
El verano abre sus fauces peligrosamente. A través de ellas comienza a vomitar miles de vehículos sobre el asfalto ya caliente de las autopistas y cientos de turistas caen definitivamente tumbados sobre la blanda y fina arena, -también caliente-, de las playas bañadas por el suave oleaje del mar. Pero más que a sus sombrias fauces, a lo que más temo del verano son a sus múltiples afiladas lenguas de fuego incendiando el bosque apacible del Mediterráneo cuyos pinos han proporcionado siempre protección, sombra y cobijo a todos aquellos que como yo sentimos verdadero amor por la Naturaleza.
El mar comienza a utilizar sus legiones de medusas para hacer retroceder sin éxito de sus límpias aguas a los miles de bañistas que, -envueltos en sus blancas corazas de NIVEA-, intentan en vano protegerse del sol implacable. Sin embargo, ninguno de ellos ceja en su empeño. De cuando en cuando, los sanitarios de CRUZ ROJA acuden en auxilio de alguien que sale del agua con una mueca de dolor dibujada en el rostro, presagio de la inminente urticaria en la piel propiciada por una atrevida medusa.
En cualquier caso y pese a los esfuerzos empleados por el mar, hay que agradecerle que no sea tan violento en su defensa de modo que permita que los bosques se vean sitiados por esas otras hordas de turistas y veraneantes buscando afanosamente, -contra el violento ataque de las medusas-, refugio seguro bajo las frescas copas de los pinos mediterráneos que aún permanecen incólumes.
Bueno, espero que este verano sea más suave de lo que parece que va a ser. De todas formas es una buena y bonita descripción de lo que se avecina.
ResponderEliminarAquí hace calor pero se sobre-lleva.
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