RETRODEZCAN

Este imperativo es del todo incorrecto pero me resulta más contundente que el original RETROCEDAN. Por lo tanto, si la Real Academia de la Lengua Española me lo permite, desde hoy en adelante haré uso exclusivo de él.
Con RETRODEZCAN pretendo dar a conocer parte de mi obra pictórica, escultórica, fotográfica y, en menor proporción, literaria y, a la vez, mantener una corriente de opinión sobre los acontecimientos de naturaleza artística de hoy día.
Espero que tomeis la sabia decisión de manteneros a una distancia prudencial de mis opiniones aquí vertidas que no siempre tienen por que ser del agrado de la mayoría; ¿o, sí?

jueves, 21 de agosto de 2008

Calle de LAS LONJAS (con puerta)

Siempre consideré la composición de esta puerta como una manifestación anónima y espontánea de arte popular marinero. Durante años me guardé esta opinión o tal vez nadie la compartió conmigo y precisamente por eso, porque nadie coincidió con mi opinión, es por lo que yo la disfrutaba, de manera especial, al pasar. Y era como mía. No porque yo la hubiera podido haber creado sino por considerarla de mi propiedad, como si me perteneciera, como si fuera el auténtico y único propietario que la hubiera cedido en depósito de por vida, para que se exhibiera allí, en plena calle.
En alguna ocasión, mientras paseaba con algún amigo, confesábale que aquella puerta era mía, de mi propiedad. Nunca me creyeron.

Calle de LAS LONJAS (con señora)

Siempre se presentaba una oportunidad. En un momento determinado, la luz dibujaba sobre la calle el trazo indispensable para el disparo. Debido a su extrema estrechez , la calle solía ser invadida por una luz cenital que la inundaba rebotando violentamente en las aristas de los cuerpos. Y eso ocurría sobre mediodia, hora fatal para la fotografía convencional. Pero si en la calle de Las Lonjas había luz, ésta, forzozamente, tenía que ser cenital. Su exigua anchura no le daba al sol ninguna otra oportunidad.

La calle de LAS LONJAS (con barcas)

Por lo común, cuando la mar se erigía en enemigo del pescador, éste nunca se fiaba. Cuando esto ocurría, la calle se convertía en varadero provisional hasta que la mar volviera a tranquilizarse. Era entonces cuando presentaba este peculiar aspecto.
Otra de las razones pudiera obedecer a la necesidad de tener cada uno junto a su vivienda, a buen recaudo, el artilugio más preciado para su precaria subsistencia.
Al fondo de la fotografía, sobre la pared, puede verse escrita la publicidad de la Cofradía de Pescadores.

La calle de LAS LONJAS (con niño)

Esta calle significó para mí el encuentro grato y gratuito con unas nuevas formas de vida que yo ni siquiera podía imaginar viniendo, como venía, de un lugar tan alejado del mar como era La Cuesta (a unos 10 Kms. en dirección Sta. Cruz) dónde nuestro único entretenimiento consistía en descender a los profundos barrancos en lugar de jugar placidamente sobre la erizada superficie del mar, como hacían la mayoría de los niños del Puerto de la Cruz.
Durante muchos años mantuve una disciplina diaria: recorrer esta calle cada día como mínimo una vez. En ocasiones con la cámara fotográfica y en otras muchas sin ella. Este día, obviamente, si la llevaba.

La calle de LAS LONJAS

La Cofradía de Pescadores estaba situada en la llamada Calle de Las Lonjas nº 5. Una calle estrecha y tortuosa que comenzaba en el muelle y finalizaba cerca del Penitente, en la llamada hoy Plaza de Europa donde en otro tiempo existía un mercado popular, tipo ZOCO, de marroquinería general.
En días sucesivos continuaremos viendo fotos de esta calle.
Este trozo de pared enjalbegada publicitaba el restaurancito con terraza de La Cofradía. La puerta de al lado conducía hasta una escalera y a través de ésta se llegaba hasta la terraza misma. Nunca fué el lugar más frecuentado por los portuenses aunque, por lo menos, una vez en la vida ,todos los ciudadanos se dignaron a pasar por allí, comiendo lo que había que comer: pescado; bebiendo lo que había que beber: vino tinto; y pagando, naturalmente.
La terraza en cuestión daba a la parte posterior, sobre el mar. Solo por eso valía la pena no comer bien, a veces.

miércoles, 20 de agosto de 2008

CONDOLENCIAS

NUESTRO MÁS SENTIDO PÉSAME A TODOS LOS FAMILIARES DE LAS VÍCTIMAS DEL DESGRACIADO ACCIDENTE AÉREO DE SPANAIR
VUELO JK5022
Los canarios Antonio Pedro y Zoilo López

Crónica gráfica sentimental de una época.

He aquí la llamada Punta del Viento. Desde este lugar arranca el Paseo de San Telmo que finaliza en la Avenida de Colón, frente al Hotel Las Vegas.
Los ventanales que se observan al fondo, en la vertical de la pared, correspondieron al mítico CINTRA CLUB, local montado entonces por un ciudadano francés llamado Jean Paul que moriría asesinado años más tarde y su cuerpo posteriormente encontrado en el interior de una cabaña del Parque de Taoro sin que hasta hoy se hayan podido averiguar las causas exactas de su trágico final.
Se decia del tal Jean Paul que era cinturon negro de judo a pesar de su corta estatura y no haberlo demostrado nunca. Le gustaba correr Rallys con magníficos coches trucados aunque nunca ganaba y solía codearse con la más alta burguesía del Puerto, la Orotava y Santa Cruz con la que, al parecer, mantenia poderosos lazos de índole mercantil que sí le hacian triunfador. Se llegó a comentar, incluso, la posibilidad de que estuviera estrechamente vinculado al tráfico clandestino de armas; hecho por el cual pudo haber encontrado la muerte.
Entre círculos de extrema derecha española se le vinculaba a operaciones violentas relacionadas con la OAS francesa que se autofinanciaba, según todos los indicios, con los dividendos obtenidos de la explotación de locales relacionados con el ocio turístico.
Pese a todo o a la leyenda, quién sabe, jóvenes como yo acudíamos casi a diario al CINTRA. Bebíamos, bailábamos y salíamos con chicas.
Me parecería necesario que alguien debidamente informado pueda dar crédito y certificar el anecdotario que narro o, por el contrario y en todo caso, pueda sacarme de los errores sobre tal especulación. Especulación basada simplemente en la leyenda urbana de la época y que me ha servido de pretexto para ilustrar retazos de la vida pública del Puerto de la Cruz de los años anteriores a 1975.
Es curioso como, sin proponermelo, he barrido la pared confeccionado un análisis profundo del plano vertical que se aprecia al fondo. A través de las distintas narraciones hemos podido averiguar detalles de esa pared última y del trozo de acantilado. A saber y de izquierda a derecha: la Punta del Viento, los ex-ventanales del Cintra, La Trinchera y a continuación El Camello desde donde saltan los jóvenes al mar, el convento de Sto. Domingo, la casa de Yeoward y por último, aunque no se aprecia pero se intuye, El Penitente, donde atracaban los cargueros ingleses a recoger las cosechas de plátanos.

Crónica gráfica sentimental: EL ROLLS DEL "ADUANERO"

Este es el Rolls mencionado en la entrada anterior y muy bien aparcado, como casi siempre, ante la Aduana comprada por el irlandés
No podía faltar la presencia de un niño del barrio verdaderamente impresionado por el aparatoso empaque del vehículo.

LA CASA DE LA ADUANA

Casa de la Aduana. Puerto de la Cruz. TENERIFE. (Islas Canarias)

Esta es la vista que ofrecía entonces la Casa de la Aduana desde el otro lado del muelle. Al parecer y confieso que nunca lo entendí, en su día fue comprada por un riquísimo irlandés (según tuve entendido) que la convirtiría, a la sazón, en una especie de centro comercial artesanal y ante cuya puerta casi siempre permanecía aparcado su flamante Rolls Royce.
Tuve ocasión de fotografiar también el ostentoso vehículo al que acudian a jugar los niños más necesitados de la zona ambicionando, quizá, poseer alguno como aquel algún día, en un futuro que se les antojaba no muy lejano pero que, al parecer, aquel futuro que intuían más que prometedor , con Rolls incluido, nunca terminaria por llegar del todo.

LA TRINCHERA Y EL CAMELLO

Continuamos en San Telmo.
Al fondo, el convento de Sto. Domingo y la antigua casa de Yeoward. Sobre el acantilado de enfrente un pequeño paramento de hormigón denominado LA TRINCHERA, algo más arriba EL CAMELLO. Sobre la trinchera se observa un grupo de jóvenes dispuestos, en breve, a saltar al agua.
La decisión dependerá de la siguiente ola que pase a sus pies. Unos segundos antes de que llegue a la vertical, el saltador deberá lanzarse para coincidir con ella justo en ese instante. Este cálculo previo ayudará al nadador a establecer un colchón de seguridad que le garantice una profundidad lo suficientemente segura para evitar impactar contra el peligrosísimo fondo rocoso y librarse así de un desgraciado accidente.
Los más osados saltan desde EL CAMELLO, algo más arriba, y mantienen de igual manera la misma tendencia en cuanto a técnica de salto se refiere aunque la combinación distancia de salto y aproximación de la ola cobra ahora una nueva relación aunque siempre equivalente.
Si abriéramos el plano hacia la derecha veríamos EL PENITETE, un embarcadero donde atracaban los barcos ingleses para cargar el fruto de la platanera. Justo allí, en otro tiempo ya muy lejano, existía un gran recinto: la empaquetadora de Yeoward.