran peligro. Y todo ello está justificado: ¿qué podía haber más destructivo que el volcán, o más dañino que un perro solitario, sin amo, que atacaría los rebaños?
    Además de estas grandes divinidades, los guanches practicaban un politeísmo naturalista: la entrega o el depósito de ofrendas en cuevas, roques y orificios naturales. En todas las islas había lugares sagrados que consistían en montañas o roques que sostenían en equilibrio el cielo y la tierra. El Teide fue siempre, en Tenerife, el lugar privilegiado de este culto. En toda la comarca vecina, que hoy en día forma el Parque Nacional de las Cañadas del Teide, se siguen encontrando, siglos después, las ofrendas de vasijas e instrumentos depositados en huecos y escondrijos. Pero en toda la isla se practicaban estos ritos para unirse al espíritu de las fuerzas naturales, o para aplacarlo en su cólera. La unidad familiar disponía, además, de figuras muy toscas que servían de idolillos para el culto familiar, y que normalmente estaban ligados con la fecundidad y la buena salud de hombres y ganados.
    Existían cuatro grandes ceremonias en la sociedad guanche. Una era la ceremonia de proclamación del nuevo Mencey. Otra era el ritual practicado en épocas de sequía. Las otras dos eran cíclicas, se repetían cada achanó (año): se trata de las fiestas del Año Nuevo o Fiestas de Primavera, y de la Gran Fiesta Anual, el Beñasmen o Fiesta de la Cosecha.

    La Proclamación del nuevo Mencey

    Cuando el Mencey moría, su heredero era proclamado nuevo Mencey. La sucesión no era forzosamente de padres a hijos, sino que el título podía pasar de un hermano a otro. En todo caso, era el Tagoror (Consejo) el encargado de elegir al nuevo Rey. La proclamación incluía la impresionante ceremonia del hueso del antepasado: un hueso del antecesor más antiguo de la dinastía era guardado cuidadosamente, envuelto en finas pieles. Este hueso era sacado solemnemente, y el nuevo Mencey lo besaba. A continuación, cada miembro del Tagoror le reconocía como rey, pronunciando las palabras "Agoñe Yacorán Iñatzahaña Chacoñamet" (Te juro por este hueso de Aquel que te hizo Grande).

    El Rito de la Lluvia, El Rito del Año Nuevo, La Fiesta de la Cosecha

    En épocas de sequía, todo el pueblo ayunaba y se suprimían bailes y diversiones. Iban en procesión, junto con el ganado, a ciertos lugares altos. Allí separaban a las crías de cabras y ovejas de sus madres. Todos lloraban y daban grandes gritos al mismo tiempo que el ganado balaba. De esta manera, pensaban, los dioses se apiadarían de hombres y animales y enviarían la lluvia. Algunos de estos lugares especiales se sigue llamando, siglos después, "Bailadero" o "Baladero".
    El calendario era lunar. El achanó (año) guanche comenzaba hacia finales de Abril o principios de Mayo. Era el momento de las fiestas de la Primavera, con el nuevo ganado lleno de vida. Se celebraban comidas, bailes y competiciones deportivas.
    La Gran Fiesta Anual era, sin duda alguna, el Beñasmen o fiesta de la cosecha, que se celebraba entre Julio y Agosto. Todas las guerras y escaramuzas entre Menceyatos debían terminar, y se establecía una "tregua sagrada" que facilitaba el encuentro en banquetes, bailes y competiciones. El Mencey cumplía su papel económico de redistribuidor alimentando durante los festejos a todo el pueblo.
    En las fiestas solían adornarse con flores y ramas. Se celebraban grandes competiciones de saltos, carreras, y numerosos juegos (concurso de trepa, concurso de lanzamiento y esquive de piedras, lucha con lanzas -juego del palo- etc...). Tenían una variedad de lucha, parecida a la grecorromana, que siglos después sigue viva y se llama "Lucha Canaria", consistente en tirar al suelo o echar de un terreno marcado al rival, haciéndole perder el equilibrio. Disponían de pocos instrumentos musicales: palos golpeados, caracolas, piedrecillas dentro de un cuenco, y las manos. Sin embargo, gustaban de cantos y bailes. Una danza guanche que siguen bailando los actuales canarios es el Tajaraste. Otra danza de los guanches se hizo famosa en el siglo XVI. Se trataba de una versión refinada de un baile de los nativos de las islas, y se puso de moda en todas las Cortes de Europa con el nombre de "El Canario".

    Breve Diccionario de términos Canarios

    Drago, (Botanica).- Nombre común de un árbol de la familia de las Liliáceas originario de las islas Canarias. Alcanza 14; m de altura; Tiene el tronco grueso, cilíndrico, lleno de cicatrices producidas tras la pérdida de las hojas. La copa es recogida, siempre verde, con muchas ramas espesas y; desnudas en su base. Las hojas son ensiformes ( de forma de espada ), entre 40 y 50 cm de largo y 4 cm de ancho. Las flores se agrupan en racimos terminales, son pequeñas, de color blanco verdoso y con estrías encarnadas. El fruto es una baya amarilla del tamaño de una cereza y de sabor agridulce. En América Latina se cultiva la dracena, una especie ornamental de origen asiático, así como una especie propia, conocida como campanillo.
    Mediante incisiones en el tronco se obtiene una resina llamada sangre de drago que se utiliza en medicina por sus propiedades astringentes. Con el mismo nombre e idénticas aplicaciones se conocen otras plantas de las regiones tropicales de América.
    Clasificación científica: el drago pertenece a la familia de las Liliáceas (Liliaceae), se clasifica como Dracaena draco; la dracena es Dracaena umbraculifera y el campanillo, Dracaena americana. De las regiones tropicales de América y de la familia de las Euforbiáceas está: Croton draco y otras especies del mismo género; de las Leguminosas están Pterocarpus acapulcensis y Pterocarpus draco.

    Guanche (Antropología),- Término genérico que designa al conjunto de los antiguos habitantes de las islas Canarias. La cultura que poseían es de difícil datación, aunque perteneciente a la era cristiana. Su origen paleontológico es doble: por un lado, son individuos cromañoides descendientes de los norteafricanos y, por otro, mediterranoides capsienses.
    Sus lenguas pasaron en época reciente —quizá histórica— a ser escritas en alfabeto tifinagh (bereber) y se extinguieron por la conquista a mediados o finales del siglo XVI. Su economía estaba basada en el pastoreo (en especial, la cabra), en el cultivo de cereales y en la recolección de moluscos. Conocían la cerámica pero ignoraban la rueda alfarera, los metales, el tejido y la talabartería. Aunque existen viviendas exentas, habitaban sobre todo en cuevas naturales y artificiales. Había momificación y culto a los antepasados, pero sus creencias y ritos, a pesar de los hallazgos frecuentes de ídolos, son dominio de la conjetura cuando no de una imaginación poco objetiva.

    Breve diccionario de términos guanches

    A B C D E F G H I J K L M N Ñ O P Q R S T U V W X Y Z FRASES

    - A -

    abemon: agua
    Abora: Dios
    achaman: cielo (Tenerife)
    achamen: agua
    achemen: leche (El Hierro y La Gomera)
    achi: hijos de
    achicaxna: villanos
    achiciquitza: nobles
    achimencey: nobles (hijos de reyes)
    acode: número cuatro
    Acoran: Dios
    adijirja: arroyo (La Palma)
    aho: leche
    ahof: leche
    ahoren: harina de cebada (Tenerife)
    almogaren: casa adoratoria (Gran Canaria)
    añepa: bastón de mando (Tenerife)
    apsda(azda): número nueve
    arahormaze: higos frescos (Gran Canaria)
    aridaman: cabra (Gran Canaria)
    atis tirma: invocación a la divinidad (Gran Canaria)
    axa (aja): cabra (Tenerife)

    - B -



    baifo: cabrito
    banot: bastón de mando
    Banot : vara endurecida al fuego (TF)
    Banot : garrote de guerra (G y H)
    beletén: primera leche
    ben: lugar de (el de)
    Benirnafarca : lugar que produce inciensos (LP)
    Beñesmen : la sazón de julio y agosto , la estación de recogida de los guanches (TF)

    - C -

    Cancha : perro (TF)
    Centejo : aguas vertientes (TF)
    Chaboco : hendidura en risco (TF)
    Chacerquen : miel de mocán (TF)
    Chamato : mujer (TF)
    Chibusque : cierta especie de guisante menudo (F y L)
    Carianas : espuertas de junco (GC)

    - D -

    Doramas : grandes narices (GC)

    - E -

    Echeyde : infierno (TF) , así se referían los guanches al interior del Teide donde residía el demonio (guayota)
    Eichiquizo : escudero (TF)
    Efe o Ife : montaña o pico (TF)
    Efesquens : adoratorios redondos ( F y L)
    emulan: mantequilla (El Hierro y La Gomera)
    Eraoranzan : dios macho (H)
    eres: charco

    - F -

    faicanes: sacerdotes
    fayacan: juez
    FRASES.-

    -Achmayex guayaxerax achoron achaman : La madre del conservador del cielo
    Nota ( en su forma de habla el adjetivo precede al nombre , al igual que en el idioma ingles )
    Pudiera ser - Achmayex ( la madre) guayaxerax (conservador) (del) achoron (dios) (del) achaman (cielo)
    Ach-mayex : la madre
    guayax o guayaxer (conservar) , por la tanto guayax-erax (el que conserva , conservador)
    achoron (dios)

    achaman (cielo) , recuérdese que tigotan significa cielo y achaman y ataman según su forma de habla suena prácticamente igual , me arriesgo a pensar que achaman es cielo o los cielos . El equivoco en relación con esos términos resulta bastante sencillo, uno para hablar de dios señala al cielo, pero señalando al cielo (las alturas) se puede hablar de dios o simplemente del cielo en si (mas aun en esa época donde la religión regia tanto la vida de los conquistadores). Creo que ataman-tigotan significa cielo y achoron dios.
    -Ascitir tirma , ascitir magro : Era el mayor juramento de los naturales de Gran Canaria , por mirar a ambos montes como sagrados , estos montes son Tirma y Magro , aun se venera al roque de Tirma en Gran Canaria.
    -Ayatimasquaya : bajo de los riscos.
    -Benahave : mi tierra , así decían los palmeses a su isla (benahoave también).
    -Gambuezas : grandes batidas de ganado o cacería en Fuerteventura.
    -Fore tronc queue : ¡ah malvado traidor!.
    -¿Yguida yguan ydafe? , guerye yguan tanó : ¿cosa que caera ydafe ? , dale lo que traes y no caerá , frase religiosa de la palma , ofrecimientos a ydafe , un pico de la palma
    -Agoñe yacoron ynatzahana chacoñamet : juro por el hueso de aquel dia en que te hiciste grande , forma de del juramento del mencey en chinet (Tenerife)
    -Echeyde possom : pido en el teide , juramento ordinario.
    -Hay tu katanajá : hombres haced como buenos o valientes, grito de guerra guanche.
    -Chucar guayoc archimencey reste benchom (benkomo) sanec vander relac nazet zahañe : No des muerte al hidalgo que es hermano del rey Benkomo y se te rinde como cautivo.
    Pudiera ser: chucar guayoc (no des muerte) archimencey (hidalgo) reste (honorable o excelentisimo , tratamiento de alteza) benchom (benkomo) sanec (hermano) vander relac nazet (se te rinde como) zahañe (cautivo)
    -Zahañat guayohec : soy tu vasallo.
    Nota : Viendo estas dos ultimas frases , se deduce fácilmente que zahañe o zahañat significa vasallo (cautivo también puede ser un sinónimo sabiendo el contexto de la frase)
    -Achit guañot mencey , reste bencom (benkomo) : ¡viva benkomo , rey y amparo nuestro!.
    -Guayax echey , ofiac nasethe sahana : Viva aunque le pese al rigor de los hados y fortuna.
    - G -

    gabiot(guayota): espíritu del mal
    gánigo: vasija u hondilla de barro
    Gasnais : puñado (TF)
    Goro : cuevecita o corral (TF)
    Gofio : harina de cebada tostada (L y F)
    Guaicas : mangas (TF)
    Guachafisco : grano tostado (GC)
    Guan : hombre (TF)
    Nota: de ahí guanche, abreviación de guanchinet hombre de Tenerife
    Guánigo : cazuela de barro (L y F)
    Guanil : ganado salvaje (L y F)
    Guanarteme : rey (GC)
    Guanchinet : natural de tenerife (TF)
    Guanhaben : gran luchador (GC)
    Guañac : república ( su modo de gobierno , su estado) (TF)

    Nota :algunos autores sostienen que es awuñac pero el sonido es el mismo y hay que recordar que estas palabras son solo una igualación del fonema castellano al fonema de la palabra guanche , lógicamente en otro idioma la palabra se escribiría de diferente manera ya que se desconoce el modo de escritura de los guanches ni los sonidos de este.
    Guañameñe : profeta o adivino (TF)
    Guapil : sombrero (L y F)
    Guatativoa : un convite (G y H)
    Guayafanes : especie de regidores (GC)
    guaires o gaires: capitanes o jefes
    guanire o guanil: ganado sin marca
    Guayota : El demonio (TF)
    Guirre : quebrantahuesos , el ave (LP)
    Gujon : navío (TF)
    - H -


    Hacichey : arvejas (TF)
    Hacheres-amenatos : primeros consejeros (GC)
    Haguayan : perro (LP)
    Hara : oveja , Abreu Galindo sostiene que es Haña (TF)
    Haran : helecho (G y H)
    Haranfaybo : fiador o mediador para obtener el pan (H)
    Nota : Figura que representaba al cochino sagrado entre los bimbaches, mediador entre estos y Eraoranzan
    Harhuy : cuero (L y F)
    Harimaguadas: sacerdotisas o parteras (TF)
    Hau : acaso, por ventura (GC)
    Huirmas: botines o medias (TF)

    - I -

    irichen: trigo
    Ife : montaña
    - J -

    Jaira: cabra
    Jubaque : las reses gordas (G y H)
    Juesco : raices de malva deshiladas con que chupaban la leche (LP)
    - K -

    No he encontrado ninguna palabra por k.
    - L -

    No he encontrado ninguna palabra por L.
    - M -

    Madai : profundo (TF)
    Magado : garrote de guerra (GC)
    Magec : Sol (TF)
    mago: campesino
    Masiega : la torta o tierra amasada que ponían sobre sus casas (GC)
    Mayantigo : pedazo de cielo , tigot es cielo por lo que mayan debería significar pedazo (LP)
    mencey: rey(TF)
    Maho : calzado (L y F)
    Moca : vara endurecida al fuego para la guerra (LP)
    Mocan: clase de árbol Moneiba : diosa hembra (H)
    - N -

    No he encontrado ninguna palabra por N.
    - Ñ -

    No he encontrado ninguna palabra por ñ.
    - O -

    oche: grasa o manteca Orahan: Dios (En el Hierro)
    - P -

    perenquén, pracan: lagartija nocturna
    punapale: hijo primogenito
    - Q -

    Quevehi : tratamiento de alteza o majestad , algo como excelentísimo (TF)
    - R -

    No he encontrado ninguna palabra por r.
    - S -

    Sábor : consejo de estado (GC)
    Sigoñe : capitán (TF)
    Susmago : especie de dardo o azagaya que arrojaban sobre sus enemigos (GC)
    - T -



    Tabite : jarro pequeño (L y F)
    Tabercorade : agua buena (LP)
    Tabona : cuchillo de piedra (TF)
    Taburienta : llano (LP)
    Tacande : piedra lava (LP)
    Tacaycate :desemedejado de cuerpo (GC)
    Tafeña : grano tostado (TF) (L y F)
    Taferte : mastuerzo (TF)
    Tafrique o Tafiagues : cuchillo de piedra (L y F)
    Tagragito : agua caliente (LP)
    Tagoror : Consejo o ayuntamiento , el lugar donde este se reunía (TF)
    Taharenemen : higos pasos (GC)
    Tahaxan o Tahatan : oveja (GC)
    Tahuyan : basquiñas (G y H)
    Tamarco : camisa de pieles (L y F)
    Tamarco : camisa de pieles o palmas (GC)
    Tamasma : la pispa (G y H)
    Tamasaques : varas largas (G y H)
    Tamogante en acoran : casa de diosTamosen : cebada (L y F)
    Tano : cebada (TF)
    Taquazen : puerco o cerdo (GC)
    Tehaunenen : higos pasados (GC)
    Tedote : monte (LP)
    Teguevite : cabra (LP)
    Tezegue : tendido , apalastrado (TF)
    Tezezes : varas de acebuche (L y F)
    Tibisenas : ciertas apariciones nocturnas (GC)
    Tigalate : hombre largo y mal formado (L y F)
    Tigotan : cielo
    Tofio : cazuela con pico hacia arriba (L y F)
    - U -

    No he encontrado ninguna palabra por U.
    - V -

    Vacaguare : desear la muerte
    Verdones : lo mismo
    - W -

    No he encontrado ninguna palabra por W.
    - X -

    Xaxo : momia (TF)
    Xercos : zapatos o calzado (TF)
    Xuesto : raiz de malva (LP)
    - Y -



    Yguan : la acción de caer al suelo (LP)
    Ylfe : puerco , sucio (L y F)
    Yrichen : trigo (TF)
    Yruene : diablo (LP)
    Yoya : la fruta del mocán (TF)
    - Z -

    Zucaha : hija

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  3. HISTORIA Y GEOGRAFÍA DE CANARIAS



    El archipiélago de las Islas Canarias compuesto por 7 islas, 6 isletas y varias rocas. Está situado en el Océano Atlántico, a unos 100 km de la República Saharawi, existiendo una distancia máxima entre las islas, de 485 kms.

    En relación a su superficie, pocas islas volcánicas del mundo tienen tanta diversidad física y biológica como Canarias. En apenas 7500 Km²se concentran múltiples hábitats, desde los húmedos bosques de laurisilva, hasta los tórridos arenales subdesérticos. De hecho, algunas islas cuentan con paisajes tan variados que realmente se asemejan a continentes en miniatura, como Gran Canaria.

    Las Islas Canarias son una comunidad autónoma española formada por un conjunto de siete islas mayores (Tenerife, La Palma, La Gomera, Hierro, Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura) y seis menores (Alegranza, Graciosa, Montaña Clara, Lobos, Roque del Este y Roque del Oeste).

    Parque Nacional de Timanfaya.Teniendo todas ellas uno origen volcánico, el relieve es muy variable de unas islas a otras. Mientras que Lanzarote y Fuerteventura, tienen su mayor altitud a los 671 de Peñas del Chache y 807 del Pico de la Zarza, respectivamente, la isla de Tenerife, alcanza los 3718 mts en el Pico del Teide.

    La temperatura media va de 18° C en invierno a 24° C en verano. A excepción de Lanzarote y Fuerteventura, el lado norteño de las islas tiene un clima subtropical, mientras que el sur, incluyendo las dos islas mencionadas, tiene un clima más seco y algo más caliente. En verano, el sirocco (viento caliente del Sáhara) sopla desde el continente. Las escasas precipitaciones del archipiélago llegan a su punto más bajo en Lanzarote y Fuerteventura que apenas si reciben alguna gota de lluvia en todo el año.

    Su Historia:

    Es probable que los primeros exploradores que alcanzaran sus costas fueran navegantes fenicios originarios de Sidón y Tiro. Herodoto habla de una expedición fenicia que circunnavegó Africa en el 6 siglo a.J:C. Así mismo, Cartago, colonia fenicia norte-africana, envió una expedición de colonizadora de 30,000 personas hacia el oeste de Africa aproximadamente hacia el año 425 antes de nuestra era, habiendose encontrado monedas fenicias en las Azores.

    Imagen del Teide.Hacia el año 120 los marinos de Tiro afirmaban que el mundo habitado limitaba al oeste con las Islas Afortunadas. Las Islas Afortunadas como el extremo occidental del mundo conocido fue establecido más formalmente cuando Ptolemeo (90 - 168), las adoptó como el primero meridiano para su Geographia. Esta fue el mapa clásico más famoso del mundo, utilizado durante casi 1500 años, hasta aproximadamente el año 1800. Los mapas holandeses utilizaban la cumbre del Teide como su primero meridiano.

    Los romanos exploraron las Islas Canarias tal y como lo prueba la descripcion que Plinio el Viejo hizo sobre la expedición enviada por Juba II, gobernador del protectorado romano de Mauritania (el actual Marruecos) aproximadamente entre el año 29 a.de J.C. y el 20 de nuestra era. Las islas fueron encontradas deshabitadas durante esta expedicion si bien encontraron un templo en Junonia (el nombre romano para La Palma) probablemente evidencia de habitantes anteriores.

    Durante las edad media las Islas Canarios se convierten en un mito.

    Alrededor del fin del 13 siglo, las Canarias fueron redescubiertas por una flota genovesa dirigida por Lancelot Malocello. Un estudio más detallado fue hecho por Nicolas de Recco de Genova en 1341. Un documento papal de 1433 otorga derechos sobre las Islas Canarias a Henrique el Navegante de Portugal, pero esta decisión se invirtió en 1436, cuando el papa concede estos derechos a la corona de Castilla. En el tratado de Alcovaça de 1479, Portugal reconoció los derechos del Castilla sobre las Canarias, a cambio del reconocimiento castellano de la soberanía portugesa sobre Fez y Guinea.

    En el momento del redescubrimiento de las Canarias ellos estaban habitados por un personas indígenas llamadas ' Guanches'. Se sabe de las similitudes culturales guanches con las tribus bereberes de las montañas del noroeste africano. Cómo ellos alcanzaron las Canarias ha sido tema de muchas especulaciones, particularmente al comprobar que en el momento del redescubrimiento carecían de conocimientos de navegación, hecho extraño si se tiene en cuenta que eran personas que vivían en islas pequeñas con otras islas cercanas claramente visible.

    Hay evidencia de dos tipos raciales diferentes, normalmente llamados cromañon y mediterraneo. Los restos de alfarería sugieren que hubo cuatro olas distintas de colonizacion, fijando la datación por el carbono14 para la llegada de los primeros colonos durante el primer millenio a.JC.

    Los Guanches llamaban a su isla Benahoare, y la dividieron en 12 reinos, cada uno con su propio gobernante. Las estimaciones de la población Guanche en el momento de la conquista es entre 1,200 y 4,000 habitantes.

    Vivían en cuevas, (Belmacho y Zaza). Momificaban a sus muertos.La religión Gaunche parece haber estado centrada alrededor de las pirámides de la piedra, y lal Roca Idafe en el Caldera de Taburiente. El legado del Guanches incluye tallas de formas geometricas y alfarería decorada a mano Todavía se hacen reproducciones de estas ollas, en el artesania El Molino en Mazo

    La conquista de Canarias comienza en 1402, cuando Juan de Bethencourt desembarca en Lanzarote, y dura hasta 1496, cuando Tenerife es sometida por Alonso Fernandez de Lugo. La conquista de La Palma empezó en los 29 de septiembre de 1492, con el desembarco en las playas de Tazacorte por Fernandez de Lugo, y terminó en los 3 de mayo del año siguiente. El último rey de Benahoare en someterse a los invasores fue el legendario Tanausu que gobernó en la Caldera de Taburiente. Fernandez de Lugo, tras fallidos intentos para someterle envió a uno hombre llamado Juan de Palma, un pariente de Tanausu convirtido al cristianismo para establecer unatregua con Tanausu. Este estubo de acuerdo, pero Fernandez de Lugo rompió el acuerdo, y Tanausu fue capturado en una emboscada. Tanausu fue esclavizado y embarcado para Castilla, pero negandose a comer desde que abandonaron la isla murió antes de llegar a puerto.

    Después de la conquista, Alonso Fernandez de Lugo fue nombrado primer gobernador de Tenerife y La Palma. Puesto que él había sido personalmente responsable para financiar la conquista, él fue dotado por la corona de poderes mayores que los gobernadores de las otras islas. Estos poderes incluyeron la disposición de esclavos, el derecho para controlar entrada y salida de las islas, ejercer jurisdicción civil y delictiva, y nombrar o destituir a los jueces.

    La riqueza de la isla hizo que se produjera una importante inmigración, no sólo de Castilla, sino también portuguesa, italiana, catalanes, vascos y otros europeos del norte. Fernandez de Lugo fue acusado de favorecer la instalación de portugueses y genoveses por encima de los castellanos. El periodo de inmigración fue intenso pero relativamente efímero - después de 1520 la inmigración casi había cesado y no se reanudará hasta el siglo dieciocho.

    A pesar del gran número de inmigrantes, los guanches no desaparecieron, sino que fueron siendo asimilados. Gaspar Frutuoso que escribe al final del siglo 16 describió la población de La Palma como uniformemente dividida entre castellanos, portugeses y las gentes indígenas. Él informó de como la población estaba en gran medida mezclada coexistiendo como iguales en fe y costumbres.

    El producto principal en días de la pre-conquista era la materia para tintes. El trigo se introdujo durante el siglo 15, pero hacia finales de éste el azúcar se convirtió en el producto principal de la exportación.. La apicultura creció junto a la industria de azúcar.

    A principios del 16 la industria de azúcar adquirión un impresionante impulso comercial, originando el establecmiento de empresas de construcción naval y el desarrolo de conexiones por mar de Santa Cruz y La Palma con Europa y América. El interés primario de comerciantes extranjeros era el intercambio de azucar por la importación de telas.

    La Palma figuró de forma prominente en este desarrollo. Las Islas Canarias se convirtieron en un punto estratégico en la ruta a America recientemente-descubierta. Cristobal Colón se reabasteció en Canarias antes de cruzar el Atlántico.

    La prosperidad de las Canarias atrajo a los piratas famosos y corsarios del tiempo, particularmente el francés Jambe de Bois (Pata-Palo) quién saqueó Santa Cruz de La Palma en 1553. La mayoría de los edificios más viejos que pueden verse ahora en Santa Cruz fecha de la reconstrucción subsecuente de la ciudad. En 1585 Santa Cruz fue atacado por una armada de 24 naves ordenada por el pirata inglés Francis Drake que destruyó el fuerte del puerto.

    La expansión de la industria de azúcar brasileña en el último cuarto del siglo XVI redujo dramáticamente la demanda del azúcar canario. El vino reemplazó azúcar como la exportación principal. Importancia particular tuvo la producción del vino dulce.

    El vino seguía siendo la fuente mayor de ingresos a lo largo de los siglos 17 y 18, exportándose a Gran Bretaña y las colonias americanas. La posición de los Canarios en la ruta al Americas hizo el comercio con las colonias particularmente atractivo.

    La economía de Canarias se veía afectada a lo largo de este periodo por las restricciones impuestas por el Casa de Contratacion de Sevilla que era la responsable de vigilar el monopolio de la corona en el comercio con las colonias americanas. Por ejemplo, en 1610 se limitaron las exportaciones de Canarias a un total de 1000 toneladas de las que 300 eran de La Palma. El destino de estas exportaciones también fue restringido. En 1613 el total se redujo a 600 toneladas y en 1627 a 700. Regulaciones introducidas en 1678 exigian la emigración de 5 familias hacia América por cada 100 exportaciones.

    Un régimen más liberal fue introducido por Carlos III durante la segunda mitad del siglo18. Se liberalizó el comercio de algodón, tabaco y seda. Durante el siglo 18 el puerto de Santa Cruz se consideró como el tercero más grande del imperio, después de Amberes y Sevilla.

    Los vinos portugeses de Madeira competian fuertemente con los de las Islas a lo largo de los siglos 17 y 18. Cae el comercio de vino con Inglaterra a principios del siglo 19.

    El comercio de vino fue reemplazado alrededor de 1825 por el crecimiento de la cochinilla, un parásito del cactus usado como un colorante en las comidas. Sin embargo, esta industria fue efímera por la introducción de colorantes artificiales en 1870.

    La producción de caña de azúcar reapareció, y alrededor de 1880 comienza una rudimentaria industria turística. Al final del siglo las primeras plantas bananeras aparecían. La prosperidad resultante seria sin embargo efímera, debido a los efectos de la primera guerra mundial en el comercio extranjero.

    Seguidamente la guerra civil española y su consecuencia también detuvo en general el desarrollo de las Canarias y La Palma en particular. Durante la guerra civil, La Palma era fiel a la república, y la fuente principal de resistencia a Franco en las Islas Canarias. Sin embargo, la resistencia fue dominada por tropas enviadas de Las Palmas que cazó la resistencia en las montañas; la represión subsecuente incluyó la ejecución de José Miguel Pérez, secretario local comunista.

    Las penalidades económicas durante la última parte del siglo 19 y primera la mitad del siglo 20 produjo altos niveles de emigración, siendo Cuba el destino preferido de los años treinta, y Venezuala seguidamente. Muchos canarios mantienen fuertes lazos familiares aún hoy en dia con Cuba y Venezuala.

    La economía de Canarias continuó siendo dominada por la agricultura hasta los principios de los años 60. La liberalizacion introducida por el régimen de Franco en los años 60 permitió un reavivamiento económico, basado en el plátano, las exportaciones anuales de que excede 130 millones de kilogramos, más otros productos como la silvicultura y el tabaco. Más importante será el posterior crecimiento de la industria turística que pasa de 73,240 turistas en 1960 a más de 2 millones de turistas en 1975.

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  4. La piratería en Canarias:
    El descubrimiento de América y la penetración europea hacia el Indico a través de la costa occidental africana convierten a las Canarias en una encrucijada de las rutas marítimas. Apenas avanzado el s. XVI comienza el tráfico naval entre las colonias españolas de ultramar y la metrópoli. Los barcos regresaban cargados de tesoros y especias, y sus rutas tenían que pasar forzosamente entre las Azores y Canarias; de esta forma, los mares de las islas son lugares de espera para las flotillas piratas. La piratería en aguas de Canarias empieza en el primer tercio del s. XVI, toma inusitada actividad hacia su final, y continúa durante todo el s. XVII y XVIII, hasta su ocaso en la primera década del s. XIX.

    Piratas franceses:
    Ya en tiempos de la conquista aparecen aventureros franceses que eligen como bases la isla de Lobos y el cabo de Anaga. Corsarios y piratas dificultan en no pocas ocasiones el intercambio exterior y dañan indirectamente la economía canaria al impedir el tráfico interinsular, a la vez que se debe a ellos la entrada de numerosos productos, prohibidos al comercio regular. La enemistad entre la España de Carlos V (1500-1558) y Francia hace que sean franceses los primeros piratas que aparezcan en las islas. Los corsarios galos más conocidos aquí son Juan Florín y François Leclerc, este último apodado "pie de Palo" (Jambe de bois), el cual saqueó e incendió el puerto de Santa Cruz de La Palma (1553); otras acciones similares se sucedieron en Tazacorte y San Sebastián de La Gomera. En 1762 llega, para combatir a los ingleses, el buque Le Rubis, al mando del corsario François Desseaux; algo más tarde, en 1797, la corbeta La Mutine, cuya tripulación contribuyó a la defensa de la ciudad de Santa Cruz frente al ataque de Nelson, fue saqueada en el puerto santacrucero por los ingleses. Poco después llega a las aguas canarias un nuevo corsario para reemplazarla, el conocido con el nombre de La Mouche. La actividad de estos piratas permitió la entrada en las Islas de ciertos artículos, como es el caso de los libros extranjeros a los que no se hubiera tenido acceso de otra manera.

    Sir John Hawkins (Plymouth, Devon 1532-Puerto Rico 1595) Piratería Inglesa:
    Al heredar Felipe II el trono español se desata la rivalidad angloespañola. Como consecuencia, igual que en todas partes del imperio, las Canarias se convierten en blanco de los ataques de la piratería inglesa. Los ataques y saqueos son tan frecuentes que el Rey se ve obligado a fortalecer el aparato defensivo del archipiélago. Entre las medidas tomadas sobresalen la creación del cargo de Capitán General y el envío, más tarde, del ingeniero italiano Torriani con la misión de levantar torres y castillos en aras de su mejor defensa. Muchos de éstos aún se conservan (castillo de Guanapay, en Lanzarote). Entre los piratas ingleses más conocidos y temidos sobresalen John Poole, Cooke, John Hawkins, más conocido en las islas como Aquines, y que mantuvo largas relaciones comerciales, más o menos clandestinas, con Pedro Ponte, mercader y gran propietario tinerfeño de origen veneciano, además de Drake (1585) y Blake (1656). El ataque de este último a Santa Cruz de Tenerife podemos considerarlo como un intento más de Inglaterra por apoderarse de la isla. El ataque de Horacio Nelson, el famoso almirante inglés, al Puerto de Santa Cruz de Tenerife en Julio de 1797 debemos enmarcarlo en este apartado de ataques navales; aunque tuvo fuertes implicaciones políticas, pues España, como aliada de Francia, estaba en guerra con Inglaterra, y la Plaza de Santa Cruz había sido reforzada con un destacamento francés. La defensa del puerto corrió a cargo del general Gutiérrez (1729-1799), y en esta acción, gloriosa para las tropas canarias, el poderoso marino inglés hubo de retirarse no sin antes perder un brazo y parte de sus banderas y soldados.

    Las Palmas Holandeses:
    Al llegar el s. XVII, son también los holandeses los que protagonizan episodios piráticos en Canarias; sus objetivos, aparte del móvil del botín, son políticos y bélicos. A este respecto, el holandés Pieter Van der Does comanda contra Las Palmas de Gran Canaria (1599) la operación más formidable de todos los tiempos, resultado de la cual fue la ocupación, saqueo e incendio de la ciudad. En esta incursión, atacó también, San Sebastián de La Gomera, y Santa Cruz de La Palma.

    Berberiscos:
    Azotaban las islas desde los tiempos de la conquista, quizás como réplica a las incursiones punitivas que nobles y militares españoles de Canarias hacían en sus costas. En el s. XVII arrecian las expediciones berberiscas sobre las islas; son las orientales las que más sufren las consecuencias y los moriscos residentes en éstas, que vivían como esclavos, facilitan a sus hermanos piratas el rastreo de presas. San Sebastián de La Gomera fue otro de los puertos que soportó los ataques y saqueos de estos corsarios. Alcanzaron renombre por sus fechorías los apodados en las islas por "El Turquillo" y "Cachidiablo". El más famoso canario renegado fue sin duda Alí Arráez Romero, gran almirante de la Armada de Argel y presidente de la Taifa de los corsarios, que fue embajador ante el sultán otomano al menos en dos ocasiones. Pirateó en aguas canarias, pero sin embargo ayudaba a los isleños cautivos en Argel a sobrellevar su esclavitud y, sobre todo, les proporcionaba dinero para rescatarse en lo que podríamos describir como una cierta esquizofrenia. Su nombre original era Simón Romero, un marinero que vivía en la calle Triana de Las Palmas de Gran Canaria y que había sido cautivado faenando en la costa africana a los 16 años. Prueba de su popularidad es que, como explica un ex cautivo canario, las argelinas recitaban a sus hijos: "Hijo mío, as de ser moro fino como Alí Romero y ellos responden que sí, y las dichas moras les disen; Alá te aga como él".

    Consecuencias de la piratería:
    Los ataques piratas a villas y puertos con fines de capturar tesoros o apoderarse de víveres y vinos se traducen en incendios, saqueos y muertes; ello obliga a militarizar las islas con las consiguientes cargas sobre la población, y como medida de precaución, las villas y poblados se asientan en lugares no visibles desde la costa. Por otro lado, muchos archivos y obras de arte desaparecen por los incendios, provocados por los corsarios. Sin embargo no siempre las escuadras piratas venían en son de rapiña. Muchas veces lo hacían con la finalidad de practicar el contrabando con los naturales isleños; ciertos magnates canarios debieron su fortuna a este comercio clandestino con los piratas a lo que las autoridades hacían la vista gorda. La cuestión era sobrevivir en un espacio insular a medio camino entre las colonias americanas y la metrópoli española. Otras veces, los ataques tenían sencillamente motivaciones políticas.

    * Evolución de la piratería | Bernardino Lezcano | Amaro Pargo

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  5. Jean Capdeville invade La Gomera (1571):
    Desde mediado el año 1570 habían cruzado sobre aquella isla y la de La Palma diferentes piratas franceses que los hugonotes de La Rochelle enviaban para interceptar nuestro comercio de la América. Uno de ellos fue Jacques de Soria, bravo normando que, siendo subalterno del almirante Coligny (aquel gran talento, enemigo de Felipe II, de la religión de Francia y de las posesiones de España), venía mandando cinco velas. Habiendo, pues, atacado y rendido a la vista de La Gomera el Santiago, nave portuguesa que acababa de salir del puerto de Tazacorte, dio muerte atroz a los célebres 40 jesuitas que, capitaneados por el padre Ignacio de Azevedo, iban a las misiones del Brasil. [...] Jacques de Soria arribó poco después a La Gomera con su armada, trayendo bandera de paz. Dejó allí los prisioneros; y asegura el cardenal Cienfuegos que el conde don Diego alcanzó entonces de los franceses la sotana de uno de los jesuitas sacrificados, cuyas reliquias estuvieron en veneración entre aquellos pueblos. Al año siguiente (1571) se dejó ver por segunda vez sobre estos mares otro pirata que, montando la misma capitana, era digno sucesor de Jacques de Soria. Juan Capdeville, bearnés, hombre osado, también hugonote y que espantaba con su nombre las islas, se presentó delante de la villa de San Sebastián de La Gomera el día 24 de agosto, llevando cinco naves, cuatro francesas y una inglesa. No pudo resistirse el desembarco. Retiráronse los naturales la tierra a dentro, y los enemigos saquean, queman y destruyen gran parte del lugar. Entonces sucedieron aquellos prodigios de constancia cristiana que el obispo de Mantua y el P.fray Luis Quirós refieren de sus hermanos los religiosos de La Gomera. No sólo fray Bernardino Ramos, que era guardián, sino también sus súbditos, se habían sorprendido tanto con la inopinada invasión, que huyeron, abandonando el convento, la iglesia y la sagrada eucaristía. Fray Antonio de Santa María se avergüenza a muy pocos pasos. Vuelve a la villa revestido de celo, corre al sagrario, consume las santas formas, pero cae en manos de los hugonotes al salir de la iglesia. Ya habían cogido al cura y otros vecinos. Todos fueron llevados a bordo de la capitana, sin que cesase fray Antonio de predicarles, exhortándoles al martirio. Pasados seis días, los sacaron de la bodega para disputar sobre dogmas. Trasládanlos después a otro bajel, cárganlos de golpes y bofetadas, los hieren, los desnudan, los atan y arrojan al mar con pesadas piedras al cuello. El que primero murió ahogado fue el cura, luego el religioso, luego a escopetazos y botes de lanza los otros prisioneros. Entre tanto, fray Diego Muñoz, que había quedado en el convento recogiendo las imágenes, ornamentos y alhajas, se ve rodeado de enemigos. Lleno de santo arrojo reprende a los herejes sus ultrajes; ellos tratan de castigar los suyos. A esta bulla salta un donado llamado Miguel o Gumiel (como dice el obispo de Mantua), que hasta entonces había estado escondido y, queriendo defender la vida su compañero, son ambos víctimas de la saña de los piratas, que echaron sus cuerpos al mar. Algunos naturales los recogieron y dieron sepultura. A este tiempo ya el conde había acaudillado el paisanaje y, marchando con él impetuosamente, se echó de golpe sobre la villa, de manera que los enemigos, no osando resistir el acometimiento de los valerosos gomeros, se fueron embarcando de tropel, dejando muchos muertos en la ribera.

    Cada instante se comprobaba el concepto que de la importancia del puerto de La Gomera tenía entonces en la corte. En 1580 arribó a aquella isla el navío de Juan Martín de Recalde, que conducía los galeones de la América. El conde le dio todo el favor y ayuda de que necesitaba. Había aportado allí al mismo tiempo el gran marqués de Santa Cruz con las naves destinadas a socorrer la flota contra la escuadra de Strozzi, siendo gloria de La Gomera haber tenido por morador al almirante de las Indias, al descubridor del Nuevo Mundo, a Cristóbal Colón, y por su huésped al invicto general de las galeras de España, al héroe de ambos mares, a don Alvaro de Bazán. Dándose el rey por bien servido del conde, le escribió con este motivo una carta gratulatoria, en que le manifestaba su confianza, le aseguraba de su memoria y le ofrecía mercedes. Encargábale aplicase su celo a facilitar la salida de dicha embarcación y galeones, a fin de que retornasen a España en conserva de los navíos que iban a convoyarlos. Pedíale, finalmente, que reclutase en las islas algún número de marineros que, sirviendo desde luego en ellos, pudiesen hacerlo después en la expedición a las Terceras, según se meditaba. De este modo contribuyeron las Canarias a tan gloriosa empresa y quedó La Gomera más al abrigo de los insultos.

    Barco de Drake Golden Hind Desembarcos ingleses en La Gomera:
    Pero no eran solos los piratas franceses los que hacían semejantes ensayos de poder. La nueva marina inglesa, su competidora, y Francisco Drake, su primer héroe, después de haber dado la vuelta al globo y revuelto las posesiones españolas de la América, había venido en 1585 a bloquear y atemorizar nuestras islas con una armada de 80 vela. En vano intentó un golpe de mano en La Palma; en vano estuvo amenazando La Gomera. Su conde la supo defender y aun despachó varios avisos a Tenerife, porque algunos desertores aseguraban que el designio de Drake era saquearla y llevarse mil botas de vino para endulzar su viaje al estrecho de Magallanes y costas del Perú. No obstante, ya veremos, a pesar de muchos mal informados historiadores, cuán erradas le salieron siempre esas cuentas en las Canarias a aquel terrible inglés y cómo conocieron sus paisanos que era más fácil o más cómodo hacer en ellas comercio que la guerra por vinos. Con las mismas miras hicieron los galos en Italia su primera irrupción. Drake visitaba nuestras islas y al conde de La Gomera casi todos los años. En 4 de mayo de 1587 se pusieron sobre la del Hierro cinco galeones de su armada y, aunque lejos de haber cometido ninguna hostilidad , quisieron tener tratos con los naturales, so color de católicos e irlandeses; despachó el conde aviso pronto a Tenerife, que se leyó en su ayuntamiento. Así no fueron éstas los reveses más efectivos que recibió entonces La Gomera.

    Ataque de Charles Windon a La Gomera (1744):
    37. Son rechazados valerosamente de La Gomera los ingleses:
    Honor de La Gomera y nuevo crédito de todas las Canarias fue también su hijo don Diego Bueno de Acosta, cuando, siendo capitán comandante de aquella isla, la defendió de la escuadra inglesa de Carlos Windon, en 1744. La Gaceta de Madrid publicó esta heroica acción en los siguientes términos: Por carta del mariscal de campo don Andrés Bonito, comandante general de Canarias, con fecha de 23 de junio, se ha tenido noticia que el día 30 de mayo antecedente descubrieron en la isla de La Gomera dos navíos de línea y una fragata de guerra ingleses que, bordeando con pabellón francés, reconocieron el puerto y entrando en él dieron fondo el 31. Y, poniendo bandera inglesa, empezaron el cañoneo contra la Villa y sus dos fuertes, sin que cesase el fuego desde las dos de la tarde hasta el obscurecer, y el siguiente primero de junio le continuaron con el mayor esfuerzo desde que amaneció hasta las 10 de la mañana, que dispuso el comandante inglés escribir al que mandaba la porción de milicias que prontamente pudieron juntarse para la defensa, entregase luego los dos castillos y proveyese su escuadra de abundante provisión de vino, carnes y otros víveres; y que, en su defecto, por conocer inútil la resistencia, arruinará toda la isla sin admitir ruegos ni condiciones. A cuya insufrible arrogancia satisfizo don Diego, capitán de las milicias y comandante, que por su ley, por su rey y por su patria estaba resuelto con sus fieles compañeros a sacrificar gloriosamente la vida y que, si intentase medir las fuerzas con algún desembarco, encontraría más obras que palabras. Y en vista de tan no esperada constancia, resolvió el general inglés tripular sus lanchas y hacer el último esfuerzo, invadiendo la isla y asaltando la Villa; pero, antes de pisar la playa, salieron al encuentro las milicias, soldados y marineros y, desengañado y confuso el comandante inglés, retiró sus lanchas y se hizo a la vela, llevando maltratadas las jarcias y las entenas por el cañón de los fuertes que, siendo de poco calibre, no pudo ofender a los buques. Aunque los ingleses arrojaron 5000 balas contra la Villa, sólo parece que perdió la vida un escribano que había salido a poner en cobro sus papeles, otro hombre y una mujer. "Una escuadra inglesa (escribe Mosieur Desormeauz en su Historia de España) desembarcó sus tropas en la isla de La Gomera; pero fueron vencidas y perseguidas hasta sus propios bajeles por las milicias de la isla".

    Ya tres años antes, en 1740, habían los gomeros mostrado a los ingleses su intrepidez nativa. Un corsario de esta nación seguía cierto barco que transitaba de La Palma a Gran Canaria, cargado de variedad de dulces. Refugióse a la playa del Azúcar, de La Gomera, en el valle de Hermigua. Acuden al punto los isleños a su socorro y, aunque el barco pereció contra un roque por precipitación de los marineros, quitaron los milicianos la vida cinco ingleses y aprisionaron a dos. No contentos con esto, el capitán don Pedro Salazar y don Fernando Peraza se entraron armados de sus fusiles en la lancha de la nave perdida, a fin de perseguir la del corsario que huía con toda diligencia.
    (Viera y Clavijo)

    Ataque de Van der Does (1599):
    Tal era el sistema de las cosas en 1610, cuando don Gaspar de Castilla Guzmán y doña Inés de la Peña se decían cuantos condes de La Gomera. Esta era el bajo imperio de esta familia. Sin embargo, aquel intermedio que hubo entre el conde presidente y el conde don Gaspar es una época célebre en La Gomera, por haber sucedido entonces (1599) la famosa invasión que ejecutó allí la armada holandesa en número de 76 naves, al mando de Pedro Van der Does. Estos valerosos rebeldes, que ya se veían poderosos en el mar, conociendo que para la idea que seguían de apoderarse del comercio de Oriente y Occidente era muy importante algún puerto de las Canarias, se echaron ansiosos sobre la isla de La Gomera con sobradas fuerzas para subyugarla y oprimirla. Ya el año antecedente habían tomado una de las Azores. Pero la inmortal gloria y singular valor de los gomeros en la defensa de la patria parecerá sin duda menos sospechosa, celebrada por una pluma que no se interesaba en ella. Los gomeros, que merecían entonces un Tucídides, solo tuvieron al maestro Gil González Dávila. Véanse aquí sus expresiones. "En el año de 1599, la liga de las islas de Holanda y Zelanda bajó con armada de 76 navíos y 10.000 hombres de guerra y acometió las islas de Canaria. Los de la tierra se pusieron en defensa con tanto esfuerzo, que al enemigo le retiraron al mar con pérdida de su general y gente. Lo que pasó en la isla de La Gomera, que es una de las Canarias, y del valor de aquellos buenos vasallos, es justo quede en memoria. Sucedió un martes, 13 d junio de 1599, habiendo echado en tierra el enemigo siete compañías de mosqueteros, piqueros y arcabuceros y desembarcado 150 hombres mosqueteros, que a un mismo tiempo marchaban con los demás a la sorda, por diferente camino, sin son de caja. Los de la villa enviaron siete soldados de los suyos que reconociesen el paso del enemigo, y en particular la manga de 120 y, si viesen la ocasión acometiesen. Así lo hicieron en la ladera que está sobre el puerto, cerca de la ermita de San Sebastián, y les ganaron las armas, sin haber muerto ni peligrado ninguno; sólo salieron los cinco de ellos heridos. Estuvo el enemigo en as islas haciendo el daño que pudo hasta 8 de julio. Los naturales le mataron 2.000 hombres y con la artillería le echaron al fondo la capitana y algunas lanchas y vasos". Sin duda que ver espartanos en La Gomera es uno de los más bellos espectáculos de la historia moderna de nuestras islas. Reservamos para otro libro dar noticia puntual de lo que sucedió en la Gran Canaria, adonde se dirigió este armamento después que le salió tan mal su tentativa en La Gomera. ¡Qué equivocado escribía el autor de Historia metálica de Holanda, cuando sienta que el almirante Van der Does tomó y saqueó la Villa de La Gomera! Sólo es cierto que los holandeses quemaron la ermita de Santiago, en el distrito de Alajeró; que maltrataron la antigua torre, en donde se solían guardar los caudales de las flotas de Indias que se refugiaban allí, y que se llevaron la artillería, os archivos de a isla y la campana mayor de la parroquia.

    Ataque de berberiscos a La Gomera (1617):
    También se sabe que otra escuadra de 14 buques batió infructuosamente aquel puerto en septiembre de 1617, durante algunos días. Pero no fueron los gomeros tan favorecidos de la fortuna contra los argelinos, como contra los holandeses. La idea de cautiverio, el nombre de moros, de sarracenos y piratas servían entonces como de rémora que cortaba muchas veces el valor de nuestros canarios. Ya hemos referido la invasión que ejecutaron cinco mil berberiscos en Lanzarote, año de 1618, y cómo, después de haber hecho allí terribles males, se echaron victoriosos sobre La Gomera, desembarcando sin mucha oposición. Aunque los habitantes se habían refugiado a los montes, no dejaron de llevarse algunos cautivos que cogieron en la cueva de Vargas, dentro del barranco de la Villa. A una vieja que no había tenido bastante vigor para huir la llevaron los bárbaros a las playas y, enterrándola en la arena hasta la cintura, la hicieron blanco de sus bocas de fuego. Saquearon la Villa de San Sebastián. Desmantelaron la torre; quemaron la casa de los condes, los archivos, los edificios principales. Algunos años antes se habían llevado dos piadosos, esto es, dos conventos de religiosos mendicantes: el uno de padres dominicos en el valle de Hermigua de La Gomera, dedicado a San Pedro Apóstol, en 18 de marzo de 1611, y el otro de padres franciscanos en la Villa de Valverde, la capital del Hierro, con algunas limosnas. (Viera y Clavijo)

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  6. Francis Drake (Crowndale 1543-Portobelo 1596):
    Navegó desde muy joven, ingresó e la marina y se adiestró con John Hawkins. En 1558 se alistó en un mercante destinado al golfo de Vizcaya. En 1565 intentó un negocio en las Indias Occidentales, de acuerdo con el capitán John Lovel, pero su cargamento fue confiscado por los españoles. Su barco fue, en la expedición de John Hawkins a las Indias Occidentales, uno de los dos que pudieron escapar a la destrucción a manos de los españoles (1567). Después de efectuar dos viajes más a las Antillas, zarpó de Plymouth (1572), atacó con éxito el puerto colombiano de Nombre de Dios y capturó varios barcos españoles. Cruzando el istmo de Panamá hasta la divisoria de la cordillera, pudo ser el primer inglés que contemplara el Pacífico. En 1573 regresó a Inglaterra, donde equipó tres fragatas y se puso al servicio del conde de Essex, en sus ataques a Irlanda.

    Expedición de saqueo del mar del Sur:
    Al morir el conde de Essex, Drake regresó a Inglaterra y fue presentado a Isabel I, que aprobó su proyecto de penetrar en el mar del Sur y saquear las posesiones españolas. Recibió para ello cinco naves. En diciembre de 1577 zarpó con la escuadra hacia el río de la Plata. Al anclar en la Patagonia, la tripulación había esperado que la entretuvieran los gigantes que vomitaban bilis y se ataban los genitales, pero lo cierto es que cayó en una emboscada y sólo la salvó la rápida intervención de Drake...

    Ajusticiamiento de Thomas Doughty:
    Pocos días después le llegó el momento de disparar contra un compatriota inglés. Se rumoreaba de uno de los subordinados de Drake, un "caballero" llamado Thomas Doughty, que amenazaba con amotinarse. Estos rumores acabaron por llegar a oídos del capitán, el cual en seguida mandó llamar a Doughty y le pidió explicaciones. Es difícil saber con certeza lo que sucedió entonces, pues Doughty tenía muchos enemigos y el relato de cada uno es diferente, pero todos siguen una línea similar: Doughty admitió su culpabilidad ante el asombrado Drake, y éste le dio tres opciones: ser ejecutado, abandonado en tierra o devuelto a Inglaterra para que respondiera de las acusaciones ante un tribunal. Doughty no mostró la menor vacilación: "Manifestó que se inclinaba con todo su corazón por la primera de las opciones que le ofrecía el general... y sin perder un instante dio un paso adelante y se arrodilló, preparando al mismo tiempo el cuello para el hacha y el alma para el cielo". (Gilles Milton)

    El paso por el estrecho de Magallanes:
    Drake ya había ordenado abandonar las naves más pequeñas. Entonces, cuando navegaba bajo una tormenta, perdió de vista la segunda nave de su flota (en realidad, había virado para regresar a Inglaterra), dejando a su nave insignia sola y en un estado peligroso. Zarandeado "como una pelota golpeada por la raqueta". Con el Golden Hind se abrió paso por las costas de Sudamérica dedicado a la piratería. Saqueó las costas de Chile y Perú y cobró varias piezas, como el Cacafuego, que llevaba un cargamento de metales preciosos valorado en 150.000 libras esterlinas.

    Monumento a Drake en Devon "Por el Estrecho de Magallanes" pasó a este Mar del Sur un navío de ingleses corsarios y llego a las provincias de Chile y Puerto de Santiago a los cuatro de diciembre del año pasado de setenta y ocho y robó un navío con cantidad de oro que había en aquel puerto. Y en otro de los de esta costa hizo otros daños. Y a los trece de febrero llegó al de esta ciudad (Callao) estando descuidados de semejante novedad, porque habiendo tanto tiempo para darme los de la provincia de Chile aviso de esto; nunca se hizo con ocasión de estar el Gobernador en el estado de Arauco con la guerra y no se aventuraron los oficiales ni la ciudad a comprar un barco que me trajera esta nueva con que se hubieran escusado hartas pérdidas y gastos que han recrecido a Su Majestad y a los particulares, principalmente en un navío que robó el inglés con harta suma de plata que iba de esta ciudad al reino de Tierra Firme. Hanse hecho muchas diligencias para haber este corsario y enviado dos navíos de la Armada en su busca. Mas como la mar es tan ancha y él se ha ido con tanta priesa recorriéndola no ha podido ser hallado. Y lo que más se siente es la noticia que lleva tomado todo lo de acá y la facilidad con que se podía venir cada día y entrar por aquesa puerta del Estrecho que ya tienen sabida y reconocida". "Y porque por esa parte del estrecho es necesario ponerse ahora con tiempo y brevedad remedio, y en este negocio que no es sabido ni entendido, sería dificultoso, nos ha parecido enviar dos navíos fuertes, bien avituallados con buenos pilotos y marineros para que hagan este descubrimiento por esta parte de la Mar del Sur y vayan tanteando y mirando la parte y el lugar por donde con mayor comodidad se pueda hacer alguna población o fortaleza con artillería , previendo tomar aquella entrada antes de que los enemigos la ocupen para que ningún otro corsario pueda entrar, y para que reconozcan si por esta parte de la Mar del Norte haya alguna población de dichos ingleses y en que parte y lugar y en qué cantidad para que se provea lo que más al servicio de Su Majestad convenga". (Francisco de Toledo, Virrey del Perú. Carta al gobernador del Río de la Plata. 1579)
    (*)Fruto de estas medidas fue la fundación de los asentamientos "Nombre de Jesús" y "Rey Felipe" cuya población se fue extinguiendo por las duras condiciones climáticas. Sólo 18 supervivientes ven en enero de 1587 las figuras de tres buques que resultaron ser ingleses al mando del sangriento pirata Thomas Cavendish, que sólo embarca a tres españoles dejando a 14 hombres y 3 mujeres en el mayor desamparo. Cavendish parte rumbo a "Rey Felipe" para ver solo cadáveres en descomposición. Destruye lo que queda , rapiña enseres, cadenas, y se lleva la artillería destinada a impedir saqueos. Cavendish coloca una leyenda y rebautiza la ciudad "Port Famine" , cruza el estrecho y se dispone al saqueo de la costa del Pacífico.

    Después del saqueo de Chile y Perú, no pudiendo Drake seguir rumbo hacia el O por causa de los vientos desfavorables, continuó hacia el N, posiblemente hasta Washington, para regresar luego a California, a la que llamó Nueva Albión, dejó erigida en prenda una placa de metal, que fue descubierta en 1936 en la costa occidental de la bahía de San Francisco. Después de 36 días de exploración del territorio zarpó hacia occidente con rumbo hacia las Indias Orientales.

    Rumbo al oeste:
    Dirigió su buque hacia el oeste, en dirección a las Islas de las Especias, una travesía angustiosa, pues "no tuvimos a la vista nada más que aire y mar por espacio de sesenta días". Por fin, más de una generación después de que los portugueses hubieran zarpado por primera vez a las Indias Orientales, la nave inglesa avistó las frondosas costas de las Islas de las Especias.

    Regreso desde las islas de las Especias:
    Cuando Drake estuvo preparado para abandonar Ternate, su nave estaba tan cargada de mercancías, y el casco tan sumergido, que "fue preciso desarmarla enseguida en aguas poco profundas". Para aligerarla arrojaron al agua ocho cañones, seguidos de gran parte del metal y las legumbres, y finalmente tres toneladas del precioso clavo que habían comprado. Cuando subió la marea, la nave se alzó lentamente del bajío e inició la larga travesía de regreso a Inglaterra...

    Hizo escala en las Molucas, Java, cabo de Buena Esperanza y Sierra Leona. Regresó a Plymouth en septiembre de 1580, después de casi tres años de navegación que hicieron de él el primer circunvalador inglés del globo.

    Drake recibió una bienvenida de héroe. No sólo su buque, rebautizado como Golden Hind (Cierva dorada), estaba cargado de especias fragantes, sino que transportaba también "una muy rica carga de oro y plata, perlas y piedras preciosas", producto en su mayor parte del abordaje y saqueo de barcos españoles y portugueses. Hombres y mujeres acudieron en gran número para presenciar la llegada de la nave a Plymouth, y la misma reina Isabel subió a bordo en Deptford y confirió el título de sir a su valiente comandante. Pocos días después de su regreso, se componían canciones, sonetos, odas y poemas en honor de la histórica travesía. (Gilles Milton)

    Seguidamente zarpó con una flota de 25 barcos hacia las Antillas para dedicarse a la piratería contra los españoles. En 1585 se apoderó de Santo Domingo. A su regreso a Inglaterra, trajo consigo algunos colonos desanimados de Virginia y, probablemente, las primeras muestras de tabaco y patatas que conocieron los ingleses. En 1587 fue enviado a hostilizar y saquear algunos puertos españoles, singularmente el de Cádiz, al mando de una escuadra de 30 navíos. Incendió la mayor parte de los barcos que se encontraban en este puerto y se apoderó de un buque con rico cargamento de las Indias. Felipe II de España exigió reparaciones, pero Isabel de Inglaterra replicó armando caballero, en el puente de su navío, al célebre pirata.

    Desastre de la Armada Invencible La Armada Invencible (1588):
    Cuando los españoles enviaron al año siguiente su Armada Invencible contra Inglaterra, Drake luchó contra ella como vicealmirante en la batalla del Canal de la Mancha. Dirigió con acierto una de las divisiones de la armada Inglesa, mandada por lord Howard Effingham (1536-1624), a quien superaba con sus dotes de marino. Aprovechó la mayor maniobrabilidad de las naves inglesas y el mayor alcance de su artilleía. Desempeñó también un papel importante en la decisiva acción de Gravelinas.

    En 1589, con Norreys, atacó las playas de La Coruña con una potente escuadra y 20.000 hombres, pero el valor de los defensores, alentados por María Pita, le infligió una completa derrota. En 1595, promovido ya al empleo de Almirante por la reina Isabel, partió en su última expedición a las Indias Occidentales, intentó inútilmente tomar La Palma y después Puerto Rico. Hawkins murió en la empresa y Drake a su regreso a Europa, durante la travesía.

    Golden Hind Ataque de Drake a Las Palmas de Gran Canaria (1595):
    [Alonso de Alvarado] llegó a tiempo que la armada de Drake cuajaba los mares y amenazaba nuestras costas. Alvarado era digno de resistirle. Desde luego se aplicó a cubrir de trincheras la marina, a fortificar el puerto y prevenir socorros de las otras islas, haciendo que la Audiencia pidiese a Tenerife 400 hombres, de los cuales fue nombrado por jefe Alonso Cabrera de Roxas. El día 6 de octubre amaneció, en fin, sobre la ciudad de Las Palmas, en figura de media luna, el fuerte nublado que de diez años a aquella parte había estado rondando y amenazando las islas. Componíase la armada inglesa de 28 navíos con 4000 hombres de desembarco. Francisco Drake, su acreditado comandante, le formó en tres divisiones de esta manera: 15 navíos de guerra se pusieron enfrente del castillo de Santa Catalina, para cubrir las 27 lanchas que echaron con 500 hombres. Otros dos navíos las cubrían por la parte del castillo de La Luz, defendido por Constantino Cairasco; y los demás se arrimaron hacia aquel lado de la ciudad en donde está el fuerte de Santa Ana, mandado entonces por Fernando Lescano de Muxica. Como los enemigos hicieron el principal acometimiento por la caleta de Santa Catalina, se habían atrincherado allí hasta 800 milicianos del país, animados del intrépido gobernador. Por más descargas que dieron con su artillería y mosquetería los ingleses, no pudieron impedir que los isleños, auxiliados del fuego del fuerte de Santa Catalina y de dos únicas piezas de campaña, les detuviesen y maltratasen; de manera que, habiendo perdido ya mucha gente y viendo en términos de irse a pique cuatro de sus mejores buques, tomaron el partido de retirarse de aquel puerto, cuyos pasos eran tan peligrosos como denodados sus habitantes; bien que no acabaron de hacerse al mar sin disparar un espeso granizo de balas que por fortuna no ofendieron a ninguna persona de tantas como había en la ribera. Una cayó casi a los pies del obispo don Fernando Xuárez de Figueroa, en el sitio donde se había apostado con su clerecía, pero a todos los respetó. No escarmentado Drake todavía de los canarios, quiso hacer otra tentativa 5 leguas más adelante, en la rada desierta de Arguineguín y sacó a tierra una manga de 20 alabarderos por la parte llamada Melenara, a fin de hacer alguna aguada de que tenían necesidad. Al punto que los vieron ganaderos del contorno, corren a embestirles armados de piedras y garrotes, matan algunos, rinden dos prisioneros y los demás huyen precipitadamente a sus lanchas, juzgando que toda la isla se les echaba encima. Los prisioneros confesaron que la armada había perdido 200 hombres y cuatro de sus oficiales. Tal fue la honrosa defensa de Canaria, que dio cuenta Felipe III la Real Audiencia y que se celebraron en sus poemas dos autores : Lope de Vega en su célebre Dragontea, y nuestro Bartolomé Cairasco en su no menos célebre Templo Militante [...]

    [...] Ni es de olvidar en esta línea la hazaña de Antonio Lorenzo, noble vecino, regidor y capitán de infantería española de la Gran Canaria. Un bajes de guerra enemigo sorprende el puerto de La Luz en el mismo año de 1595 y saca otro navío que estaba allí cargado para la América. Sábelo Antonio Lorenzo, toma otra embarcación que había lista; sigue al enemigo, acométele, ríndele valerosamente y, quitándole la presa, vuelve al puerto con merecido aplauso. Pero quedaba todavía en Inglaterra otro hombre fatal que, con la misma habilidad de Drake, la misma práctica marítima y el mismo odio contra la España, ponía en nuevos cuidados nuestras islas. Era éste el conde de Essex, que, habiendo saqueado a Cádiz, hizo amago de echarse sobre las Canarias y la Madera (1596) con su armada victoriosa, compuesta de 190 velas. Porque, después de haberlas dividido en tres escuadras, se notó que la una de 50 buques había tomado el rumbo hacia el mar Atlántico. Al punto los avisos de Madrid; las cartas del conde de Portalegre, gobernador de Lisboa, que de orden del rey envió dos carabelas para que hiciesen centinelas en nuestras travesías; las provisiones de la Audiencia de Canaria; las disposiciones de los gobernadores y ayuntamientos. En nuestras noticias militares veremos con gusto las muchas que se dieron en Tenerife. A pesar de esta vigilancia, recaló sobre Lanzarote la escuadra enemiga del mando de Jorge de Cumberland; y como nos referimos en nuestro libro X, aseguró sus naves en Puerto de Naos, destacó al caballero Berkley con 500 hombres contra la villa abandonada, quienes batieron el castillo de Guanapay, hicieron alguna provisión de vino y queso, tuvieron varios reencuentros con los naturales y se reembarcaron admirados de su gentileza y agilidad en el manejo de las piedras y chuzos. De Lanzarote pasaron a la isla Tercera en las Azores y quemaron la población de Villafranca. (Viera y Clavijo)

    Juan Arecibia Cuando Drake atacó Las Palmas. Por Juan Arencibia:
    En 1595, una potente escuadra inglesa al mando de los piratas ingleses Drake y Hawkins atacó Las Palmas. La escuadra la componían 27 barcos, de los cuales seis eran de guerra, con una dotación de tres mil hombres. El 6 de octubre aparecieron frente a las costas grancanarias. Era gobernador de la isla Alonso de Alvarado, quien decidió plantarles cara con su reducida guarnición y escaso armamento. Encomendó la defensa de la ciudad al alcalde mayor y teniente gobernador, Antonio Pamochamoso. Las campanas de la catedral tocaron a rebato, cuatro compañías de milicianos de Infantería se concentraron en la Plaza de Santa Ana y después se dirigieron a las posiciones clave por donde pensaban que el enemigo pretendería desembarcar. Cruzaron las murallas y se dirigieron a los arenales. No tardaron en llegar otras compañías del interior de la isla, como la de Teror, Telde y Agüimes. 27 lanchas de desembarco, llevando a bordo unos mil cuatrocientos hombres se acercaron a tierra por la zona de Santa Catalina. Cuando los tuvieron a tiro, dispararon los defensores animados por Alonso de Alvarado que animaba a los suyos con exclamaciones como esta: ¡Canarios, canarios, que habéis de ganar mucha honra degollando al enemigo! ¡Yo he de ser el primero que he de arremeter al invasor, y no son necesarias más armas que las que tenemos, para éstos basta!. Nueve potentes cañones de la fortaleza de las Isletas también dispararon, aunque no en el momento y con la densidad de fuego debidas. Después lo harían mucho mejor. Lo cierto es que el fuego de los arcabuces y cañones desplegados en la orilla impidieron el desembarco de los ingleses. Fallaron en sus tres intentos. Dice un cronista que "los isleños pelearon con tal coraje, que muchos entraron en el mar hasta llegarles el agua a los pechos para herir a sus enemigos". Los ingleses terminaron retirándose. Lope de Vega inmortalizó esta defensa contra Drake en su poema La Dragontea. (Juan Arencibia)

    Tomé Cano :
    Capitán ordinario del rey, natural de las islas de Canaria, como se calificaba él mismo, y diputado de la universidad de mareantes de Sevilla; después de haber navegado por espacio de 54 años, compuso de orden los consejos de guerras e Indias una obra que intituló Arte para fabricar y aparejar naos de guerra y merchantes. En Sevilla, 1611, en cuarto. Está escrita en forma de diálogo, y los interlocutores son Tomé, Gaspar y Leonardo. A la página 44 expone, con expresiones enérgicas, cuál había sido el estado floreciente de la marina española en 1586, pues tenía más de mil naves de alto bordo; y cuánta era en sus días la decadencia, con utilidad de otras naciones, que se habían apoderado del comercio.

    * Ataques de Drake: La Palma (1585) | Panamá | La Gomera (1587)
    * Isabel I (1533-1603) | La Armada Invencible (1588) | John Hawkins (1532-1595) | Mujeres piratas

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  7. TAZACORTE:
    Superficie 12 kilómetros cuadrados. 6.500 Habitantes. En la parte costera del Valle de Aridane se encuentra Tazacorte, el municipio más pequeño de la isla. Pueblo de marcada vocación musical y de excelentes deportistas, presumiendo con razón de tener los mejores plátanos de Canarias. En la desembocadura del barranco de Las Angustias está el populoso barrio de El Puerto, de larga tradición marinera. junto al barrio, una gran playa de arena y el refugio pesquero, no faltando los típicos restaurantes y chiringuitos a la orilla del mar. En estas playas desembarcó en conquistador de la isla, Alonso Fernández de Lugo, dando muerte al rey Tazo y construyendo la primera ermita de la isla en honor de San Miguel, hecho acaecido el 29 de Septiembre de 1492. Hasta el año 1925 perteneció este pueblo a los Llanos de Aridane, fecha en la que le fue concedida la independencia por el rey de España D. Alfonso XIII. Cada año se celebra con extraordinaria animación la fiesta en honor a su patrón San Miguel Arcángel el 29 de Septiembre.

    Mártires de Tazacorte:
    En la ermita de San Miguel de Tazacorte se conservan las reliquias de las víctimas del más sangriento de los dramas acaecidos en nuestras costas. El 5 de junio de 1570, en el galeón Santiago, salieron de Portugal el padre fray Ignacio de Acevedo y 39 religiosos de la Compañía de Jesús con rumbo a brasil, por mandato del general de los jesuitas Francisco de Borja. El barco hizo escala en Tazacorte y los pasajeros se hospedaron en la casa de Melchor Monteverde, que se había educado en Oporto junto al padre Acevedo. El día 13 el padre Acevedo celebró en la ermita de Tazacorte y dio la comunión a los 39 compañeros y demás personas que les acompañaban. A continuación subieron a bordo para dirigirse a Santa Cruz de La Palma con el fin de descargar mercancías. Cuando estaban a la altura de la punta de Fuencaliente, muy cerca de la costa, fueron atacados por cinco embarcaciones de hugonotes pertenecientes a la flota del sanguinario pirata Jacques Sores. Cuenta Rumeu de Armas que el capitán del galeón Santiago, viendo el buen ánimo de los misioneros y su generosidad, pidió al padre Acevedo que les permitiera entregarles armas para defenderse de los atacantes, pero que éste del dijo que ellos sólo podían dedicarse a asistir a los heridos y moribundos, curándolos o ayudándolos a bien morir. Lo cierto es que Sores se apoderó del Santiago, mientras el padre Acevedo animaba a los misioneros a morir por la fe. Y así sucedió. El padre Acevedo y todos los misioneros fueron sometidos a atroces tormentos y pasados a cuchillo, para ser finalmente arrojados al mar. En la ermita de San Miguel de Tazacorte se conservan las reliquias de estos mártires. Este templo fue fundado pocos años después de la conquista y dedicado al Arcángel, en conmemoración de haber arribado a aquella playa los conquistadores un 29 de septiembre.(Juan Arencibia)

    El puerto espera (12/05/04):
    [...] Tazacorte Villa y Puerto, oveja negra del presente observa que su Plan de Ordenación Territorial duerme plácidamente en el arca marina de la Comat. Las mareas, atracciones combinadas del sol y la luna hacen tambalear su viejo e histórico puerto. Su dique comercial se encuentra hoy con artrosis permanente con un encefalograma plano, humos de sacrificios, olas de llantos y desconsuelos chisporrotean cirios, para alumbrar a los galenos hormigoneros a inyectar en cajón sumergido Benahoare cemento hinchable, con el fin de restañar heridas profundas en sus paredes, producto de un tráfico constante de motos acuáticas. Un día fue alegría de sainetes, bailes típicos y fuegos artificiales, y desde el día diez de diciembre de 2002 sólo aparcan en sus aguas barcos durmientes, viejos peregrinos de la mar, y gaviotas bulliciosas con alas largas, que rompen el aire y la luz. La idiosingracia elegancia de su gente, virtud enriquecida por su temple y firmeza, aspa empujada por el viento de la concordia, que muele amistad, fragante aroma que acaricia sus mares, orgullo de todo un pueblo, espera pacientemente la fumigación de esta microbiana llamada moratoria. Sus platanales de ramas verdes, sus tierras fértiles lujuriosas de acequias curvilíneas, para que las aguas pasen tranquilas en suave movimiento, rompen la frágil luz de la luna. La brisa escondida de los alisios empujando las olas, el azul suave de su mar, y su alegre pasacalle vuela, vuela palomita, hará que su oveja negra sea inmolada en el altar inmaculado del tiempo. (Fridolino Brito Pérez)

    Anzuelos de hueso El papel de la pesca en la economía prehistórica de la isla de La Palma:
    Introducción:
    La isla de La Palma constituye una excepción en el desolador panorama con el que se enfrenta el prehistoriador que intenta establecer la diacronía de las prehistorias insulares. La existencia de varias cuevas con una importante sedimentación ha hecho posible la puesta en marcha de proyectos de investigación destinados a obtener respuesta a los muy diversos interrogantes planteados en la prehistoria palmera. Así, desde 1981 se han realizado una serie de excavaciones sistemáticas en el conjunto arqueológico de Cuevas de San Juan que han permitido a los Drs. Navarro y Martín establecer un modelo de poblamiento para esta isla, asunato difícilmente abordable en la prehistoria canaria. La aplicación en las sucesivas campañas de una metodología depurada encaminada a la obtención de un fiel registro arqueológico trajo consigo la aparición de un volumen importante de restos óseos de peces (Martín y Navarro, 1984; Navarro y Martín, 1985-87). La Cueva de El Tendal está situada en el margen izquierdo del Barranco de San Juan a unos m s.n.m. En realidad se trata de un gran abrigo, de 57 m de ancho y con una profundidad que oscila entre los 6 y 11 m, que ofrece una superficie útil superior a los 500 m cuadrados. Este espacio se articula en 3 niveles configurados por la estructura escalonada del piso rocoso originario. [...]

    Resultados y discusión:
    Se ha decidido agrupar por familiaslos restos de la composición ictiofaunística de cada uno de los cinco estratos delimitados en la excavación. La composición íctica del yacimiento no es excesivamente variada en cuanto al número de especies presentes en él, pues se reduce tan sólo a diez, que son a su vez globalizadas en cinco familias. Esta escasa variedad queda aún más constreñida si se repara en el evidente predominio de la vieja, Esparisoma (Euscarus) cretense, que, con el 55% de representatividad, reduce la presencia de cualquier otra especie a un escaso porcentaje. La familia de los Sparidae, que ocuparía un segundo lugar en importancia cuantitativa, supone un 13% en el conjunto del yacimiento. En el Tendal se incluyen en esta familia la sarpa, salpa o salema, los sargos, tanto el Diplodus sargus como el Diplodus vulgaris, el bocinegro o pargo (Pagrus pagrus) y el género Pagellus sp. La representación de Muraenidae es importante con un 11'7%. La siguiente familia que figura es la de los Serranidae, con el abadejo (Mycteroperca rubra) y las cabrillas, ya se trate de la Serranus cabrilla o la Serranus atricauda. Por último, los Carangidae (la palometa o Trachinotus ovatus), cierran el conjunto íctico determinado en el Tendal. Todas estas especies son características de la zona litoral, ya se trate de especies pelágicas (la palometa) o de las bentónicas cuando están ligadas fundamentalmente a la zona infralitoral de sustrato duro. La preferencia de la vieja y de los espáridos citados por aguas costeras y poco profundas en general, contrasta con las preferencias de los Muraenidae y los Serranidae por las zonas más profundas aunque cercanas a la costa, especialmente en las oquedades y afractuosidades de los sustratos duros, microambientales que constituyen su hábitat preferente. Esta primera consideración permite afirmar que la pesca se desarrollaba desde la costa, en lugares cercanos al yacimiento, caracterizados por pequeños acantilados rocosos. La ausencia de artefactos relacionados con la pesca, único elemento que ofrece información indiscutible acerca de las técnicas de pesca, nos obliga a formular formular simplemente hipótesis. En cualquier caso no es cierto que tradicionalmente la pesca en las islas no requiere un equipamiento excesivamente complejo y, en ocasiones, éste puede no existir. En las costas rocosas del Archipiélago se forman charcos que retienen a la bajada de la marea ejemplares de salemas, viejas, vargos, etc., siendo práctica común la recolección de estos individuos sin necesitar ningún tipo instrumental preciso. No hay elementos que nos impidan suponer que esta técnica sencilla pudo ser también utilizada a lo largo de la prehistoria. Para las morenas y los abadejos, no hay por qué eliminar la idea de la utilización de anzuelos, a pesar de que estos instrumentos no hayan sido encontrados en la isla. Los textos cercanos a la conquista que podrán ofrecer, tal y como ocurre con otras islas , información relativa a la actividad pesquera, muy al contrario niegan la práctica de la misma precisamente en esta isla. Así Nicoloso de Recco (1341-1978:44-45) dice de los auaritas que "este pueblo ignora el arte de la pesca [...] jamás come pescado a pesar de que los habitantes de otras islas han sabido inventar diversos modos de procurárselo". Del mismo modo Zuara (1453-1973: 343) afirma:

    "nao ha pescado algum nem o cumum os desta ilha, e que os de todalas outras fazem pelo contrario, que buscam engenho para tomar e se aproveitaam dele em sua governança, senao aqueste sómente, que nem o comem nem se tabalham de o toma".

    Se aprecia una vez más cómo las fuentes escritas deben ser tomadas con extrema cautela ya que a estas menciones tan explícitas negando la práctica pesquera se opone la evidencia innegable constituida por las arqueoictiofaunas de la cueva de El Tendal. Estos vestigios son la prueba inequívoca del aprovechamiento de los recursos ícticos realizada de forma continuada a lo largo de todo el período de ocupación de la cueva.

    Conclusión:
    El conjunto de los análisis zooarqueológicos continúan mostrando que la ganadería fue la actividad más importante desarrollada por los primeros habitantes de la isla, procurándoles muchos de los alimentos de su dieta cotidiana (Pais, 1900); sin embargo, el análisis de os restos óseos de peces muestra que la pesca fue practicada por los auaritas que habitaron en El Tendal. Si se piensa que a esta pesca se le une la recolección de moluscos, de los que también se ha recuperado una considerable cantidad de restos, la explotación del medio marino se convierte en una actividad aún más importante. Estos recursos permitirían a esta población prehistórica controlar de forma más precisa las variaciones en la disponibilidad de alimentos a lo largo del año, mostrando la complejidad de mecanismos de aprovisionamiento puestos en marcha por los habitantes del Barranco de San Juan para asegurar su subsistencia. Ciertamente, no se puede afirmar que esta sociedad basaba su estrategia económica en la explotación de los recursos marinos; no obstante, el análisis arqueoictiológico de este yacimiento permite asegurar con total certeza que la pesca fue una de las actividades desarrolladas por las poblaciones prehistóricas de La Palma desde los primeros momentos del poblamiento de la isla. Queda ahora comprobar si esta constatación puede ser generalizada al resto de los yacimientos de la isla. Sólo a partir de nuevos proyectos de investigación desarrollados en otras zonas se podrá dar respuesta a esta cuestión (Carmen G. Rodríguez Santana. 1993)

    * La Palma y su puerto
    * Desembarco de Drake en La Gomera (1585)

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  8. El corsario Amaro Pargo:
    Un libro recrea con detalle la vida del corsario lagunero Amaro Pargo
    El capitán Amaro Rodríguez Felipe dedicó parte de su vida a la actividad comercial como la exportación de aguardiente a La Guaira. Durante su vida almacenó un tesoro que muchos han buscado y que se detalle en la obra. "El corsario Amaro Pargo" es el título del último libro que ha escrito nuestro compañero el periodista Domingo García Barbuzano, que será presentado mañana, a las 20:00 horas, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de La Laguna, por el abogado José Antonio de la Torre Granado. El acto contará, además, con la asistencia de la alcaldesa, Ana Oramas, y el concejal de Cultura, Juan Martínez Torvisco. Con una portada del artista Luis Dávila, esta nueva obra aborda, a lo largo de 30 capítulos, los aspectos más relevantes e inéditos del capitán Amaro Rodríguez Felipe, popularmente conocido como el corsario Amaro Pargo, que destacó por sus actividades comerciales y por las constantes acciones religiosas y ayudas a los pobres. Este singular personaje nació el 3 de mayo de 1678 en La Laguna y se mantuvo soltero hasta el día de su muerte, el 4 de octubre de 1747, a la edad de 69 años. En alta mar, según la tradición, logró grandes fortunas que ocultó en Punta del Hidalgo. Lo que sí está demostrado es que su gran riqueza la consiguió del comercio con Europa y América, exportando productos como el aguardiente que obtuvo de sus destilerías de La Laguna o Tegueste y cargas de tabaco. Fue dueño de varios barcos, entre los que hay que destacar el navío denominado "La Santísima Trinidad, Nuestra Señora de El Rosario, San José, San Ignacio y San Marcos", de apodo "El Clavel". Fue fabricado en la caleta de Icod, siendo uno de sus capitanes el hermano del corsario, José Rodríguez Felipe. El barco estaba preparado para la defensa y ataque con 24 piezas de artillería. Amaro Pargo fue un gran devoto de la monja incorrupta Sor María de Jesús, a quien le costeó el sarcófago en que reposa su cuerpo, y tuvo tres hermanas monjas que profesaron junto con la citada religiosa. Vivió en una casa señorial de la calle San Agustín y sintió gran predilección por una hacienda que tuvo en Tegueste. Sus propiedades constituyeron una fortuna increíble, formada por más de 900 fanegas de tierra, 60 casas, 15 heredades de viñas y tributos monetarios y de trigo, todo ello junto a elevadas cantidades de dinero y las joyas de su tesoro. Domingo García Barbuzano, después de cinco años de investigación, nos pasea por la vida inédita de un personaje que fue declarado Caballero Hijodalgo y obtuvo real certificación de Nobleza y Armas dada en Madrid, cataloga su tesoro y da noticia de sus acciones en favor de los necesitados. (El día, 09/12/04)

    El corsario Amaro Pargo; La leyenda
    Nuestra información están basadas principalmente en fuentes, orales, de las que han bebido las diferentes generaciones y que entre realidades y leyendas intentan vislumbrar la época y vida del celebre personaje Amaro Pargo. Aunque las pruebas documentales casi se complementan con las orales. Una historia de piratas, corsarios, la mayoría, desconocidos, no han pasado a la historia porque su actividad no era recomendada y como tal no merecía ser tratada. Muchos piratas o corsarios no han querido dar información de sus acciones, porque sabedores de que no eran ejemplares, incluso podían ser delictivas, nunca desearon que fueran conocidas. Capitán de varios navíos y corsario, significando esto que tiene autorización del gobierno de su nación (patente de corso), bajo cuyo pabellón navega, para perseguir a los piratas o barcos de naciones enemigas, quedándose con las presas capturadas o parte de ellas, y sujetándose a reglas previstas por la legislación. En la práctica, sin embargo, es difícil determinar donde empieza la piratería y donde termina el corso, que degenera fácilmente en aquella; el mismo individuo es considerado a veces corsario por sus compatriotas y pirata por los enemigos. Cuando pensamos en piratas nos los imaginamos tuertos, con un parche en un ojo, una pata de palo, un loro en el hombro y bebiendo una botella de ron al lado de un tesoro en una playa tropical. Pero la realidad es mucho mas cruda, y hemos de pensar que en la mayoría de los casos el pirata no era un pobre desclasado, harapiento, muerto de hambre y miedo, que como un ladrón callejero atacaba a sus paisanos cuando estos estaban mas confiados, sino un autentico señor, a veces aristócrata, al servicio de algún obispo, rey o cacique, para aprovechar estas energías y enriquecerse de forma fácil y rápida.

    Nació en el siglo XVII y su juventud estuvo influenciada por la presencia y auge de la piratería en la isla, en cuyas costas y caletas fondeaban sus barcos en busca de fuentes con agua potable o alguna que otra rapiña y pillaje. Acantilados muy propicios para el asalto o refugios de tales bandidos de la mar. Litoral surcado por barcos llenos de bucaneros aguardando a los navíos para intercambiar con ellos sus productos (por lo general cuero y carne ahumada) a cambio de vino, ron, ropa, armas, pólvora, municiones……Filibusteros enarbolando la bandera negra con la calavera y las tibias cruzadas, pretendían saquear a los tinerfeños, robar las ricas mercancías del comercio con Europa y América o hacerse con los esclavos negros, que trabajaban en las plantaciones o los que eran cebados en pueblos como Teno situado al noroeste de la isla de Tenerife. Temido por unos o querido y admirado por otros….fue negrero, el relato tanto oral como notarial apunta a que los vendió y comercializo con ellos…Adaptando las bodegas de sus barcos para la cabida de esclavos…..muchas veces transportados en condiciones infrahumanas…esclavos que se utilizaban para las plantaciones en América……por otra parte se desprende una imagen de un corsario benefactor de los esclavos…… Después de entregar la mayor parte de su vida al mar en el que obtuvo el fruto que necesito para sus obras de caridad…obteniendo una inmensa fortuna, formada por mas de 900 fanegas de tierras, sesenta casas, quince heredades de viña y tributos monetarios y de trigo, todo ello junto a elevadas cantidades de dinero y las valiosas joyas de su tesoro……comenzando a navegar por una decisión personal ante los problemas familiares que tuvo…(fue aprendiz de botamen, cuando se hizo un mozo quizo ver mundo y buscar fortuna y se hizo a la mar sirviendo en varios galeras reales…hasta que se familiarizo con la jarcia, aprendió a hacer nudos, costuras y demás trabajos propios de un marinero) a bordo de sus diferentes naves, como dueño, capitán y maestre…(siempre hizo alarde de su buen corazón… o de su valentía, nobles sentimientos, ocultos ante el enemigo por la coraza corsaria…Dice la crónica que era muy humano, a pesar de ser pirata, pero que no dejo de ser pirata a pesar de ser tan humano, que saqueaba pero siempre dentro de un orden, es decir guardando las formas de su caballerosidad….(sus dos armas principales eran el engaño para acercarse a los navíos sin levantar sospechas y el coraje para el abordaje) Indicar como dato fundamental la dotación de los cañones, indispensables en cualquier combate naval para destruir el navío enemigo. El Clavel (barco favorito de Amaro Pargo)estaba preparado para la defensa y ataque con veinticuatro piezas de artillería, lo cual esta relacionado con la disposición de las Ordenanzas de la Casa de Contratación y con la decisión mas tarde de la Corona de que los isleños artillaran muy bien sus barcos… (Fue además un hombre de negocios astuto y una parte del dinero de sus botines lo destinaba a obras pía….)

    Un incidente milagroso en puerto:
    En una ocasión y luego de emprender un saqueo contra una hueste de bucaneros que merodeaban en unas de las costas caribeñas, se libro de la muerte que un hombre creyó haberle dado tirandole un puñal. Los hechos ocurrieron una vez llegaron a puerto y confiados haber dado fin a su misión. Arropado por unos cuantos de sus hombres y en una céntrica calle de tabernas y prostíbulos, salieron le al paso una manada de cafres rezagados y vengativos atacando a traición. El capitán tuvo que enfrentarse con tres el solo y su sable, casi resultando herido de muerte al asestarle uno de ellos, el más bravo, repetidas puñaladas, logrando salvarse de una en el corazón por llevar un cobertor, (pieza ceñida al cuerpo junto a la carne, prenda de una Santa de la cual era devoto). RASGOS Queremos imaginarlo, frisando los setenta, cetrino y de gran fortaleza, con facciones profundas y pálidas por el insomnio de sus correrías, de mirada vehemente y de labios afinados por las culpas acalladas. Austero…un tanto valiente y violento, pero siempre sabiendo lo que tenia que hacer…hombre inquieto y aventurero…en algunas ocasiones estaba lacerado por sus remordimientos y tristezas constantes…A veces sintió la melancolía como un sentimiento extraño para el, pero se preguntaba.¿tiene algo que ver la melancolía con la vida de un pirata? Y entendía que si, a pesar de ser una vida azarosa, precaria, llena de riesgos y sin tiempo para la introspección, ni para ese sentimiento auto indulgente y momentáneo llamado regocijo……quizás preludiaba su destino duro y fatal por un lado. Sin embargo, por otro lado, era hombre que captaba voluntades, pues hablaba con palabras primordiales y hermosas. Se distinguió además por varios motivos, bebía poco, era un ordenancista riguroso, no admitía a ninguna mujer a bordo de su nave. Tampoco toleraba las apuestas a los naipes o a los dados, todas las querellas debían resolverse en tierra. Amaro no estaba dispuesto a tolerar ninguna pelea entre su tripulación a bordo.

    Roques de Anaga Nacimiento y primeros pasos en la vida:
    Nació el 3 de Mayo de 1678 en La Laguna, se mantuvo soltero hasta el dia de su muerte, el 4 de octubre de 1747 a la edad de 69 años. Tuvo un hijo con la cubana Josefa Mª del Valdespino, hijo natural llamado Manuel de la Trinidad Amaro. Muy pronto dejo a sus padres y dio rienda suelta a sus afanes de aventura. Trasladándonos al siglo XVIII, donde el capitán lagunero incrementaba su fortuna, viajando mas allá del Atlántico con productos salidos, principalmente, de la tierra cultivada con el sudor de los hombres que estaban a su servicio. Era propietario de una extensa y productiva tierra, ganaderías y haciendas. Ejerció como terrateniente y cacique…..El padre de Amaro Rodríguez Felipe se mostró satisfecho porque su hijo, al cumplir los 14 años de edad, tuviera bastante juicio y capacidad para regirse y gobernarse, como lo muestra el ingenio para adquirir bienes, "tratando y contratando por mar y tierra y haciendo diferentes navegaciones"Exporto-entre otros productos-vino de malvasia de sus cosechas o el aguardiente de fabricación propia. Rumbo a La Habana y La Guaira en sus desplazamientos marítimos…..El primer viaje documentado que realizo, lo hizo año 1701, cundo tenia 23 años a bordo del navío "Ave Maria", alias "La Chata".En aquel entonces nuestro personaje era alférez. En el primer navío que se embarco, fue abordado y aconsejo al capitán que simulara una rendición para sorprender luego al enemigo y lograr el triunfo, arrebatándole el botín. Los capitanes de los dos barcos comenzaron a pelearse, aprovechando la confusión salta Amaro al barco para tapar los agujeros de los cañones enemigos y al hacer fuego resultara inútil, mientras da aviso a su barco que disparen, pues conocen la estratagema. Llevándose todo lo que habían robado. En señal de agradecimiento el capitán regalo a Amaro Pargo su primer barco, con el que se independizo y dio sus primeros pasos en el mundo corsario y comercial.

    Origen de su nombre y su destino hacia mar adentro:
    Amaro Pargo, destaca con este nombre, relacionado con un pez. Este pez pudo cautivar al corsario y recordarlo junto a su nombre en sus ataques y asaltos navales. Un hombre caracterizado por sus ansias de aventura y libertad…. (El mar es el camino universal. Permite llegar a todos los lugares. Quebrantar tu libertad de movimiento en el mar para robar, asesinar o intimidar, forma parte de la manera de actuar del pirata, corsario o truhán. En la inmensidad del mar te das cuenta de lo vulnerable que es todo. El pirata se aprovecha de esta debilidad. Seres ignominiosos que se dedican a este oficio siempre los ha habido y siempre los abrá, porque el mar es tan inmenso y tan lleno de rutas por donde transportar riquezas, como extensos son los lugares de refugio donde esconderse y guardar los botines. El comercio con Europa y América reporto grandes beneficios que llenaron el arca de caudales que poseyó Amaro Pargo. Entre ellos la propiedad de cuatro navíos más los compartidos con otros capitanes. El Clavel, cuyo hundimiento tuvo lugar en las costas de Cuba en septiembre de 1728 cuando iba hacia el puerto de San Cristóbal de La Habana. "Fortuna" "Ave Maria" "Ntra. Sra. De los Remedios" y "El Blandon" "La Isabela". A veces la travesía a bordo de estas naves se hacia monótona, un dia y otro día. Cielo y agua, agua y cielo. Tempestades y calmas. La brisa, cantando en las jarcias. Entonces se improvisaba o recurría al trabajo de los músicos o aficionados que estaban a bordo, que por otra parte no era ninguna sinecura, ya que todos los tripulantes tenían derecho a pedir una tonada. Y el corazón aullando en el pecho como un lobo esperando la acción. Considero que el poder naval era el principal elemento que marcaba diferencias entre las distintas naciones y le confería el grado de fuerza entre los estados modernos. También entendía que todo aquel que no dispusiera de grandes fuerzas en los mares, estaba expuesto a constantes peligros. Por ello, aconsejo siempre a los pueblos, que quisieran dominar o gozar de un respeto, que pusieran mucho empeño sin descuidarse en ningún instante en organizar sus escuadras navales.

    Hazañas:
    El mozo salvo un día de los piratas la galera del rey que hacia la ruta entre el Caribe y Cádiz. Tras resistir durante un par de horas el ataque de un barco inglés, finalmente fue abordado y tomado por Amaro. Los pocos supervivientes fueron ahorcados. La mayoría eran bandoleros de mar de procedencia inglesa, holandesa, etc. Todos enemigos de la católica majestad hispánica. Por eso el rey lo nombró "señor de soga y cuchillo" una institución medieval. Se hizo rico tras muchas y arraigadas aventuras. Amaro con asombrosa intrepidez, se abrió paso entre las naves hasta encontrar la más cargada, a la que atacó y abordó, su presa contenía entre su mercancía cincuenta mil monedas de oro y una cruz de diamantes destinada a una reina o rey europeo. Seguidamente capturó un barco holandés, y tres días después uno inglés. En cierta ocasión Amaro se topó con el famoso Barbanegra, al que saludó fogueando sus cañones. Este cumplido hecho a un jefe pirata por otro fue cortésmente devuelto y luego siguieron durante varios días "reciprocas urbanidades" entre ambos capitanes y sus tripulaciones; estas urbanidades tomaron la forma de un soberano hostigamiento en una tranquila cala de la costa, altercado del que Amaro logró escabullirse. En otra ocasión el corsario persiguió y capturo un gran navío que venia de Jamaica, la batalla fue violentísima, Amaro abordo la nave y una pavorosa lucha cuerpo a cuerpo tuvo lugar entre el capitán y el corsario, armados de sables y pistolas. El capitán del barco asaltado resultó gravemente herido y Amaro escapo con solo un corte en los dedos. INQUIETUDES ESPIRITUALES Entre los prisioneros de unas de sus incursiones había un clérigo protestante, con quien entablo una gran amistad, surgió entre los dos una fraternal simpatía, hablando del alma, de la mística y de las diferentes impresiones e interpretaciones teológicas de las enseñanzas y el mensaje de Cristo. Amaro Pargo compartía y simpatizaba con las propuestas e ideas masónicas, ser caritativo, dispuesto a socorrer a los menesterosos etc. La palabra francmasón, significa; constructor gobernado por si mismo. (En sentido metafórico espiritual, hacerse digno de alcanzar la purificación y liberación del alma del apego material, es decir lo que hay ruin en su ser) Los francmasones quedan obligados por juramento, a considerarse como hermanos, a prestarse ayuda mutua- cualquiera que sea su nacionalidad-, a guardar el secreto de los saludos y de los símbolos y ceremonias de su logia. Fue iniciado en una Logia española adquiriendo el grado de "compañero" . La francmasonería tiene por objeto el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes, y el ejercicio de la beneficencia. Tiene como principio la absoluta libertad de conciencia y la solidaridad humana o la redención final de la Humanidad.

    Persecución y detención:
    Fue muy perseguido pero siempre se escapo de la justicia. En cierta ocasión fue detenido Amaro Rodríguez por parte de los oficiales de la Casa de Contratación de Cádiz, al impedir que revisaran su navío "El Blandon". El expediente alude en primer lugar a la consulta del 29 de marzo de 1719. El consejo de Indias puso en conocimiento del rey el haber dado cuenta que, el gobernador de Caracas, con un oficial real del puerto de La Guaira, fue a realizar la visita obligada antes de zarpar, según disponían las leyes. El capitán Amaro Rodríguez Felipe no quiso que se efectuara la inspección y se puso más de legua y media fuera de la artillería. Se dio orden el 18 de abril del mismo año de 1719, a francisco de Varas, para que luego que llegase a España, el expresado capitán, se le pusiese en prisión. El 3 de noviembre acudieron a su casa para que declarara y después de prestar juramento y en respuesta a lo preguntado, dijo que tenia 45 años, que era vecino de Tenerife y que ignoraba la causa de su prisión. En otro orden de cosas, señalo que había venido de Veracruz como capitán de "El Blandon", fabricado en Campeche. Un navío con el que, según añadió, salio en abril de 1718 de La Guaira con rumbo a Veracruz, transportando cacao. El corsario informo que el gobernador deseaba actuar en contra de el, es despique del antiguo rencor y odio que le tenia, pues estaba receloso de que Amaro Pargo pudiera informar del abuso de su autoridad, la poca eficacia de su administración y la corrupción patente.

    Roques de Anaga Su codiciado tesoro:
    Se sabe del constante saqueo de su casa en Machado lugar estratégico de vigía hacia el horizonte atlántico…en busca de su tesoro que ciertamente existió, aunque a algunos les parezca increíble, (cofre que guardaba en el camarote y era como la caja fuerte en la que se guardaba documentos, objetos preciosos y dinero). Pues señala en su testamento dicho ajuar, el cual estaba formado por plata labrada, joyas de oro, perlas y piedras de valor, porcelana china, ricas telas y cuadros, añadiendo que lo tenia catalogado en un libro forrado en pergamino y marcado con la letra D…( del que se desconoce su paradero). Tesoro del cual solo se ha verificado y constatado una pequeña parte. Casa de Machado, donde vigilaba la llegada de barcos enemigos…o el deambular de las naves comerciales que recorrían esta zona. Es conocida la rocosa de la cueva de San Mateo que servía para esconder sus botines. También dentro de este mapa de misterios están los míticos Roques de Anaga, en la parte geográfica este de la isla de Tenerife, donde se divisan restos de embarcaciones hundidas por los piratas o quizás al buscar refugio en algunas de estas calas del agreste Norte de la isla, debido seguramente a los vientos de alguna tormenta, tenían que navegar cerca de la costa y contar con los peligros que conlleva fondear frente a estos arrecifes. En lugares donde la tierra no era nada generosa, tierras estériles, los lugareños no tenían otro medio de subsistencia que ir al mar a buscarse la vida en las ciudades, y sobre todo en los poblados más pequeños del interior isleño, excepto los situados en ricas vegas regadas con el agua de sus barrancos, muy a menudo faltaban los productos mas imprescindible para sobrevivir. Para su suerte descubrieron que frente a sus narices paseaban, a menudo, naves cargadas de riquezas y alimentos. Por tanto si conocían el arte de navegar, y disponían de una ligera embarcación y armas, de una forma natural, se les incitaba a la piratería. Al latrocinio en el mar.

    Solidario:
    Devoto y generoso, prestaba ayuda a los pobres, se le valora la caridad y su interés en cambiar la pobreza. Amaro Pargo fue un hombre de profundas ideas religiosas, quizás viendo su muerte próxima, encomendó su alma a Dios. Al formalizar su testamento, ante el correspondiente escribano, no pensó en sus días de gloria, felicidad y riqueza, sino elevo su alma, al enviar su cuerpo a la tierra de la que, según preciso, "fue formado para que de ella sea reducido". El corsario no se olvido nunca de los necesitados, como los niños expósitos de La Laguna, quienes, de no tener herederos el capitán y en ultima instancia, se beneficiarían. También destino dinero para los encarcelados. La preocupación por la situación económica de los pobres en el siglo XVIII, motivo que Amaro Pargo participara en una de las sesiones del Cabildo, solicitando un nuevo tipo de moneda ( introducción de los cuartos y los ochavos bajo la estimación de 4 y 2 maravedíes, para limosnas) que mejorara el problema que presentaba la sociedad lagunera en aquella época. En la sesión no intervino como capitán sino como sencillamente en calidad de vecino y comerciante, dejando plasmado en su acta su firma. TITULO DE NOBLEZA Obtuvo el titulo de noble, consiguiendo la real certificación de Nobleza y Armas, en Madrid el 9 de enero de 1727. MILITANTE RELIGIOSO Siguiendo con estas apasionantes revelaciones de la vida del corsario, podemos curiosear en los versos del sarcófago donde reposa el cuerpo incorrupto de la monja…. Sarcófago que dono Amaro Pargo ornamentada con orlas que enmarcan cinco composiciones poéticas, en una de las cuales el corsario oculto su sobrenombre Pargo, que se puede encontrar si se unen las primeras letras de cada verso…(Este sarcófago es abierto cada 15 de febrero, con tres llaves que giran en diferentes sentidos. En un principio se guardaba en secreto la apertura de dicho sepulcro pues las llaves estaban ocultas en diferentes establecimientos religiosos y una tercera la custodiaba Amaro Pargo, como devoción para las ocasiones que se ofreciera abrir dicha urna) Añadir a estos datos las inscripciones aparecidas en las puertas de la iglesia de El Socorro con su nombre grabado, tal vez en agradecimiento por los costes que asumió en sus obras… Proceso de profesión de su sobrina Sor Beatriz…hecho que tuvo que afrontar el corsario para que la joven pudiera entrar en el monasterio. Para profesar como religiosa de coro y velo negro necesito de una dote de 1.000 ducados. Al no disponer Amaro Pargo de dicha cantidad al contado, se obligo a pagar al monasterio. UN ELEGIDO En una ocasión, cuando Amaro Pargo regresaba de combatir contra los piratas, para eliminar su presencia en la ruta de las Ameritas se salvo gracias a la intervención de Santa Catalina, tirando una parte del brazo del cilicio que forma una cruz ( objeto de cuero u otro material que se usaba para la penitencia) al mar para que se calmara, la tempestad… sin naufragar…sucedió lo siguiente; la sacudida de una ola derribo al corsario sobre la cubierta, y por un instante tuvo la sensación de precipitarse a las profundidades. La borrasca se desencadenaba por encima de su cabeza, y, a veces, lanzaba al chocar contra el aparejo un largo aullido que le hizo temblar de pies a cabeza. El mar lo perseguía despiadado, haciéndole pegar enormes saltos y el oleaje barría la cubierta de punta a punta. Acto seguido, intento mantener el rumbo y se encaramo al aparejo, luego trepo hasta la gavia sin temor a las espantosas sacudidas, interrogo al horizonte por el suroeste con una mano encima de los ojos, y jadeante con el rostro surcado por el sudor, arrojo al mar el cilicio que portaba encima adherido a su cuerpo, tomo de nuevo posesión del timón, luego se hizo un intervalo y contemplo en el silencio de las aguas un relámpago que ilumino por un instante la lontananza. De esta manera puso a salvo las vidas de quienes navegaban con el.

    Enfrentamiento con el turco:
    Se cuenta que en unos de su regreso a Tenerife, con su tripulación, a bordo de la nave Fortuna, y trayendo una carga muy importante, la serenidad del viaje fue interrumpida por el grito del gaviero. "Buque pirata con bandera sarracena". Amaro Pargo añadió: "Los Afortunados a las armas". Juntos los barcos, después los garfios, se produjo el abordaje y un violento enfrentamiento cuerpo a cuerpo, sin tregua ni cuartel, con predominio de los turcos que vencían a las fuerzas del corsario, pero mientras sucedía el combate el esclavo Cristóbal en compañía de varios hombres liberaron a un grupo de prisioneros cristianos, que habían sido capturados en unas de las razzias frente a las costas europeas. Siéndoles útiles en su apoyo para la victoria. Confortado el capitán corsario, sus marineros lo siguieron con terrible denuedo, y la bandera enemiga se arrió en testimonio de rendición y vasallaje. Quedaron los turcos prisioneros, y el corsario continuó su marcha con la presa obtenida.

    Su testamento:
    Su fortuna quinientos mil pesos fuertes, cifra fabulosa cuando la isla, bucólica y pastoril aun conservaba su encanto natural y prerromántico. Amaro Pargo hizo su primer testamento en 1734 y el definitivo el 19 de junio de 1746, con un codicio posterior el 1 de octubre de 1747, realizando numerosas disposiciones, cambios y escrituras de fundación. Todo ello anotado en cientos de páginas cosidas en valiosos tomos con tapas de piel. Amaro Pargo puso por condición que todos los que sucedieran en el vínculo y mayorazgo fueran hijos legítimos, nacidos y procreados de un confortable matrimonio o por subsiguiente legitimados, debiendo casarse con personas nobles y de limpia sangre. El ánimo que le movió a hacer el vínculo y mayorazgo, fue el de conservar la memoria de su linaje y que los sucesores que lo representaran tuvieran caudal para vivir decentemente -"absteniéndose- preciso -de propcederes indecorosos que le desluzcan". Manuel de la Trinidad Amaro, hijo ilegítimo, presentó por medio de su abogado un recurso de apelación el 28 de febrero de 1714 sobre una parte de la herencia, a lo que se opusieron los herederos.

    Su muerte y entierro:
    Murió el 4 de octubre de 1747. Durante el traslado del entierro, se hicieron ocho pausas en la calle. El sepelio fue por la mañana y en los documentos se hace constar que fue muy solemne. El capitán Amaro Rodríguez Felipe fue enterrado en el sepulcro de sus padres, al lado derecho al entrar el templo, bajo el coro. La losa de mármol tiene grabado el escudo de armas de la familia Rodríguez Felipe, en el que no faltan símbolos de fuerza como el guerrero saliente con armadura, los puñales y los cañones. Y para reforzar el espíritu corsario, al pie del sepulcro aparece una calavera guiñando el ojo derecho y el izquierdo abierto, sin faltar las dos tibias cruzadas. Su esclavo moriría unos meses después el 17 de enero de 1748 enterrado en un convento anexo a donde fue enterrado Amaro Pargo. El documento añade que era libre y de unos 80 años de edad. El entierro paro cuatro veces en su recorrido por la ciudad y acompañado de cuatro capellanes. Mucho mas importante es aun lo que dijo de este esclavo Amaro Pargo en su testamento, dando a conocer su apellido Linche y disponiendo que, por parte de sus herederos, nunca le faltara comida, vestimenta ni atención cuando estuviera enfermo, así como que fuera enterrado en su sepultura, es decir, en la de la familia Rodríguez Felipe. Sus herederos estaban obligados por testamento-anualmente antes del 10 de noviembre-a ofrendar en el sepulcro del corsario 1 fanega de trigo y un barril de vino, debiendo cantar los religiosos el oficio de vigía, misa y responso que se acostumbraba.Mil treinta y cuatro misas regladas por su alma donde durante la función debería estar encendidas cuatro hachas en un hachero sobre su sepulcro. (Otilio Pérez)

    * Cabeza de perro
    * El armador en corso Lezcano
    * Mujeres piratas

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  9. Bernardino de Lezcano y Mujica:
    El siglo XVI fue tal vez, para los hijos de las Canarias, el siglo más fecundo en acontecimientos desgraciados de cuantos registran sus humildes anales. Volcanes, guerras, invasiones y hambres asolaban a intervalos, y con frecuencia a un mismo tiempo, sus nacientes poblaciones y sus feraces campiñas. Postrado su comercio, la industria nula (2) rutinaria la agricultura, las artes útiles arrastrando una existencia lenta y penosa, la propiedad estancada, los censos devorando totalmente los productos de las fincas que habían escapado de las manos siempre ávidas de los conventos, mayorazgos y fundaciones piadosas, la ignorancia y el fanatismo imperando en todas las clases; unos cuantos privilegiados, bajo el nombre de regidores perpetuos, disponiendo a su antojo de los intereses de cada isla (3); un cabildo eclesiástico, único centro de ilustración, pero siempre reñido con sus prelados y con las autoridades judiciales por ridículas cuestiones de etiqueta, ocupado en lanzar con seriedad excomuniones, entredichos y censuras; tal era el cuadro que en aquel siglo ofrecían las Canarias a la consideración y exámen del historiador imparcial. Males eran éstos propios unos de aquella triste época de general perturbación, engendrados y nacidos otros del aislamiento casi completo en que se hallaba el Archipiélago, del ningún impulso que le comunicaba la acción gubernativa, paralizada por la envidiosa intervención del municipio, y de la lentitud del movimiento intelectual, detenido siempre por falta de un foco de luz donde reunir, estimular, y dar calor a las inteligencias. A este caos social y político se agregaba, para oscurecer más el cuadro, el lastimoso estado de su navegación interinsular. Las continuas guerras del emperador con Francia. Italia, Alemania, Países Bajos e Inglaterra, habían provocado terribles represalias de parte de sus numerosos y encarnizados enemigos, quienes, viendo que en el continente no podían vencer a los tercios españoles, buscaban en los mares una compensación a sus repetidos descalabros. Otro incentivo había, aún más poderoso, que les impulsaba a lanzarse al mar en pos de esa clase de aventuras, y era el deseo de apoderarse a mansalva de las inmensas riquezas que del Nuevo Mundo llegaban periódicamente a las costas españolas, custodiadas, en general, por buques mal pertrechados, de escasa tripulación, y sin condiciones de marcha ni de combate. Eran entonces las Canarias el punto de recalada de todos los buques que cruzaban en distintas direcciones el Atlántico, y por consiguiente, aquí se daban cita esa multitud de aves de rapiña, que bajo el nombre de forbantes, espumaderas del mar, escobas del Océano, y otros tan significativos como éstos, convertían las tranquilas costas del Archipiélago en campos de saqueo, de incendio, de pillaje y de sangre, viniendo ésta con frecuencia a enrojecer el azulado espejo de sus olas.

    Mapa inglés Isla de LobosHay entre las islas de Lanzarote y Fuerteventura un brazo de mar que las separa, llamado la Bocaina, cuya extensión en su parte O. es de seis millas de ancho, y cuatro y media a su salida, sea a su extremidad oriental. Los cabos de Pechiguera y del Papagayo en Lanzarote, y las Puntas Gorda y de Martino en Fuerteventura forman sus demarcaciones naturales, y señalan este estrecho al marino que quiera atravesarlo, Una pequeña isla, conocida con el nombre de Lobos, divide en dos partes la Bocaina. Hállase situada esta isleta cerca de la punta N.E. de Fuerteventura, y mide de N. a S, dos millas, y de E. a O. una y tercia. En otro tiempo, la abundancia de lobos marinos que en ella se encontraban, le dio ese sobrenombre que aún conserva. Ahora bien, en la época que vamos describiendo, era esa isla el punto de reunión de los corsarios que infestaban estos mares, y en ella desembarcaban y custodiaban sus presas, componían y carenaban sus buques. Desde allí se derramaban por estas latitudes y. cruzando sin cesar en todas direcciones, conseguían casi diariamente capturar, ya una pequeña nave del país, ya un galeón de América, ya un navío que de España hacía rumbo a las Indias (4). Si el buque lograba escapar a tan activa persecución, los corsarios se vengaban en los indefensos insulares, haciendo desembarcos en sus abiertas playas, proveyéndose a su costa de víveres y aguada, o poniendo fuego a los sembrados y caseríos cuando se les oponía alguna resistencia.

    Isla de LobosTal estado de cosas tenía exasperados a los canarios, y especialmente a aquellos que, por sus tradiciones de familia, recordaban honrosos hechos de armas sobre los vencidos indígenas. Entre estos canarios había uno que descollaba entonces entre todos, por su actividad, su inteligencia, su valor personal y sus cuantiosos bienes. Llamábase Bernardino de Lezcano y Mujica y era hijo del esforzado conquistador y poblador de Gran Canaria. Juan de Siberio Lezcano Mujica y de doña Catalina Guerra (5), quienes, además de los bienes que se les habían señalado en las más fértiles vegas de la isla (6), poseían otra buena porción en las de Lanzarote y Fuerteventura (7). Bernardino se encontraba por los años de 1520 a 1550 al frente de un patrimonio considerable, y sus rentas, a pesar del estado del país, le ofrecían los medios de satisfacer sus caprichos y servir a su patria con la eficacia que permite una fortuna independiente y cuantiosa (8). Habíase casado con doña Isabel del Castillo, hija de Hernán García del Castillo (9), y de doña Mariana Rodríguez Inglés (10), conquistador éste y fundador de la ciudad de Telde, y habían tenido ya por aquel tiempo seis hijos (11), que luego ocuparon puestos eminentes en el país (12).

    [Defensas:]
    Como las invasiones eran repetidas y las defensas débiles y de escasa importancia, careciéndose con frecuencia de armas y pertrechos, Bernardino hizo construir una magnífica casa en Las Palmas que le sirviera de habitación y fortaleza, y en un ancho terrado que levantó con ese objeto delante de ella, resguardado con fosos y parapetos, colocó catorce piezas de artillería de bronce, que a su costa hizo traer de España, aleccionó un número suficiente de mozos para que las sirvieran, y se proveyó abundantemente de municiones. No contento con esto, su casa era el almacén donde, en los frecuentes casos de rebato, acudían los vecinos y se armaban de picas, mosquetes y alabardas, teniendo además a su disposición víveres y pólvora, y en sus cuadras caballos para el servicio de los jinetes que habían de comunicar rápidamente las órdenes de los jefes a las milicias y pueblos del interior. Esta casa de Bernardino Lezcano, célebre por todos conceptos en los fastos canarios, se hallaba situada, según nos dice la tradición, en las huertas que se extienden a espaldas del convento de S. Bernardo, debiendo tenerse presente que en aquellos sitios no existía población alguna, pues era sólo una playa que corría desde la actual plaza de San Bernardo y calles adyacentes hasta el mar. El convento de monjas y el hospital de San Lázaro se construyeron con posterioridad, el primero, a fines del mismo siglo, y el segundo, en el siguiente (13). Fácil es comprender por lo que llevamos expuesto, cuán grande seria la indignación de este esforzado patricio al ver constantemente amenazadas las costas de la isla por tan despreciables enemigos, y al observar los insultos de que era objeto el glorioso pendón de Castilla, bajo cuya enseña habían combatido y triunfado sus padres y abuelos (14). Ni el municipio ni el gobernador entonces de Canaria, que lo era Martín Gutiérrez (15) tenían arbitrios ni resolución suficiente para remediar males de tamaña trascendencia; y en el mismo estado se encontraban las dos islas de Tenerife y La Palma que, con aquélla, dependían directamente de la Corona.

    [Formación de la escuadra en corso:]
    Entonces el intrépido isleño, no escuchando más que la voz del honor e impulsado por su ardiente patriotismo, concibe un proyecto audaz digno de su gran corazón, y se propone llevarlo a cabo sin demora aunque sacrifique su fortuna y hasta su vida. Para ello aprovecha la ocasión en que con seguridad puede trasladarse a España, y verificándolo en un buque de guerra de gran porte que casualmente se presenta en Las Palmas, llega a la Península y pasa sin detenerse a Guipúzcoa, de cuya provincia era oriunda su familia y en donde tenía poderosos deudos y amigos; busca un buen constructor de buques y le encarga la fábrica de un galeón y dos naves de menor porte que puedan ser armados en corso, y ofrezcan todas las seguridades necesarias para sostener un combate, y las condiciones marineras de velocidad y firmeza para afrontar las borrascas del Atlántico. Entretanto consigue pilotos, tripulantes y capitanes, a quienes confía su pequeña escuadra, y víveres, armas y municiones con que dotarla; y mientras la construcción adelanta, incansable siempre en su propósito, recorre los puntos del Mar Cantábrico y del Canal de la Mancha, y reúne una tripulación numerosa y aguerrida, dispuesta a todo bajo sus órdenes (16). Concluidos los buques, designó como almirante de ellos al galeón, y puso por nombre a los dos navíos la Pintadilla y el S. Juan Bautista; avituallólos, embarcó su gente, y haciendo colocar y distribuir la artillería según la fuerza y capacidad de cada buque, aparejó para las Canarias desde las costas vizcaínas, trayendo de jefe de la expedición a Simón Lorenzo, natural del Algarbe y marino de gran fama en aquella época (17). No esperaban por cierto los piratas ingleses, franceses y flamencos, la tempestad que desde tan lejos se les venía encima. Tranquilos y confiados con la impunidad de que tantos años gozaban, seguían impávidos el curso de sus piraterías sin cuidarse de las quejas de los isleños, ni de amenazas siempre importantes de las autoridades. Y no se crea que esta situación era imposible, porque ahí están las memorias de aquel tiempo que atestiguan lo contrario, sin las cuales permitido nos sería dudar que a las puertas, por decirlo así, de España, y cuando Europa y el mundo temblaban ante sus invencibles ejércitos, pudiera un puñado de aventureros burlarse diariamente del vencedor de Pavía, del conquistador de Roma, del hombre en fin que dirigía los destinos del más dilatado imperio que han conocido los siglos. Pero tal era el desconcierto del gobierno, las múltiples atenciones de los ministros, el estado de abandono de la armada, la inmensa extensión de costas y mares que había de custodiarse, que las Islas Canarias, a pesar de su importancia como punto de recalada, permanecían olvidadas de la madre patria, sin que sus quejas se oyesen ni su angustiosa situación se adivinara, ni aún se sospechase en los altos concejos del emperador. Por eso es que, a pesar del tiempo transcurrido entre la salida de Bernardino a España y su regreso, en nada había cambiado el estado anómalo y violento del país. La llegada de la escuadra al Puerto de la Luz, su brillante equipo, la circunstancia nunca oída de pertenecer a un particular, lo marcial y apuesto de sus tripulantes, y el objeto a que se destinaba tan considerable armamento, produjo en la población de Las Palmas un entusiasmo indescriptible. Ofreciéronse muchos a servir como voluntarios en la empresa que se trataba de acometer, y como el servicio de los marinos, acostumbrados a estos mares y el de los prácticos, conocedores de los vientos, corrientes y fríos del Archipiélago, no era para despreciar, se completaron las tripulaciones de cada buque, se renovaron los víveres y aguada, y se prepararon las armas y municiones como si se estuviera ya en presencia del enemigo.

    Lanzarote: Castillo de Guanapay [Desmantelamiento de la base de la isla de Lobos:]
    Antes de dar caza a adversarios tan audaces y tan bien pertrechados, era indispensable averiguar el estado de sus fuerzas, el número de sus buques y cañones, y la resistencia que pudieran oponer en la isla de Lobos, punto central de sus operaciones, y fortaleza donde custodiaban el fruto de sus rapiñas y guardaban sus heridos, enfermos y convalecientes. Para seguir este objeto se despacharon personas activas, inteligentes atrevidas a las islas de Lanzarote y Fuerteventura (18) que, poniéndose de acuerdo con los habitantes del litoral del estrecho, con quienes secretamente estaban en continuas relaciones los corsarios, pudiesen averiguar con certeza aquellos extremos y los demás que fueran de interés a los expedicionarios, facilitándoles el triunfo sobre sus enemigos y el completo exterminio de sus buques. Cuando creyó Bernardino que las noticias adquiridas eran suficientes para atacar con seguridad a sus contrarios, tanto por saberse el terror que en ellos había infundido la noticia de la llegada de su escuadra, cuanto porque los principales buques piratas se hallaban diseminados en tas vecinas costas africanas y se les podía sorprender y destruir en detalle, descansadas ya sus tripulaciones, embarcada la gente de guerra, en la que se habían alistado los jóvenes de las primeras familias del país, dio la señal de levar anclas, y en medio de un entusiasmo indescriptible, se echaron las velas al viento y se enderezó la proa a la Bocaina. Era el objeto de Lezcano dirigir sus primeros tiros al foco de la piratería, al sitio donde ésta había constituido el núcleo de su poder, la capital de sus usurpaciones y pillajes; porque no teniendo entonces donde refugiarse, era fácil arrojarla del Archipiélago y hacer casi imposible su reaparición, al menos bajo la organización temible y poderosa con que se había constituido y arraigado en él.

    Cuando la pequeña escuadra llegó a la isla de Lobos, la encontró ya abandonada, destruidos los almacenes y barracas, incendiados los objetos de difícil conducción, cegados los fosos que defendían las arrasadas fortificaciones, y en un completo estado de soledad sus estériles rocas y desiertas playas. Pero, no fue el abandono tan completo que no pudieran utilizarse varios objetos de algún valor que todavía escaparon de las manos de los bandidos, tal vez por lo precipitado de su fuga. Los buques, después de una pequeña estación en aquellas aguas, siguieron el litoral de ambas islas, y luego corrieron paralelamente a la costa africana, reconociendo todas las ensenadas, puertos y cabos donde podía ocultarse el enemigo. En esta larga y laboriosa excursión, apresaron y echaron a pique algunos corsarios que no pudieron escapar a tiempo a la bien organizada persecución canaria; y los demás, ahuyentados desde luego y sin aceptar combate, desaparecieron de las Islas, atravesaron el Atlántico y fueron a buscar más fáciles conquistas en medio de los numerosos archipiélagos que pueblan el mar de las Antillas (19). Es fama que estos corsarios, escapados de las armas del afortunado isleño, llegaron a constituir más adelante la famosa asociación de piratas, que, bajo el nombre de formantes, hizo temblar repetidas veces a las naciones marítimas de Europa (20). Después de obtenido el objeto principal de su patriótica empresa, Bernardino regresó a Las Palmas, y desde allí organizó diferentes expediciones a las demás islas con el fin de vigilar sus costas y sorprender si le era posible algún que otro buque sospechoso que, o más atrevido que sus compañeros o ignorando lo sucedido, quisiera aventurarse a enarbolar alguno de los pabellones con quienes estuviera entonces España en guerra. Por mucho tiempo fue estéril su deseo; la lección había sido dura y no era fácil olvidarla.

    [Ataque a buques franceses:]
    Sin embargo, llegó un día en que este deseo se vio al fin satisfactoriamente cumplido, prestando la improvisada escuadra otro nuevo e importante servicio a su país. Hallábase, dicen nuestros historiadores, el galeón almirante, que mandaba Simón Lorenzo, fondeado en el puerto de Santa Cruz de La Palma, adonde había ido con el objeto de vigilar aquella parte del Archipiélago, cuando una mañana el vigía señaló dos galeones franceses de guerra que pasaban a vista del puerto. A pesar de su inferioridad numérica, el valiente Bernardino, asistido del no menos bravo Simón Lorenzo, no vacila un momento, y sin detenerse a contar los cañones de sus enemigos, manda levar anclas y se avanza hacia ellos resuelto a trabar el combate o a perseguirlos y apresarlos si rehúsan aceptar. Pero los galeones franceses no pensaban en huir, y seguros de su victoria, rodearon al buque isleño y principió de una y otra parte un espantoso cañoneo que duró dos largas horas. Batíanse los enemigos como desesperados, sabiendo que defendían no sólo su vida y honra, sino sus intereses acumulados en la cala de sus buques después de muchos meses de afortunadas correrías, y aunque desde luego reconocieron su engaño en cuanto al porte, armamento y demás cualidades del buque español, no les era posible retroceder ni evitar las funestas consecuencias de su impremeditada ligereza. En efecto, a los primeros cañonazos, el galeón canario los desarboló, y abriendo anchas bocas en sus cascos, dominó y apagó sus baterías, echó a pique al buque más pequeño, preparó un atrevido ataque al abordaje, que produjo al fin la rendición de la nave principal. Tan brillante victoria fue celebrada en La Palma, y después en las demás islas, con tanto mayor motivo, cuanto que se encontró a bordo más de cuarenta prisioneros españoles, entre hombre, mujeres, religiosos y monjas, que pasaban a la isla de Santo Domingo y habían sido apresados en la travesía (21).

    Bernardino, pues, Consiguió su objeto, y vio premiados sus laudables esfuerzos con la extinción de la piratería en su país y la constante fortuna que le acompañó en todas sus generosas empresas (22); y tanta era la fama que había llegado a alcanzar su galeón, que hallándose accidentalmente en el Río de Sevilla, las autoridades de esta población, seducidas por su buen porte, lo secuestraron por algún tiempo en nombre del emperador y le obligaron a que acompañase de almirante una gran flota que se enviaba a Nueva España, como convoyando un rico tesoro en barras de oro y plata, del que ni los franceses ni ingleses pudieron distraer un solo maravedí (23). Algunos años después, respetado y querido de todos sus conciudadanos, murió Bernardino en Las Palmas (junio de 1553), habiendo sido enterrado en la capilla de San Miguel de la parroquia matriz que estaba entonces unida a la catedral (24). Los pocos hechos que hemos sucesivamente relatado, únicos que han podido llegar hasta nosotros relativos a este ilustre canario, le colocan, sin disputa, a una altura de la que no es fácil que las generaciones venideras le hagan descender si saben apreciar como se merece el valor, generosidad, patriotismo y abnegación que revelan aquellos actos, dignos por cierto de los tiempos heroicos de la caballería. Y sin embargo, ¿es su nombre conocido entre nosotros? ¿se le invoca alguna vez cuando se quiere hacer un llamamiento a nuestro desinterés y lealtad? No: su nombre yace olvidado completamente; sus atrevidas hazañas han quedado por espacio de tres siglos envueltas en las hojas de desconocidas informaciones que hoy son casi ilegibles. ¿Y por qué?... Porque la prensa era desconocida en el Archipiélago; porque los estudios históricos estaban relegados a algún curioso que, en medio de su aislamiento, no ]e era posible exhumar esos gloriosos res tos del pasado (25). Tiempo es ya de que ese culpable olvido desaparezca. En este siglo de luz y de progreso sería un crimen imperdonable nuestro silencio. Ha sonado la hora de reaparición para todo el que ha merecido bien de la patria. Derrámese la luz de la publicidad sobre tan heroicos he chos. Sólo así se cumple con la justicia, que es la voz severa de la historia, y se alienta a la generación presente ya las del porvenir a imitar su glorioso ejemplo. (Agustín Millares)

    * El corsario Amaro Pargo
    * El pirata tinerfeño Cabeza de perro
    * Mujeres piratas

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  10. El pirata tinerfeño Cabeza de Perro (n.1800). Por José Manuel Ledesma:
    Angel García nació en Igueste de San Andrés en 1800, en una casita blanca (casi del miedo) próxima al mar, en la que solía recalar con su velero para aprovisionarse del manantial existente en la cueva del agua. Apodado "Cabeza de Perro" presentaba los siguientes rasgos físicos: grueso y rechoncho, de nariz chata, ojos pequeños y hundidos, boca larga con separados dientes, cabello trigueño y cabeza muy abultada -a la vez que deforme- con enormes protuberancias, razón por la cual usaba ceñidor y capucha de color negro al objeto de cubrírsela. En el barrio de San Lázaro, en La Habana, poseía un verdadero palacio cuyo aspecto exterior era el de una dulcería; por dentro, estaba repleto de espejos y lámparas con incrustaciones de oro; las habitaciones se comunicaban con puertas secretas que daban a los sótanos de la muerte donde su fiel servidor, Plácido el Mulato, esperaba a sus víctimas; los cuartos estaban llenos de arcas con los frutos de las rapiñas (dinero, alhajas, relojes, etc...). Desde una vivienda situada frente a la pastelería, su hijo Luis García, controlaba la entrada y salida de las personalidades (clientes) con as que su padre se relacionaba en cuestiones de pillaje y negocios ocultos. En sus desplazamientos hasta las costas africanas en busca de esclavos negros y naves cargadas de marfil y maderas nobles, nunca atacó a las embarcaciones que navegaban por aguas canarias, por el contrario, e Caribe constituyó su centro de operaciones. El episodio más conocido del pirata fue el asalto que, desde su barco insignia El Invencible, efectuó al bergantín El Audaz en su recorrido desde La Habana a Nueva York. En la refriega acuchilló a los tripulantes y pasajeros, excepto a una mujer y a su hijo, quienes se habían escondido; no obstante, cuando ambos fueron descubiertos los arrojó al mar, al tiempo que hundía el barco y emprendía la retirada.

    Afortunadamente, el velero italiano Centauro los recogió y al relatar la odisea al capitán, éste le mostró el retrato de Cabeza de Perro, reconociéndolo la señora como el autor de aquella matanza. Según algunos autores, desde ese momento el pirata cambió de actitud, ya que aquel llanto infantil le quedó grabado en su mente, de tal manera, que el remordimiento no le permitía conciliar el sueño. Además, como notaba que envejecía rápidamente, expresó a sus socios, personas de elevado rango social, su deseo de abandonar la piratería e incluso entregarse a la justicia, pero su hijo le disuadió, porque ello induciría a descubrirlos a todos. Comenzó entonces a frecuentar la Iglesia y entabló amistad con un clérigo, también oriundo de Tenerife, quien lo convenció para que regresara a su Isla natal, tomando el pirata la decisión de volver de nuevo a su antigua casa en donde dedicaría su tiempo a labrar la tierra y por las tardes se sentaría a observar los barcos surcando la mar. Fue así como ataviado de indiano -traje blanco, sombrero, anteojos de hombre respetable y acompañado por una cotorra- embarcó en El Tritón. Durante la travesía no salió del camarote y solo al oír el grito de tierra fue cuando subió a la cubierta para contemplar el Teide y su casita de Igueste. Al llegar al puerto de Santa Cruz de Tenerife desembarcó totalmente transformado, ya que llevaba pantalones anchos por encima de los tobillos, una chupa de grandes faldones, sombrero de guano de ala ancha, un paraguas y una jaula con la cotorra; su feo aspecto fue motivo de comentarios jocosos, a la vez que de burla por una multitud de chiquillos -situación que el pirata rechazaba con el paraguas- lo que originó que aquellos palanquines le tiraran piedras hasta dejarlo herido en el suelo. Cuando llegaron los guardias para protegerlo, lo encontraron intentando defenderse con un cuchillo, cuyo mango en forma de cabeza de perro, lo delató y fue encarcelado. A partir de este episodio, pasó largo tiempo en el Castillo de Paso Alto a la espera de la resolución de su condena. Entre tanto, se distraía fumando y construyendo maquetas de barcos, sin hablar ni siquiera con sus guardianes. Al conocerse la sentencia de su muerte nadie quiso perderse el espectáculo de su traslado -a pie entre bayonetas- desde aquella fortaleza al barrio del Cabo. En los instantes previos a la ejecución pidió un habano, donó la maqueta de un bergantín a la Virgen del Carmen y para demostrar su personalidad arrogante hasta el final, se atavió un pañuelo rojo en la cabeza y lanzó una mirada y una sonrisa irónica mientras recibía los disparos que acabaron con su vida. (José Manuel Ledesma)

    Golfo de Guinea Benito de Soto (-1830):
    Nació en Pontevedra aunque algunas fuentes señalan a La Coruña. Sus primeras navegaciones fuera de la ley las dio en el buque negrero portugués Defensor de Pedro, transportando esclavos de las costas de Guinea a Brasil. Durante la estancia del buque en Mina en 1828 se puso al frente de parte de la tripulación para dedicarse a la piratería. Benito de Soto quedó al mando del buque, que pasó a llamarse Burla Negra. Su primera presa fue el Morning Star. Localizado el capitán, los piratas lo ejecutaron inmediatamente, así como a un número indeterminado de hombres, sin distinguir entre pasajeros o tripulantes. Más tarde, los piratas, tras encerrar a los que no habían sido asesinados, practicaron una serie de agujeros en el fondo para que el barco se hundiese. Tras abandonar el mismo los piratas, las mujeres consiguieron liberar a los hombres que habían sido encerrados, quienes pusieron en marcha las bombas para tratar de achicar el agua que ya había empezado a inundar las bodegas. Horas más tarde, y cauando el barco amenazaba hundirse, los supervivientes fueron salvados por un barco inglés. Durante dos años Benito de Soto y los suyos prosiguieron atacando a barcos indefensos y tras haber logrado un buen botín, decidieron regresar a España y "realizar" beneficios. Tras conseguir documentos falsos en Pontevedra, su tierra, Soto y los otros piratas marcharon a Cádiz, fondeando en su bahía. Un fuerte temporal arrastró el barco contra la costa, lo que obligó a Benito de Soto a urdir nuevas explicaciones al tratar de vender los restos de la nave ante las autoridades gaditanas. Como las explicaciones no resultaron convincentes, temiendo ser ser descubiertos, Benito y sus cómplices huyeron a Gibraltar. Su estancia en el Peñón comenzó a levantar sospechas y al encontrar entre su equipaje un libro de memorias del capitán del Morning Star y algunos efectos que habían pertenecido a los pasajeros del citado buque, fueron arrestados. En el posterior juicio Soto se declaró culpable, siendo condenado a muerte. Fue ejecutado en la horca el 25 de enero de 1830. (Ricardo Arroyo)

    * Cabeza de Perro por Dulce María Loynaz | El corsario Amaro Pargo | Mujeres piratas

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  11. Cabeza de Perro. El último pirata. Por Dulce María Loynaz:
    Tres males hay, entre los padecidos por la Humanidad desde su aparición en el planeta, que se ensañaron, valga la expresión, en las tierra, cálidas de nuestra América, y los tres nos vinieron por el mar. Son ellos los ciclones, la esclavitud y la piratería, males viejos, por cierto, a los que si añadimos la fiebre amarilla, resultan otros cuatro jinetes dignos del Apocalipsis. En el granero de los pueblos jóvenes siempre estuvo el forraje de su, cabalgaduras. Bajo el tropel de cascos, ya puede suponerse qué existencia se tendría en los predios de su elección; asombra a veces ver cómo pudieron algunas razas o generaciones sobrevivir a enemigos coaligados, cuando parece que bastaba uno para aniquilarla. Y aunque el saber de los proverbios no le fía cien anos a las calamidades más longevas, sabemos que la nuestras multiplicaron esa cifra. Ciclones y mosquitos habremos de cargarlos a la cuenta de la Naturaleza: ella que nos libró de los duros inviernos europeos, no tuvo empacho en apretar por otro lado las clavijas. Suerte fué que de unos y de otros nos enseñaron a defendernos, en lo que va de siglo, el padre Viñes y el doctor Finlay. Con sus ilustres nombres queda cenado el capítulo de es tas desdichas tropicales; en cuanto a esclavos y piratas que hechura fueron de los hombres, con mayor fundamento por los hombree también se erradicaron. Sobre estos últimos cabe añadir que, aunque proliferados a lo largo de nuestras costas, ellos no constituyen, como los tornados septembrinos o el stegomya fasciata, una exclusividad americana. Su rumbo fué desde el principio cualquiera de los puntos cardinales; su tiempo el mismo de la Historia; su origen, la fricción de dos mundos antagónicos. Pero de aquella larga convivencia, esclavos y piratas se nos quedaron dentro bailando en ronda fantasmal cuando ya había pasado su último día entre nosotros. Se nos quedaron como una memoria atávica por la cual fuese posible recordar lo que no conocimos. Hay una suerte de paralelismo entre esos dos fenómenos sociales que en nuestras tierras se prolonga hasta el instante en que se extinguen ambos. Estudiar por su orden este proceso pródigo en situaciones semejantes, en coincidencias en entrecruzamientos de raíces, seria una labor interesante, pero sin duda muy prolija para el carácter de este libro, razón que me aconseja no volver sobre mis pasos y quedarme en el final ya señalado. Decía, pues, que la piratería y la esclavitud, luego de aclimatarse en nuestro hemisferio, tienen en él su último reducto. Perseguidas, sitiadas, vienen a desaparecer casi en el mismo tiempo y en condiciones poco comunes, que fue ron, sin embargo, comunes a las dos. Se habían promulgado ya las leyes y los tratados internacionales que en apariencia ponían fin a sus depredaciones, y todavía los filibusteros y los tratantes de mercancía humana seguían, más o menos encubiertos, circulando por sus dominios, y es realmente muy difícil, si no imposible, fijar la fecha exacta en que de veras se retiraron para siempre. De intentarlo, habría, por ejemplo, que referirse a los contratos de trabajo celebrado, con los chinos, fuente de tantos sinsabores entre un flamante cónsul portugués y las autoridades españolas de nuestra Habana en tiempos de la colonia. Por culpa de esos dimes y diretes, el cónsul, que no era otro que el gran Eça de Queiroz, en un arrechucho de mal humor, nos comparó la Isla con un palillero de palmeras. Muchos aconteceres, que ala sazón se sucedían, daban lugar a semejantes confusiones, y para un buen enfoque del problema habría que empezar dilucidando cuales constituían verdaderas perturbaciones de corsario, y cuáles otros se tildaban de tales sin que de hecho lo fueran, o lo fueran sólo para los intereses de ciertas esferas oficiales. Pero poner los puntos sobre estas íes buen trabajo seria, y ya lo fué en su tiempo; bástenos hoy saber que se llegó a la meta por etapas, y, entre otros factores decisivos, el barco de vapor contribuyó en no pequeña parte. Fué así que poco a poco nuestros mares se vieron limpios de esas plagas. La obra de saneamiento se completa en el último tercio del XIX. Desde luego nuestra centuria no conoció abordajes de piratas ni subastas de esclavos. Ello no significa que no se hayan producido en su transcurso actos de piratería o imposición de servidumbres; lo que si cabe en la afirmación es que ambas cosas, como instituciones, digamos, como negocio al uso no llegaron afortunadamente hasta nosotros, y si el siglo en que no ha tocado vivir, o, reduciendo más el término, lo que llamamos nuestra época, es también una patria en el tiempo, como le oí decir en muy aguda observación a don Joaquín Calvo Sotelo, de no haber heredado esclavos ni piratas, bien podemos sentirnos orgullosos. Divagando en el tema -como ahora-, atraída por él probablemente en virtud de aquel tipo de recordación a que antes aludí y que hoy se pudiera designar como memoria electrónica, yo siempre había pensado qué lindo reportaje pudo hacer el periodista a quien se le hubiese ocurrido entrevistar, en los azares de su profesión, al último esclavo de nuestras tierras o al último pirata de nuestros mares. ¡De qué interés humano habría sido, frente al sujeto vivo, desenredar sus sentimientos, sus experiencias en la adaptación al nuevo medio! Preguntar al siervo emancipado qué iba a hacer con su flamante libertad, o al pirata en receso, con sus pies en tierra firme, o en un mar sin posibles corre rías. Que yo sepa, a ninguno le pasó por la mente tal idea, y ahora sólo cabe imaginar qué nos hubieran dicho los que pudieron ser protagonistas de páginas tan fascinantes, muer tos seguramente antes de que llegaran a escribirse. Yo, sin ser del oficio, si mis años me hubieran permitido pretender esa entrevista, den por seguro que no me la pierdo; por más que debo confesar también que, a pesar de mis tardías curiosidades, aún no he tenido modo de enterarme de quiénes fueron, a fin de cuentas, ese último esclavo, ese pirata último.

    Pirata Angel García:
    No es de extrañar, por tanto, el interés que de inmediato prendió en mi ante la perspectiva de encontrarme frente a uno de estos personajes; a juzgar por lo que de él me habían contado, el tal Cabeza de Perro podía ser el que buscaba. Naturalmente que el hombre estaba muerto, pero de cualquier forma iba a visitar su casa; acaso ella me diría de él más que en su día me hubiese dicho él mismo. Mas no quiere decir que fuera mucho: en lo concerniente a dicha casa no había que olvidar que sólo por temporadas la habitaba el difunto, según lo averiguado por mi hasta ese momento- No era, en consecuencia, una casa muy vivida, muy penetrada por su dueño. Pero allí había nacido y allí también se complacía el muy tunante en recalar cuando sus andanzas se lo permitían. Siempre a escondidas, por supuesto, pues unos mayos más y otros diciembres menos, era hombre buscado por la Justicia. No obstante, con peligros, con clausura ineludible y con tristezas, la casa solitaria lo atraía. En ella estaban sus primeros recuerdos, aunque no fueran gratos, sus últimos padrenuestros, aunque no fueran bien recibidos; allí volvía a verse niño, niño arisco triscando entre las piedras, haciéndose cuchillas con los pedazos de obsidiana, arrojando guijarros a los pájaros. Había sido un chico maltratado, una siembra de iras y rencores. Unicamente a solas con el mar o en la entraña del monte se sentía a sus anchas; lo demás le estorbaba. Y lo que le estorbaba -ya lo sabían todos- poco a poco fue deshecho en su mano. Después había vuelto muchas veces y en su propio velero, desde el cual le era fácil alcanzar la orilla en bote o fondear en el cercano boquete de Antequera: el lugar parecía propiciado por el diablo para un buen trasiego de contrabando, hacer aguadas clandestinas y hasta provisión de vituallas. Es de pensar que contara para ello con la complicidad de los escasos moradores de los contornos, ignorantes a lo mejor de su verdadera identidad. La punta de San Andrés hacía el resto, pues avanzando al mar curvada en una horqueta no permitía ver desde Santa Cruz lo que ocurría en su repliegue. Un poco más abajo estaba la llamada con los años Cueva del Agua por el manantial que fluye dentro, y es aún accesible en las resacas. En más de veinte pipas se ha calculado su producción por día, siempre de un agua cristalina, exenta del más leve gusto a sal. Y en llegando a este punto conviene tener en cuenta que a un siglo de distancia aquello era un lugar casi desierto, al par que por su abrupta orografía escapaba de toda vigilancia. Aun al tiempo de nuestra visita no vi allí más personas que las que fueron con nosotros. La casa ya era antigua en ese entonces; en uno de sus paredones pude leer, semiborrada, la fecha de su construcción: 1727, o sea todavía un siglo antes del nacimiento del pirata, y al surgimiento de los pueblos de Igueste y San Andrés. Quién la hizo y a qué fué destinada habían pasado a ser incógnitas de las que nadie se ocupaba mucho; por otra par te, de ella y de los terrenos limítrofes tampoco existía documentación alguna en registros ni archivos establecidos a ese fin. A pesar de haberle encarecido a nuestro cónsul que no mezclara demasiado la lógica con la aventura, no me había quedado más remedio que enterarme de cómo fué a parar esta finca a manos de su suegro. Y no es que yo me opusiera a que el señor Sabina disfrutara de su propiedad, sino que a la verdad me parecía que la presencia de este caballero podía dar a la mansión un aspecto honorable, que no era precisamente el que me había llevado a saltar otra vez los farallones. Supe así que el actual dueño la había adquirido de don Chano Cifra, que a su vez la había venido poseyendo en precario desde una fecha tan remota que él mismo no podía establecer. Hubo, por consiguiente, que correr lo que se llama un expediente de dominio, uno de tantos convencionalismos a que recurre la maquinaria jurídica cuando pierde una rueda de su engranaje; un expediente de dominio nos dice más o menos que un inmueble ha brotado del ombligo de Buda. Vuelvo a tomar el hilo del relato en el momento en que la embarcación pirata se surtía de agua y provisiones en el abra de Antequera. Allí la despachaba el capitán si su propósito era permanecer por algún tiempo en sus lares, no sin antes fijar, ya se comprende, la fecha en que la tripulación debería volver a buscarlo. De lo contrario, su navío esperaba por él en el boquete, casi incrustándose a talud. No se sabe que mujer alguna aguardase al pirata en esas escapadas eventuales, y menos un pariente o un amigo. Solo subía al caserón y soto se descalzaba las botas que había llevado varios meses puestas. Angel García no asaltó jamás barco alguno que navegara en aguas de su isla; por alguna razón sentimental, o simplemente de conveniencia, se abstuvo de hacer daño en la región natal que había escogido para sus refugios furtivos y en la cual sólo buscaba pasar inadvertido. Por otra parte, ya estaban lejos los tiempos en que los Blakes y los Drakes se jugaban la vida frente a las negras moles de Nivaria. Ahora el dornajo había que buscarlo en aguas tropicales: se desplazaba desde el golfo de Méjico hasta los bancos de las Bahamas. Siguiendo el arco ecuatorial, en alguna ocasión nuestro filibustero había llegado hasta la misma Africa, y en sus playas, sombreadas del boabab gigante, por el engaño o la violencia, se hizo dueño de tesoros propios del continente y fácilmente canjeables en el que es taba del otro lado del Atlántico: colmillos de elefantes, aceite de copra a reventar los odres, tarros de almizcle y hasta doncellas de ébano y elásticos mancebos cazadores de tigres. Pero fué e mar de las Antillas el verdadero caldo de cultivo de sus instintos vermiformes, de su virus maligno: en él se había liberado aquella carga de muerte que le viajaba a ciegas por la sangre. Angel García llegó a ser un pirata famoso, y se llamó Cabeza de Perro. Una cabeza enorme, bamboleante sobre sus hombros recordaba más bien la de los toros, mas no en armonía con su cuerpo, como se ve en el animal, sino cercenada del mismo, a la manera un tanto morbosa en que algunos las muestran cual trofeos. Parecía que en broma se había puesto una cabeza de éstas. Pero de bromas andaba él muy lejos ciertamente. Y no era broma la cabeza aquella, casi incapaz de discernir, mas si de conducirlo al asalto, al incendio, a la hecatombe, como si fuera por su propio peso. Era el terror de las embarcaciones obligadas a arriesgarse en su órbita, pues entonces, acaso más que ahora, bullía el intercambio comercial -sólo posible por los barcos- entre los puertos adyacentes al Trópico de Cáncer. Conocedor de que la situación política de Cuba y Méjico forzaba a muchos de sus habitantes a emigrar de sus tierras, y, entre ellos, los ricos procuraban llevar consigo su caudal, caía como un rayo sobre cuanto mercante o paquebot se le ponía a tiro, y no lograba el más ligero de ellos escapársele. Es fama que no respetaba ni a las mujeres ni a los niños, pues tenía, además, la alevosía de hundir las naves tras el saqueo y la matanza. Si alguien quedaba vivo no podría contarlo; con él no había salvación posible. Sin embargo, una vez, ya dando fin a su faena, Cabeza de Perro oyó una tierna criatura llorar entre las olas; muchos sollozos infantiles habría oído en trances similares, tan repetidos en su vida, pero esa noche el hombre se detuvo y se asomó a la barandilla para ver quién lloraba. La luna llena iluminaba el piélago infinito, otra vez silencioso, como sí no acabara de engullir la reciente tragedia: sólo el rumor de la onda cortada por la quilla y aquel llanto sin nadie cada vez más pequeño. Los ojos del pirata recorrían en toda su extensión la masa líquida, luego quedaron fijos en un punto. Una espuma in blanca que la espuma, un revuelo, un temblor... Era una niña de unos dos años que aún se sostenía a flote a causa de sus anchos faldellines abiertos sobre el agua. Y la niña, en la jerga propia de su edad, balbuceaba tendiendo al aire los menudos brazos:
    "Upa, mamá... Upa..."
    Pirata A toda marcha el bergantín se alejaba del sitio de su crimen, mientras Cabeza de Perro, inmóvil en la borda, seguía contemplando el frágil bulto que se debatía, se perdía en el breve remolino. Al día siguiente el capitán pirata repartió el botín entre sus compañeros de iniquidades, sin guardar parte alguna para al. Vendió de prisa su siniestro esquife y decidió que ya era hora de volverse a casa. Volverse a casa y descansar y no salir más de ella. Hora tal vez de ser un hombre honrado. No había que asustarse de la palabra y mucho menos tenérsela por cobardía. Bien pensado la honradez no requería mucho para serlo, y con lo que le dieron por el Invencible tampoco podía intentar otra cosa. Precisamente que ya el reuma empezaba a clavarse en su, rodillas, por más que buen trajín les diera siempre. También los barcos de vapor habían trastornado muchas cosas y no era, como antes, el hombre, cuerpo a cuerpo con el mar, quien decidía las victorias. Si, resueltamente, ya no era buen negocio ser pirata, y lo mejor seria retirarse a tiempo. Conservaría su argolla de oro de recuerdo y su cuchillo por si acaso... No hubiera estado mal en el pretil que daba a barlovento -allá en su risco- el cañoncete que le pillara al balandro holandés. Buenos tiempos aquellos... Pero ya todo había terminado, y el no se iba a embarcar con un cañón a cuestas. Volvería a la vieja tierra, sembraría algunas hortalizas en su huerto. Por las tardes se sentaría a la ventana a ver pasar los barcos... Y los vería sin codicia, sin malos pensamientos, conforme para siempre con su azumbre de vino en el repecho y su puro en la boca. Y ya no oiría más a aquella mocosuela gritando todavía "upa, mamá..." Y allí, con un respingo que hacía tambalear su cabezota, iba la última resolución. Eso sí, de ahora en adelante no más espantos ni tapujos; podría vivir como los demás hombres, incluso casarse si le venía en ganas. Casarse y tener hijos, sí señor... No, hijos no. Nunca, nunca chiquillos cerca de él. Los odiaba, era lo único que odiaba ya. Y por un largo rato la cabezota le colgaba inmóvil sobre e pecho, cansada de pensar. Aquello no iba a ser un arrebato pasajero.

    Regreso a Tenerife:
    Sin que nadie, ni él mismo, pudiera explicárselo, Cabezo de Perro ya se sentía realmente un ciudadano pacifico, y como, además, se había desprendido de su barco, poniendo oídos sordos a cuantas consideraciones pudieran apartarlo de su proyecto compró tranquilamente un pasaje para Santa Cruz de Tenerife en el primer correo que salía de La Habana a la Península con escala en Canarias. Compró también café y tabaco en abundancia, un sombrero de jipi, anteojos de hombre respetable y una cotorra que enseñó a carraspear dos octosílabos de su invención:
    Quiero vivir junto al Teide, y ver los barcos pasar...
    Don Aurelio Pérez Zamora, que escribió un libro muy curioso sobre la Perla de las Antillas, del cual he entresacado buena parte de estos datos, supone por allá a Cabeza de Perro enzarzado en otras actividades aún más protervas que las de su oficio, y las que, al propio tiempo, liquidé a su manera; en lo que hace a tal extremo, debo manifestar que no me ha sido posible confirmarlas. Sea como fuere, yo prefiero omitir su narración, porque las mismas entran en un sector ajeno al de mi obra, sector, por otra parte, ya bastante confuso e hiperbólico. Lo cierto es que Angel García rompió con su pasado y se embarcó en uno de aquellos mercantes que tanto había perseguido, rumbo a una nueva vida que creía alcanzar fácilmente, como si se pudiera cambiar de existencia como de ropa usada y maloliente. Por un resto de precaución o de pudor, no había querido salir del camarote mientras duró la travesía, que contaba por última en sus días y que, en efecto, así iba a serlo. El que en un tiempo anduvo como dueño soberbio de los mares se contentaba a la sazón con ver su antiguo reino a través de un tragaluz. Y sólo al acercarse al archipiélago, sintiendo ese llamado embrujador de la materna tierra, se atrevió a subir a cubierta y contemplar el edén que se ofrecía a sus ojos. Era en el mes de abril, y un tibio olor de cereales, de polen y de pastos venia de las islas próximas, casi al alcance de la mano. La tierra estaba allí: se divisaban los caminos de herradura, las huertecillas mínimas labradas en mosaico por todas las laderas... Y seguían llegando otros aromas familiares: el del granado en cada patio, el del gofio molido, el de los montes de su infancia, cuajados por esa época del año de retamas en flor... ¿Era que nunca había vuelto a iniciarse allí la primavera? ¿O era que las premuras y las incertidumbres de sus regresos nunca le habían permitido percibir esas cosas? No recordaba, no, haber sentido antes lo que ahora sentía, en paz consigo mismo y con el mundo. El extraño viajero respiraba la con los ojos cerrados, aquel aire balsámico que le era viejo y nuevo al mismo tiempo, que trascendiendo a intimidad le parecía descubrir con algún otro sentido estrenado también esa mañana. Y así, embriagado, alucinado, Angel García desembarcó en su país de origen por vez primera como pasajero y no como pirata. Desembarcó, cargando él mismo sus matules, su cotorra, sus sueños,... Echó a andar por la plaza, torpes los pies en los zapatos nuevos, en las losas urbanas. Su pergeño era exótico, grotesco, y por demás chocante. Ya con un cuerpo mal conformado, había tenido la insensatez de añadirse nuevas extravagancias; los pocos transeúntes volvían testas a su paso, los horteras se asomaban a las puertas de los comercios mascullando risas y cuchufletas. Y entonces sucedió algo imprevisto y al mismo tiempo natural: brotados nadie supo de dónde, surgieron de repente multitud de chiquillos callejeros -palanquines, que dicen en Canarias-, tropa menuda y alborotadora que no tardó en rodear al forastero. Detuvo éste su marcha de sonámbulo; aquel tropel se le venía encima como jejenes de las ciénagas tropicales; sus silbidos llamándose unos a otros, taladrando la plácida mañana, parecieron despertarlo, volverlo por vez primera a la realidad. Cabeza de Perro levantó lentamente su paraguas y comenzó a repartir golpes entre la chiquillería. En mala hora lo hizo; sus pequeños enemigos la emprendieron a pedrea limpia contra él, le arrebataron el paraguas, el sombrero, la jaula de la cotorra, dieron con su maltrecho cuerpo en tierra, y aun allí siguieron acribillándolo, clavándole sus mínimas ponzoñas, pateando su vientre, su cabezota inmóvil ya sobre los adoquines. En el sopor de su inconsciencia él los seguía viendo convertidos ahora en una ronda de pequeños diablos, bailando y chillando en torno suyo y todos con un solo rostro: el de la chiquilla ahogada aquella noche... Cuando acudieron los guardianes del orden e forastero estaba sin sentido, pero en su mano aprisionaba todavía un extraño cuchillo cuyo mango figuraba la cabeza de un perro. Al parecer lo había sacado ya en el suelo para defenderse. Y ni uno solo de los minúsculos atacantes pudo ser aprehendido entre la turba que huía dispersa, que se reintegraba a la nada de donde había brotado. Los guardianes se encogieron de hombros y cargaron con el herido, sin saber todavía a punto fijo dónde llevarlo. -A la comisaría- dijo uno. Y otro propuso: -Al hospital. El pisar de sus botas se perdía poco a poco en el paso de un coche, en los pregones mañaneros. Y en el suelo quedaron los matules, la cotorra en su jaula, que gritaba desesperadamente:

    Quiero vivir junto al Teide
    y ver los barcos pasar...

    Encierro y ajusticiamiento:
    Ya lo demás cayó por su propio peso. El singular cuchillo delató a quien lo había esgrimido, por ironías del destino, sin hacer blanco por primera vez. Y por primera vez sintió la mano de la Justicia sobre el hombro, quien por primera vez venía a su tierra como hombre de paz y no como pirata. Pero también por un designio misterioso e inapelable eran los niños los que le entregaban a la justicia de los hombres. Ellos habían decidido su suerte antes y ahora, habían puesto ante él una posibilidad de salvación, para hundirlo después en la más cruel desesperanza. La niña era vengada por los niños. Cabeza de Perro se sometió humildemente a su destino: no hizo nada por escapar a las sanciones que le esperaban, no movió un dedo para estorbar la consumación de su castigo. Y empezó el papeleo, las idas y venidas de alguaciles, actuarios, chupatintas, carceleros. Los olores que habían salido a recibirlo seguían acompañándolo hasta cierto punto. Filtrándose a través de los muros, atravesando el enrejado ojo de buey, solían visitarlo, conversarle de las faenas del campo, la recolecta del trigo, las uvas maceradas en el lagar. Eran cosas terrestres que nunca le habían interesado, pero las únicas que conseguían acercarse a su soledad. Por ella. supo el preso cuándo pasó la primavera y después el verano y el otoño. El invierno le sorprendió una tarde con un puñado de perfume: el de las flores del almendro. En cierta ocasión en que sus guardianes le dieron a beber vino en exceso, Cabeza de Perro pronunció unas palabras que darían mucho que hablar, y hasta que hacer. Dijo el pirata:
    -Si quisiera salvarme, bien podría. Tengo oro escondido, bastante oro, como para comprar la libertad por cara que me la vendan. Como para pagar por ella mi peso en oro puro...
    Pero como si hubiera dicho más de lo que quería; cayó de súbito en el más profundo de los mutismo,- De ahí en adelante fué difícil arrancarle palabra alguna. Con la enorme cabeza siempre caída sobre el pecho no dejó saber a nadie si era verdad o fanfarronería lo que dijo esa noche, espoleado por el tinto, brillantes las pupilas como dos tizones. Y así siguieron transcurriendo los meses y los años, y aunque se renovaban los olores cargados de noticias, él ya no los sentía. Y aunque otras veces empinó el codo en do masía, tampoco las palabras cabalísticas salieron de sus labios. Tenía el vino triste, pesado, silencioso, y al fin terminaron todos por aburrirse de él. En los últimos tiempos sus manos se emplearon en una actividad inusitada: con desechos de tea, un poco de bramante y otro poco de lienzo, con un mellado cortaplumas que a ratos le prestaba el carcelero, el feroz Cabeza de Perro se entretenía en fabricar la réplica de un barco en miniatura. Viendo el primor con que ajustaba jarcias y velas diminutas, le preguntaban para quién era aquel juguete. Y él respondía invariablemente, y era a lo único que respondía:
    -Para una niña que me llora dentro...
    Y era tan incongruente la respuesta tan imposible de ubicar niña alguna en aquella figura repelente, que muchos empezaron a decir que Angel García estaba loco. Fué también en esos mismos tiempos que le nació hijo varón a la reina viuda de seis meses, y alguien, mientras labraba su barquito, le deslizó junto a la oreja la posibilidad de pedir su perdón en gracia al fausto suceso. Pero el interesado no mostró el menor interés en el real a estaba dándole forma a la pequeña anda que era ya el colofón de s navío, y ni siquiera levantó la cabeza al murmurar para si mismo, con palabras que no eran en verdad las de un demente, aunque siguieron pareciéndolo:
    -No es ella quien puede perdonarme.
    Llegó por fin el día que tenía que llegar se dispuso la pública ejecución del pirata Angel García, más conocido por el sobrenombre de Cabeza de Perro, para el siguiente lunes a las cinco de la madrugada en los Molinos de los Anacletos. Y cuentan que al sacarlo de capilla, el sargento encargado de conducirlo le preguntó si tenía algo que decir o pedir como última gracia. Y el reo, asintiendo con la cabeza erguida ya, casi radiante, pidió dos cosas muy sencillas: que le dieran un buen habano para ir fumándolo por el camino... y que llevaran el barquito a la Virgen del Carmen de su pueblo.

    La historia es triste y deja a todos con una losa sobre el pecho. Alguien quisiera decir algo, pero no dice nada. Estamos en la casa del pirata, entre sus gruesos muros de más de medio metro de espesor. Las vigas del techo se ven ahumadas por las bujías que en otro tiempo alumbraron largas veladas, las veladas sin alba de su dueño. Hay dos habitaciones que se conservan como estaban entonces; en una de ellas una trampa disimulada desemboca por cinco o seis peldaños a un sotabanco húmedo y oscuro, comunicado con el exterior. Pero desde hace muchos años un portillo de hierro lo clausura. No llegamos a bajar. El aire se está haciendo irrespirable y el cónsul abre la ventana. Una ráfaga olorosa a los campos vecinos entra por ella, entra también una gaviota que tenía su nido en el alero. Entra el mar verde, soleado, eterno.
    Por él los barcos pasan. Siguen pasando como siempre. (Dulce María Loynaz. Un verano en Tenerife)

    * Cabeza de Perro. Por José Manuel Ledesma
    * El corsario Amaro Pargo
    * Mujeres piratas

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  12. Ataques a Gran Canaria (ss.XVI y XVII). Por Francisco Suárez Moreno:
    Los mares y el litoral de Canarias estuvieron sometidos a los peligros de corsarios y piratas. A lo largo de los siglos XVI y XVII estos solían utilizar los barrancos del despoblado poniente de Gran Canaria para sus aguadas. Ejemplo de ello tenemos la orden obispal de 1583 para el cierre de la ermita de San Nicolás por utilizarla como alojamiento los luteranos que recalaban en el puerto de La Aldea. O más concreto fue el desembarco de 500 hombres de Drake, el 8 de octubre de 1595, en Arguineguín, para proveerse de víveres y agua, que tuvieron que reembarcar por el ataque de las milicias insulares (RUMEU, 1947, T.II: 721-723). Aún la tradición oral mantiene relatos de tesoros enterrados como veremos más adelante. Por ello, a principios del siglo XVIII, dentro de un plan de fortificaciones de las costas canarias, el gobernador general de las Islas propuso al segundo marqués de Villanueva del Prado la construcción de un castillo en la costa de La Aldea, lo que no tuvo efecto por las pretensiones del marqués, a cambio de la obra, de obtener el título de Señor del lugar y desvincularse de la administración del Cabildo, de las milicias provinciales y de la propia jurisdicción de la Real Audiencia que quedaría como tribunal superior (SUÁREZ, 1990: p. 56). A medida que avanzaba el siglo XVIII se produjo cierta pacificación de los mares canarios lo que benefició al tráfico de cabotaje; no obstante se fueron dando ciclos de las guerras entre la Corona hispana y las potencias navales europeas enemigas que favorecieron la acción de sus corsarios, frente a la organización defensiva insular a cargo de los regimientos de milicias canarias.

    Regimiento de Guía:
    El sistema defensivo de este departamento marítimo quedó bajo el control del Regimiento de Guía organizado, según Hermosilla, hacia 1779, en 10 compañías de milicias distribuidas en cada uno de los pueblos de la jurisdicción, con un total de 870 hombres. Además se ejercía un sistema de vigilancia costero, al que estaba obligado a participar la población en turnos, sobre todo en las guerras con Inglaterra y Francia (1742-1743, 1761-1763, 1779-1783, 1793-1795, 1796-1800...). A tal efecto, desde la montaña de La Atalaya (Guía-Gáldar, fig. 2) se controlaba por el naciente la costa de Lairaga hasta el Vigía de La Isleta y por el poniente la panorámica que llegaba hasta el puesto de observación de la Degollada de Las Conchas sobre la punta de La Aldea. Aquí el campo visual se extendía más al Sur con sucesivas atalayillas situadas desde los riscos de Amurgar hasta Veneguera y Mogán, alertando de cualquier incidente a través de señales por hogueras. Otra atalaya muy estratégica, posiblemente utilizada desde la época aborigen es la situada en la degollada de Tirma, con amplia panorámica hacia el Norte y Sur. De ello nos habla con precisión, en 1779, Miguel Hermosilla: (...) Están dispuestas y vistas unas de otras de tal suerte qe al instante de hecha la señal pr cualquera de las atalayas inmediatas al mar toda la isla esta noticiosa de ello y se pone en armas (...). [DESCRIPCIÓN TOPOGRÁFICA, POLÍTICO Y MILITAR DE LA ISLA DE GRAN CANARIA, Cap. 15, fols. 42-43. El Museo Canario]

    Ataques a los puertos:
    La guerra mantenida por la Corona española contra la inglesa, en la década de 1740, determinó que el litoral de las Islas Canarias estuviera sometido a las constantes amenazas de corsarios de aquella potencia. Estas amenazas obligaron a una mayor alerta de tanto a las milicias como a los vecindarios costeros a mantener, durante toda la segunda mitad del siglo XVIII, un retén de vigilancia en las atalayas de los puertos. En 1742 se presentaron por estas costas varios buques ingleses en acciones aisladas, en una de las cuales estuvo a punto de ser capturado el mismo Comandante General, Andrés Bonito, cuando viajaba de Santa Cruz de Tenerife a Las Palmas, en un bergantín pilotado por un experto patrón, Sebastián Ortega, que conocedor de estos mares y costas, escapó de los corsarios acercándose al litoral y yendo a recalar en la bahía de El Confital. Al año siguiente se acercó una potente escuadra al mando de Carlos Windon que armó un gran revuelo entre la población con ataques a diversos pueblos. Sucesos análogos se repitieron hasta 1745 donde los puertos canarios del suroeste tuvieron que rechazar varios ataques ingleses.

    Entradas por Veneguera y puertos de las Calmas:
    La lejanía e incomunicación permitió desde los siglos XVI y XVII, varios desembarcos de marinos enemigos, en el poniente y sur de Gran Canaria. En lo que respecta a esta época, el 23 de diciembre de 1742, cuatro navíos ingleses fondearon en la playa de Veneguera e intentaron penetrar hacia el interior. Enterados los milicianos de La Aldea acudieron a su encuentro y cercándolos durante cinco horas, lograron rechazarlos tras haberles causado una baja y cinco prisioneros, que llevaron a la ciudad de Las Palmas, sin la menor incidencia entre los milicianos de este lugar (SUÁREZ MORENO, p. 65). Al año siguiente, según Miguel Hermosilla, dos corsarios ingleses desembarcaron por una de las playas del Suroeste donde con dos cañones y cuarenta hombres se fortificaron y mantuvieron todo el tiempo que necesitaron y emplearon en surtirse de agua sin q. por nuestra parte les pudiese desalojar. La actividad del corso y de los contrabandistas se mantuvo en los primeros años del siglo XIX. Por ejemplo en 1821, un bergantín con patente de corso de los independentistas venezolanos fondeó, en Arguineguín, para hacer agua tras haber capturado a tres barcos por el barlovento de la Isla (PAZ, 1994:35).

    Alarma y sangre en La Aldea:
    Por el mismo tiempo, esta vez por la playa de La Aldea, fue rechazada una nueva invasión de corsarios ingleses, como así lo contaron testigos de la época, en 1778, sin precisar fecha aunque es probable la de 1743 a 1745:

    En otra de-las imbaciones que aconteció por el Puerto pral. de-la propia Aldea con la misma nacion Inglesa, pretendiendo estos hacer desembarque, y tomar dos Barcos del tráfico de estas Islas, formaron los vecinos su Campo, en otro igual monte, fabricando de pronto sierta trinchera, que aunque no fuese la más fuerte, les preservaba de las-balas y dejandole viceras, asi pa. abvistar, como para hacer por ellas el tiro de-fucil, hirieron y mataron muchos ingleses,de-forma que les puso en la necesidad de retirarse, dejando encallados los barcos deste trafico, en cuyos Buquez, y bordes, se vio copiosa abundancia de sangre, por haverse executado en ellos los mencionados Ingleses. [A.H.N. SECCIÓN CONSEJO DE CASTILLA. leg. 1.349, fols. 60-61]

    Una escuadra del corso inglés en Agaete:
    Otro episodio tiene lugar, en 1745, en el puerto de Las Nieves (Agaete) cuando una escuadra de cuatro barcos corsarios ingleses, que había apresado dos balandras francesas y dos barcos canarios en la punta de Anaga, pretendió hacer su aguada, siendo rechazada, según Viera y Clavijo (1978: T.II, 162) por los milicianos de la comarca. El siguiente período de alarma costero tiene lugar entre 1797-1808, en el contexto de nuevas guerras europeas, donde tienen lugar apresamientos en el mar, a vista de los puertos de esta zona, en la travesía de Gran Canaria a Tenerife, uno de los cuales fue la captura por un corsario inglés del barco de pesquería el Nuestra Señora de Las Angustias, en 1800, que regresaba a Tenerife, frente mismo al puerto de La Aldea (SUÁREZ GRIMÓN, 1993:154). En este mismo contexto bélico, el comerciante Antonio Betancourt, escribe en su conocido diario que el 7 de noviembre de 1800 llegaron al puerto de Las Nieves, en un bote, la tripulación y pasajeros de un barco chino (entre otros el inquisidor don Cándido y tres hijos del Conde de la Vega Grande), que con bandera hispana, procedente de Santa Cruz de Tenerife y con destino a la Península, llevaba unos 300 prisioneros ingleses que se habían hecho, en estas aguas, con el control del buque: Se levantaron los ingleses y botaron una lancha a la mar y embarcaron al inquisidor y los hijos del conde, paje y algún otro pasajero (...) y milagrosamente llegaron al lugar de Gáldar, al puerto de las Nieves, con parte del equipaje, que el demás se lo llevaron los ingleses (...) [LOS "CUADERNOS" DEL COMERCIANTE DE LA CALLE DE LA PEREGRINA DON ANTONIO BETANCOURT..., 1996:255).
    Francisco Suárez Moreno El mar en el oeste de Gran Canaria
    www.infonortedigital.com

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  13. Francis Drake (Crowndale 1543-Portobelo 1596):
    Navegó desde muy joven, ingresó e la marina y se adiestró con John Hawkins. En 1558 se alistó en un mercante destinado al golfo de Vizcaya. En 1565 intentó un negocio en las Indias Occidentales, de acuerdo con el capitán John Lovel, pero su cargamento fue confiscado por los españoles. Su barco fue, en la expedición de John Hawkins a las Indias Occidentales, uno de los dos que pudieron escapar a la destrucción a manos de los españoles (1567). Después de efectuar dos viajes más a las Antillas, zarpó de Plymouth (1572), atacó con éxito el puerto colombiano de Nombre de Dios y capturó varios barcos españoles. Cruzando el istmo de Panamá hasta la divisoria de la cordillera, pudo ser el primer inglés que contemplara el Pacífico. En 1573 regresó a Inglaterra, donde equipó tres fragatas y se puso al servicio del conde de Essex, en sus ataques a Irlanda.

    Expedición de saqueo del mar del Sur:
    Al morir el conde de Essex, Drake regresó a Inglaterra y fue presentado a Isabel I, que aprobó su proyecto de penetrar en el mar del Sur y saquear las posesiones españolas. Recibió para ello cinco naves. En diciembre de 1577 zarpó con la escuadra hacia el río de la Plata. Al anclar en la Patagonia, la tripulación había esperado que la entretuvieran los gigantes que vomitaban bilis y se ataban los genitales, pero lo cierto es que cayó en una emboscada y sólo la salvó la rápida intervención de Drake...

    Ajusticiamiento de Thomas Doughty:
    Pocos días después le llegó el momento de disparar contra un compatriota inglés. Se rumoreaba de uno de los subordinados de Drake, un "caballero" llamado Thomas Doughty, que amenazaba con amotinarse. Estos rumores acabaron por llegar a oídos del capitán, el cual en seguida mandó llamar a Doughty y le pidió explicaciones. Es difícil saber con certeza lo que sucedió entonces, pues Doughty tenía muchos enemigos y el relato de cada uno es diferente, pero todos siguen una línea similar: Doughty admitió su culpabilidad ante el asombrado Drake, y éste le dio tres opciones: ser ejecutado, abandonado en tierra o devuelto a Inglaterra para que respondiera de las acusaciones ante un tribunal. Doughty no mostró la menor vacilación: "Manifestó que se inclinaba con todo su corazón por la primera de las opciones que le ofrecía el general... y sin perder un instante dio un paso adelante y se arrodilló, preparando al mismo tiempo el cuello para el hacha y el alma para el cielo". (Gilles Milton)

    El paso por el estrecho de Magallanes:
    Drake ya había ordenado abandonar las naves más pequeñas. Entonces, cuando navegaba bajo una tormenta, perdió de vista la segunda nave de su flota (en realidad, había virado para regresar a Inglaterra), dejando a su nave insignia sola y en un estado peligroso. Zarandeado "como una pelota golpeada por la raqueta". Con el Golden Hind se abrió paso por las costas de Sudamérica dedicado a la piratería. Saqueó las costas de Chile y Perú y cobró varias piezas, como el Cacafuego, que llevaba un cargamento de metales preciosos valorado en 150.000 libras esterlinas.

    Monumento a Drake en Devon "Por el Estrecho de Magallanes" pasó a este Mar del Sur un navío de ingleses corsarios y llego a las provincias de Chile y Puerto de Santiago a los cuatro de diciembre del año pasado de setenta y ocho y robó un navío con cantidad de oro que había en aquel puerto. Y en otro de los de esta costa hizo otros daños. Y a los trece de febrero llegó al de esta ciudad (Callao) estando descuidados de semejante novedad, porque habiendo tanto tiempo para darme los de la provincia de Chile aviso de esto; nunca se hizo con ocasión de estar el Gobernador en el estado de Arauco con la guerra y no se aventuraron los oficiales ni la ciudad a comprar un barco que me trajera esta nueva con que se hubieran escusado hartas pérdidas y gastos que han recrecido a Su Majestad y a los particulares, principalmente en un navío que robó el inglés con harta suma de plata que iba de esta ciudad al reino de Tierra Firme. Hanse hecho muchas diligencias para haber este corsario y enviado dos navíos de la Armada en su busca. Mas como la mar es tan ancha y él se ha ido con tanta priesa recorriéndola no ha podido ser hallado. Y lo que más se siente es la noticia que lleva tomado todo lo de acá y la facilidad con que se podía venir cada día y entrar por aquesa puerta del Estrecho que ya tienen sabida y reconocida". "Y porque por esa parte del estrecho es necesario ponerse ahora con tiempo y brevedad remedio, y en este negocio que no es sabido ni entendido, sería dificultoso, nos ha parecido enviar dos navíos fuertes, bien avituallados con buenos pilotos y marineros para que hagan este descubrimiento por esta parte de la Mar del Sur y vayan tanteando y mirando la parte y el lugar por donde con mayor comodidad se pueda hacer alguna población o fortaleza con artillería , previendo tomar aquella entrada antes de que los enemigos la ocupen para que ningún otro corsario pueda entrar, y para que reconozcan si por esta parte de la Mar del Norte haya alguna población de dichos ingleses y en que parte y lugar y en qué cantidad para que se provea lo que más al servicio de Su Majestad convenga". (Francisco de Toledo, Virrey del Perú. Carta al gobernador del Río de la Plata. 1579)
    (*)Fruto de estas medidas fue la fundación de los asentamientos "Nombre de Jesús" y "Rey Felipe" cuya población se fue extinguiendo por las duras condiciones climáticas. Sólo 18 supervivientes ven en enero de 1587 las figuras de tres buques que resultaron ser ingleses al mando del sangriento pirata Thomas Cavendish, que sólo embarca a tres españoles dejando a 14 hombres y 3 mujeres en el mayor desamparo. Cavendish parte rumbo a "Rey Felipe" para ver solo cadáveres en descomposición. Destruye lo que queda , rapiña enseres, cadenas, y se lleva la artillería destinada a impedir saqueos. Cavendish coloca una leyenda y rebautiza la ciudad "Port Famine" , cruza el estrecho y se dispone al saqueo de la costa del Pacífico.

    Después del saqueo de Chile y Perú, no pudiendo Drake seguir rumbo hacia el O por causa de los vientos desfavorables, continuó hacia el N, posiblemente hasta Washington, para regresar luego a California, a la que llamó Nueva Albión, dejó erigida en prenda una placa de metal, que fue descubierta en 1936 en la costa occidental de la bahía de San Francisco. Después de 36 días de exploración del territorio zarpó hacia occidente con rumbo hacia las Indias Orientales.

    Rumbo al oeste:
    Dirigió su buque hacia el oeste, en dirección a las Islas de las Especias, una travesía angustiosa, pues "no tuvimos a la vista nada más que aire y mar por espacio de sesenta días". Por fin, más de una generación después de que los portugueses hubieran zarpado por primera vez a las Indias Orientales, la nave inglesa avistó las frondosas costas de las Islas de las Especias.

    Regreso desde las islas de las Especias:
    Cuando Drake estuvo preparado para abandonar Ternate, su nave estaba tan cargada de mercancías, y el casco tan sumergido, que "fue preciso desarmarla enseguida en aguas poco profundas". Para aligerarla arrojaron al agua ocho cañones, seguidos de gran parte del metal y las legumbres, y finalmente tres toneladas del precioso clavo que habían comprado. Cuando subió la marea, la nave se alzó lentamente del bajío e inició la larga travesía de regreso a Inglaterra...

    Hizo escala en las Molucas, Java, cabo de Buena Esperanza y Sierra Leona. Regresó a Plymouth en septiembre de 1580, después de casi tres años de navegación que hicieron de él el primer circunvalador inglés del globo.

    Drake recibió una bienvenida de héroe. No sólo su buque, rebautizado como Golden Hind (Cierva dorada), estaba cargado de especias fragantes, sino que transportaba también "una muy rica carga de oro y plata, perlas y piedras preciosas", producto en su mayor parte del abordaje y saqueo de barcos españoles y portugueses. Hombres y mujeres acudieron en gran número para presenciar la llegada de la nave a Plymouth, y la misma reina Isabel subió a bordo en Deptford y confirió el título de sir a su valiente comandante. Pocos días después de su regreso, se componían canciones, sonetos, odas y poemas en honor de la histórica travesía. (Gilles Milton)

    Seguidamente zarpó con una flota de 25 barcos hacia las Antillas para dedicarse a la piratería contra los españoles. En 1585 se apoderó de Santo Domingo. A su regreso a Inglaterra, trajo consigo algunos colonos desanimados de Virginia y, probablemente, las primeras muestras de tabaco y patatas que conocieron los ingleses. En 1587 fue enviado a hostilizar y saquear algunos puertos españoles, singularmente el de Cádiz, al mando de una escuadra de 30 navíos. Incendió la mayor parte de los barcos que se encontraban en este puerto y se apoderó de un buque con rico cargamento de las Indias. Felipe II de España exigió reparaciones, pero Isabel de Inglaterra replicó armando caballero, en el puente de su navío, al célebre pirata.

    Desastre de la Armada Invencible La Armada Invencible (1588):
    Cuando los españoles enviaron al año siguiente su Armada Invencible contra Inglaterra, Drake luchó contra ella como vicealmirante en la batalla del Canal de la Mancha. Dirigió con acierto una de las divisiones de la armada Inglesa, mandada por lord Howard Effingham (1536-1624), a quien superaba con sus dotes de marino. Aprovechó la mayor maniobrabilidad de las naves inglesas y el mayor alcance de su artilleía. Desempeñó también un papel importante en la decisiva acción de Gravelinas.

    En 1589, con Norreys, atacó las playas de La Coruña con una potente escuadra y 20.000 hombres, pero el valor de los defensores, alentados por María Pita, le infligió una completa derrota. En 1595, promovido ya al empleo de Almirante por la reina Isabel, partió en su última expedición a las Indias Occidentales, intentó inútilmente tomar La Palma y después Puerto Rico. Hawkins murió en la empresa y Drake a su regreso a Europa, durante la travesía.

    Golden Hind Ataque de Drake a Las Palmas de Gran Canaria (1595):
    [Alonso de Alvarado] llegó a tiempo que la armada de Drake cuajaba los mares y amenazaba nuestras costas. Alvarado era digno de resistirle. Desde luego se aplicó a cubrir de trincheras la marina, a fortificar el puerto y prevenir socorros de las otras islas, haciendo que la Audiencia pidiese a Tenerife 400 hombres, de los cuales fue nombrado por jefe Alonso Cabrera de Roxas. El día 6 de octubre amaneció, en fin, sobre la ciudad de Las Palmas, en figura de media luna, el fuerte nublado que de diez años a aquella parte había estado rondando y amenazando las islas. Componíase la armada inglesa de 28 navíos con 4000 hombres de desembarco. Francisco Drake, su acreditado comandante, le formó en tres divisiones de esta manera: 15 navíos de guerra se pusieron enfrente del castillo de Santa Catalina, para cubrir las 27 lanchas que echaron con 500 hombres. Otros dos navíos las cubrían por la parte del castillo de La Luz, defendido por Constantino Cairasco; y los demás se arrimaron hacia aquel lado de la ciudad en donde está el fuerte de Santa Ana, mandado entonces por Fernando Lescano de Muxica. Como los enemigos hicieron el principal acometimiento por la caleta de Santa Catalina, se habían atrincherado allí hasta 800 milicianos del país, animados del intrépido gobernador. Por más descargas que dieron con su artillería y mosquetería los ingleses, no pudieron impedir que los isleños, auxiliados del fuego del fuerte de Santa Catalina y de dos únicas piezas de campaña, les detuviesen y maltratasen; de manera que, habiendo perdido ya mucha gente y viendo en términos de irse a pique cuatro de sus mejores buques, tomaron el partido de retirarse de aquel puerto, cuyos pasos eran tan peligrosos como denodados sus habitantes; bien que no acabaron de hacerse al mar sin disparar un espeso granizo de balas que por fortuna no ofendieron a ninguna persona de tantas como había en la ribera. Una cayó casi a los pies del obispo don Fernando Xuárez de Figueroa, en el sitio donde se había apostado con su clerecía, pero a todos los respetó. No escarmentado Drake todavía de los canarios, quiso hacer otra tentativa 5 leguas más adelante, en la rada desierta de Arguineguín y sacó a tierra una manga de 20 alabarderos por la parte llamada Melenara, a fin de hacer alguna aguada de que tenían necesidad. Al punto que los vieron ganaderos del contorno, corren a embestirles armados de piedras y garrotes, matan algunos, rinden dos prisioneros y los demás huyen precipitadamente a sus lanchas, juzgando que toda la isla se les echaba encima. Los prisioneros confesaron que la armada había perdido 200 hombres y cuatro de sus oficiales. Tal fue la honrosa defensa de Canaria, que dio cuenta Felipe III la Real Audiencia y que se celebraron en sus poemas dos autores : Lope de Vega en su célebre Dragontea, y nuestro Bartolomé Cairasco en su no menos célebre Templo Militante [...]

    [...] Ni es de olvidar en esta línea la hazaña de Antonio Lorenzo, noble vecino, regidor y capitán de infantería española de la Gran Canaria. Un bajes de guerra enemigo sorprende el puerto de La Luz en el mismo año de 1595 y saca otro navío que estaba allí cargado para la América. Sábelo Antonio Lorenzo, toma otra embarcación que había lista; sigue al enemigo, acométele, ríndele valerosamente y, quitándole la presa, vuelve al puerto con merecido aplauso. Pero quedaba todavía en Inglaterra otro hombre fatal que, con la misma habilidad de Drake, la misma práctica marítima y el mismo odio contra la España, ponía en nuevos cuidados nuestras islas. Era éste el conde de Essex, que, habiendo saqueado a Cádiz, hizo amago de echarse sobre las Canarias y la Madera (1596) con su armada victoriosa, compuesta de 190 velas. Porque, después de haberlas dividido en tres escuadras, se notó que la una de 50 buques había tomado el rumbo hacia el mar Atlántico. Al punto los avisos de Madrid; las cartas del conde de Portalegre, gobernador de Lisboa, que de orden del rey envió dos carabelas para que hiciesen centinelas en nuestras travesías; las provisiones de la Audiencia de Canaria; las disposiciones de los gobernadores y ayuntamientos. En nuestras noticias militares veremos con gusto las muchas que se dieron en Tenerife. A pesar de esta vigilancia, recaló sobre Lanzarote la escuadra enemiga del mando de Jorge de Cumberland; y como nos referimos en nuestro libro X, aseguró sus naves en Puerto de Naos, destacó al caballero Berkley con 500 hombres contra la villa abandonada, quienes batieron el castillo de Guanapay, hicieron alguna provisión de vino y queso, tuvieron varios reencuentros con los naturales y se reembarcaron admirados de su gentileza y agilidad en el manejo de las piedras y chuzos. De Lanzarote pasaron a la isla Tercera en las Azores y quemaron la población de Villafranca. (Viera y Clavijo)

    Juan Arecibia Cuando Drake atacó Las Palmas. Por Juan Arencibia:
    En 1595, una potente escuadra inglesa al mando de los piratas ingleses Drake y Hawkins atacó Las Palmas. La escuadra la componían 27 barcos, de los cuales seis eran de guerra, con una dotación de tres mil hombres. El 6 de octubre aparecieron frente a las costas grancanarias. Era gobernador de la isla Alonso de Alvarado, quien decidió plantarles cara con su reducida guarnición y escaso armamento. Encomendó la defensa de la ciudad al alcalde mayor y teniente gobernador, Antonio Pamochamoso. Las campanas de la catedral tocaron a rebato, cuatro compañías de milicianos de Infantería se concentraron en la Plaza de Santa Ana y después se dirigieron a las posiciones clave por donde pensaban que el enemigo pretendería desembarcar. Cruzaron las murallas y se dirigieron a los arenales. No tardaron en llegar otras compañías del interior de la isla, como la de Teror, Telde y Agüimes. 27 lanchas de desembarco, llevando a bordo unos mil cuatrocientos hombres se acercaron a tierra por la zona de Santa Catalina. Cuando los tuvieron a tiro, dispararon los defensores animados por Alonso de Alvarado que animaba a los suyos con exclamaciones como esta: ¡Canarios, canarios, que habéis de ganar mucha honra degollando al enemigo! ¡Yo he de ser el primero que he de arremeter al invasor, y no son necesarias más armas que las que tenemos, para éstos basta!. Nueve potentes cañones de la fortaleza de las Isletas también dispararon, aunque no en el momento y con la densidad de fuego debidas. Después lo harían mucho mejor. Lo cierto es que el fuego de los arcabuces y cañones desplegados en la orilla impidieron el desembarco de los ingleses. Fallaron en sus tres intentos. Dice un cronista que "los isleños pelearon con tal coraje, que muchos entraron en el mar hasta llegarles el agua a los pechos para herir a sus enemigos". Los ingleses terminaron retirándose. Lope de Vega inmortalizó esta defensa contra Drake en su poema La Dragontea. (Juan Arencibia)

    Tomé Cano :
    Capitán ordinario del rey, natural de las islas de Canaria, como se calificaba él mismo, y diputado de la universidad de mareantes de Sevilla; después de haber navegado por espacio de 54 años, compuso de orden los consejos de guerras e Indias una obra que intituló Arte para fabricar y aparejar naos de guerra y merchantes. En Sevilla, 1611, en cuarto. Está escrita en forma de diálogo, y los interlocutores son Tomé, Gaspar y Leonardo. A la página 44 expone, con expresiones enérgicas, cuál había sido el estado floreciente de la marina española en 1586, pues tenía más de mil naves de alto bordo; y cuánta era en sus días la decadencia, con utilidad de otras naciones, que se habían apoderado del comercio.

    * Ataques de Drake: La Palma (1585) | Panamá | La Gomera (1587)
    * Isabel I (1533-1603) | La Armada Invencible (1588) | John Hawkins (1532-1595) | Mujeres piratas

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  14. Sir John Hawkins (Plymouth, Devon 1532-Puerto Rico 1595):
    Comenzó su carrera en el comercio marítimo africano y pronto se convirtió en el principal comerciante de esclavos británico. Inició un conflicto con los españoles llevando esclavos de Guinea a las Indias. Tráfico prohibido a extranjeros no autorizados. Su primer embarque de esclavos (1562-1563) por cuenta de una sociedad londinense fue tan rentable que su segunda expedición (1564-1565) contó con la participación de un selecto grupo que incluía a la reina Isabel I. Su tercer viaje en compañía de Drake (1567-1569) acabó en desastre. Después de la venta en el Caribe se vieron obligados a tomar tierra en San Juan de Ulua, cerca de Veracruz, donde fueron sorprendidos por una flota española que hundió cuatro de los seis barcos. En 1571 ayudó a impedir una la conspiración que pretendía la sustitución de Isabel I por María Estuardo en el trono de Inglaterra. En 1577 Hawkins sucedió a su suegro, Benjamin Gonson, como tesorero de la marina. Más tarde (1589) asumiría nuevas responsabilidades como organizador. Destaca su labor de reconstrucción de viejos galeones y el diseño de barcos más rápidos y mejor artillados. Estas mejoras hicieron posible la victoria sobre la Armada Invencible (1588). A bordo del Victory, ocupó el tercer lugar en el mando durante el enfrentamiento con la Armada Invencible. Su participación en este acontecimiento le valió el ser nombrado caballero. Aunque carecía del genio estratégico de Drake, fue valeroso y supo aplicar sus conocimientos sobre los nuevos navíos. Fue el artífice de la estrategia de bloqueo en las Azores para interceptar los barcos españoles en su regreso de las Indias. En 1595, con 63 años de edad, partió junto con Francis Drake en una flota de 27 barcos para asaltar los puertos españoles en las Indias. Murió en la víspera de un ataque fracasado a Puerto Rico (12 noviembre 1595).

    Castillo de San Juan, S.C.Tenerife Hawkins en Tenerife (1560 y 1567). Por José Manuel Ledesma:
    A partir de 1598, una media mensual de tres navíos de corso británicos llegaban a los puertos de Santa Cruz y Garachico, suponiendo los robos y los rescates un gran detrimento para el comercio y la navegación de cabotaje. El pirata más representativo de esta primera época fue John Hawkins que, fingiendo ser un honrado comerciante de paños y vinos, llevó a cabo su primer viaje a Santa Cruz en 1560. Cuando regresó al año siguiente, comunicó al Cabildo que no se atrevía a descargar las telas que traía por temor a que fueran a imputarle el hurto de una nave de la carrera de Indias, pero debido a que la ropa llegaba oportunamente, se le aseguró que no había mala disposición en su contra. Repitió el viaje un año más tarde, llevándose de piloto al vecino de Santa Cruz Juan Martín -pues necesitaba un Maestre Canario como requisito legal para su entrada en Guinea- En esta localidad africana saqueó varios barcos portugueses, vendiendo luego lo substraído en Santo Domingo. Buscado y perseguido por sus fechorías, dos navíos suyos, con productos indianos, le fueron confiscados en Lisboa y Sevilla. En 1564 retornó a Tenerife; al conocer que no podía desembarcar en Santa Cruz lo hizo en Adeje, donde la familia Ponte lo recibió y agasajó durante una semana; no obstante, huyó al conocer que en La Laguna acaban de procesarlo por sus violentos actos en Berbería, Guinea y Las Antillas. El gobierno español, provisto de toda la documentación referente a las actividades de Hawkins, presentó su protesta en Londres donde le prometieron que esos desmanes no se repetirían. Pasados tres años (1567) los comerciantes ingleses le nombraron jefe de la mayor expedición mercantil vista en Canarias, siendo dos de estas naves propiedad de la Reina. Aunque la flota se mantuvo a distancia del puerto durante los cinco días de estancia en el fondeadero, el pirata recibió mantenimiento y la visita de numerosos amigos. El Gobernador, Vélez de Guevara, considerando que era difícil apresarlo, puesto que los navíos tenían una artillería superior a la de los Castillos y además no estaban a tiro, no ordenó nada en su contra, por lo que una vez conseguido su deseo de avituallamiento, Hawkins zarpó tranquilamente. (José Manuel Ledesma)

    La escala de 1563. Por Luis Cola:
    Hay un curioso capítulo de las "relaciones comerciales" hispano-británicas que tiene lugar durante la alcaldía de Juan Báez. Se trata de la inesperada visita que el pirata inglés John Hawkins realizó al puerto de Santa Cruz en junio de 1563, a su regreso de América, con el objeto de aprovisionar sus navíos, que había fondeado frente al Bufadero. El pirata no desembarcó, pero pidió a una barca española que venía de Canaria que solicitase en su nombre permiso para comprar víveres, lo que le fue concedido. Por el acuerdo alcanzado, no sólo comerciaron con Hawkins varios vecinos de Santa Cruz, sino incluso el beneficiario de su iglesia Mateo de Torres y el propio alcalde Juan Báez Cabrera. Por medio de barcas se le suministraron víveres, agua y quince barricas del apreciado malvasía tinerfeño, y los ingleses obsequiaron con un espléndido convite a bordo de sus barcos a los emisarios españoles. no es necesario señalar que cuando llegó la noticia de lo sucedido a las autoridades y al Santo Oficio, se produjeron denuncias de cuyo resultado no tenemos noticias. [...] Poco después, la tranquila vida del puerto se vería alterada por el revuelo producido por la recluta de un contingente de 300 hombres, a los que se unió otra partida de tropas reclutada en Canaria, que se embarcaron en socorro del marqués de Lanzarote, Agustín de Herrera, cuya isla sufría el ataque de los corsarios de Fez. En esta época eran tan habituales las correrías e incursiones de los piratas berberiscos a las islas orientales, como las de los canarios a las costas africanas en busca de botín y rehenes. Sólo el propio Agustín de Herrera llegó a realizar, al menos, catorce de dichas incursiones o cabalgadas. (Luis Cola Benítez)

    Sir Richard Hawkins (1562-1622):
    Hijo de John Hawkins y continuador de la actividad de su predecesor. Después de un viaje a Brasil con su tío acompañó a Drake en una operación de ataque a los establecimientos españoles en las Antillas y Florida. Hizo el viaje de regreso en compañía de los colonos que Sir Walter Ralegh había trasladado a Roanoke. Participó en el ataque de la Armada Invencible (1588) al mando del buque Swallow. Dos años más tarde Acompañó a su padre en el intento de capturar la flota de Indias en las costas de Portugal. Esta primera prueba para apropiarse de las riquezas americanas durante su traslado a la Península no tuvo éxito. En 1593, a bordo del buque bautizado Dainty por la reina Isabel, embarca en una larga expedición pirata a las costas sudamericanas. Tras atravesar el estrecho de Magallanes saqueó Valparaíso. Fue atacado por seis barcos españoles y se vio obligado a rendirse. Estuvo tres años preso en Perú y fue liberado en 1602 a cambio de un rescate de 3.000 libras. En 1603 fue nombrado caballero por Jaime I. Dedicó dos años a escribir Observation on His Voyage into the South Seas. En 1620, a la edad de 58 años, comandó una expedición contra los piratas berberiscos en las costas mediterráneas del norte de Africa sin gran éxito.

    * La Armada Invencible | Ataque de Drake a La Palma | Francis Drake | Mujeres piratas

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  15. Sir Richard Grenville (1541-1591):
    Descendiente de una conocida familia de marinos de Cornwall, su padre sirvió en 1545 al mando del Mary Rose, barco en el que murió. Fue un joven agresivo que mató a un hombre en una pelea callejera y luchó contra los turcos en Hungría. Se trasladó a Munster en Irlanda y se unió a los planes de establecimientos en nuevas tierras de Sir Humphrey Gilbert. No parece que participara en ningún viaje hasta que en 1585 se pone al frente de una expedición de siete navíos y 300 colonos que se dirigieron a fundar establecimientos en Virginia. Su primo Sir Walter Raleigh le encomendó este viaje cuyo desembarco tuvo lugar en la isla Roanoke, actualmente Carolina del Norte. A su vuelta se enfrentó con un barco español que regresaba desde Santo Domingo. Regresó con provisiones a Virginia en 1586 y no encontró a ninguno de los colonos, que habían sido recogidos por Drake en un estado lamentable. A su vuelta saqueó las Azores, capturó a muchos españoles y se creó una imagen de extrema violencia. En 1588 sus barcos pasaron a estar bajo el mando de Drake durante los preparativos para la defensa contra la Armada Invencible. Después de este fallido intento de invasión de Felipe II, fue destinado a proteger las costas irlandesas junto con Raleigh.

    La expedición de las Azores (1591):
    Acompañó como segundo en el mando a Lord Howard en su intento de captura de la flota de Indias. Los 16 barcos británicos se apostaron en diferentes lugares alrededor de las Azores. Fueron alertados de la llegada de un grupo de 53 barcos españoles enviados a la zona para proteger la llegada de la flota. Estos barcos eran principalmente de avituallamiento acompañados de 20 buques de combate. Ante la diferencia de la fuerzas enfrentadas Howard, que estaba anclado al norte de Flores, dio la orden de retirada. Grenville, desobedeciendo las órdenes recibidas, retrasó demasiado el embarque de sus hombres que se recuperaban en tierra y la salida de la isla. El Revenge intentó atravesar inútilmente el grupo de barcos españoles pero fue cercado y abordado. La lucha fue tan intensa que sólo 20 de los 150 tripulantes quedaban con vida cuando el Revenge fue rendido. Grenville Murió días después, a causa de las heridas recibidas, a bordo de la nave capitana española San Pablo. Una tormenta hundió el Revenge junto con otros barcos españoles.

    A Ballad of The Fleet. Alfred Tennyson:

    At Flores in the Azores Sir Richard Grenville lay,
    And a pinnace, like a fluttered bird, came flying from far away:
    'Spanish ships of war at sea! We have sighted fifty-three!'
    Then sware Lord Thomas Howard: ''Fore God I am no coward;
    But I cannot meet them here, for my ships are out of gear,
    And half my men are sick. I must fly, but follow quick.
    We are six ships of the line; can we fight with fifty-three?'

    Then spake Sir Richard Grenville: 'I know you are no coward;
    You fly them for a moment to fight with them again.
    But I've ninety men and more that are lying sick ashore.
    I should count myself the coward if I left them, my Lord Howard,
    To these Inquisition dogs and the devildoms of Spain.'

    So Lord Howard passed away with five ships of war that day,
    Till he melted like a cloud in the silent summer heaven;
    But Sir Richard bore in hand all his sick men from the land
    Very carefully and slow,
    Men of Bideford in Devon,
    And we laid them on the ballast down below;
    For we brought them all aboard,
    And they blest him in their pain, that they were not left to Spain,
    To the thumbscrew and the stake, for the glory of the Lord.

    He had only a hundred seamen to work the ship and to fight,
    And he sailed away from Flores till the Spaniard came in sight,
    With his huge sea-castles heaving upon the weather bow.

    'Shall we fight or shall we fly?
    Good Sir Richard, tell us now,
    For to fight is but to die!
    There'll be little of us left by the time this sun be set.'
    And Sir Richard said again: 'We be all good English men.
    Let us bang these dogs of Seville, the children of the devil,
    For I never turned my back upon Don or devil yet.'

    Sir Richard spoke and he laughed, and we roared a hurrah, and so
    The little Revenge ran on, sheer into the heart of the foe,
    With her hundred fighters on deck, and her ninety sick below;
    For half of their fleet to the right and half to the left were seen,
    And the little Revenge ran on through the long sea-lane between.

    Thousands of their soldiers looked down from their decks and laughed,
    Thousands of their seamen made mock at the mad little craft
    Running on and on, till delayed
    By their mountain-like San Philip that, of fifteen hundred tons,
    And up-shadowing high above us with her yawning tiers of guns,
    Took the breath from our sails, and we stayed.

    And while now the great San Philip hung above us like a cloud
    Whence the thunderbolt will fall Long and loud,
    Four galleons drew away
    From the Spanish fleet that day,
    And two upon the larboard and two upon the starboard lay,
    And the battle-thunder broke from them all.

    But anon the great San Philip, she bethought herself and went
    Having that within her womb that had left her ill content;
    And the rest they came aboard us, and they fought us hand to hand,
    For a dozen times they came with their pikes and their musketeers,
    And a dozen time we shook 'em off as a dog that shakes his ears
    When he leaps from the water to the land.

    And the sun went down, and the stars came out far over the summer sea,
    But never a moment ceased the fight of the one and the fifty-three.
    Ship after ship, the whole night long, their high-built galleons came,
    Ship after ship, the whole night long, with her battle-thunder and flame;
    Ship after ship, the whole night long, drew back with her dead and her shame.
    For some were sunk and many were shatter'd, and so could fight us no more -
    God of battles, was ever a battle like this in the world before?

    For he said 'Fight on! fight on!'
    Though his vessel was all but a wreck;
    And it chanced that, when half of the short summer night was gone,
    With a grisly wound to be dressed he had left the deck,
    But a bullet struck him that was dressing it suddenly dead,
    And himself he was wounded again in the side and the head,
    And he said 'Fight on! fight on!'

    And the night went down, and the sun smiled out from over the summer sea,
    And the Spanish fleet with broken sides lay around us all in a ring;
    But they dared not touch us again, for they feared that we still could sting,
    So they watched what the end would be.
    And we had not fought them in vain,
    But in perilous plight were we,
    Seeing forty of our poor hundred were slain,
    And half of the rest of us maimed for life
    In the crash of the cannonades and the desperate strife;
    And the sick men down in the hold were most of them stark and cold,
    And the pikes were all broken or bent, and the powder was all of it spent;
    And the masts and the rigging were lying over the side;
    But Sir Richard cried in his English pride:
    'We have fought such a fight for a day and a night
    As may never be fought again!
    We have won great glory my men!
    And a day less or more
    At sea or ashore,
    We die - does it matter when?
    Sink me the ship, Master Gunner - sink her, split her in twain!
    Fall into the hands of God, not into the hands of Spain!'

    And the gunner said 'Ay ay,' but the seamen made reply:
    'We have children, we have wives,
    And the Lord hath spared our lives.
    We will make the Spaniard promise, if we yield, to let us go;
    We shall live to fight again and to strike another blow.'
    And the lion there lay dying, and they yielded to the foe.

    And the stately Spanish men to their flagship bore him then,
    Where they laid him by the mast, old Sir Richard caught at last,
    And they praised him to his face with their courtly foreign grace.
    But he rose upon their decks and he cried:
    'I have fought for Queen and Faith like a valiant man and true.
    I have only done my duty as a man is bound to do.
    With a joyful spirit I, Sir Richard Grenville, die!'
    And he fell upon their decks and he died.

    And they stared at the dead that had been so valiant and true,
    And had holden the power and the glory of Spain so cheap
    That he dared her with one little ship and his English few;
    Was he devil or man? He was devil for aught they knew,
    But they sank his body with honour down into the deep,
    And they manned the Revenge with a swarthier alien crew,
    And away she sailed with her loss and longed for her own;
    When a wind from the lands they had ruined awoke from sleep,
    And the water began to heave and the weather to moan,
    And or ever that evening ended a great gale blew,
    And a wave like a wave that is raised by an earthquake grew,
    Till it smote on their hulls and their sails and their masts and their flags,
    And the whole sea plunged and fell on the shot-shattered navy of Spain,
    And the little Revenge herself went down by the island crags
    To be lost evermore in the main.

    * Establecimientos británicos en América
    * Sir Francis Drake (1543-1596)
    * Piratas británicos

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  16. Walter Raleigh (Devonshire 1552-Londres 1618):
    Explorador, soldado, pirata, cortesano, parlamentario, poeta, historiador y hasta químico. Tras su desastrosa incursión en el Orinoco escribió uno de los grandes libros de viajes en lengua inglesa The Discoverie of the Large, Rich, and Beautiful Empire of Guiana, with a Relation of the Great an Golden Citie of Manoa, wich the Spaniards call El Dorado. Sus numerosas traducciones dieron nuevo impulso a la leyenda de El Dorado. Acuñó una a frase anunciadora del imperio marítimo inglés: Quien posee el mar, posee el mundo entero. El romanticismo inglés lo convertiría en figura ideal. Se dice que inventó la costumbre de arrojar la capa sobre el barro al paso de las damas. Nació en 1552 en la granja de Hayes, junto a la punta de Budleigh Salterton en la costa de Devonshire, hijo de Walter Raleigh de Fardell, hidalgo campesino y de su tercera esposa Katherine Champernoum, hija de sir Philip Champernoum de Modbury. Hizo sus estudios en el Oriel College de Oxford.

    Accidentada vida de armas:
    En 1569 formó parte del ejército hugonote francés combatiendo en las famosas guerras de religión, tomando parte en la batalla de Jarnac y en la noche de San Bartolomé; en 1576 volvió a Inglaterra y en 1577 a los Países Bajos para luchar en favor de Guillermo de Orange; en 1578 fletó un barco asociado a su hermanastro Humphery Gilbert.

    Detalle mapa Virginia 1588 [...] aunque su objeto era capturar galeones españoles, pero sin resultado quedaron arruinados. Se trasladó a la corte y con la protección de los condes de Leicester y Oxford, consiguió el mando de una compañía de infantería al frente de la cual se batió en 1580 en Irlanda, sofocando una rebelión y dándose a conocer por su crueldad. Muy bien acogido en la corte, a partir de 1582 empiezan a llover sobre él pensiones, honores y cargos, y entre las dádivas que la Reina Isabel concedió a este favorito está la posesión de Durham House, residencia principesca. Fue capitán de guardias de la Reina, Vice-Almirante, etc., y en los años de su privanza desarrolla su actividad colonizadora y a él se debe la introducción del tabaco y la patata en Inglaterra. En 1589 empieza a declinar su buena estrella pues se vio suplantado en los favores de la Reina por el Conde de Essex y desde entonces hasta 1598 tomó parte en diversas expediciones marítimas. En 1592 fue encerrado en la Torre de Londres por haber seducido a Elizabeth Throgmorton, dama de la Reina, y no salió hasta no haberse casado con ella.

    Piratería:
    En 1594 preparó la primera expedición a la Guayana; zarpó la flota de Plymouth el 6 de febrero de 1595 con dirección a Canarias y estuvo merodeando por la isla de Tenerife, marchando luego a Fuerteventura, donde desembarcó, hizo aguada, robó ganado y el 20 de febrero capturó dos navíos en una caleta de esta isla, uno cargado de armas de fuego y otro de vinos del país, marchando luego con dirección a la Guayana. Tomó parte en 1596 en la expedición contra Cádiz donde resultó gravemente herido y en 1597 se apoderó de Fayal, agriándose una vez más las relaciones con Essex, entablándose entre ambos un duelo a muerte que sólo terminó con la ejecución de éste en 1601. Dos años después falleció la Reina Isabel sucediéndole Jacobo I cuyo advenimiento señaló el término de su preponderancia; fue encerrado en la Torre de Londres y murió decapitado el 29 de octubre de 1618. (J.M. Pinto y de la Rosa. Antiguas fortificaciones de Canarias)

    Cronista El informante español:
    En esa época [1592] habla con un prisionero español y le escucha con mucha atención. Se trata de Pedro Sarmiento de Gamboa, soldado y cronista de la guerra contra Tupac Amaru. Y aquí comienza a dar vueltas a su cabeza una idea: recuperar el favor de Isabel. Así que moviendo todas sus influencias promete a la reina unas Indias para su majestad, mejores que cualesquiera tenga el rey de España. En 1593 las expediciones financiadas por Raleigh intentan encontrar un paso al norte y toman posesión de las desoladas y frías costas de Terranova, fundando la colonia de Virginia que fracasó en poco tiempo. Pero aquello no eran las indias que había prometido. Así que en febrero de 1595 decide entrar en acción él mismo. Al mando de cinco navíos, con tripulaciones veteranas y más de cien soldados escogidos, partió del puerto de Plymouth en busca de la Ciudad Dorada, internándose en el Orinoco. Sus barcos, de bajo calado, siguieron la corriente principal entre vegetación tropical y bandadas de caimanes. Y como era de esperar, no llegó a ningún sitio. Para agosto de ese mismo año regresa a Inglaterra derrotado y reducido a la mendicidad. (Manuel Maestro)

    costa del Caribe La búsqueda de Eldorado:
    [...] Otros aventureros españoles siguieron a Pizarro y Orellana, ampliando el recorrido de su misión de descubrir Eldorado por los ríos Amazonas y Orinoco. Entre ellos, el expedicionario más persistente fue Antonio de Berrío, gobernador de una vasta franja de tierra entre los dos ríos. Al igual que otros que partieron antes que él, Berrío estaba convencido de que Eldorado estaba en un lago enclavado en la cima de una montaña. Pero él afirmaba que los incas, al ser derrotados, no fueron al Guatavita, sino a un lago en las montañas de Guayana, donde fundaron una fabulosa ciudad, Manoa, de la que se contaba que incluso sus calles estaban pavimentadas con oro. Entre 1584 y 1595, Berrío comandó tres expediciones a Guayana. En la tercera prosiguió hasta la isla de Trinidad, donde se encontró con sir Walter Raleigh, quien trataba de restaurar su mermada reputación de colonizador. Durante una ronda de bebidas, el inglés sonsacó a de Berrío el secreto de Eldorado, aprisionó temporalmente al español y regresó a Inglaterra para describir las bellezas de Manoa y Eldorado, como nombró al reino del hombre de oro. Raleigh no necesitó ver para creer a pie juntillas que las riquezas de Eldorado eran mayores que las del Perú. Ciertamente, escribió, "por su grandeza, por sus riquezas y por su excelente situación, (Manoa) excede con mucho a cualquier otra del mundo..." Pero el libro de Raleigh sobre Guayana no despertó interés y su propio intento de llegar a Eldorado también fracasó.

    * Establecimientos británicos en América | Sir Francis Drake (1543-1596) | Piratas británicos

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  17. Sir Henry Morgan (Llanrhymni, Gales 1635-Port Royal 1688):
    Hijo del granjero Robert Morgan, de Monmouthshire. Siendo un muchacho fue raptado en Bristol, enviado a Barbados y vendido como esclavo al dueño de una plantación. Leyes inglesas de mediados del s. XVII posibilitaban unas relaciones laborales que se asemejaban a la esclavitud. Este episodio de su vida lo negó siempre e incluso ganó un juicio por libelo a William Crooke, editor de un libro que así lo aseguraba (The Buccaneers of America, escrito por Henri Esquemelin y de gran éxito comercial).

    En 1654 Oliver Cromwell preparó la invasión de Haití y mientras la flota permanecía en Barbados Henry escapó de su propietario y a sus 19 años fue reclutado. El 31 de marzo de 1655, la flota de 34 barcos y 8.000 soldados inició la toma de Santo Domingo que resultó un fracaso para los atacantes. Dos semanas más tarde los ingleses tomaron el enclave menor que era la Jamaica española. En tiempos de Carlos II, para incrementar la defensa de la isla, se ofrecen patentes de corso a los piratas que operaban en la zona desde Jamaica. Morgan adquiere experiencia ejerciendo la piratería a bordo de barcos con base en Port Royal.

    Christopher Mings Primeras operaciones con base en Jamaica:
    En el primer documento que menciona a Morgan se le identifica como capitán de uno de los barcos que navega bajo la patente de corso otorgada a Sir Christopher Mings. Pirata que había participado en la invasión de Jamaica y que en un afortunado asalto, había robado un millón y medio de piezas de a ocho a los españoles. En 1666 consigue el mando de su propio barco y pronto organiza operaciones de varios barcos piratas que actúan sobre Puerto Príncipe y Portobelo. El saqueo de Portobelo fue particularmente brutal cometiéndose a gran escala, violaciones, torturas y asesinatos. Los planes de Morgan se coordinaban con el gobernador de Jamaica, a quien correspondía una parte del botín, al igual que a Carlos II.

    Sir Henry Morgan Portobelo (1668):
    Morgan intentó tomar Portobello al mando de nueve bajeles; el castillo de Santiago, una de las fortalezas de la plaza, cayó, pero para tomar la fortaleza de San Jerónimo tuvo que recurrir a medios menos militares. Sacó de los conventos a los curas y monjas y los utilizó como escudo; pudo tomar el fortín y señorear la villa y su puerto durante unos días. Saqueos, incendios, violaciones y pillajes de toda clase se sucedieron. Finalmente, pidió 150.000 pesos y abandonó la plaza.

    Maracaibo (1669):
    En 1669 se introdujo con 400 hombres en el lago Maracaibo a bordo de pequeños barcos. Los barcos españoles se hicieron a la mar y Morgan se detuvo en el lugar algunas semanas torturando a los civiles y tratando de obtener una rescate por la entrega de la ciudad. Sólo pudo obtener 5000 piezas de a ocho porque el pirata francés L'Ollonais tuvo gran éxito saqueando la ciudad tres años antes. Apostados en la salida al Caribe, tres galeones españoles comandados por Alonso del Campo, el Magdalena, Luis y La Marquesa. Morgan lanzó un pequeño barco contra el Magdalena y varios tripulantes encendieron mechas y se lanzaron al agua. Se produjo una explosión que hundió el Magdalena. El capitán del Luis, ordenó una torpe maniobra y chocó contra unos bajos. Los piratas se aprestaron a rodear a La Marquesa que resultó apresada tras una sangrienta lucha. Morgan ordenó un asalto frontal a la fortificación española que custodiaba el estrecho. En el primer asalto perdió 30 hombres. Luego ordenó que los hombres embarcaran en lanchas y simularan un desembarco fuera de la vista de los españoles, quienes temiendo un ataque por tierra cambiaron la orientación de los cañones y Morgan pudo escapar.

    En el año 1670, España reconoció la posesión de Jamaica por parte de los ingleses y lo aceptó como un hecho consumado. Esta claudicación animó aún más las ansias del corso, incitándole a probar suerte en el golfo de México. Las costas de Yucatán y de Veracruz fueron escenario de múltiples saqueos.

    Sir Henry Morgan La toma y destrucción de Panamá (1671):
    El gobernador de dicha plaza, Agustín de Bracamonte, pidió un día a Morgan una de las armas con las que se había tomado Portobello. Morgan le envió una pistola con sus balas y el siguiente mensaje: "Guárdela un año, pasado el cual le prometo que iré a buscarla a Panamá". -"No se tome el trabajo de venir a Panamá, porque aquí no le irá tan bien como en Portobello". La respuesta, que iba acompañada de una sortija, debió parecerle insolente al corsario, quien decidió solemnemente cumplir su promesa.
    A finales de 1670 partió para Panamá con 35 barcos y 2000 piratas ingleses y franceses, lo que suponía una ataque pirático sin precedentes. La toma del primer fuerte le costó 200 muertos y muchos heridos. El desplazamiento posterior a través de la selva que ordenó, resultó ser demasiado cansado y poco sorpresivo. La ciudad estaba defendida por 500 hombres a caballo y 2000 de a pie, al mando del gobernador don Guzmán y formados por esclavos y milicianos mal entrenados. Los toros bravos preparados para ayudar en la defensa no resultaron nada efectivos. El desafortunado ataque frontal de los españoles a caballo fue disuelto en dos cargas de mosquetes. El fuego declarado por motivos desconocidos convirtió en cenizas las sedas y especias almacenadas. Los asaltantes acamparon 28 días torturando civiles para encontrar riquezas escondidas. Cuando decidieron marcharse, Panamá quedó reducida a cenizas y hubo que edificarla totalmente de nuevo dos años más tarde. El botín resultó ser de sólo 200 piezas de a ocho por pirata. Ante la amenazante reacción española Carlos II lo alojó en una confortable prisión temporal y más tarde lo nombró caballero y gobernador de Jamaica.

    Cargos oficiales:
    En la última etapa de su vida, Morgan cambió por completo de actividad, dedicándose a cargos más pacíficos y honorables. Precisamente porque Inglaterra siempre había visto con buenos ojos las actividades del pirata, que entraban de lleno en sus planes políticos, no tuvo inconveniente en encargar a Morgan de la gobernación de la isla de Jamaica. Una vez en su respetuoso cargo, el viejo pirata persiguió tenazmente a todos cuantos se dedicaban a sus mismas actividades de antaño. Nunca más volvió a hacerse a la mar. Hasta su muerte (25 de agosto de 1688), vivió una confortable vida en Port Royal.

    Piratería. s.XVIII:
    Con la retirada de Morgan se entra de lleno en la piratería del s.XVIII, que tiene como característica su tono oficial mucho más declarado que en la centuria anterior. Luis XIV elaboró un plan muy parecido al "western desing" cromwelliano y encargó de realizarlo al barón de Pointis. Secundaban a éste 10.000 hombres a bordo de 22 navíos; se trataba de apoderarse de la fortaleza de Boca Chica. La empresa venía financiada por un grupo de armadores de rest, pero la puesta en práctica quedó interrumpida por la paz firmada entre España y Francia. Introducidos los Borbones en el trono español, Inglaterra se decidió a atacar a las dos potencias aliadas en sus dos frentes, el norteamericano, donde estaban las posiciones francesas, y el antillano, puerta grande de la América española. El peligro inglés fue poco a poco tomando cuerpo, trazándose planes oficiales que distaban mucho de ser las empresas particulares de siglos anteriores. Lo que se pretendía era yugular el Imperio Hispánico a través de Panamá. Interesaba la vía del istmo, a lo largo del río San Juan, con el fin de cortar en dos el gran cuerpo del Imperio. Pretendían, contando con la financiación de un banquero escocés llamado Patterson, abrir un canal de océano a océano. Inglaterra tenía planteados en Norteamérica problemas inaplazables con los franceses por lo que el plan no siguió adelante, ni tampoco el ritmo de ataques a otras posesiones españolas. Los ingleses consiguieron pocos años después (1763) arrinconar a los franceses en el Canadá, pasando ellos a controlar las inmensas tierras del continente norteamericano. España, unida por pactos de familia con los Borbones, ayudó a Francia, pero no se pudo impedir que el Imperio Francés en América quedase completamente arruinado.

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  18. William Kidd (Greenock 1645-Londres 1701):
    Nació en Escocia alrededor de 1645, posiblemente en Greenock. Se hizo a la mar siendo un muchacho y emigró a América. En la década posterior a 1690 vivía en Nueva York. Poseía su propio barco mercante y en 1689 se distinguió como capitán al servicio del rey contra Francia en las Indias Occidentales. Prosperó y quedó bien situado casándose con una viuda inglesa, Sarah Oort, que poseía propiedades heredadas de sus dos anteriores maridos. Se introdujo en política y conoció al coronel Benjamen Fletcher, gobernador de Nueva York, conocido por sus tratos comerciales con piratas. Para terminar con la piratería en la costa, el rey nombró gobernador al conde de Bellmont. El capitán Kidd se encontraba en Londres en 1695 con su sloop Antegoa. El neoyorquino Robert Livingston le propuso el negocio de capturar piratas y sus botines. Lord Bellmont, que se encontraba en su residencia de Londres, les presentó a personas influyentes que pudieran financiar la empresa. Así entraron en contacto con amigos cercanos del rey, Sir John Sommers, el Lord canciller duque de Shresbury, el secretario de estado Sir Edward Russell, Lord Oxford, el conde de Rommey. Los bienes capturados serían divididos y un 10 por ciento era para la Corona, un 60 por ciento para los financieros de Bellmont y el restante 15 por ciento para Livingston y Kidd. Se le suministró una patente de corso autorizándolo a capturar bienes pertenecientes a los enemigos franceses. También la corona le encomendó la misión de apresar piratas, barcos y mercancías con la advertencia de no molestar a amigos y aliados. William Kidd trató de abandonar la empresa en sus comienzos pero fue presionado por sus influyentes financieros, quienes prometieron respaldarlo. Kidd tuvo que vender su barco para aportar su parte de los gastos y comenzó su empresa a bordo del barco the Adventure Galley. Tomó como tripulación a hombres con familia como precaución para que no tuvieran la tentación de dedicarse a la piratería. Su primer incidente desafortunado sucedió cuando omitió saludar a un barco de la Marina que hizo fuego para que mostraran respeto. Sus hombres respondieron mostrando el trasero con el resultado de que fueron abordados y la Marina sustituyó a su tripulación por hombres rechazados para el servicio. Regresó a Nueva York y reclutó el resto de su tripulación entre hombres en situación desesperada. Después de un año en el mar no habían conseguido ni una presa y la tripulación comenzó a especular con dedicarse a la piratería. En abril de 1697 ancló en el mar Rojo aguardando el paso de un barco francés o pirata. Tras una espera de tres semanas atacaron un barco mercante moro. El barco "Spectre", al mando del capitán Barlow, que hacía de escolta a la flota del mercante, hizó el pabellón inglés y disparó sobre el Adventure Galley. Cuando Edward Barlow llegó a Karwar el 14 de octubre describió a Kidd en su informe como convertido en pirata. En noviembre Kidd tuvo que amenazar a su tripulación para evitar un motín. Había aparecido un mercante con bandera inglesa que deseaban abordar. En un enfrentamiento con William Moore, Kidd le golpeó con un cubo en la cabeza y murió al día siguiente. El primer botín logrado dos años después fue el barco árabe Maiden al que renombraron November. Kidd pensaba que había obrado dentro de la ley porque el capitán holandés había mostrado pases franceses. Después de la Navidad de 1697 capturaron un barco árabe que había partido de Malabar y un barco portugués con productos de las Indias Orientales. El 30 de enero de 1698 capturaron el Quedah Merchant capitaneado por un inglés llamado Wright. Mostrando bandera francesa abordaron la presa que les mostró pases franceses. La tripulación se negó a devolver el barco cuando se descubrió su verdadera identidad. Tr