Si existe una fiesta grande por excelencia esa no es otra que la de Carnaval. Y resulta así de grande porque el pueblo la exige. Y cuando el pueblo la exige poca cosa pueden hacer las autoridades para evitar que se produzca. Ni siquiera cambiándole el nombre como ocurriera antaño intentando el estado, en perfecta connivencia con la iglesia o viceversa que TANTO MONTA, MONTA TANTO......, rebautizarla con aquel eufemismo de FIESTAS DE INVIERNO.
Sin restarle importancia a los celebrados en Santa Cruz, los Carnavales del Puerto competían con los de la capital con una dignísima calidad lúdica por todos aceptada.
Al no coincidir ámbos en las mismas fechas había ocasión para disfrutar de los dos indistintamente. Bien porque los portuenses se desplazaban a Santa Cruz cuando aquellos o bien los santacruceos se venían hasta el Puerto cuando estos. Con este trasiego carnavalero el número de participantes aumentaba sobremanera en cada una de las dos ciudades lo que garantizaba la algarabia, el jolgorio y todo lo que conlleva la tradición pagana de la fiesta.
He querido empezar este lote ilustrando el primer comentario con una foto que refleja muy bien un rito lejano traido desde Cuba hasta Canarias y que se conoce bajo el nombre de "matar la culebra". Este rito, en el Puerto de la Cruz, está generalmente reservado al disfrute de los niños, tal y como muestra la fotografía.
En los muchos carnavales vividos por mí en Santa Cruz nunca advertí que se produjera este fenómeno ritual por lo que me inclino a pensar que solo es exclusivo del Puerto de la Cruz y sus niños.
Existe un librito que habla de este rito tradicional. En este momento no estoy en condiciones de ofrecer más datos, tales como el autor o la editorial pero prometo que, en breve, aportaré la referencia completa.