RETRODEZCAN

Este imperativo es del todo incorrecto pero me resulta más contundente que el original RETROCEDAN. Por lo tanto, si la Real Academia de la Lengua Española me lo permite, desde hoy en adelante haré uso exclusivo de él.
Con RETRODEZCAN pretendo dar a conocer parte de mi obra pictórica, escultórica, fotográfica y, en menor proporción, literaria y, a la vez, mantener una corriente de opinión sobre los acontecimientos de naturaleza artística de hoy día.
Espero que tomeis la sabia decisión de manteneros a una distancia prudencial de mis opiniones aquí vertidas que no siempre tienen por que ser del agrado de la mayoría; ¿o, sí?

jueves, 26 de febrero de 2009

AMIGOS PARA SIEMPRE

Estoy completamente convencido de que por alguna extraña razón he creido siempre encontrarme en deuda con estos entrañables amigos que compartieron conmigo en el pasado buena parte de aquellos largos años de juventud. Su amistad nunca tuvo precio y, precisamente por ello, no se me ocurre ninguna otra manera de saldar la gran deuda sentimental que aún les debo.
Creo que prefieren permanecer en el más estricto anonimato pero sus fisonomias entonces eran, más o menos, como las que reflejan estas lejanas fotos en blanco y negro. Con ellas quiero rendirles mi más sincero homenaje por todas las molestias que mi posible aunque involuntaria indiscreción haya podido ocasionarles. Espero que no me guarden ningún rencor.

martes, 24 de febrero de 2009

MEMORIA SENTIMENTAL GRÁFICA

Ilustración de Zoilo López (acuarela)
A medida que los negativos para escanear iban siendo cada día más escasos, sentía que mi inmediato pasado se iba volviendo tan estrecho como tan reducido el trozo de futuro que aún me falta por vivir. Hoy ya no me quedan negativos que escanear y, por tanto, vuelvo a ser la persona en la que decidí convertirme hace cuarenta años. Sin lastres convencionales ni patrioteros. Sin pasado amargo, diría yo; solo con un trozo de dulce futuro por delante todavía. La fotografía te enseña algo en lo que uno tarda mucho tiempo en asimilar y es que, por muy rápido que accionemos el disparador de nuestra cámara, estaremos siempre asistiendo e impresionando, exclusivamente, nuestro más inmediato pasado. Por una razón similar, jamás podremos acceder al futuro próximo, adelantarnos a él; mal que nos pese, siempre estaremos condenados a permanecer confinados en el presente de indicativo del verbo ser.

Afortunadamente, el haber regresado a ese pasado tan lejano a través de tanto documento gráfico recuperado de mi mal llamada MEMORIA SENTIMENTAL GRÁFICA, me ha situado en un espacio por el que, al no corresponderse con el tiempo presente, me ha resultado por ello naturalmente idílico transitar. Por contra, tal descubrimiento me ha procurado tambien algunos pequeños sinsabores y no menos amargas desilusiones. Se ha vuelto a empañar aquella sublime imágen -que el tiempo no solo guardaba impresa en el celuloide sino además en mi ya maltrecha memoria- de los verdaderos amigos que en el pasado creí tener de por vida, sustituidos ahora y en beneficio, sin embargo y por suerte, de algunos otros nuevos, hechos durante el presente y a quienes aún hoy, desgraciadamente, no tengo el gusto de conocer personalmente. Además de aquellos cuyos endebles lazos de amistad mantenidos otrora, se han visto de nuevo firmemente reforzados por un mismo y determinado mutuo interés en mi fracasada iniciativa documental. Estos últimos fueron, precisamente, los únicos en confiar en mi trabajo, en valorar un testimonio enriquecido con aportación gráfica incluida y en depositar su desinteresada confianza en beneficio de tanta documentación sociológica puesta a disposición de cualquiera que la necesitase. Los otros, los de toda la vida, solo merodearon en torno a las posibles terribles consecuencias que pudieron haberles acarreado la publicación tardía de tan pueriles imágenes no fuera que algunas de ellas afectaran negativamente a la laboriosa consolidación llevada a cabo durante estos últimos años de su estable estatus personal, social y profesional malogrando así una reputación conseguida a lo largo de tanto tiempo quién sabe si a base de tanta disciplina y de tanto honesto trabajo como del que públicamente presumen ahora o bien, presuntamente, gracias a muy distintas, misteriosas y desconocidas prebendas concedidas en su día bajo mano. Nunca fue ni será mi intención ponerles en ridículo. El ridículo, si es que se hace, se consigue siempre a falta de la seguridad necesaria en uno mismo.
Mis más sinceras gracias, sobre todo, a Antonio Dorta por su coraje y sentido del humor, a Bruno Juan por su confianza y tolerancia y a José Martín por su optimismo y profesionalidad.
Seguiremos viéndonos.

sábado, 21 de febrero de 2009

CLASE TURISTA

A cada generación de isleños y en particular de portuenses le tocó en suerte convivir con un determinado tipo de turistas. A la mía le correspondió también el suyo. Uno en concreto y cuyo estilo personal estuvo marcado, sobre todo, por la democratización del disfrute vacacional de la clase trabajadora en la Europa de entonces. Viajar ya no se trataba de un privilegio reservado solo a los más ricos. La clase obrera europea, aparte de tener derecho a una Seguridad Social obligatoria, se le garantizaba, además, unas semanas de vacaciones pagadas al año a cargo de la propia empresa.

Si a todo ello le sumamos la oportuna proliferación de los llamados vuelos "charter" obtendremos una de las claves del enorme pesimismo que embargaba a los empresarios canarios del sector aquellos años.

Cualquier divisa europea era entonces, por lo general, mucho más fuerte que la nuestra, lo que beneficiaba al poder adquisitivo de todos aquellos europeos que, afortunadamente para ellos, elegían nuestras islas como lugar preferido de ocio.

El sector de la hostelería pretendió siempre procurarse un turismo de élite pero todos nosotros sabíamos que eso no resultaba nada fácil. Más bien al contrario: practicamente imposible.

Al turismo de élite no le bastaba con asegurarse unas determinadas horas de sol al año. El sol se lo dejaban a los menos ricos. El turismo que pretendía la industria requería de otras alternativas donde conseguir lucir su poderío económico: casinos, cabarets, casas de subastas, clubs naúticos donde amarrar sus yates, etc., etc. El Atlántico no es como el Mediterráneo donde desde la bahía de Cádiz hasta el Adriático se disponía de una infraestructura consolidada que facilitaba la navegación de embarcaciones de recreo haciendo escala en cada puerto y en consecuencia en cada casino, en cada hipódromo, en cada restaurante, etc., etc.

Hubo un tiempo en que los pocos que pudimos viajar a Europa entonces nos jactábamos de haberlo hecho con una escasez de medios dignas del mejor de los aventureros, sin embargo, una vez de regreso, no tolerábamos, en absoluto, la presencia de ningún turista europeo en las mismas condiciones de viaje en que lo habíamos hecho nosotros. Poca tolerancia, creo yo. Y, lamentablemente, así nos ha ido.

NOTA:

Hoy, que he vuelto a verles, me parecen más entrañables que nunca. Con una extraña manera de identificarse ellos mismos con su papel, con el de turistas absolutos, haciendo honor a todo lo que significa serlo de verdad. Los que muestro en la foto que ilustra esta crónica son una representación auténtica del TURISTA con mayúscula. Los otros: los del yate, los del casino, los del cabaret, los del hipódromo, esos, eran otra cosa.

viernes, 20 de febrero de 2009

EL HOMBRE DE LA CATANA y el jubilado (terrible cuentecito corto)

Merced a permanecer con sus párpados cerrados, el espejo del cuarto de baño se le antojaba esa mañana tan opaco como su propio futuro inmediato mientras, energicamente, se cepillaba los dientes frente a él. Su mano izquierda sostenía un vaso lleno de Oraldine y de su boca se desparramaba una baba blanquecina que ya le cubría la totalidad del mentón. La manía de no cepillarse la dentura con los ojos bien abiertos le impidió por un instante darse cuenta del brusco ensombrecimiento que habia provocado de improviso, en el diminuto espacio del lavabo, la enorme figura recortada ante el quicio de la puerta del terrible HOMBRE DE LA CATANA quién, con su elevada estatura, impedia el paso de la escasa luz natural de la vivienda en aquel momento. Cuando decidió al fín abrir los ojos, vertiendo aún más espuma blanca por la boca, lo único en lograr distinguir, como un fugaz relámpago, fue el fulgor plateado del frío acero atravesando velozmente la penumbra y descendiendo vertiginosamente en dirección a su cabeza. Solo dispuso del tiempo justo de arrojar al rostro del intruso el Oraldine mientras, con el vaso ya vacio, lograba escabullirse milagrosamente por debajo de la axila de su agresor justo en el momento en que este descargaba, inmisericorde, el violento golpe mortal que pese a no encontrar su objetivo, terminaría incrustándo, como cuchillo caliente en taco de mantequilla, todo el ancho de la bien templada hoja de su catana en la jamba de la puerta del lavabo. Mientras el asesino se esforzaba por recuperar en vano el arma homicida fuertemente aprisionada en la madera, Livingston dispuso a su favor del tiempo aún suficiente de poder llegar hasta la puerta de su piso y salir precipitadamente al rellano donde desembocó jadeante, eructando todavía más espuma por la boca, el vaso vacio en su mano izquierda y, en la derecha, el diminuto cepillo de dientes con el que en última instancia hubiera intentado defenderse, si se hubiera dado el caso, del violento ataque oriental.

-¿Otra vez con alucinaciones, Livingston? -le preguntó el vecino de enfrente al verle salir hasta el desierto rellano en pijama y todavía sudando-.

Livingston preparaba la respuesta y Vicente, también jubilado como él, continuaba impasible y a la espera, armado con una simple escobilla de mango corto, afanándose en limpiar el polvo acumulado sobre la superficie del barato felpudo ante la puerta de su vivienda.

-¡¡Era otra vez el de la catana, Vicente!!; ¡¡venía de nuevo a por mí!!, -sentenció amistoso Livingston.

-Desde que te has jubilado no paras de ver asesinos por todas partes, Livingston. Anda, entra de nuevo en tu casa y cálmate, por favor, -le aconsejó paternalmente Vicente, intimidándole con la escobilla antes de darle con la puerta en las narices.

Livingston entró de nuevo en casa . Desandó el pasillo en sentido contrario y se introdujo a hurtadillas en la penumbra del cuarto de baño. Abandonó el vaso en la repisa y se guardó el diminuto cepillo en el bolsillo superior del pijama, por si acaso. Con los ojos bien abiertos esta vez y frente al espejo de nuevo, creyó, con gran sorpresa por su parte, reconocer en su propia persona, tristemente reflejada en la bruñida superficie, al temible HOMBRE DE LA CATANA. Se retiró de allí asustado y en silencio, retrocediendo muy despacio, caminando siempre hacia atrás y atravesando abrumado la puerta de espaldas. Al pasar bajo el umbral, desconcertado aún, no acertaba a comprender cómo, cuando y de que manera se había podido producir aquella enorme y limpia hendidura en la jamba de madera de la puerta del lavabo que, casualmente, había advertido ahora, en este preciso instante, justamente al salir.



miércoles, 18 de febrero de 2009

Clínica "LA MODERNA". Habitación 123

La habitación 123 era una de las más confortables. Muy amplia y con mucha luz; demasiada, diría yo. El posoperatorio no entrañaba ninguna dificultad y la comida resultaba tan excelente como el servicio pero no había manera de que el cepillo de dientes se mantuviera derecho. Esa fue la única razón por la que pedí el traslado. No soportaba tener que recoger cada día del suelo lo que necesitaba para lavarme los dientes.

NOTA:

La fotografía representa una obra de TAPIES en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA).

Yo me he permitido hacer una broma sobre el particular.

domingo, 15 de febrero de 2009

DÁCIL SEXY SEXTET

El próximo día 22 de Febrero tendrá lugar en L`HELIOGÀBAL de Barcelona una nueva actuación del extraordinario grupo DÁCIL SEXY SEXTET liderado por la actriz, cantante y compositora canaria Dácil López quién dará a conocer a todos aquellos que asistan a las 22 horas sus nuevas y atrevidas composiciones musicales.

Le deseamos una feliz actuación y estamos completamente seguros que sus incondicionales quedarán gratamente sorprendidos.

FELÍZ COINCIDENCIA (CACERÍA)

Hoy domingo me he sentido mucho más que gratamente sorprendido además de doblemente satisfecho por la inmediatez en el tiempo y la fortuita coincidencia en el asunto entre mi crónica publicada en mi Blog ayer sábado y la también publicada en su habitual columna de los domingos en El Pais por mi admirado escritor MANUEL VICENT.

Me llena de satisfacción que un hecho tan lamentable como el acontecido y que pone de relieve la escasa sensibilidad de Bermejo y Garzón provoque a su vez el rechazo total de tan insigne escritor con el que me siento tan dignamente identificado.

Solo por eso vale la pena leer su crónica que, bajo el título de CACERÍA, publica el diario El Pais en su edición de hoy domingo día 15 de Febrero de 2009

sábado, 14 de febrero de 2009

FERNÁNDEZ BERMEJO, GARZÓN y la caza mayor

Cuando el hombre por fín se involucra en la práctica de la agricultura apartándose de la dedicación exclusiva del hábito de la caza, se dice de él que ha adquirido la suficiente cultura como para convertirse en sedentario y por lo tanto en persona razonablemente cultivada.

En el seno de esta compleja sociedad nuestra, tanto el juez Garzón como el ministro de justicia Mariano Fernández Bermejo están llamados a representar con notable dignidad no solo a las figuras ejemplares que han de parecer de la actual población sedentaria sino además hacerlo también como individuos lo suficientemente cultivados como para sentirse obligados a abandonar definitivamente la práctica de la caza mayor como representantes que tambien debieran ser de una sociedad moderna y civilizada como pretende la nuestra y que intenta huir, sin conseguirlo aún, de provocar la muerte por placer, de verter sangre inocente y de protagonizar cualquier manifestación de violencia gratuita.

La caza por la propia supervivencia pudiera estar justificada en casos en los que hoy día incluso se nos antojan extremos pero de ninguna manera en aquellos otros en los que dar muerte gratuita a un animal se convierte en un egoista síntoma de placer como se supone del que presumen tan altas y dignísimas autoridades como las que he mencionado en un principio.

¿Que se puede esperar de la Justicia cuando dos de sus más altos representantes se jactan ante los distintos medios de comunicación de haber logrado abatir de violentos y certeros disparos a más de media docena de indefensos ciervos que, pese a estar amparados por la propia naturaleza, su muerte se ha conseguido mediante la precisa ayuda de unos modernos rifles automáticos con mira telescópica incluida demostrando de ese modo tan escasa sensibilidad por el respeto a la vida?

El notable descenso de la mortalidad en carreteras y autopistas se debe, sin lugar a dudas, a las eficaces campañas llevadas a cabo por el ministerio correspondiente cuyas autoridades, preocupadas por la alarmante progresión de la siniestralidad, tomaron las consiguientes y eficaces medidas preventivas logrando con ellas reducir, en gran medida, el número de fallecidos sobre el asfalto.

¿Porqué cuesta tanto trabajo entonces reducir el fenómeno de la violencia machista que tantas víctimas inocentes provoca al cabo del año?.

No cabe duda de que no resulta nada beneficioso para los intereses de los cientos de mujeres maltratadas la exhibición irresponsable por parte de Garzón y Bermejo de tanto ser vivo abatido a capricho, de tanta sangre coagulada en las cunetas y de tantas y eficaces armas automáticas como de las que hoy disponen muchos.

viernes, 13 de febrero de 2009

CHARLES DARWIN y Manuel González "El de los machangos"

Este año 2009 se cumplen doscientos años del nacimiento del gran científico que fue CHARLES DARWIN.

Su discutida teoría sobre la evolución mediante selección natural no solo movió los sólidos cimientos de la comunidad científica mundial de entonces sino que hizo tambalear también las viejas estructuras del Vaticano al poner en entredicho el contenido de los mismísimos textos del Génesis sobre los que se basaba la Iglesia católica para sostener la teoría de la creación de la especie humana.

Por lo tanto, MANUEL "El de los machangos" siempre estuvo mucho más cerca de la verdad que la mismísima SANTA MADRE IGLESIA por cuanto este canario con boina fue durante años el cuidador de los famosos chimpancés de KOËLER en el primer centro de investigaciónes primatológicas del mundo ubicado en la estación de antropoides del Puerto de la Cruz en la isla de Tenerife entre los años 1913 y 1918.

Desde las humildes páginas de mi Blog, quiero rendir mi más sincero homenaje a D. MANUEL GONZÁLEZ, más conocido como Manuel "el de los machangos", por su modesta y poco conocida contribución, con su trabajo de cuidador, al mundo científico de principios del pasado siglo XX.

Aprovechando esta íntima ocasión, deseo saludar a mi buen amigo y gran fotógrafo MANUEL DE LEÓN, bisnieto, precisamente, de este entrañable personaje que hoy nos honra al ocupar la desenfadada crónica insular de mi Blog.

EL PARECIDO (entre Leocadio y Yo)









Viviendo yo aún en Barcelona, siempre que tenía oportunidad acudía hasta las Ramblas con la mera intención de fotografiar algo que mereciera realmente la pena desde el punto de vista exclusivamente artístico, sin embargo, en aquella ocasión que referiré seguidamente, fue la presencia de una joven actriz de incognito quién despertó en mí aquel vivo entusiasmo por una nueva captura fotográfica exclusiva, cuando no inaudita, máxime al tratárse de un valor enormemente en alza dentro de la nómina cinematografía nacional de entonces pero cuyo nombre no tengo ningún interés en revelar por el momento atendiendo a la intención de mantener la atención del lector por el relato hasta el mismísimo final.

He de decir que para la ocasión había montado en el cuerpo de mi Nikon "F " un objetivo de 200mm que me permitiria fotografiar desde una distancia más que prudencial sin ser objeto de rechazo por parte de los inocentes viandantes.

Aquel día, las Ramblas presentaban el aspecto de costumbre. Mucha gente pero no tanta que no se pudiera, a aquella hora de la mañana, pasear aún con una cierta comodidad y holgura. Yo subía despacio desde el Liceo hasta la Plaza de Cataluña cuando creí advertir entre el gentío la presencia, para mí inconfundible, de una joven muy conocida por su trabajo en las pantallas que descendía distraídamente, en sentido contrario al mio, con su enorme bolso en bandolera, a una considerable distancia, pero cuyo rizado y hermoso largo cabello, sus parsimoniosos andares además de su bonita falda larga hasta las pantorrillas cubiertas por la caña de unas contundentes botas camperas, no dejaba lugar a dudas de quién se trataba realmente.

A medida que ella descendía yo iba disparando, simultaneamente, mi cámara analógica. Ello me obligaba, prácticamente, a caminar hacia atrás, con lo incómodo que significaba, con tal de mantener enmarcada en el visor la figura completa de la joven actriz viniendo siempre a mi encuentro y que habiendose apercibido, no obstante, de mi presencia tanto como de mis artísticas intenciones, no hizo en ningún momento absolutamente nada por evitar lo que ya era un hecho consumado y por cuya razón yo me iba sintiendo por momentos mucho más cómodo y deshinibido con la realización de mi improvisado y provechoso “trabajo”.

Di por terminada mi sesión cuando la película montada llegó a su fín. Fueron treinta y seis fotografías impresionadas en los quince minutos aproximadamente que tardé en llegar a la confluencia con la calle Cardenal Casañas, frente al Liceo, por donde me evadí discretamente con la sana intención de liberar a la actriz, como sincero gesto de agradecimiento por su mudo consentimiento, de aquel supuesto acoso mediático salvado solo por la acción del potente teleobjetivo que nos mantuvo siempre a una cómoda distancia mucho más que prudencial.

Aquel mismo dia, Leocadio y yo habíamos concertado encontrarnos en el único Drugstore abierto entonces en Barcelona, concretamente en las Ramblas, sobre las cinco de la tarde.

Cual no sería mi sorpresa cuando al llegar y desembocar en la barra del bar encontré a Leocadio en compañía, precisamente, de la joven que durante la mañana yo había estado fotografiando mientras paseaba optimista por las animadas Ramblas.

-¡Mira!, es este, -dijo Leocadio señalándome con la palma de la mano abierta hacia arriba mientras me aproximaba sorprendido hacia ellos.

-¡¡....Es que sois tan parecidos!!, -exclamó la joven sonriendonos.

-¡Hola, Angela!, -dije yo mientras le pedia al barman café para los tres.

Al parecer, mientras Leocadio se dirigía al encuentro acordado en el Drugstore fue felízmente abordado, confundiendolo conmigo, por Angela Molina quien por unos dias se encontraba de paso, disfrutando de la ciudad de Barcelona, camino de la capital inglesa donde, según manifestó, asistiría a unas clases intensivas para tratar de perfeccionar su deficiente inglés de cara a cumplir con posibles futuros compromisos cinematográficos en ciernes.

El interés de la actriz no era otro sino el de conocer al fotógrafo anónimo de esa mañana y solicitarle unas copias como recuerdo de su inolvidable estancia en la ciudad condal.


EPÍLOGO:

Mi compañero de trabajo, un catalán apellidado Monclús y gran aficionado a la fotografía se ofreció muy amablemente para revelarme de manera manual y con garantía de calidad probada el carrete de película impresionado de Angela Molina y evitar así la posible manipulación de las fotos en un laboratorio industrial.

Acepté el trato con tan mala fortuna que, según el propio Monclús, una falsa y desgraciada manipulación en su improvisado laboratorio del material tan alegremente impresionado por mi parte quedó completamente velado e inservible por lo que jamás pude disfrutar de aquellas espontáneas fotos en las Ramblas ni la gran actriz Ángela Molina pudo recibir nunca aquel recuerdo que me había exigido y que le hubiera gustado mucho tener hoy en su poder.

NOTA:

Está curiosa anécdota es anterior al año 1977. En ese año Ángela Molina protagoniza junto a Fernando Rey y bajo la dirección de LUIS BUÑUEL la película que la lanzaría definitivamente a la fama internacional: ESE OSCURO OBJETO DEL DESEO




sábado, 7 de febrero de 2009

El poeta GOYTISOLO, LUIS ESPINOSA y yo en ZELESTE










Jose Agustín Goytisolo, tristemente fallecido, fue un excelente poeta y escritor con el que Luis Espinosa y yo mantuvimos una cierta discreta amistad en Barcelona.
De su viva voz tuvimos el privilegio de escuchar en más de una ocasión su célebre poema titulado PALABRAS PARA JULIA al que algo más tarde le pondría música el inigualable PACO IBAÑEZ.

El poeta acostumbraba a venir a comer a menudo al restaurante Sopeta Una donde, a la sazón, trabajaba yo como camarero. En ocasiones solía coincidir con Luis Espinosa quién, a fuerza de compartir mantel con él, fue creándose entre ellos una corriente amistosa alentada en nuestro favor por el propietario del restaurante, Carlos Puig. Un tercer cliente, indirectamente implicado en nuestra mutua camaradería, habituaba, asimismo, a intervenir en nuestras amenas tertulias de sobremesa. Se trataba de Victor You, propietario entonces de la mítica sala Zeleste de la calle Platería y donde tendría lugar la desagradable anécdota ocurrida con ocasión de una visita nocturna a la misma llevada a cabo por el propio Goytisolo, Luis Espinosa y yo.

Terminarían ellos de cenar esperando a que yo finalizara el turno de noche para dirigirnos, como habíamos acordado previamente, hasta Zeleste con la intención de presenciar alguna probable actuación en el local de la que ya, francamente, ni me acuerdo.

Una mesa en el vestíbulo de la sala, bastaba para improvisar la función de taquilla en la que se expendian las entradas los días de actuación. Luis y yo, por razones que explicaré en su momento, estábamos siempre exentos del pago. Solamente Goytisolo adquirió una única entrada y seguidamente tomamos asiento los tres en un banco corrido cerca del escenario.

Finalizado ya el espectáculo y cosumida con él la primera ronda, Goytisolo decidió enseguida invitar a una segunda. En el momento de regresar el camarero con las bebidas solicitadas, el poeta no pudo satisfacer la cuenta porque, sorprendentemente, la cartera había desaparecido, no la tenía en su poder. El camarero, que nos conocía a los tres perfectamente, le restó importancia al incidente invitándonos a que nos tomáramos el tiempo necesario en encontrarla pero, de pronto, inesperadamente, irrumpió en escena un devoto y exaltado admirador de Goytisolo, de maneras harto afeminadas para mi gusto, acusándonos impunemente, sin ningún tipo escrúpulos y a voz en grito, de haber sido Luis y yo los auténticos autores del supuesto hurto de la mencionada cartera.

El poeta intentó en vano persuadirle de que no solo éramos sus invitados sino, además, sus amigos pero esto no pareció convencer al encendido “mariquita” quién se empeñaría, a riesgo de recibir un bofetón por mi parte, en amenazarnos severamente con registrarnos personalmente con tal de recuperar lo presuntamente robado esa noche.

Con anterioridad y debido al sofocante calor reinante, tanto Luis como yo nos habíamos despojado previamente de nuestras respectivas chaquetas que descansaban blandamente a nuestro alcance, sobre el sillón corrido de skay, y a las que intentó aproximase el ferviente admirador con la aviesa intención de registrarlas aunque sin éxito porque para entonces yo ya me había levantado impidiéndoselo y puesto rápidamente en pie, -le ganaba en estatura-, en un tono bastante más que amenazador, le contesté que nuestra palabra era muchísimo más válida que su magnífica exagerada estupidez y que por esta tan sencilla razón no permitiría en absoluto que nadie, y menos un tipo como él, pusiera sus afeminadas manos sobre aquellas tan masculinas prendas de vestir sin nuestro previo consentimiento.

Luis Espinosa continuaba sentado tranquilamente dibujando en su rostro una franca sonrisa en la que podía leerse perfectamente la situación tan kafquiana por la que estábamos atravesando en aquel preciso instante.

De pronto, Goytisolo, levantándose, se excusó abandonando precipitadamente su asiento para ausentarse por unos momentos mientras su eterno admirador quedaría de guardia, en pie frente a nosotros, hasta el regreso del poeta.

Para cuando hubo regresado Goytisolo, la discusión permanecía en un inquietante punto muerto. El poeta traía consigo la desaparecida cartera, olvidada en el momento de pagar la entrada en la mesa del vestíbulo y perfectamente custodiada por el taquillero de turno.

Volví a tomar asiento de nuevo al tiempo que Goytisolo mientras Luis Espinosa, esbozando aún su sempiterna y franca sonrisa, me consolaba distraídamente del sufrimiento padecido por tanta estupidez humana acumulada en tan pequeño espacio.


NOTA:

La razón por la que Luis y yo no pagábamos entrada era por ser los proveedores del tabaco negro CORONAS de algunos de los empleados de ZELESTE.

Le recomiendo a mi buen amigo Dorta la inclusión de la versión de Paco Ibañez de este maravilloso poema en su Blog. Gracias.

PALABRAS PARA JULIA. Poema de José Agustín Goytisolo

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
con un aullido interminable,
interminable...

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido,
no haber nacido...

Pero tú siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso...

La vida es bella ya verás,
como a pesar de los pesares,
tendrás amigos, tendrás amor,
tendrás amigos...

Un hombre solo, una mujer,
así tomados de uno en uno,
son como polvo, no son nada,
no son nada...

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso...

Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría
que les ayude tu canción
entre tus canciones...

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo,
y aquí me quedo...

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso...

La vida es bella ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor,
tendrás amigos...

No sé decirte nada más
pero tu debes comprender
que yo aún estoy en el camino,
en el camino...

Pero tú siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso...


viernes, 6 de febrero de 2009

FLECHAZO (relato muy corto)

A pesar de la pertinaz lluvia, decidí bajar a comprar pan. Una vez llegado a la panadería, advertí que un joven se refugiaba en el portal viendo languidecer la tarde. También yo hice lo propio a espaldas suyas pero, de repente, un suceso inesperado vino a romper la relativa y cálida calma que se repiraba en el interior.
Una bonita joven que huía desesperadamente de la lluvia sin conseguirlo, pisó con tal ímpetu el charco que se había formado en el exterior, ante la puerta, que los múltiples fragmentos de la fachada reflejada hasta ese momento en su superficie salieron violentamente despedidos, desparramándose sobre los bajos de los pantalones, incluyendo los zapatos, del joven que esperaba pacientemente a que el temporal amainara.
Ella se detuvo un instante mirándole desde dentro del charco. El, sin molestarse demasiado y ante el vivo estupor de la chica, dijo:
-¿Donde vas con esos ojos?, ¿No ves que puedes atropellar a cualquiera?.
-Perdón, -musitó la joven sin dejar de mirarle mientras emprendía con más lentitud su camino.
Sobre la superficie del charco, la fachada rota había dejado lugar a los letreros luminosos que, ahora, se reflejaban con vivos colores.
El joven continuo esperando y yo también a sus espaldas.
Volvió a aparecer la chica. En esta ocasión y a pesar de la noche, sus ojos se protegían por unas oscuras gafas de sol. Una vez llegada a nuestra altura, rodeó con suma cautela el charco y sonriendo al muchacho desde la otra orilla se alejó velozmente para siempre. ¡¡Adios!!, fue lo único que le oí decir.

miércoles, 4 de febrero de 2009

UN PASADO EN ABSOLUTO VERGONZANTE

Mi buen amigo Antonio Dorta cree tener razón al subrayar que la mayoría de la gente, sobretodo la que ha alcanzado en los últimos años de su vida una alta cota social, tiene mucho más temor a enfrentarse a su pasado (ya vivido y experimentado) que al futuro aún por descubrir y, en consecuencia, mucho más incierto, -y por lo tanto con muchos más riesgos si cabe-, lo que en realidad nos plantea una grave paradoja que entraña un problema de muy dificil solución. La gente anónima, común, que nunca tuvo nada, aquella que ha perdido lo poco que aún tenía o aquella otra a la que ya no le queda nada por perder y mucho menos que arriesgar porque, dicho sea de paso, ya se les ha garantizado un futuro del todo incierto, lo único que conserva como patrimonio propio y personal es, precisamente, aparte de la esperanza, su azaroso pero vivido pasado. Y es este tipo de gente, los mal llamados perdedores, la que con más celeridad se han puesto en contacto conmigo para agradecerme, a través de Internet, la recuperación de su único patrimonio conocido: SU PASADO. Como cronista gráfico que me considero, me enfrento a esta curiosísima y grave paradoja que ya he comentado antes y que me mantiene del todo confundido respecto a sí, como según parece, debo publicar o no determinadas fotos de determinadas personas que se encuentran en el seno de los álbumes en Flickr. Noto un extraño silencio en torno a lo que se venía anunciando como algo novedoso, desde el punto de vista sociológico, y que, sin embargo, algunas diplomáticas reticencias impiden o aconsejan su no publicación. De modo que me encuentro en poder de un valioso documento gráfico que, al parecer, no interesa a casi nadie excepto, como he mencionado antes, a aquellos cuyo pasado no compromete a nada ni tampoco a nadie. En una sociedad moderna, civilizada y democrática, la libertad de expresión, en interés de recuperar una memoria gráfica del Puerto de la Cruz, no debería ser obstáculo para promover, desde las instituciones u otros estamentos, la divulgación de un documento de la vital importancia como el que representa esta MEMORIA SENTIMENTAL GRÁFICA del Puerto de la Cruz. O por lo menos, así lo entiendo yo.
Etiquetas: crónica

CARTA A MIS VIEJOS AMIGOS (CENSURA)

Aún hoy, dispongo en el Puerto de un puñado de buenos amigos, o eso creo yo, cuya entrañable amistad se remonta cuarenta o más años en el pasado, prácticamente desde que llegara al Puerto de la Cruz con apenas dieciseis años cumplidos.

Con la sana excusa de comer juntos, al parecer, estos amigos se reunen cada jueves para seguir consolidando los apretados lazos de amistad que aún les atan desde la infancia. Además de no citar el lugar, tampoco citaré sus nombres porque, precisamente, por respeto a su más estricta intimidad, a la que por otro lado tienen perfecto derecho, mantendré en secreto ámbos irrelevantes datos. Pero, al fín y al cabo, es sobre este particular, la intimidad, de lo que trata esta improvisada crónica desde Barcelona.

Casualmente, en la sobremesa de su última cita gastronómica se discutió sobre el derecho a la intimidad que pretenden mantener algunos de ellos en contraposición al derecho a la libertad de expresión gráfica o al derecho a la propiedad intelectual que solicito defender yo desde el punto de vista puramente artístico y anticomercial.
Particularmente, no me siento de ninguna manera culpable de la inquietud que, al parecer, pesa sobre las conciencias de algunos de los fotografiados, máxime cuando ninguna de las fotos publicadas en FLICKR, representan situaciones que pudieran parecer comprometidas para sus respectivas reputaciones porque, dicho sea de paso, jamás se dieron esas supuestas circunstancias.

En ese sentido nuestros correspondientes intereses no son mutuos y, naturalmente, la tendencia es a chocar frontalmente. Si bién estoy dispuesto a hacer determinadas concesiones de carácter puramente amistoso, como ya se han producido, no lo estoy a renunciar a la publicación de un material gráfico que no solo se aleja por su importancia de lo meramente anecdótico y particular sino que, por el contrario, pasa a ser un documento del dominio público, en mi opinión, de un alto valor sociológico sobre el patrimonio cultural popular del Puerto de la Cruz y que debiera ser conocido por todos sus habitantes.

sábado, 31 de enero de 2009

JUBILACIÓN ANTICIPADA

Recien cumplidos los 56 años, llegué a la lamentable conclusión, que dadas las circunstancias, no resistiría por mucho más tiempo un trabajo de las características del que venía desempeñando para el Ayuntamiento de Mollet durante más de veinte años.

La mayor parte de aquel tiempo estuve bajo el influjo socialista de la que a la sazón fuera alcaldesa de Mollet durante aquel largo periodo, Monserrat Tura, sobrina de uno de los padres de nuestra Constitución.

También yo había pertenecido al partido pero fui injustamente expulsado, de manera harto arbitraria, por el entonces secretario general del mismo en Mollet, Carpio, al no estar yo de acuerdo, como en principio tampoco lo estuviera Felipe González, con nuestra inclusión en el seno de la OTAN.


Aún tuvieron que pasar seis años más antes de que tomara tan sabia decisión. Llegado el verano de 2008 y coincidiendo con el periodo de vacaciones de la estación, abandoné definitivamente la Unidad de Jardinería después de veintiseis años dedicado en cuerpo y alma a velar por el mantenimiento de las zonas verdes de aquella ciudad del Vallés Oriental.

El ambiente laboral se había vuelto tan opresivo, discriminado, dictatorial y tiránico que me ví en la obligación, junto a un puñado de fieles compañeros sindicalistas, a ofrecer un frente alternativo a tanto desmán por parte de ciertos mandos intermedios quienes, aprovechando la ventaja que les otorgaba su posición en la composición de la pirámide de mando, pretendían convertir la Unidad de Jardinería en una empresa privada gestionada por ellos mismos a espaldas de la tolerancia socialista del Exmo. Ayuntamiento.

De esta época data esta especie de cartelito, elaborado ex-profeso como arma de combate ante tan lamentable injusticia y que anunciaba, con mi anticipada jubilación, el paso franco para aquellos mandos intermedios para los que me había convertido en tan acérrimo enemigo.

Me consta que en la medida de lo posible, aquel grupo discrimado de compañeros sindicales, ha recogido el testigo que con tanto esfuerzo lograron alcanzar y con el que aún hoy continúan defendiendo la libertad de expresión, sindical y el bienestar del resto de compañeros en su misma situación.

viernes, 30 de enero de 2009

....que viene EL CORUJO

AQUELARRE DE CORUJOS

Nadie ni nada me ha producido tanta sensación de terror como la supuesta presencia de aquel ente invisible que, en cualquier momento, podría acudir de improviso a secuestrarnos, a cambio de nada, para arrastrarnos, sin piedad alguna, hasta aquel remoto pais sumido siempre en unas profundas tinieblas de donde se decia que no podríamos escapar jamás y solo habitado por todos aquellos niños desobedientes que, como yo, fueron incapaces en alguna ocasión de tomarse una papilla, de limpiarse los dientes, de irse a dormir temprano o de llevar la raya del peinado bien recta sobre un costado del cráneo.

Me refiero al CORUJO y, el CORUJO, a falta de una auténtica identidad que lo definiera fisicamente a nuestros ojos, se encontraría anónima y peligrosamente conviviendo con todos nosotros sin que su viva presencia fuera advertida nunca por ninguno, de modo que podría tratarse perfectamente de cualquiera de los mayores de nuestro entorno más inmediato; preferentemente varón, de gran estatura, quizás con joroba, y posiblemente en poder de un enorme saco en cuyo interior se suponía que transportaba a aquellos niños traviesos a su reino de oscuridad permanente de donde jamás se podía regresar.

!! .........cuantos CORUJOS no creí intuir durante mi niñez!!. Muchos: unos por su joroba, otros por su enorme estatura, otros por vestir siempre de negro, por llevar un saco colgado al hombro, por no sonreir cuando me miraban. Cualquiera de ellos podría muy bién ser. Sin embargo, que fácil suponía para mi descartar a quienes no lo parecían. Mi propio padre y mi tio Pancho, por ejemplo. También los padres y hermanos mayores de todos mis mejores amigos, al igual que el maestro pero no tanto el Sr. cura, Don Luis; su gran estatura, su larga sotana negra hasta los tobillos y la amenaza constante con algo a lo que él llamaba el infierno despertaron siempre mis más fundadas sospechas. Sin embargo, era justo reconocer que entre la actitud de D. Luis y la supuesta del CORUJO, se establecia una gran y notable diferencia:

Si bién la preconizante amaneza del Sr. cura con la visita obligada al infierno tendría lugar inmediatamente después de nuestra muerte, la del CORUJO, por el contrario, estaba siempre relacionada con el fatídico secuestro en el mejor momento de tu niñez, cuando creías firmemente que todos tus sueños de infancia se convertirían, algún día, en realidad.

Pese a todo, y mientras vivíamos en La Cuesta donde al parecer también moraba el CORUJO, dos populares personajes de aquel suburbio del sur, aunque totalmente ajenos a nuestro más inmediato entorno, quedaron por siempre firmemente descartados como probables: Isabel "La Padilla" por ser mujer y Pepito "El mordelón" por ser bajito. ¡¡QUE DIOS LOS TENGA EN LA GLORIA!!

jueves, 29 de enero de 2009

De Reverón "pa" lapas al quirófano

Alguien me confirma que el personaje que figura en la entrada anterior no se trata de REVERÓN sino de Ramoncillo "El Choco". He quedado profundamente decepcionado con la noticia porque no me imagino la razón que pude barajar para asociar lo de "....como Reverón pa lapas" al personaje de Ramoncillo "El Choco". Albergaba fundadas esperanzas de haber resuelto por fín el enigma que me atormentó durante tantos años pero me temo que habré de esperar aún mucho más tiempo hasta que alguien lo resuelva por mí.

Lo curioso del caso sería que el tal Reverón pudiera encontrarse oculto, con identidad falsa, en el interior de mi profundo archivo fotográfico y que hasta hoy yo no haya podido dar con su paradero ni con su verdadera identidad. Esto me lleva a plantearme un serio problema de carácter deontológico, cuando no ético: ¿debo respetar el derecho a la intimidad de Reverón aunque se trate de un negativo analógico protegido y amparado por los otros cientos que poseo y que seguramente le arropan y le respaldan en silencio?.

Espero que los historiadores locales del Puerto de la Cruz puedan devolverme con sus acertadas informaciones la calma que durante años la figura de Reverón, el de las lapas, me ha usurpado sin pretenderlo.

En ello pensaba ayer mientras mi cuerpo completamente desnudo, cubierto solo por una frágil bata de papel de color azul, yacía boca arriba sobre la estrecha camilla de un pequeño quirófano en Barcelona. Mientras, el anestesista, -un cubano doctor de mi estatura, guapetón y simpático-, me interrogaba acerca de si era alérgico a alguna cosa en concreto y, en especial, si lo era a algún tipo de alimento.

En principio no, -le dije-. Bueno, sí, -rectifiqué haciéndome un poco el gracioso-; al jamón ibérico pata negra pero no por el sabor sino por el precio.

¡Ay que ver!, -exclamó el joven doctor cubano-. Hace unos días, -prosiguió-, una paciente, precisamente, desde donde mismo se encuentra tumbado Vd. ahora, me confesó que ella, solo y exclusivamente, era alérgica a la picadura del alacrán. ¿Que le parece?.

Esa pregunta fue lo último que pude oir con cierta nitidez. Cuando desperté y abrí de nuevo los ojos me encontré con la agradable sorpresa de una espléndida sonrisa adornada por la impecable y blanca dentadura del joven anestesista Luciano.


¡¡......conque alérgico al precio, ¿eh?!!.

miércoles, 28 de enero de 2009

........como REVERÓN "pa" lapas.

Hasta día de hoy, después de tantos años, he seguido convencido de que el simpático personaje de la foto no era otro que el mismísimo REVERÓN. Aquel del que se decía que le gustaban tanto las lapas que su extrema inclinación por el exagerado consumo de ellas obligara a la gente del Puerto a tomar aquella debilidad suya como una comparativa fiable y aplicable a cualquier síntoma de flaqueza que se produjera en alguien por cualquier otro producto culinario o vicio distinto, fuere este confesable o inconfesable.
No era muy de extrañar, pues, que mi gran amigo LELO, sabiendo lo mucho que a mí me gustaba la repostería fina, siempre que yo caía en la tentación, profiriera aquello de que yo para los pasteles era como REVERÓN "PA" LAPAS.
Lo de ".....como Reverón pa lapas" constituía en sí toda una frase hecha, genuina, categórica e incontestable, aplicable a todo aquel que demostrara una inclinación extrema por la degustación exagerada de cualquier producto, sobre todo, de carácter comestible aunque, por lo común, también extensible mucho más allá del ámbito de lo estrictamente culinario como para aplicarla, de igual modo, a quién se le considerase propenso de un contumaz abuso de cualquier otro vicio distinto al del preciso paladar.
P.D. ruego a todo aquel que crea que el personaje de la foto no se trata del tal REVERÓN, que me lo haga saber sin compromiso alguno.

domingo, 25 de enero de 2009

LA POLICIA EN LA NOCHE (Barcelona)

Esta simpática anécdota no se entendería si el lector no estuviera al corriente de como nuestro aspecto físico despertaba las infundadas sospechas de las Fuerzas de Seguridad del Estado de entonces.




Una ambarina y mortecina luz maliluminaba la estrecha calle por segmentos regulares. Entre ellos, una espesa penumbra ocultaba los angostos portales donde las jovenes parejas se amparaban emitiendo en su frenética despedida los últimos jadeos de una pasión incontrolada. Como cada noche, Leocadio y yo, hacíamos aquel mismo recorrido camino de casa una vez finalizada nuestra jornada laboral en el Sopeta Una con la misma rutina con la que cada día desempeñábamos nuestro trabajo en el restaurante.

Aquella noche concreta, a excepción de alguna que otra pareja oculta en los portales y de nosotros mismos, la calle, debilmente iluminada como siempre, se encontraba completamente desierta. Nuestra presencia no le interesaba a nadie; solo nuestra propia conversación y el sonido de nuestros pasos sobre los adoquines, apagaban el eco sordo de los jadeos de los amantes en los oscuros portales abiertos en las mugrientas fachadas. Recuerdo que aquella noche, ámbos nos habíamos aprovisionado previamente de dos botellines, uno para cada uno, de agua de Vichy catalán que íbamos ingeriendo a sorbitos por el camino a casa, unos cien metros más adelante, mientras manteníamos una charla tan anodina y oscura como la noche misma.

Fue al levantar la cabeza para apurar un nuevo sorbo de agua cuando, al quedar violentamente a la vista mientras atravesaba uno de los segmentos iluminados de la calle, reparé en una joven pareja masculina que se aproximaba directamente hacia nosotros en silencio. Advertí de ello a Leocadio al tiempo que la pareja, abandonando el centro de la calle para continuar avanzando, protegidos cada uno por las desconchadas fachadas de los costados, llegaron súbitamente hasta nuestra altura.


-¡Policía!, -dijo el primero, alzando algo la voz en tono amenazador, mientras mostraba una placa mal iluminada-

-Documentación, -agregó el segundo, sarcástico y aparentemente conciliador, mientras su compañero guardaba su identificación en un bolsillo interior.

La ingenuidad de Leocadio me dejó perplejo. Dirigiéndose con una semironrisa al segundo policia, le confesó sin ambages que habiendo regresado de Holanda hacía muy poco, habíase olvidado en aquel pais toda su documentación y continuaba aún a la espera, aquí en Barcelona, a que se la remitieran urgentemente por correo a nuestro domicilio de la Mediana de San Pedro para proseguir posteriormente viaje a su Canarias natal.

Yo mostré la mía haciéndome responsable de la identidad que Leocadio no había podido demostrar.

-¿ Vd., de quién coño pretende hacerse responsable con esa pinta?, -me increpó el de la placa con la vista depositada en mi espesa barba.

Casualmente, todo este diálogo tenía ya lugar ante el portal de nuestro propio domicilio hasta donde habíamos llegado por lo que, sacando yo la llave del bolsillo y abriendo con ella la pesada puerta metálica, pudimos demostrar que, efectivamente, vivíamos precisamente allí, que teníamos domicilio fijo.

Entre otras cosas, tuvimos también que demostrar que nos dirigíamos a casa a desacansar trás una dura y larga jornada laboral en el restaurante de la esquina anterior en el que trabajábamos y que ámbos al parecer ya conocían. Pero ello no fue suficiente para convencerles de su error al detenernos hasta que no se me ocurrió la socorrida idea de extraer de mi sobada cartera una nómina salarial del mes anterior que siempre solía llevar encima como última solución a estos posibles casos de incredulidad policial y que tan buenos resultados me diera siempre en el pasado.

La nómina ejerció milagrosamente de efectivo salvoconducto. No solo poseíamos un domicilio fijo sino que además teníamos trabajo.

Finalmente nos perdonaron la vida permitiéndonos entrar en casa. Ellos continuaron su camino, andando por el centro de la calle como al principio hasta perderse entre la espesa penumbra que flotaba sobre la siguiente afilada esquina.


Lo que yo siempre ignoré y así se lo hice saber al ingenuo de Leocadio, es que este estuviera viviendo en Barcelona, en nuestro propio domicilio, sin ningún tipo de documentación que le permitiera identificarse ante las autoridades locales.

sábado, 24 de enero de 2009

LA LUZ MISTERIOSA (Barcelona)

Esta anécdota barcelonesa puede ser perfectamente corroborada por el propio Leocadio y por el mismísimo Luis Espinosa, podólogo radicado en la Villa de la Orotava con quienes compartí piso en la Ciudad Condal hará ahora más de 30 años






...continúa de la entrada anterior


Hacía muy pocos días que habitaba en el diminuto piso que por retrete se entendía aquel hediondo agujero abierto en el suelo pero que, sin embargo, sí que disponía de una habitación principal, relativamente ancha y con vistas a la angosta calle sin aceras que discurría desde Pedro Lastortras hasta prácticamente el paseo del Arco del Triunfo.

Finalizada la media jornada laboral en el restaurante en que trabajaba, aquella tarde de verano, mientras yo descansaba de espaldas, tumbado sobre la cama doble que ocupaba casi toda la superficie de aquella habitación y con la vista fija en el techo a la espera de que sonara el timbre anunciando la visita pactada de Leocadio, caí relajadamente en una apacible y soporifera duermevela que, por desgracia, fue alterada súbitamente por un fenómeno bastante enigmático, paranormal, diría yo por lo inaudito e increíble.

Sofocado bajo la humedad ambiental y envuelto en la penumbra que reinaba por completo en el interior de la habitación, comencé a distinguir a través de los párpados entreabiertos como una azulada bombilla inexplicablemente situada en la parte superior de la puerta de la habitación se encendía y apagaba intermitentemente, misteriosa y lentamente y a intervalos más o menos regulares.

El susto que me produjo fué mayúsculo, máxime tratándose de un viejo piso al que yo, prácticamente, acababa de incorporarme y con el que aún no me había debidamente familiarizado. Creí estar soñando porque cuando desperté del todo de la supuesta pesadilla, el extraño y enigmático fenómeno había dejado repentinamente de producirse como tampoco se produciría la tan esperada visita acordada, de antemano, el día anterior con Leocadio.

Aún asustado, me levanté de un salto, me lavé la cara en el fregadero de la cocina, y salí de inmediato al calor de la calle. En un bar cercano que frecuentábamos a menudo me encontré, con gran sorpresa por mi parte, a Leocadio sentado tranquilamente ante la barra. Casi sin saludarle y alterado aún como estaba por el fenómeno que acababa de presenciar en casa, le recriminé no solo su supuesta conducta irresponsable sino además su falta de palabra para conmigo por no acudir a la cita convenida para hoy a las cuatro a lo que, con la ya tan conocida flema canaria, me respondió que yo debía haberme quedado profundamente dormido, insistiendo en el hecho de la cantidad de veces que se vio obligado a pulsar inutilmente el timbre sin que nadie en absoluto hubiera respondido a sus repetidas e insistentes llamadas, por lo que había tomado entonces la repentina decisión de marcharse rápida y seriamente decepcionado. Ninguno creyó en la versión dada por el otro, pero aún así decidimos acudir, cabizbajos y en silencio, a visitar, como ya habíamos acordado el día anterior, a la propietaria del piso quién a su vez regentaba una lavandería en nuestra misma calle, donde se cuidaba de lavarnos a nosotros también la ropa sucia. Se trataba de pagarle el primer mes por adelantado.

Una vez cobrado el alquiler y con el consiguiente estupor por nuestra parte, fuimos tardíamente advertidos por la lavandera de que los anteriores inquilinos del piso, habían sido una simpática pareja de sordomudos por cuyo motivo, en lugar de emitir un sonido el timbre cuando se pulsaba, se encenderían una serie de bombillas repartidas por cada una de de las habitaciones y cocina, incluyendo el pestilente e infecto mencionado retrete del agujero en el suelo, advirtiendo así de la presencia de una posible visita.

Nuestras dudas quedaron definitivamente despejadas y para celebrar nuestra recién recobrada confianza puesta en entredicho hacia solo un rato, además de la increible anécdota, decidimos entonces regresar de nuevo al bar, zanjar nuestro mutuo malentendido y bebernos a nuestra propia resistente salud un par de cervezas bien fresquitas bajo la sombra de un toldo verde en la terraza.