RETRODEZCAN

Este imperativo es del todo incorrecto pero me resulta más contundente que el original RETROCEDAN. Por lo tanto, si la Real Academia de la Lengua Española me lo permite, desde hoy en adelante haré uso exclusivo de él.
Con RETRODEZCAN pretendo dar a conocer parte de mi obra pictórica, escultórica, fotográfica y, en menor proporción, literaria y, a la vez, mantener una corriente de opinión sobre los acontecimientos de naturaleza artística de hoy día.
Espero que tomeis la sabia decisión de manteneros a una distancia prudencial de mis opiniones aquí vertidas que no siempre tienen por que ser del agrado de la mayoría; ¿o, sí?

sábado, 3 de junio de 2017

PEDRO GRAHEL, artista

El extracto de comentario más abajo, perteneciente al Blog de Salvador García, pone de manifiesto el interés despertado por un artista canario, Pedro García, ya fallecido y que tuve la ocasión de conocer personalmente en Barcelona, donde le ofrecimos cobijo por unos días, antes de que partiera hacia Londres. Corrían los años 70.


































A la izquierda, Leocadio con PEDRO GRAHEL a su derecha

"Garhel es un gran desconocido, con una obra sobresaliente que ha permanecido prácticamente olvidada. Le conocimos con todas las inquietudes y toda la sensibilidad de un creador inagotable, en constante ebullición. De él se ha escrito que su trabajo resultó fundamental “en la normalización del arte performativo basado en las experiencias autogestionadas, en el desarrollo del videoarte y la incorporación de las nuevas tecnologías a la práctica artística”. Un artista polifacético y multidisciplinar que ya en los años setenta se desenvolvía en el ámbito de la performance. Fundó y dirigió el denominado Espacio P, en Madrid, donde promovió, junto a Rosa Galindo, proyectos artísticos avanzados e innovadores que atrajeron a destacados artistas nacionales y extranjeros."  

martes, 30 de mayo de 2017

3o de MAYO, día de Canarias

Entre el escaso o, más bien, inexistente vínculo telúrico que cabría esperar de todos los canarios para con su tierra, además de la denostada imagen que, en general, en Canarias se tiene de la figura del “mago”, es lógico pensar que, -la ausencia de estos dos sentimientos fundamentales entre la población autóctona-, en mi modesta opinión, supone el lamentable deterioro de los pilares imprescindibles sobre los que debería descansar firmemente la identidad propia de un pueblo que, además de haber perdido su propia lengua, conserva una escasa población “mestiza” en comparación con esa otra “criolla” que, durante siglos, ha venido ocupando los puestos más relevantes de la administración local desde la conquista de las islas.



En tal sentido estoy parcialmente de acuerdo con el Sr. Chaves cuando dice que Canarias, en general, carece por completo de ese sentimiento ideológico que bastaría para lograr que cada 30 de Mayo, cada canario se identificara  plenamente con el Día de Canarias  pero no tendríamos que olvidar que sólo un sentimiento profundamente nacionalista como aquel del que presumen vascos y catalanes, por poner un ejemplo, sería más que suficiente para lograr tan deseado propósito.

La cuestión, -y en eso no quiero entrar a fondo-, es si existe por parte de los partidos políticos canarios una férrea voluntad en desarrollar una política seria encaminada a reforzar la recuperación de un sentimiento propio de identidad insular al margen de aquellos otros promovidos veladamente desde Madrid y que justifican un planteamiento de política colonial ya trasnochada de la que, curiosamente, muchos de los nuestros se sienten del todo satisfechos.

¡¡Así no hay manera!!

lunes, 29 de mayo de 2017

CRÓNICA DE UNA ESTAFA

“El joven que conducía el flamante Audi negro aparcó precipitadamente junto a la acera y a través de la ventanilla abierta del vehículo llamó a voces a aquel hombre que le doblaba la edad y que, casualmente, acababa de entrar en la plaza del pueblo ignorante de todo lo que habría de ocurrirle a partir de aquel momento.

Cuando el septuagenario se hubo acercado, alertado por las voces, el conductor del Audi, dirigiéndose a él con marcado acento italiano le preguntó:

-¿No te acuerdas de mí?
-Pues, ahora mismo no caigo, -respondió dubitativo el hombre mayor-.
-Sí, hombre, haz memoria, -otra vez el joven-. 
-No, lo siento, pero no recuerdo, -se lamentó el jubilado-.
-¿Qué hacías, a que te dedicabas en 1999-2000? -insistió el joven en perfecto castellano pero con marcado acento italiano-.
-Pues, trabajaba en el Ayuntamiento de Mollet, en el departamento de Parques y Jardines, -respondió de carretilla el jubilado-.

El italiano que hablaba con fluidez el castellano o, por el contrario, el español que lo hacía con simpático acento italiano encontraría al fin un resquicio por donde colarse en el pasado prometedor del viejo pero educado ex funcionario.

-Yo era, -dijo- precisamente, el que os servía entonces los fitosanitarios para los jardines. ¿Recuerdas? 
-Ahora caigo, -respondió el jubilado más por educación que por la certeza de aquella dudosa afirmación.



Ahora le tocaba al italiano contar la evolución profesional que había logrado alcanzar desde que hasta el año 2000 distribuyera todavía fitosanitarios para jardines en Mollet. En estos momentos era brillante director de ventas de la famosa firma de ropa Armani (EMPORIO ARMANI) y precisamente hoy, día en que casualmente había encontrado a un afable colega de antaño, estaba dispuesto a regalarle una serie de trajes de muestras, traídos exprofeso para una exhibición en Montjuic y así celebrar de paso el nacimiento de su primer hijo habido con la hermosa esposa alemana con la que felizmente llevaba casado apenas dos años. Así se lo haría saber al ex jardinero.

Invitó al jubilado a sentarse en el asiento de copiloto del coche mal aparcado y, sin mediar palabras, extrayendo del asiento posterior hasta seis trajes, perfectamente enfundados y todos supuestamente de Armani, los fue colocando uno tras otro sobre las rodillas de su perplejo viejo amigo.

-Perdona, pero no es necesario tanto desprendimiento, -balbució el jubilado avergonzado. Al fin y al cabo ya no necesito trajes que lucir en ninguna otra ceremonia como no sea la de mi propio entierro, -concluyó con sorna el viejo-.
-Tranquilo, yo sólo te exijo un pequeño detalle en metálico con el que comprar a mi mujer un sencillo regalo de tu parte. Los trajes ya tienen un valor de más de tres mil euros y por quinientos o seiscientos que tú destines a la felicidad de la primeriza mujer de un amigo no sería en absoluto ningún despropósito, -argumentó con firmeza el italiano.

El jubilado ya no parecía ser completamente dueño de sí mismo ni de sus propios actos. Había sufrido tal coacción psicológica en tan corto espacio de tiempo por parte del italiano que, sin saber cómo, ahora se encontraba frente al cajero automático del Sabadell extrayendo de su cuenta los 600 euros que, mientras colocaba la tarjeta en la ranura,  ya había pulsado en el teclado su joven e inolvidable amigo de antaño.

El italiano que decía llamarse Mancini, se guardó el dinero inmediatamente no sin antes depositar en brazos del jubilado los seis supuestos trajes de Armani de los que sólo dos serían de su talla y los cuatro restantes de tallas inferiores y por lo tanto inservibles. Ni que decir tiene que tampoco pertenecían a la prestigiosa firma Armani pero antes de que el viejo comprobara este preciso detalle, el italiano ya había huido con toda la pasta y a toda prisa a bordo de su flamante y rápido Audi negro.”

Nunca hubiera sido capaz de imaginar que mi ingenuidad pudiera haber sido tan excesiva y mi inocencia tan pueril. Hasta el punto de llegar a creer que todo lo que me estaba pasando hasta el momento era, en realidad, producto de la buena voluntad de alguien que conocía del pasado, que había prosperado felizmente en la vida y los negocios y que acababa de ser padre por vez primera. No cabe duda de que estoy perdiendo facultades………y dinero.

zoilolobo@gmail.com

jueves, 25 de mayo de 2017

NEOLIBERALISMO

¿Por qué se nos estimula hoy tanto a creer que la llamada socialdemocracia se encuentra totalmente desfasada en Europa, en pleno declive en favor de un capitalismo neoliberal del que se dice que no sólo es creador de empleo sino, además, garante de eso que todos hemos dado en llamar en su momento estado del bienestar?

¿Qué pecados habrá cometido la izquierda durante su largo recorrido  -a juicio de los avezados analistas políticos- para que den ya por concluida, -a principios de este siglo XXI-,  la lucha que supuso en su día para socialistas, comunistas y otros la consecución de serias mejoras en el empleo y salario dignos y razonables para toda la clase trabajadora?  

Sólo la intensa presión llevada a cabo por la izquierda y sindicatos a lo largo de los siglos  XIX  y XX lograrían para la clase obrera en Europa la suficiente y necesaria humanización del trabajo diario, a base de unos sueldos dignos y unas jornadas laborales aceptables que hoy por hoy han vuelto a menguar de nuevo. Parece ser que hemos olvidado todo el trayecto recorrido desde entonces y que sólo ahora, con mucha resignación, nos queda esperar de la derecha capitalista la creación de nuevos y prometedores puestos de trabajo que no acaban nunca de llegar y la aceptación de unos salarios que, por lo menos, nos permitan subsistir modestamente mientras continúa disparándose descaradamente la horquilla abierta entre los pocos que lo poseen casi todo y los muchos que no poseen casi nada.

El crecimiento económico, según algunos sondeos y que vaticinan con optimismo los distintos analistas políticos, habrá de venir, -si es que viene-, de la mano de esa corriente económica capitalista representada por el llamado neoliberalismo europeo del que no me fio en absoluto y que, a mi juicio, tanto está tardando en dar los frutos esperados por el conjunto de la clase trabajadora y que pongo seriamente en duda en que pueda producirse próximamente. Mientras tanto, el miedo de muchos, despertado por el creciente y paulatino ascenso de una izquierda joven,  preparada y prometedora, paraliza del todo la toma de medidas imprescindibles para un posible cambio de gobierno, acuciado como está de los muchos casos de corrupción que le asedian y que le lastran hasta el punto de poder producir un rápido hundimiento, incluso, del partido.

Sin embargo, soy consciente de que el fácil acceso a las distintas redes sociales y el difícil acceso a la universidad por parte de los numerosos jóvenes mayores de dieciocho años hace imprescindible hoy una nueva toma de conciencia sobre la enorme dificultad que entraña vivir prácticamente en una realidad virtual que no tiene nada que ver con los serios problemas que presenta hoy en día afrontar con total firmeza un futuro mejor. Dificultades que se derivan, precisamente, del propio sistema neoliberal que ha terminado por instalarse en el seno de nuestra, ya de por sí, precaria sociedad consumista, -todo hay que decirlo-, y que sólo muy pocos tratan de contrarrestar con políticas y medidas económicas encaminadas todas ellas a la mejora de unas condiciones laborales y salariales del todo y por todos deseables.

De igual manera que muchos católicos disponen sobre su mesilla de noche de la Sagrada Biblia, yo, en la mía, dispongo de Der Kapital y, a buena fe, confieso que como terapia frente a todo lo grave que está ocurriendo en materia social, no me duermo sin antes repasar algunas cuestiones planteadas en su día por Karl Marx en materia política y que me ayudan a conciliar el sueño en medio de la catarsis que me invade su lectura.

sábado, 20 de mayo de 2017

NAUFRAGIO POLÍTICO

De súbito, como rata que intuye el naufragio inminente, -no sin cierta fortuna-, también el charrán se desprendió bruscamente del elegante logo del PP muy pocos segundos antes de que comenzara el hundimiento. Una estrecha y larga vía de agua en la línea de flotación de la amura de estribor haría zozobrar con tal rapidez al buque que desaparecería, como por arte de magia, de la vasta superficie de agua casi al instante, balanceándose con suavidad mientras se hundía lentamente hacia las profundidades del océano sin dejar otro rastro que abundante papel mojado a flote.

Muy por encima de las ondas provocadas en la superficie del agua por el peso del buque en su descenso y que se multiplicaban concéntricas en una milla a la redonda, ahora el charrán volaba en círculos, oteando desde el aire los desperdicios que desde sus bodegas emergían sin cesar hasta la superficie ocupando un extenso área donde antes había flotado felizmente el PP.

Una vez llegados al lugar del siniestro, lo que reclamó mayor atención de la UCO fue la cantidad de papel mojado flotando: facturas, libros de asientos y contabilidad, contratos, recibos de pago, cheques, pagarés, sobres blancos con membretes, etc., etc. Sin embargo, por el momento y después de una extraordinaria aunque infructuosa operación de búsqueda, no se pudo hallar entre los numerosos restos esparcidos ni el cuaderno de bitácora como tampoco la hoja de ruta, imprescindibles ambos para tratar de esclarecer lo ocurrido y que hubieran podido arrojar algo más de luz en tan misterioso naufragio.



Para entonces, una dotación profesional de SALVAMENTO MARÍTIMO había rescatado aún con vida a un puñado de náufragos en movimiento entre los que se encontraban personajes tan conocidos como Bárcenas, Esperanza Aguirre, Francisco Granados, Nacho González y otros muchos más quienes provistos de modernos chalecos salvavidas reflectantes intentaban, -aunque en distintas direcciones y con los culos al aire-, ganar a toda costa las paradisiacas playas de algún paraíso fiscal seguro del entorno y cuyas coordenadas, a fin de no extraviarse de ruta, llevaban visiblemente tatuadas sobre la piel del empeine del pie derecho.

De la tripulación no se tenía ni el más mínimo rastro, nada se sabía hasta el momento. Se cree que, valiéndose de un simple sextante y a bordo de alguna lancha de salvamento, haya podido poner rumbo a lo desconocido.

Horas más tarde, -localizado ya el pecio-, el cuerpo sin vida de Rita Barberá,  frente a un trozo de tortilla de patatas y un whisky (ambos sin consumir), sería rescatado del interior de su camarote privado.


¿REALIDAD? ¿FICCIÓN?

Hubo un tiempo no tan lejano todavía en que por el carácter extraordinario de un determinado acontecimiento acaecido dentro o fuera de nuestras fronteras, éste solía ser descrito por la prensa en general, -tanto nacional como internacional-, como una manifiesta realidad que hubiera  superado con creces las expectativas de ficción del hecho en sí, ya fuere por su riguroso extremismo,  por su aparente incredibilidad o por la rareza de su propia naturaleza.

“La realidad supera la ficción”, clamaban entonces los diarios en sus cabeceras, reclamando para sí la exclusividad y atención de tan extraordinaria noticia.

No sé si aventurarme a afirmar que todo debió haber empezado con el prototipo de submarino, -botado en San Fernando en 1888-, inventado entonces por el teniente de navío Isaac Peral y cuya realidad superaría con creces y por vez primera la ficción de un Nautilus, imaginado ya en 1871 por el escritor francés Julio Verne en sus Veinte mil leguas de viaje submarino y La Isla misteriosa. Mucho más tarde, en 1969, con la llegada del hombre a la luna, el satélite de la Tierra no sólo resultaría mancillado y pisoteado por el astronauta americano Neil Armstrong sino que, además, le sería también arrebatado de forma grosera a los tiernos enamorados, a los miles de soñadores, a los poetas solitarios en particular  e incluso, -¡cómo no!- a la mismísima noche mediterránea de la ciudad de Valencia. La REALIDAD había superado con descaro y por segunda vez a la FICCIÓN. Hasta entonces, me atrevería a decir que la mayoría de todos nosotros buscábamos con enconada ansiedad un refugio seguro en la remota posibilidad de imaginar un mundo distinto, un mundo nutrido de ficción que nos librara para siempre de la dura realidad que se presentaba inexorable ante nuestro incierto futuro y colmase nuestros precarios anhelos



El llamado estado de FICCIÓN dentro del que, -por lo menos antes-, muchos de nosotros nos refugiábamos para conseguir evadirnos en silencio de aquella dura realidad que nos acechaba con urgencia en cada esquina del pasado  ha terminado, -con el paso tiempo y merced al empleo de ordenadores y otros nuevos dispositivos disponibles-, siendo eficazmente sustituida por esa otra pretendida REALIDAD VIRTUAL del futuro; una suerte de apariencia de realidad engañosa que nos permite estar presentes en su sombrío interior, libres si se quiere de cualquier responsabilidad y sin obligación alguna de tener que participar de forma activa en ella y que, en mi modesta opinión, no deja de ser una nueva versión de aquel otro antiguo ideal de FICCIÓN, perseguido con tanto encono por todos y cada uno de nosotros, de manera obsesiva, a lo largo de nuestra más que azarosas vidas.

Hoy por hoy, definitivamente, la llamada REALIDAD, -al contrario de lo que  sucediera a veces en el pasado-, ya jamás podrá superar a su oponente FICCIÓN, toda vez que ésta parece adolecer hoy de  los suficientes escrúpulos,  profundos sentimientos, laica moral, humana generosidad, etc., etc., que antaño le caracterizara y cuyas carencias la hacen totalmente irrefrenable a juzgar por todos aquellos perjuicios ocasionados a la sociedad con los que muchos, -esquivando impunemente aquella REALIDAD-,  se han ido enriqueciendo de forma ilícita, han asesinado vilmente a sus parejas, han robado a saco al prójimo, etc. y, -todo ello-, en un alarde de falsa imaginación e inmodestia desenfrenada para la que no estaban formalmente preparados. Sin embargo y a pesar de todo, nos complace gratamente comprobar como la siempre cruda REALIDAD, manejada con la necesaria prudencia y justicia, en ocasiones renace y continua siendo capaz, -cruzándose hábilmente en el camino de los ambiciosos-, de frenar los excesos de celo mostrados por éstos  en continuar intentando amasar fortunas  a costa del erario público aparentando, -sin escrúpulos en sus criminales propósitos-, una dignidad tan sólidamente ficticia como la empleada en su día por Verne al describirnos con suma maestría  en sus Veinte mil leguas de viaje submarino  como la figura de un ambicioso y desgraciado Capitan Nemo, comandante del Nautilus, naufragaba y se hundía irremisiblemente a bordo del primer submarino de ficción de la historia creado por la imaginación del hombre.   

viernes, 12 de mayo de 2017

MINISTRO ZOIDO

De puro milagro no fui elegido ministro del interior en los últimos nombramientos del Partido Popular cosa  que, por otro lado, me alegra sobremanera pues la decisión de Rajoy me pasó -como quién dice- peligrosamente rozando y todo ello por culpa de una sencilla consonante que a mi nombre, menos mal, no le corresponde; la tercera de nuestro abecedario. Si en lugar de “D” hubiera sido “L” otro gallo, seguramente para mi perjuicio, me hubiera cantado, con todo lo que ello hubiera significado además para mi moral, de la que sí me atrevo a calificar, hoy por hoy, a diferencia de otros, de intachable. Me estoy refiriendo a la del provinciano ministro del interior ZOIDO.

Desde que fue nombrado ministro, en todo momento tuve la desagradable impresión de que el Sr. ZOIDO venia de muy lejos. Me he dado cuenta que las muchas veces que es citado por su partido o cuando habitualmente se reúne en los distintos actos programados por su gobierno, la oposición o la prensa, siempre parece que acaba de llegar de algún lugar muy remoto, con un talante propio de los que han recorrido muchos kilómetros en tren de vapor intentando llegar a tiempo a la cita prevista con antelación, como si España tuviera más extensión de la que en realidad tiene y él se presentara desde sus mismos confines.


Pero, a pesar de la que le está cayendo encima a su ministerio en esta legislatura, en su cara no deja de dibujarse siempre una sempiterna expresión de “yo no fui” que no sólo me sorprende sino que tampoco me parece en absoluto creíble y que, además, contrasta radicalmente con las serias acusaciones vertidas por los distintos medios de comunicación que tanto le afectan personalmente y que mucho pesan también sobre sus jóvenes subordinados, sospechosos algunos de los supuestos delitos de revelación de secretos.

Este nuevo delfín de ZOIDO, el Secretario de Estado de Seguridad José Antonio Nieto, ha puesto en un serio aprieto a su mentor y le ha obligado a acudir de nuevo, -con su expresión habitual de “yo no fui”-, desde muy lejos, simplemente para intentar sacarle las castañas del fuego al novato, -acusado de una reunión mantenida en secreto con Pablo González, imputado por su participación en la llamada OPERACIÓN LEZO-, aun cuando todavía no se habían extinguido del todo las brasas de aquellas otras castañas que también hubo de sacarle del fuego al director de tráfico Gregorio Serrano por aquel otro conflicto anterior sobre la extraña y oscura adjudicación de un hermoso piso perteneciente a la Guardia Civil.

Cuando un Presidente de Gobierno nombra a alguien como ministro, precisamente de Interior, para que éste actúe exclusivamente de acuerdo a unas determinadas estrategias de partido sospechosas, pasa lo que pasa, y no vale sólo con poner, como ya he señalado  antes, cara de “yo no fui” sino que si se confirmara la hipótesis de haber sido elegido por esa razón, lo mejor y más sensato sería presentar la dimisión, ¡vamos, digo yo!, como ZOILO que me llamo.

miércoles, 10 de mayo de 2017

VIOLENCIA DE GÉNERO ACCIDENTAL

Cuando llegaron los del SAMUR, el cadáver del anciano, de unos ochenta y cinco años de edad aún permanecía sentado, inmóvil y con los párpados cerrados, levemente apoyado en el respaldo del extremo del sofá y cubierto desde los tobillos hasta la cintura con una sencilla mantita inglesa de pic-nic de tonos rojos y beiges a cuadros. Certificaron su muerte de inmediato para, acto seguido, solicitar con suma discreción la presencia de un inspector de policía y éste, a su vez, la del juez. Mientras tanto, la mujer del difunto, sentada junto al teléfono, lloraba en silencio su desconsuelo esperando el inminente levantamiento del cadáver.

Ante la presencia del juez, el inspector de policía relató con todo lujo de detalles las circunstancias y los pormenores habidos en aquella extraña pareja de ancianos que hasta hoy habían permanecido juntos más de sesenta años y sin hijos habidos en su largo matrimonio.

Una vez ya jubilados, Dora y Samuel decidieron, de común acuerdo, retirarse a vivir a aquel noveno piso de un silencioso y limpio edificio urbano ubicado en una zona tranquila del centro de la ciudad. No les faltaba de nada de lo que pudieran haberse arrepentido con su decisión conjunta. Disponían de calefacción, aire acondicionado, lavadora, secadora, lava platos, radio, conexión a Internet, ordenador, teléfono móvil, etc., etc. y lo que era aún mucho más importante para ellos: una ventana abierta al mundo exterior en forma de televisor.

La mayor parte del tiempo, si exceptuamos el empleado en sus más íntimas necesidades y las horas de sueño nocturnas, Dora y Samuel, pasaban, prácticamente, el resto del día frente al televisor encendido. Así llevaban más de veinte años, sin ni siquiera salir a la calle aunque, a veces, sí al balcón. Casi todos sus menesteres, menos las fisiológicos y más perentorios, -claro está,- eran solucionadas satisfactoriamente por teléfono o Internet, bien para solicitar comida a domicilio, productos de limpieza para el hogar o resolviendo problemas bancarios pendientes desde casa. Todo lo que sabían del mundo exterior en los últimos veinte años se lo proporcionaban cada día los telediarios, los concursos, las entrevistas, los documentales, las películas, los deportes, etc., etc. emitidos por las  distintas cadenas de televisión tanto nacionales como extranjeras.

Aquel último día, al parecer, un simple trámite bancario no había ido todo lo bien que el matrimonio hubiera deseado por lo que el santo Samuel se sintió en la obligación de tomar la apresurada decisión de personarse aquella misma mañana en las dependencias de su entidad bancaria después de veinte años sin pisar la calle. Madrugó y se dispuso a salir mientras Dora, como siempre pero hoy sola, se sentaba a primera hora de la mañana en el sofá frente al televisor, dispuesta a ver y escuchar a Ana Rosa. ¡Ten mucho cuidado! –le sugirió a gritos a su marido cuando éste ya salía por la puerta del piso.

Samuel regresó muy tarde. Estaba a punto de finalizar el telediario de las nueve en TELECINCO y  después de un ¡hola querida!, se dejó caer rendido en el sofá junto a su mujer que, sin apenas saludarle siquiera, permanecía muy pendiente de un último trágico suceso acaecido aquella tarde y que por haber sido interrumpida en ese instante su atención por las insistentes quejas proferidas en voz alta por su marido,  enojado como estaba con el proceder del banco, no había acabado de entender del todo. En un rápido acto reflejo, inclinándose de pronto hacia adelante para intentar oír aún mejor, Dora había extendido el brazo y apoyando la palma de la mano en la boca de Samuel, -lo que obligaba a éste a callar de inmediato y a permanecer inmóvil entre su mano y el respaldo del sofá-, intentaría, sin ningún éxito, enterarse de la tragedia anunciada en el mismo instante en que el locutor de turno, Pepe Ribagorza, daba paso obligado a la sección de deportes del día.

Visiblemente contrariada por no haber obtenido la información deseada, levantándose de improviso, decidió retirarse a dormir no sin antes, creyendo a Samuel profundamente dormido, cubrirlo con su mantita de pic-nic hasta la cintura mientras aún continuaba sentado.

A la mañana siguiente, Dora, al despertar, echó en falta la presencia de su marido en la habitación. Habrá madrugado, -se dijo-, y como de costumbre, se dirigió a la cocina y preparó, como cada día, café caliente y tostadas para dos. Se presentó luego con el frugal desayuno en el salón donde Samuel aún permanecía, supuestamente dormido, sentado en el sofá, apoyado contra el respaldo y la mantita inglesa sobre sus rodillas frente al televisor apagado. De pronto, ella temió lo peor y acertó.

El inspector de policía, a instancias del médico forense, intentando atar cabos sueltos en la investigación, solicitó a TELECINCO una copia de la programación del telediario de la pasada noche logrando sincronizarla con la hora aparente del óbito de Samuel y que luego reflejaría en el informe policial con el siguiente resultado:

“Antes de pasar a la sección de deportes nocturna, TELECINCO, a través de su presentador Pepe Ribagorza, se hacía eco de un nuevo caso de violencia de género en la capital que Dora no tuvo oportunidad de escuchar ayer por culpa de las quejas en voz alta de  su marido a pesar de que ésta, en su intento de enterarse de la noticia, le tapase inocentemente la boca para interrumpir su agitado discurso. Los responsables del SAMUR, a través del médico forense, certificaron con rotundidad la silenciosa muerte de SAMUEL por asfixia pero su mujer sería la última en enterarse”  

martes, 9 de mayo de 2017

CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA

El arma blanca aparentemente homicida, con toda probabilidad, habría pertenecido al jefe indio Toro Sentado (Sitting Bull) pero en aquel entonces en que los niños nos convertíamos a diario en indios siouxs, apaches, comanches, pies negros, etc., etc., no existían enemigos tan peligrosos ni codiciosos como pudieran serlo en este siglo rostros pálidos tan conocidos como Rodrigo Rato, Miguel Blesa, Luis Bárcenas, Ignacio González, Francisco Granados y tantos otros culpables de esquilmar a las naciones indias infantiles que, en nuestros juegos, cubiertos de plumas, representábamos con tanta dignidad.



Hasta tres puñaladas consecutivas logró el agresor asestarle en el costado con aquel sencillo cuchillo de goma que aún guardaba desde que era niño como regalo de Reyes que recibiera de sus padres en su día y que ahora, -después de más de cincuenta años-, había utilizado blandamente y sin reparos para intimidar de muerte necesaria al célebre estafador Rodrigo Rato. 

Hasta tres veces el cuchillo se había doblado sobre sí mismo por su condición de simple juguete infantil relleno de aire pero la víctima, aterrorizada, supuso que le habían perforado el hígado o el intestino delante mismo del cajero automático del que, sólo hacía unos segundos, había logrado extraer con suma facilidad quinientos euros en un solo y rígido billete. Mientras Rato se palpaba perplejo el abdomen, el agresor blandía el largo cuchillo de goma teñido de aluminio ante el macilento y desencajado rostro de la víctima al tiempo que le advertía seriamente que la próxima vez sería con otro muy distinto y eficaz, de acero inoxidable, limpio y totalmente rígido. Aun así, el agresor, un corpulento funcionario público jubilado, no dudaría en reclamarle para sí aquel rígido billete de quinientos que la víctima, momentos antes, ya se había guardado celosamente en su lujosa cartera.

En la esquina más próxima al cajero, otros cuatro sonrientes jubilados, pertenecientes todos ellos a la misma banda, esperaban impacientes el feliz desenlace de la acción llevada a cabo por su aguerrido compañero con la esperanza de repartirse a partes iguales el preciado botín obtenido con tanta aparente facilidad a razón de cien euros para cada uno de ellos.

lunes, 8 de mayo de 2017

POS-VERDAD SOBRE EL PLÁTANO DE CANARIAS

Excepto los seis meses que viví en Suecia hace ya unos cuarenta años, a lo largo del resto de mi vida hasta el día de hoy he venido consumiendo regularmente, de postre en las comidas, mínimo, un plátano de Canarias cada día.

Hasta cumplir los treinta años, aproximadamente, había practicado con cierta intensidad tanto fútbol como kárate sin haber llegado a sufrir, en cualquiera de los dos casos, ninguna lesión de relativa importancia que me apartara de mis dos aficiones favoritas y, mucho menos, haber sufrido una fractura ósea en lo que respecta a mi propio esqueleto. 

Si analizáramos detenidamente los factores conjugados en este caso particular de causa-efecto entre el consumo de plátanos diario y la larga ausencia de traumatismos físicos a lo largo de mi vida deportiva, podríamos llegar a la conclusión de que el tan delicioso postre frutal sería el único y verdadero responsable de la calidad y resistencia de todos y cada uno de mis huesos.



Un profundo y exhaustivo estudio reciente, llevado a cabo en el corazón de la Comunidad Europea, -dígase Bruselas-, por la Asociación Europea de Traumatólogos Deportivos, ha revelado unos datos estadísticos muy interesantes y esclarecedores sobre el particular, concluyendo con la tajante afirmación de que a medida de que el consumo de plátanos de Canarias en Europa ha ido en descarado aumento progresivo durante este último año, a su vez, el número de traumatismos físicos y fracturas óseas, sin embargo, ha sufrido un notable y eficaz descenso en la misma proporción y rapidez durante el mismo periodo de tiempo en 2016.

Según datos facilitados por el Centro Europeo de Consumo, se sospecha que esta notable disminución de traumatismos en la población europea en general, pudiera deberse con toda probabilidad, al sumo interés demostrado por la mayoría de productores canarios de plátanos no sólo en materia de publicidad estática sino, además, al éxito conseguido en los distintos mercados internacionales gracias al impacto producido por su incuestionable y certero eslogan estampado en cada uno de los empaquetados del preciado producto y que reza del modo siguiente:

“EL PLÁTANO DE CANARIAS ES LA ÚNICA VARIEDAD EN EL MUNDO CUYA PIEL ES TOTALMENTE ANTIDESLIZANTE; SOBRE TODO SI NO SE ARROJA, DIRECTA O INDIRECTAMENTE, AL SUELO”

Aparte de su consumo, -como ya ha quedado debidamente demostrado-, para el fortalecimiento de la estructura ósea de los humanos, su piel, por su especial característica del todo antideslizante, evitaría que los miles de consumidores europeos al pisarla, pudieran ser víctimas inocentes de desafortunados traumatismos óseos de serias y severas consecuencias para su salud. 

domingo, 7 de mayo de 2017

LA FIGURA DEL "MAGO" EN TENERIFE

No sin cierta frecuencia suele aparecer en la prensa escrita canaria  –cosa que no me parece justa- taimadas y comprometidas alusiones a la entrañable figura que para mí, todavía hoy, representa el “mago” en el seno de la cultura popular de las islas y a quien tanto le debemos por su total compromiso y entrega con la propia naturaleza y con los frutos que con su arduo trabajo diario ésta le proporciona siempre para ponerlos luego a nuestra entera y exigente disposición, -a pesar de los rapaces intermediarios-, en los distintos mercados de nuestros pueblos insulares. No habría que olvidar que la palabra Cultura, con mayúscula, proviene etimológicamente, de aquella otra que es, -también con mayúscula-, Agricultura y que en el penoso ejercicio de esta última, el “mago” sí que es considerado un hacha.




En consecuencia y a mi juicio, la figura del “mago” se yergue, -mal que nos pese pero en justa medida-, en eficaz representación de una de nuestras distintas señas de identidad canarias, señas de nuestra propia idiosincrasia insular y, por lo tanto, su supuesta tozudez, recelo, desconfianza y desconocimiento frente a todo lo que el resto cree elemental se encuentra irremisiblemente vinculado al genuino sentido común activado con el que el hombre del campo se enfrenta a la propia naturaleza y con el que afronta, además,  los retos y requisitos planteados por aquellos otros supuestos adalides de la llamada, con mayúscula, Cultura.

Cuando éramos niños, el “mago” siempre nos pillaba. Aparecía de pronto, sigilosamente entre el maizal o de detrás del tronco de una esbelta higuera y siempre, por sorpresa, nos cogía con las manos en la masa. En las raras ocasiones en que no conseguía atraparnos, solía gritar: ¡ya sé de quién eres!

Personalmente, yo sólo conocí a un “mago”. Se llamaba Ismael y junto a su hermana María (de unos cincuenta años ambos) se cuidaba en La Cuesta de una hectárea aproximada de huerta, de un par de vacas que daban una riquísima leche y de un espléndido buey que tiraba afanoso de un rudimentario arado con el que Ismael labraba el campo cuando tocaba. Ambos trabajaban de sol a sol pero, -allá al atardecer-, a Ismael le sobraba tiempo suficiente para ponerse al día leyendo en silencio los periódicos locales e interesándose vivamente en sus tertulias con Doña Julia, la “cubana”, por la marcha prometedora de la revolución en ciernes de Castro en Cuba. Corrían los años cincuenta del pasado siglo XX y, efectivamente, Ismael reunía todas las características típicas y tópicas atribuibles a un “mago” que se precie citadas anteriormente pero, además de eso, resultaba ser siempre del todo entrañable, amable, juicioso, honesto y, por si fuera poco, bien documentado.

Nunca supe a ciencia cierta,  por no habérselo preguntado en su día, si aquellas fértiles tierras regadas copiosamente con el sudor de su frente eran de su exclusiva propiedad o si bien, como otros muchos, sólo era el “medianero” de otra gente acomodada que, casualmente, solía sudar muchísimo menos que él entonces pero, con toda seguridad, muchísimo más ambiciosa también.  Fuere como fuere, me consta que Ismael se encontraba muy a gusto integrado en su trabajo, ejerciendo fielmente el papel que le correspondiera en aquellos duros años de dictadura como auténtico hombre de campo al que siempre y por desgracia tanto hemos denostado gratuitamente y sin razón aparente durante tantísimos años.


viernes, 5 de mayo de 2017

CARTAS AL DIRECTOR (El Diario de Tenerife)





Chaves, teñido de blanco
05/05/17

Señor director: 

Quiero que le quede muy claro que soy aficionada al fútbol y, por supuesto, al Real Madrid. Pero, con total sinceridad, he de decirle que no entiendo los derroteros que ha tomado su periódico. Si entro en él es para leer “lo que no dicen los periódicos” y, la verdad sea dicha, los únicos cronistas que aportan algo nuevo son, en este momento, Paco Pérez, Zoilo López y José Manuel López García. En los suyos encuentro artículos distintos. Sin embargo, estoy bastante cansada de los batiburrillos de Andrés Chaves.

No me parece mal que escriba sobre el Real Madrid. Es más, me agrada. Pero últimamente todo se le ha vuelto blanco. Si quiero buscar noticias, videos y opiniones expertas y fotos de calidad me tengo que ir a otro diario. Me resultan irrelevantes las alabanzas que el señor Chaves hace de los merengues.

El aspecto de su diario es sobresaliente en cuanto a diseño y calidad de los servicios que presta, pero no debe permitir al señor Chaves decir boberías todo el rato. Creo que él sabe hacerlo mejor y, cuando se pone, nos sorprende. Dele un toque tras el tronco de la oreja, a ver si espabila, que ya tiene edad. Raquel López, Santa Cruz de Tenerife.

lunes, 1 de mayo de 2017

Patio de "COTO" del REAL

Hoy llueve en casi toda España y los internos de Soto del Real no podrán salir al patio como es costumbre cada día. Podrían hacerlo, -si quisieran-, los mejores adaptados al agua, como lo son los hombres-rana de Esperanza Aguirre,  “Batracio” González, Francisco Granados, Alberto López Viejo, Benjamín Martín Vasco, -entre otros muchos- sin embargo prefieren tutear (jugar al TUTE) al soquito*, en torno a una mesa cuadrada clavada en el suelo y haciendo trampas entre ellos, que es lo suyo y lo que mejor se les da. Hay quienes dicen que cada garbanzo seco visto sobre la superficie de la mesa es el equivalente a cincuenta euros y que en cada partida, entre los cuatro, podían llegar a acumular hasta, por lo menos, medio kilo de esta preciada legumbre (no se admiten garbanzos negros). Es curioso comprobar como en estas timbas improvisadas sólo tienen cabida todos aquellos reclusos condenados exclusivamente por delitos perpetrados contra el erario público y que pudieran ser comprobables por el resto de jugadores. Algunos acumulaban ya condena por varios distintos: fraude en la contratación, organización criminal, malversación de fondos públicos, prevaricación, falsedad documental, blanqueo de capitales, etc., etc.

El patio de mi casa
Es particular
Cuando llueve se moja
Como los demás

Este grupo de políticos condenados se considera tan exclusivista que cuando, -como hoy-, llueve en toda España, incluidas Las Canarias, creen que solamente lo hace en el patio de la prisión de Soto del Real donde permanecen confinados por sus crímenes. Se sienten tan víctimas de las inclemencias del tiempo como en el pasado se sintieron también víctimas de la inmensa Injusticia que, según ellos, les condenó a prisión incondicional sin fianza por muchos años.

Sólo me alegra pensar que, -aunque impunemente-, dedicaron su vida entera a enriquecerse a expensas de la función pública y no a mano armada porque, de lo contrario, el reguero de cadáveres inocentes que hubieran dejado por el camino hubiera sido tan numeroso que, quizá, ni yo mismo estuviera contándolo hoy aquí, de esta manera tan trivial que tengo por costumbre.

En confianza: creo que aún hoy, esta élite del crimen organizado no acaba de asimilar el hecho de que cuando llueve, el patio de su casa también se moja; como los demás.

*Soquito: en el argot de La Cuesta (Tenerife), lugar resguardado del aire frío.

jueves, 27 de abril de 2017

NEGOCIOS ILÍCITOS PERO MENOS SUCIOS

Emulando a ciertos políticos corruptos he decidido dedicarme también a los negocios fáciles y con poco o nada de riesgo para mí integridad moral. Para ello dispongo de una modesta infraestructura  con  la que un grupo formado por cinco personas de mi total confianza aunque distinta condición llevamos probando suerte en juegos de azar desde hace unos veinte años sin éxito ninguno pero a la que quisiera extraerle algún rendimiento económico que nos permita, por lo menos, recuperar el dinero invertido hasta hoy.

Tal como he asegurado antes, hace ya unos veinte años, un pequeño grupo de funcionarios de Mollet del Vallés, entre los que me cuento, nos asociamos, -a raíz de una esperanzada premonición auspiciada por un vidente de toda nuestra confianza-, para intervenir conjuntamente en una serie combinada de apuestas en el sorteo del EURO MILLÓN sin que hasta la fecha hayamos tenido la suerte de haber obtenido ningún premio millonario. Pero lo que sí parece del todo cierto es que aquella primitiva premonición evidenciaba entonces que, -más tarde o más temprano-, terminaríamos siendo agraciados con el premio máximo jamás otorgado y por todos nosotros deseado y, por ende, acabaríamos convirtiéndonos de golpe en nuevos multimillonarios.

Mis compañeros, con una confianza también desprendida, delegaron entonces en mí para recuperar todo lo perdido con anterioridad o, lo que es lo mismo, la suma de dinero invertido hasta hoy y abandonar finalmente el compromiso adquirido hasta entonces en materia de juego. Como quiera que, según el mencionado vidente, en un tiempo sin precisar pero que llamaríamos “X” obtendríamos con toda seguridad el preciado máximo premio anhelado por todos, he deducido que, para que ello se produzca con la debida eficacia, debería de transcurrir una serie de años a la que denominaríamos “X” menos los primeros veinte años que ya llevamos jugados sin éxito a razón,  exactamente, de veinticinco euros por semana (5 c/u). De modo que si lográsemos vender a cualquier interesado esta certera combinación, presumiblemente ganadora en un futuro no muy lejano (X-20), habríamos de hacerlo por un valor estimado igual al resultado de multiplicar veinticinco euros por las cuarenta y ocho semanas de un año y el resultado obtenido multiplicado a su vez por los veinte años que ya llevamos jugando, operación con la que trataríamos de recuperar todo el dinero invertido hasta ahora: es decir, (25x48x20) o lo que es lo mismo, 24.000 euros.

Estos 24.000.- euros en concepto de pago por indemnización no sólo garantizarían para los nuevos propietarios el beneficioso descuento de veinte años de apuestas durante el que nosotros habríamos estado jugando sin el menor éxito posible sino que el tiempo restante de espera establecido por la certera premonición hasta obtener el ansiado premio del EURO MILLON resultaría, como consecuencia, muy ventajoso además de sensiblemente menor al que nosotros mismos estuvimos en el pasado inútilmente esperando. Es decir, les supondría un ahorro de tiempo de veinte años.

EJEMPLO: 
Si el tiempo de espera para obtener el premio, -según la premonición-, hubiera estado previsto en veinticinco años, los nuevos propietarios de la combinación ganadora, con el pago de los 24.000,- euros, se habrán ahorrado las muchas incertidumbres, desencantos, desilusiones, frustraciones, asistencias a ventanilla, comprobaciones, etc., etc., que les hubieran supuesto las fracasadas apuestas de los primeros veinte años de juego. Por lo tanto, para asegurarse el éxito, sólo les restaría jugar y en consecuencia pagar durante un periodo no mayor de cinco años más hasta lograr convertirse, finalmente, en unos afortunados y felices millonarios.


lunes, 24 de abril de 2017

GUANCHES

Quedé perplejo frente a aquella extraña representación que figuraba en la pulida superficie de los brillantes azulejos que placaba el vertical respaldo de los sólidos bancos que por aquel entonces, -década de los 50 del pasado siglo-, en el popular parque de García Sanabria de Santa Cruz de Tenerife, invitaban a los paseantes a sentarse y descansar.

-Son guanches, -me soltó mi madre, -ante mi total estupor-, sin ninguna otra información complementaria que aclarase mis serias dudas al respecto. Quizá la ocultación de más datos sobre aquella extraña representación doméstica aborigen no sólo se debiera a un desconocimiento total antropológico sino, más bien, a un cierto miedo atávico de un lejano pasado, para ella completamente desconocido, del que nunca había participado ni le había siquiera correspondido y que a mí mismo me había sido ocultado, sin razón aparente aunque con mucha sutileza, durante mis años de escuela primaria en el Colegio San Fernándo de La Cuesta. 

La política llevada a cabo entonces en materia de educación por parte del régimen franquista se preocupaba mucho más de implantar en los planes de estudios asignaturas como la llamada Formación del Espíritu Nacional , Historia Sagrada, Gimnasia, etc., que de dar a conocer en clase, a los niños tanto canarios como peninsulares, el origen de nuestro rico patrimonio cultural primitivo sin usurparnos el relato objetivo de los graves acontecimientos que se produjeron en las Islas durante la conquista por parte de la Corona de Castilla.

Ya de adulto, siempre lamenté mucho más, en materia de Historia, esta inhibición oficial docente franquista respecto de mis orígenes que las graves consecuencias derivadas de la propia conquista, contra la que, naturalmente y como es obvio, nada pude hacer en su día para evitarla aunque, paradojicamente, ni siquiera hubiera sido posible mi nacimiento y, mucho menos, que hoy llevara el común apellido de  López.

Sin embargo, -y no voy a extenderme más sobre el particular-, para ser sincero, sí que aún continúa doliéndome mucho la incongruente nomenclatura que algunos de los pueblos del Norte de Tenerife más característicos conservan todavía porque, en tal sentido, a la memoria histórica del pueblo guanche continúa sin habérsele hecho la suficiente justicia. Me refiero a los bellos municipios de La Matanza y La Victoria de los que a tanta confusión se prestan sus nombres, no sólo por parte de los numerosos peninsulares que visitan la isla sino también por los muchos propios isleños que la habitan, tal y como pude comprobar el año pasado durante mis veraniegas vacaciones en el Puerto de la Cruz.

La Historia, como también sería en el caso concreto de Canarias, ha sido y será siempre escrita, desgraciadamente,  por los vencedores.


viernes, 21 de abril de 2017

ACLARACIONES PROFESIONALES


José Rodríguez Espinosa es natural del Puerto de la Cruz y residente en Cataluña desde hace mucho tiempo. Trabajó durante casi toda su vida profesional  activa como médico en el Hospital de San Pablo de Barcelona y con quién me veo con cierta frecuencia para comer en familia.

Pepe, a quién aprecio mucho y que ha leído en el DIARIO DE TENERIFE mis recuerdos sobre la penicilina, me aclara, -como buen profesional de la medicina que es-, algunas dudas sobre el uso del alcanfor y la propagación del tifus, -allá por los años 50 del pasado siglo XX-, en Tenerife:

"Joder, Zoilo, has conseguido que mi memoria se desbocara con tus recuerdos de infancia sobre la penicilina y el alcanfor. A este respecto, solo unas apreciaciones sin importancia:  sobre el alcanfor, coincido contigo en que casi todos los chicos del barrio lo llevábamos, como tu dices, cual escapulario al cuello, apestando todos a su penetrante «fragancia». Sin embargo, su uso no era para conjurar enfermedades varias, sino para espantar o mantener a raya la poliomielitis, pues el Dr. Salk, por aquellos años, no había descubierto todavía la vacuna. Obviamente, solo servía para calmar la ansiedad de nuestras madres durante los periodos de epidemia, tan frecuentes por aquellos años. Sobre la penicilina me temo que tu memoria te ha traicionado, pues este antibiótico ya se comercializaba desde principios de los 40 y no era eficaz contra el tifus. 

Recuerdo que mi hermana Lola, la mayor de nosotros, lo contrajo durante unas vacaciones en el Realejo Bajo por esos años (50) que tu mencionas. Mis padres también se las vieron y desearon para conseguir el antibiótico recién descubierto que sí curaba la enfermedad, y que no era otro que el cloramfenicol. 

Este artículo tuyo, como los otros que me vienes adjuntando, me ha gustado mucho. Pero este, sin embargo, ha tenido la virtud de activar esa típica reacción en cadena de la memoria que te deja absorto y embobado durante un buen rato".

Gracias y un abrazo,

Pepe

jueves, 20 de abril de 2017

ANCAS DE RANA

Con toda seguridad, la ex-presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, llegó a pensar en su día que hasta que sus ranas no criasen pelos no iban a ser descubiertas con facilidad. Craso error; menudo festín se están dando hoy los jueces, precisamente, con sus deliciosas ancas.

De lo que no estoy seguro es de si éste criminal puñado de adultos anfibios merecen o no pasar, una vez detenidos, por el doloroso suplicio que durante mi infancia se les sometía por parte de aquellos mayores sin escrúpulos que, provistos de una frágil pajita hueca, introducida convenientemente  por el ano de la entrañable rana y soplando suavemente a través de ella, conseguían aumentar su frágil volumen hasta el punto de convertirla, en un momento, en un pequeño y gracioso globito verde de características muy similares a las que estos días presenta el Sr. Ignacio González después de ser finalmente imputado por unos delitos que un batracio convencional sería totalmente incapaz de cometer entre sus semejantes en su, ya de por sí, fresca y profunda comunidad.

Desde luego que no soy, en absoluto, partidario de tamaño suplicio; ni aplicable para las ranas convencionales ni para las de Esperanza Aguirre, máxime cuando para llevar a cabo el de éstas últimas necesitaríamos, como mínimo, una larga caña de bambú  de unos dos centímetros de diámetro y unos pulmones con capacidad suficiente para generar el aire necesario para aumentarlas de volumen.

Cú, cú, cantaba la rana
Cú. Cú, debajo del agua………..


El "Rana" IGNACIO GONZÁLEZ

Casualmente, el pasado 7 de Abril de 2017, se publicó en este mismo diario, en el apartado de OPINIÓN, un breve artículo mío sobre la corrupción política bajo el título de ESPERANZA, ESPERANZA y que ya presagiaba el devenir de los últimos acontecimientos en materia judicial acaecidos esta misma semana y en los que, además, se vería envuelto el que fuera en su día mano derecha de la ya ex presidenta de la comunidad de Madrid, la Sra. Aguirre. Ello demuestra, precisamente, que nada es casual cuando se trata de corrupción en el seno de la más que sospechosa clase política de este país. La cantidad de delitos que se le atribuyen a Ignacio González es tal que difícilmente se puede admitir que haya obrado del todo en solitario.

Llevar a cabo todas las complicadas operaciones realizadas en relación con la compra de otras empresas del sector en el extranjero por parte  del Canal de Isabel II lleva consigo, a mi juicio, tal infraestructura de organización criminal que, difícilmente, podría atribuírsele a un único cerebro, máxime, si el tamaño de éste se reduce al del tamaño del de una rana de las que tanto desprecia Esperanza Aguirre. Por consiguiente, resulta más que probable que Ignacio González se acoja a colaborar con la Justicia en beneficio de su más que probable condena y nos descubra, por fin, el tremendo fraude alcanzado por una trama de corrupción que, en su caso, pasa por la adquisición ilícita del ya conocido ático de Marbella hasta su posible implicación personal en la gestión de la empresa de aguas públicas Canal de Isabel II.

martes, 18 de abril de 2017

¡HAYA PAZ!

Siempre albergué la esperanza, más que la certeza, de que antes de morir no tendría que sufrir las amargas consecuencias derivadas de una nefasta tercera guerra mundial y espero que así sea a pesar de contar todavía con setenta años de vida. Poco después del selecto ataque con misiles de crucero, la madre de todas las bombas ha sido también probada y lanzada con suma eficacia sobre Siria, con el gran éxito obtenido y difundido por todos los medios de comunicación internacionales, pero las posibles consecuencias de esta chulesca provocación de advertencia de Trump, lamentablemente, están aún por llegar. Espero y deseo que Kim Jong-Un no se dé por aludido a pesar de las serias advertencias de sus ensayos en materia termonuclear y que Putin, reservado como siempre, se digne a  tomar a broma la tan descarada prepotencia americana de costumbre.


Al parecer, la paciencia estratégica de EE.UU respecto de Corea del Norte ya se ha agotado del todo pero la resignación a la que nos tendríamos que ver avocados cientos de millones de personas frente a esta nueva situación que desgraciadamente no podríamos evitar, resultaría directamente proporcional al sufrimiento padecido por todos y cada uno de nosotros  en caso de un inminente conflicto bélico internacional.

Mientras tanto, la azarosa vida cotidiana nacional sigue dependiendo de los avatares de  nuestra más que modesta política interna, incluyendo los herrumbrosos tres clavos que todavía nos desangran, -a pesar de la ya pasada Semana Santa-, y que, como es ya costumbre desde hace años, continúan aún enhiestos en el ancho madero que se supone es el Estado: el clavo de Euskadi al Norte, el de Cataluña al Este y, por último, el de Gibraltar al Sur. Sin embargo, me consuela muchísimo saber que estos tres problemas domésticos nuestros todavía por resolver definitivamente, parecen ser bastante inferiores a los que puedan derivarse de ese otro gran conflicto bélico internacional que, por el momento, nos mantiene a todos en vilo.

¿Viviremos para contarlo?

domingo, 9 de abril de 2017

PENICILINA

Entre el cauce del barranco de Tabares y mi domicilio en el Callejón Piñeiro mediaba un largo trecho. Entre ambos puntos y al final de la calle de San Juan, un pequeño estercolero doméstico mostraba todo aquello que ya resultaba inservible para los vecinos más próximos del barrio y que de tanto en tanto arrojaban en aquel lugar. Desde viejos periódicos y cartones hasta baratos muebles desconchados, además de juguetes rotos, latas y botellas vacías, ropa usada y un sinfín de cosas de las que nosotros los niños, ni siquiera conocíamos su verdadera utilidad. Éstas, precisamente, eran las que, entre nosotros, más se cotizaban.

Al otro lado del barranco, comenzaba el barrio de La Candelaria, fuera ya de nuestra jurisdicción infantil por prescripción estrictamente materna.  
-No anden por ahí no vayan a coger alguna enfermedad, -nos advertía mi madre cuando salíamos a jugar en aquella dirección.

Para entonces y sin saber exactamente la razón, a la mayoría de madres del barrio les dio por colgarnos del cuello una especie de escapulario que consistía en una pastilla cuadrada de alcanfor de, aproximadamente, unos tres por tres centímetros y uno de fondo, forrada de tela y que, supuestamente, nos preservaba contra posibles bacterias y determinadas infecciones fáciles de contraer, sobre todo, por picaduras de mosquitos u otros insectos, susceptibles todos ellos de encontrarse en las inmediaciones del vertedero, en el oscuro interior de las cuevas  o en los húmedos fondos del barranco donde cada día acudíamos a jugar.

Inmunizados, como entonces nos creíamos, por el intenso aroma desprendido del alcanfor del escapulario, ya no existía pues obstáculo alguno que se interpusiera en el camino de nuestra banda, --ni siquiera el temido tifus-, para amueblar debidamente la cueva que nos servía de refugio y escondite de nuestros otros enemigos. Ni que decir tiene que aquel sencillo y maltrecho mobiliario nos lo facilitaba el mentado vertedero al final de la calle de San Juan.

Lo peor de enfermar entonces no era tanto la enfermedad en si misma cómo el hecho de conseguir el medicamento apropiado para vencerla adecuadamente, sobre todo, si el remedio prescrito resultaba ser PENICILINA.

No supimos cómo pero enfermé de fiebres tifoideas. De nada sirvió el milagroso escapulario materno de alcanfor . No parecía grave en un principio pero resultaba del todo imprescindible para mi curación la administración inmediata de unos antibióticos que, en aquel entonces, -años cincuenta del pasado siglo XX-, no se encontraban fácilmente en el mercado farmacéutico. Mi padre recurrió entonces a los servicios clandestinos de los estraperlistas de turno que, supuestamente, pululaban a la sazón en torno al muelle de Santa Cruz hasta lograr hacerse, -luego de pagar  una considerable suma para nosotros de doscientas pesetas de la época-, con algo de penicilina y que, según todos los indicios, resultó suficiente para acabar con aquella peligrosa bacteria de salmonella y salvarme así la vida.

De modo que, una vez curado, abandoné definitivamente la banda a la que había permanecido fielmente durante la infancia y fiché por el Infantil Candelaria para dedicarme de lleno y en serio a la práctica del fútbol.


jueves, 6 de abril de 2017

LAS CUATRO DENTELLADAS CARDINALES

Hace ya algunos años, mientras aún permanecía como estudiante en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona, tenía por costumbre mantener frecuentes y amenas tertulias en el bar con muchos de los jóvenes artistas que, por aquel entonces, también cursaban estudios en la misma institución y que por lo común  solían ser mucho más jóvenes que yo. Dijéramos que podría haber sido el padre de cada uno de ellos.

En una de aquellas ocasiones, un joven prometedor como artista, en un tono jocoso pero nada alejado de la realidad, me planteaba una cuestión a la que yo nunca había prestado demasiada atención y que me pareció entonces muy divertida por cuanto, en sí misma, tenía mucho de original y nada carente de un inteligente sentido del humor del que, por otra parte, me encontraba yo tan necesitado.

“España, -me decía-, es lo que resta de las sucesivas y graves mordeduras que su territorio ha sufrido a lo largo de su historia. La mordida del Oeste, la más grave sin duda, es la que le despojó de lo que hoy es Portugal cuando el papa Alejandro III, mediante una bula denominada Manifestis Probatum, reconoció a aquel país como nación independiente y cedida luego a Alfonso y sus herederos. España ha sido además atacada, aunque con muy  distinta suerte, por sus otros tres costados; en definitiva, por los cuatro puntos cardinales de su geografía peninsular. Otra grave dentellada, aunque al parecer no todavía del todo definitiva ni de momento tan grave, es la que yo llamo dentellada del Sur, es decir, la propinada en su día por la pérfida Albión en Gibraltar y que, por el momento insisten aún hoy, en no abandonar su valiosa y estratégica presa en el Mediterráneo, amparándose continuamente en el tan conocido Tratado de Utrech (1701-1714) y cuyo último gobernador español fuera Diego de Salinas.



Las mordeduras del Norte que tantas víctimas dejara en el País Vasco a base de feroces y terroríficas dentelladas, parece que, por suerte, han ido cicatrizando de manera paulatina, sobre todo, a raíz del compromiso por parte de ETA de su desarme total y definitivo en beneficio de la vía política aunque no por ello cejen todavía en perseguir un único objetivo, como viene ocurriendo también en Cataluña: su supuesto derecho a la independencia. 

El Tratado de Utrech tiene también para Cataluña (caso de los catalanes) una significación especial por cuanto Felipe V, aunque concediera en el siglo XVIII, a instancias de la Reina de Inglaterra, una amnistía en favor de los catalanes, no obstante, éstos serían privados por el rey de sus Constituciones, debido, sobre todo, a las evidentes simpatías mostradas en favor de la dinastía de los Austrias en detrimento a la de los Borbones y que el monarca no acababa por aceptar. Desde entonces, una nueva jauría, -siempre según el joven alumno-,  ha seguido merodeando en torno a los sucesivos gobiernos desde el final de la dictadura, esperando el momento propicio de asestar la dentellada definitiva del Este con la que hacer valer aquel viejo tratado y les permita alcanzar definitivamente la independencia tan deseada desde antaño”.

Nunca me había parado a pensar en las CUATRO DENTELLADAS CARDINALES a las que mi joven camarada se refería para, con tanto entusiasmo y maestría, delimitar, con tanta precisión, nuestro territorio peninsular a partir de acontecimientos históricos, algunos aún por resolver.