Nos encontramos en la calle Puerto Viejo esquina Pérez Zamora.Es un momento apoteósico. Solo durará unos minutos. La rueda gira e ilumina la tarde-noche de aquel día de Semana Santa. Una vez terminado ese pequeño espectáculo de luz, la comitiva se pone en marcha hasta que un distinto donante la obliga a detenerse de nuevo y vuelve a establecerse el mismo rito que hemos venido presenciando a lo largo de todo el trayecto. Y así hasta su regreso definitivo hasta la Iglesia que le vió salir.









