RETRODEZCAN

Este imperativo es del todo incorrecto pero me resulta más contundente que el original RETROCEDAN. Por lo tanto, si la Real Academia de la Lengua Española me lo permite, desde hoy en adelante haré uso exclusivo de él.
Con RETRODEZCAN pretendo dar a conocer parte de mi obra pictórica, escultórica, fotográfica y, en menor proporción, literaria y, a la vez, mantener una corriente de opinión sobre los acontecimientos de naturaleza artística de hoy día.
Espero que tomeis la sabia decisión de manteneros a una distancia prudencial de mis opiniones aquí vertidas que no siempre tienen por que ser del agrado de la mayoría; ¿o, sí?

miércoles, 28 de marzo de 2018

LA LÍNEA DEL HORIZONTE

A juicio del  anónimo transeúnte, aquel hombre llevaba ya más de una hora con el brazo levantado, haciendo visera con la mano extendida, apoyada sobre las cejas y oteando con suma atención la línea del horizonte marino que se dibujaba en la distancia sin el menor indicio de sentir cansancio en el brazo flexionado.

Sólo por curiosidad, el transeúnte se acercó prudentemente al oteador para preguntarle:

-Perdone ¿No se cansa Vd. de permanecer en esa postura tan incómoda durante tanto tiempo?

-En absoluto. Si Vd. fuera tan observador como por las circunstancias que me encuentro soy yo ahora, habría advertido con facilidad que lo que pasa en realidad es que tengo el brazo escayolado en esta posición debido a un grave accidente de tráfico sufrido en moto hace ya un mes y, cuando salgo, suelo disimularlo de ese modo tan audaz, oteando siempre el horizonte. 

-Lo siento, créame.

-No tiene ninguna importancia. Lo que sí puedo asegurarle es que sobre horizontes se todo lo que hay que saber sobre el tema. ¿Sabía Vd. que cualquier horizonte es del todo inalcanzable? ¿Qué tan sólo se trata de una quimera? De modo que si, por ejemplo, ahora yo doy un paso hacia adelante en dirección al horizonte que estoy presenciando, ese horizonte ya no será el mismo del de hace sólo un momento. También habrá sido sustituido por otro nuevo sólo que un paso más lejos, con lo cual, queda del mismo modo establecido que no existen horizontes lejanos ni tampoco de grandeza, sino sólo uno y a la misma distancia siempre de todos nosotros.

-Interesante, nunca me lo había planteado.

-Es más, ahora estoy tratando de establecer la distancia exacta, en este caso en millas marinas, que existiría desde nuestras pupilas hasta la línea del horizonte que percibimos. Imaginemos que coincidiendo con la delgada línea del horizonte que ahora se dibuja a lo lejos pudiéramos colocar una enorme baliza. Pues bien, si midiéramos la gran distancia que dista entre nosotros y la baliza, obtendríamos el resultado en millas que nuestra vista sería capaz de alcanzar en condiciones favorables y de manera invariable, ¿no le parece?

-Dicho así, no me cabe la menor duda, ¡claro!

Siempre que no cambiemos de lugar, no existen por lo tanto nuevos horizontes sino que se trata del mismo que se prolonga en función no sólo de la curvatura de la tierra sino también de la altura donde nos encontremos: en el mar, en el desierto, en las llanuras, en las montañas, sobre los acantilados, etc. pero siempre, en cualquier caso, inalcanzable para cualquiera de cada uno de nosotros. De modo que los llamados  “nuevos horizontes” nunca podrán ser sinónimo de “nuevas metas” que sí serían siempre las que pretenderíamos alcanzar y en ocasiones conseguir a lo largo de nuestra más que azarosa vida.

Lo que sí se puede afirmar es la existencia de un horizonte común para todas aquellas  personas que coincidan en un mismo lugar, independientemente de que se hayan puesto de acuerdo entre sí o no, de más o menos la misma estatura, del credo que profesen, del color de su piel, del sexo y de la edad. Lo único que sería exigible para todas ellas es que conservaran el sentido de la vista.

domingo, 25 de marzo de 2018

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

Tirarse los pedos más altos que el culo siempre trae como consecuencia que, en un momento dado, cuando menos se lo esperan sus protagonistas, acabará viéndoseles claramente el plumero y por consiguiente, arrepintiéndose de todo aquello que han pretendido aparentar gratuitamente para tratar de estar siempre por encima de sus escasas posibilidades de éxito.

En las últimas semanas hemos estado asistiendo a este fenómeno tan arraigado entre los humanos. Fenómeno con el que se cree estar siempre por encima de los demás, máxime, si a éstos últimos les han convertido en el foco de su más acérrima rivalidad. La apariencia engaña pero no es todavía suficiente para sospechar con la debida contundencia de lo contrario pero, sin embargo, suele darse con mucha más frecuencia la que se ha dado en llamar apariencia directa en detrimento de aquella otra: la indirecta. Un ejemplo de apariencia engañosa directa es aquella con la que se aspira a simular riqueza sin poseer ni siquiera un penique. Otra muy distinta es la indirecta, mediante la cual se pretende aparentar pobreza mientras que su cuenta bancaria presume de un elevadísimo saldo a favor.

La apariencia directa precisa pues de la obligación de poseer un buen automóvil, vestir trajes de Armani y calzar, como mínimo unos Martegani italianos amén de lucir en la muñeca un Rolex y ocultarse tras unas gafas oscuras Ray Ban con montura de oro. Por el contrario, para la apariencia indirecta sólo sería suficiente vestir un chándal barato y calzar unas deportivas desprovistas de cualquier logo americano.

Y aunque parezca increíble, se podrían citar tres ejemplos distintos de como, por haberse querido tirar los pedos más altos que el culo, esta imaginaria acción ha llevado a sus distintos protagonistas a enfrentarse a graves acusaciones de supuestos distintos delitos que no pudieron, en un momento dado, disimular a pesar de las apariencias mantenidas hasta el final. Y la primera referencia que se tiene de ello en las últimas semanas se encuentra en el caso de la asesina de Gabriel, Ana Julia Quezada, la segunda corresponde a la falsa documentación presentada por Cristina Cifuentes sobre su examen de máster. Y la tercera y última, por citar sólo tres, la declaración unilateral de independencia presentada por el Sr. Puigdemont en connivencia con todos sus adláteres condenados ayer a prisión incondicional sin fianza por orden del Juez Llarena.

sábado, 24 de marzo de 2018

PRISIÓN INCONDICIONAL

Acabo de enterarme de la decisión tomada por el juez Llarena y en cuyo auto condena a los cinco políticos catalanes, Turull, Forcadell, Rull, Romeva y Bassa a penas de prisión incondicional coincidiendo con la voluntad formulada en su día por la Fiscalía por los distintos delitos de rebelión, sedición y malversación de caudales públicos y por sus distintas responsabilidades a todo lo largo del llamado “procés” catalán.

Pese a todo, me siento seriamente afectado por todo lo que significa la privación de libertad para unos padres de familia que no supieron medir en su momento la gran provocación que suponía para el Estado la declaración unilateral de independencia que ha dado lugar a esta última drástica decisión tan lamentable, en un estado de derecho amparado en estos casos por el artículo 155 de la Constitución.

A pesar de que creo que la decisión de encarcelarles ya se habría tomado con suficiente antelación, no cabe duda de que la huida a Suiza de una de las también imputadas por tales delitos no ha beneficiado en nada al compromiso contraído por sus compañeros con la justicia por cuanto el riesgo de fuga, a juzgar por la decisión última tomada por Marta Rovira, ha resultado, según el Juez Llarena, más que evidente.

Al parecer aquí no acaba todo, según se desprende de los comentarios vertidos por otros distintos políticos involucrados también en el “procés” por lo que, como ocurriera antes con las novelas por entregas, me despediré de mis lectores con un ……..continuará.

jueves, 22 de marzo de 2018

EL MASTER DE CIFUENTES

Con lo bien vestida y elegante que va siempre y la seguridad de la que presume al caminar ¿Cómo es posible que se haya podido meter en tamaño charco de agua sucia a punto de culminar la excursión? Bien es verdad que el trayecto no ha sido nada fácil y que, últimamente, la china de Granados alojada en el zapato ha dificultado mucho su andadura política pero de ahí a ensuciarse hasta los tobillos los bajos del pantalón por semejante amaño de un master resulta del todo, cuanto menos, incomprensible.

¿Acaso el dichoso master le resultaba imprescindible para ejercer su cargo como Presidenta de la Comunidad de Madrid, o se trataba tan sólo de un capricho universitario con que alimentar su ya crecida vanidad? Ni lo uno ni lo otro es lo que ella ha asegurado en su favor, afirmando que sólo se trata de un error en las actas de tan prestigiosa universidad pero lo cierto es que unos y otros implicados se contradicen en sus declaraciones tal y como ha venido demostrando EL DIARIO.ES.

Otros universitarios menos afortunados no han podido pretender a un master universitario habida cuenta de lo que cuesta en euros y por ende han renunciado a él hasta tiempos mejores, económicamente hablando, pero la Sra. Cristina Cifuentes cuyo poder adquisitivo es ya bien visible en su exquisita manera de vestir ¿Qué necesidad tiene de apañarlo aun habiéndolo pagado como cualquiera? ¿Quizá le parezca excesivo no sólo asistir a diario a clase sino también presentarse al examen de final de master  en previsión de que pudiera ser suspendida por incapacidad?

Sea como fuere, sí que habrá de pagarse un master en credibilidad política si lo que desea es salir precipitadamente del perímetro de acusaciones por fraude con las que la mayoría de partidos de la oposición le acusan ya sin descanso.

PEPITO EL DE LAS FLORES

Allá por la década de los años setenta, en mi constante deambular entre la Plaza del Charco y la Avenida de Colón del Puerto de la Cruz, no había día en que no me cruzara con un vendedor de flores que a lo largo del mismo itinerario ofreciera a los turistas claveles blancos o rojos a cambio, claro está, de un precio más que razonable. Se trataba de Pepito el de las flores, llamado así porque había hecho de su incesante trabajo su propio apellido para todos aquellos que sólo le conocíamos de vista. A menudo le encontraba en el Paseo de San Telmo, con la tez muy morena a pesar de protegerse del sol con su inseparable sombrero negro. Como reclamo, vestía la mayoría de ocasiones el tradicional traje de mago, aunque, todo sea dicho, sin demasiada ortodoxia. 

De su carácter prefiero no opinar porque yo albergaba serias dudas de que le cayera simpático pero, sin embargo, debo reconocer que parecía ser muy trabajador aunque llegué a sospechar que no soportaba demasiado bien su aparente ambigüedad sexual. No obstante, era una época en que el Puerto de la Cruz no se sostenía sin los muchos protagonistas populares que, por una u otras razones, formaban parte del cotidiano paisaje urbano que se abría entre los curiosos que, como yo mismo, íbamos por ahí recogiendo testimonios gráficos del diario acontecer de una ciudad que apenas dormía.

LA PUNTA DEL VIENTO

La Punta del Viento que yo conocí era entonces la consecuencia natural de una coincidencia urbanística popular y espontánea; en el caso del Puerto de la Cruz, en contacto directo con el mar y eso también tenía su encanto por su autenticidad, donde el concepto de hábitat se hallaba muy por encima del diseño urbano que vendría años más tarde de la mano de arquitectos municipales coincidiendo con el masivo flujo turístico que invadía el municipio.

En aquel rincón rocoso que formaba el agreste litoral del norte, confluían todas las olas imaginables e irrepetibles posibles. Rompían de manera arbitraria en una secuencia única de tiempo y espacio. Un espacio húmedo de salitre que invitaba a los sentidos a disfrutar de la naturaleza virgen desatada de espuma y graves ecos sonoros de advertencia.

Todo visitante, antes de continuar por el paseo de San Telmo, se detenía invariablemente en aquel preciso lugar conteniendo la respiración frente al espectáculo abierto hasta el horizonte. Por allí pasaba todo el mundo cada día y hoy hubiera sido el lugar más apropiado para eso que llaman hacerse un selfie. En cualquier caso, sí que existían las máquinas fotográficas analógicas cuyos propietarios inmortalizaban el lugar sobre el celuloide en color o blanco y negro antes de regresar a sus países de origen.

La Punta del Viento y San Telmo, a los que dediqué durante años mi  innato instinto fotográfico, me ha permitido asomarme hoy de nuevo al origen de mi devoción absoluta por el Puerto de la Cruz y compartir con todos ustedes el fruto de tamaña experiencia vivida.

martes, 20 de marzo de 2018

EL MESSIAS

Desde hacía ya algún tiempo, muchos esperaban con una cierta ansiedad la llegada redentora del MESSIAS pero por fortuna no llegó solo, lo hizo, sin saberlo, a la par de otro falso aunque alto, bien parecido, famoso y, para más señas, portugués.

Sin embargo, hasta muy entrado el último decenio del siglo XXI, nadie estaba seguro de quién sería el auténtico hasta que su equipo, en el que militaba desde niño, continuaba siendo imbatido hasta poco antes de acabar la liga española 2017-2018.

Al contrario que el falso, el MESSIAS nunca se preocupó de ser el mejor sino de ser él mismo, de tal modo que en tal sentido nunca estuvo condicionado por la obsesiva competitividad que derrochaba el portugués. Su diferencia de estatura, al contrario de lo que pudiera parecer, jugaba también a su favor. No necesitaba subirse a la bicicleta para deshacerse de un contrario, bastaba con un quiebro de cobre para poner pies en polvorosa en dirección al área contraria mientras el falso, para conseguir el mismo resultado, necesitaba siempre pedalear vertiginosamente y auxiliarse de la extraordinaria rigidez de aluminio que le proporcionaba su esbelta y elegante figura.

El que había de venir entraba al terreno de juego caminando, como quien entra en un espacioso laboratorio alfombrado de hierba dispuesto, una vez más, a investigar, a reducir los riesgos que comporta su estilo de juego, sin posición fija pero eficaz y a partir de ahí, seducir a los miles de admiradores que, desde siempre esperaron pacientemente su llegada desde el principio de los tiempos.

El falso hacía siempre su entrada con un par de elásticos saltos como para impresionar a la grada y desde luego lo conseguía pero la humildad del MESSIAS eclipsaba por completo la extraordinaria presencia física y también goleadora del portugués.

De no haber coincidido ambos en el mismo espacio y tiempo en que lo hicieron, el gran público nunca hubiera podido distinguir al falso del auténtico pero la mala suerte del portugués consistió precisamente en eso, en coincidir en la misma época con el MESSIAS.

domingo, 18 de marzo de 2018

CAERTE LA NEGRA

La mayoría de las veces, la experiencia acumulada no sirve para otra cosa como no sea para la constatación fidedigna de nuestros propios errores a lo largo de la vida pero, en contadas ocasiones, también es factible para precisar ciertos acontecimientos acaecidos con anterioridad para los que en su día determinábamos con una popular frase ya hecha y que ponía de manifiesto la mala suerte que se había cernido sobre una determinada familia  y como consecuencia había teñido de luto su entorno más inmediato. Aquella frase no era otra que “les ha caído la negra”. 

La mala suerte habría hecho que en una misma persona o familia hubiera recaído una tragedia múltiple con resultado incluso de muerte y que, por ende, el color negro hubiera sido por tradición siempre asociado al enorme drama vivido por aquellos que ni siquiera esperaban que ocurriera. De modo que la frase en cuestión, en ningún caso, sería alusiva a un sentimiento xenófobo como pueda parecer en un principio aunque, tal y como están las cosas, el hecho de pertenecer al género femenino pudiera acarrear una mala interpretación de la misma.

Sea como fuere, podría afirmarse que a la familia Cruz les “ha caído la negra” por cuanto en la misma coinciden dos hechos de mala suerte muy lamentables: el acoso al que fue sometida Patricia por un perturbado y la muerte violenta de su hijo a manos de Ana Julia Quezada.

Sin embargo y recurriendo a la experiencia a la que antes he hecho alusión, me hubiera gustado saber, aunque sólo hubiera sido por casualidad, la asociación que el pequeño y simpático Gabriel habría hecho en vida entre el color de piel de sus padres y entorno más inmediato, con aquel otro más oscuro de allende los mares de su asesina madrastra Ana Julia. 

¿Hubiera representado para Gabriel el color negro como color del mal? Eso nunca lo sabremos con certeza.

viernes, 16 de marzo de 2018

PRISIÓN PERMANENTE REVISABLE

Según los expertos, uno de los distintos factores que inciden negativamente sobre la garantía en el futuro de las pensiones de los jubilados es, sin duda, las mayores expectativas de vida que se abren entre la población pensionista, sobre todo a partir del primer decenio del siglo XXI y en conjunción con el también bajo índice en la tasa de natalidad en este mismo periodo y que resulta prácticamente inferior a la de defunciones, además también de la ostensible precariedad en el mercado laboral y las bajas cotizaciones a la Seguridad Social que se desprenden de los bajos sueldos. Todo ello pone de manifiesto la gran preocupación de los propios interesados por su futuro más inmediato además de la inquietud que se genera en los distintos partidos políticos con representación parlamentaria. 

¿Cuál sería la incidencia que tendría en el Código Penal las mayores expectativas de vida que también, a día de hoy, han de producirse en la población reclusa para que algunos de sus artículos puedan ser objeto de revisión en el futuro habida cuenta también de la propuesta por parte de la oposición de la derogación de la tan discutida Prisión Permanente Revisable?

A principios del siglo XX, admitiendo que la esperanza de vida resultaba bastante más corta, por agravio comparativo se podría admitir que la pena impuesta entonces al reo por el mismo delito cometido hoy comportaba un claro perjuicio para su condena ya que desde su cumplimiento hasta su fallecimiento, los años transcurridos tras su puesta en libertad eran menos que los disfrutados tras su excarcelación por los convictos del siglo XXI, cuyas expectativas de vida parecen aún mayores.

Pero, ¿Y si fuésemos inmortales tal y como podríamos llegar a ser algún día? ¿De que servirían entonces los años de reclusión a los delincuentes si saben que tras su puesta en libertad les queda todavía toda la inmortalidad por delante? En tal caso, la pena de cadena perpetua no nos parecería del todo justa habida cuenta de que el reo tendría que permanecer en prisión hasta la eternidad.

Esta supuesta inmortalidad estaría sólo ceñida a los casos por causas naturales, mientras que las producidas por la mano del hombre (asesinato), todo tipo de accidentes, tragedias de tipo militar, desastres provocados por la Naturaleza, etc., etc., estarían exentas de aquel tipo de privilegio.

Sin embargo, -y sólo por especular-, estaríamos de acuerdo en admitir que si bien la privación de libertad no garantizaría en ningún caso la ausencia del delito por cuanto hemos argumentado antes, también parece ser cierto que la única manera de erradicar eficazmente la criminalidad del futuro sería posible con las únicas medidas drásticas puestas a nuestro alcance para cuando la inmortalidad por causas naturales sea una condición de normalidad entre los humanos. Y éstas medidas a las que nos referimos sospechamos que, por desgracia, se pondrían en práctica llevando a cabo la amputación parcial o total de los distintos miembros de los criminales convictos y confesos en virtud de la gravedad probada del delito que se les haya imputado.

miércoles, 14 de marzo de 2018

ODIA EL DELITO Y COMPADECE AL DELINCUENTE

En el pasado, el único objetivo de la privación de libertad consistía exclusivamente en la expiación del mal causado sin tener en cuenta otros distintos aspectos de la personalidad del reo. Con ello se trataba de prevenir del delito mediante el efecto de la pena sobre la colectividad y tratar de ese modo de restaurar la tranquilidad social perturbada por el delito cometido y reafirmar la moral social de entonces.

En España, mientras viajaba de cárcel en cárcel interesándose por la situación de las mujeres encarceladas, Concepción Arenal acuñaría la célebre frase que le honra: “ODIA EL DELITO Y COMPADECE AL DELINCUENTE”.



Ella siempre creyó en la reeducación, en la rehabilitación e inserción social del reo, en una España del siglo XIX donde un altísimo porcentaje de la población era prácticamente analfabeta. La asistencia a la escuela, a los colegios y a las Universidades, en definitiva, a la educación, era un privilegio de los que muy pocos podían disfrutar y, por lo tanto, los conceptos básicos de ética y moral para todos aquellos miles de desheredados llegaban a las clases más bajas difundidos con ventaja por la Iglesia y propagados con un afilado sentimiento de culpa sobre sus feligreses, quienes por su condición marginal, podrían muy bien no distinguir entre el bien y el mal y sus funestas consecuencias, y eso entrañaba gran preocupación a las autoridades penitenciarias.

Llegados hasta aquí me pregunto si ilustres personajes de todos conocidos por, sobre todo, su condición de educados políticos que alcanzaron en las distintas Universidades españolas, durante su juventud, un éxito sin precedentes en sus estudios superiores, estarían hoy eximidos, como se espera, de su reeducación o reinserción social, sin que por ello las autoridades penitenciarias tengan que perder tiempo y dinero en su costosa rehabilitación, habida cuenta del inmenso bagaje ético-social y moral que, al día de hoy, aglutinan todos ellos desde su preparación universitaria.

A personajes de la catadura de Bárcenas, Ángel Aceves, Rodrigo Rato, Alberto López Viejo, Jesús Sepúlveda, Ricardo Costa, Francisco Camps, Undargarín y muchos otros con supuestos estudios superiores, solamente les quedaría la posibilidad, como único objetivo, la privación de libertad como expiación del mal causado, sin más. Es difícil concebir para gente tan culta aunque sin escrúpulos, reducciones de pena por buen comportamiento, por trabajos en prisión, etc., etc. Lo que exige la sociedad es que cumplan la pena íntegra que en su día les fue o les será impuesta en un futuro que se espera próximo.