
Viene de la entrada anterior
Desde mi desconsolado regreso, hace ya dos días, aún continua mudo el teléfono. Ayer mismo, furtivamente, me desplacé de nuevo hasta los tinglados del puerto con la esperanza de hallar alguna señal sobre el paradero de mi entrañable amigo pero el intento resultó del todo infructuoso; no logré encontrar rastro alguno de Bruno en los sucios muelles de Barcelona. Sufro por la suerte adversa que haya podido correr; aún así, mantengo fundadas esperanzas en su reaparición.
Yo, por mi parte, continuo respetando la supuesta discreción convenida con sus malvados secuestradores. Nada de policias ni intermediarios aunque, por lo demás, también confio en la habilidad demostrada siempre por Bruno frente a las múltiples situaciones adversas a las que, a lo largo de su vida, ha tenido que enfrentarse y que han de servirle ahora de experiencia en este caso concreto.
Si todo esto finaliza como cabe esperar, prometo dedicar un último capítulo a narrar los pormenores de tan dificil negociación. Ahora no puedo ni debo extenderme más de lo estrictamente necesario.
Hasta pronto.
Yo, por mi parte, continuo respetando la supuesta discreción convenida con sus malvados secuestradores. Nada de policias ni intermediarios aunque, por lo demás, también confio en la habilidad demostrada siempre por Bruno frente a las múltiples situaciones adversas a las que, a lo largo de su vida, ha tenido que enfrentarse y que han de servirle ahora de experiencia en este caso concreto.
Si todo esto finaliza como cabe esperar, prometo dedicar un último capítulo a narrar los pormenores de tan dificil negociación. Ahora no puedo ni debo extenderme más de lo estrictamente necesario.
Hasta pronto.
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