RETRODEZCAN

Este imperativo es del todo incorrecto pero me resulta más contundente que el original RETROCEDAN. Por lo tanto, si la Real Academia de la Lengua Española me lo permite, desde hoy en adelante haré uso exclusivo de él.
Con RETRODEZCAN pretendo dar a conocer parte de mi obra pictórica, escultórica, fotográfica y, en menor proporción, literaria y, a la vez, mantener una corriente de opinión sobre los acontecimientos de naturaleza artística de hoy día.
Espero que tomeis la sabia decisión de manteneros a una distancia prudencial de mis opiniones aquí vertidas que no siempre tienen por que ser del agrado de la mayoría; ¿o, sí?

viernes, 21 de abril de 2017

ACLARACIONES PROFESIONALES


José Rodríguez Espinosa es natural del Puerto de la Cruz y residente en Cataluña desde hace mucho tiempo. Trabajó durante casi toda su vida profesional  activa como médico en el Hospital de San Pablo de Barcelona y con quién me veo con cierta frecuencia para comer en familia.

Pepe, a quién aprecio mucho y que ha leído en el DIARIO DE TENERIFE mis recuerdos sobre la penicilina, me aclara, -como buen profesional de la medicina que es-, algunas dudas sobre el uso del alcanfor y la propagación del tifus, -allá por los años 50 del pasado siglo XX-, en Tenerife:

"Joder, Zoilo, has conseguido que mi memoria se desbocara con tus recuerdos de infancia sobre la penicilina y el alcanfor. A este respecto, solo unas apreciaciones sin importancia:  sobre el alcanfor, coincido contigo en que casi todos los chicos del barrio lo llevábamos, como tu dices, cual escapulario al cuello, apestando todos a su penetrante «fragancia». Sin embargo, su uso no era para conjurar enfermedades varias, sino para espantar o mantener a raya la poliomielitis, pues el Dr. Salk, por aquellos años, no había descubierto todavía la vacuna. Obviamente, solo servía para calmar la ansiedad de nuestras madres durante los periodos de epidemia, tan frecuentes por aquellos años. Sobre la penicilina me temo que tu memoria te ha traicionado, pues este antibiótico ya se comercializaba desde principios de los 40 y no era eficaz contra el tifus. 

Recuerdo que mi hermana Lola, la mayor de nosotros, lo contrajo durante unas vacaciones en el Realejo Bajo por esos años (50) que tu mencionas. Mis padres también se las vieron y desearon para conseguir el antibiótico recién descubierto que sí curaba la enfermedad, y que no era otro que el cloramfenicol. 

Este artículo tuyo, como los otros que me vienes adjuntando, me ha gustado mucho. Pero este, sin embargo, ha tenido la virtud de activar esa típica reacción en cadena de la memoria que te deja absorto y embobado durante un buen rato".

Gracias y un abrazo,

Pepe

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