RETRODEZCAN

Este imperativo es del todo incorrecto pero me resulta más contundente que el original RETROCEDAN. Por lo tanto, si la Real Academia de la Lengua Española me lo permite, desde hoy en adelante haré uso exclusivo de él.
Con RETRODEZCAN pretendo dar a conocer parte de mi obra pictórica, escultórica, fotográfica y, en menor proporción, literaria y, a la vez, mantener una corriente de opinión sobre los acontecimientos de naturaleza artística de hoy día.
Espero que tomeis la sabia decisión de manteneros a una distancia prudencial de mis opiniones aquí vertidas que no siempre tienen por que ser del agrado de la mayoría; ¿o, sí?

lunes, 1 de mayo de 2017

Patio de "COTO" del REAL

Hoy llueve en casi toda España y los internos de Soto del Real no podrán salir al patio como es costumbre cada día. Podrían hacerlo, -si quisieran-, los mejores adaptados al agua, como lo son los hombres-rana de Esperanza Aguirre,  “Batracio” González, Francisco Granados, Alberto López Viejo, Benjamín Martín Vasco, -entre otros muchos- sin embargo prefieren tutear (jugar al TUTE) al soquito*, en torno a una mesa cuadrada clavada en el suelo y haciendo trampas entre ellos, que es lo suyo y lo que mejor se les da. Hay quienes dicen que cada garbanzo seco visto sobre la superficie de la mesa es el equivalente a cincuenta euros y que en cada partida, entre los cuatro, podían llegar a acumular hasta, por lo menos, medio kilo de esta preciada legumbre (no se admiten garbanzos negros). Es curioso comprobar como en estas timbas improvisadas sólo tienen cabida todos aquellos reclusos condenados exclusivamente por delitos perpetrados contra el erario público y que pudieran ser comprobables por el resto de jugadores. Algunos acumulaban ya condena por varios distintos: fraude en la contratación, organización criminal, malversación de fondos públicos, prevaricación, falsedad documental, blanqueo de capitales, etc., etc.

El patio de mi casa
Es particular
Cuando llueve se moja
Como los demás

Este grupo de políticos condenados se considera tan exclusivista que cuando, -como hoy-, llueve en toda España, incluidas Las Canarias, creen que solamente lo hace en el patio de la prisión de Soto del Real donde permanecen confinados por sus crímenes. Se sienten tan víctimas de las inclemencias del tiempo como en el pasado se sintieron también víctimas de la inmensa Injusticia que, según ellos, les condenó a prisión incondicional sin fianza por muchos años.

Sólo me alegra pensar que, -aunque impunemente-, dedicaron su vida entera a enriquecerse a expensas de la función pública y no a mano armada porque, de lo contrario, el reguero de cadáveres inocentes que hubieran dejado por el camino hubiera sido tan numeroso que, quizá, ni yo mismo estuviera contándolo hoy aquí, de esta manera tan trivial que tengo por costumbre.

En confianza: creo que aún hoy, esta élite del crimen organizado no acaba de asimilar el hecho de que cuando llueve, el patio de su casa también se moja; como los demás.

*Soquito: en el argot de La Cuesta (Tenerife), lugar resguardado del aire frío.

jueves, 27 de abril de 2017

NEGOCIOS ILÍCITOS PERO MENOS SUCIOS

Emulando a ciertos políticos corruptos he decidido dedicarme también a los negocios fáciles y con poco o nada de riesgo para mí integridad moral. Para ello dispongo de una modesta infraestructura  con  la que un grupo formado por cinco personas de mi total confianza aunque distinta condición llevamos probando suerte en juegos de azar desde hace unos veinte años sin éxito ninguno pero a la que quisiera extraerle algún rendimiento económico que nos permita, por lo menos, recuperar el dinero invertido hasta hoy.

Tal como he asegurado antes, hace ya unos veinte años, un pequeño grupo de funcionarios de Mollet del Vallés, entre los que me cuento, nos asociamos, -a raíz de una esperanzada premonición auspiciada por un vidente de toda nuestra confianza-, para intervenir conjuntamente en una serie combinada de apuestas en el sorteo del EURO MILLÓN sin que hasta la fecha hayamos tenido la suerte de haber obtenido ningún premio millonario. Pero lo que sí parece del todo cierto es que aquella primitiva premonición evidenciaba entonces que, -más tarde o más temprano-, terminaríamos siendo agraciados con el premio máximo jamás otorgado y por todos nosotros deseado y, por ende, acabaríamos convirtiéndonos de golpe en nuevos multimillonarios.

Mis compañeros, con una confianza también desprendida, delegaron entonces en mí para recuperar todo lo perdido con anterioridad o, lo que es lo mismo, la suma de dinero invertido hasta hoy y abandonar finalmente el compromiso adquirido hasta entonces en materia de juego. Como quiera que, según el mencionado vidente, en un tiempo sin precisar pero que llamaríamos “X” obtendríamos con toda seguridad el preciado máximo premio anhelado por todos, he deducido que, para que ello se produzca con la debida eficacia, debería de transcurrir una serie de años a la que denominaríamos “X” menos los primeros veinte años que ya llevamos jugados sin éxito a razón,  exactamente, de veinticinco euros por semana (5 c/u). De modo que si lográsemos vender a cualquier interesado esta certera combinación, presumiblemente ganadora en un futuro no muy lejano (X-20), habríamos de hacerlo por un valor estimado igual al resultado de multiplicar veinticinco euros por las cuarenta y ocho semanas de un año y el resultado obtenido multiplicado a su vez por los veinte años que ya llevamos jugando, operación con la que trataríamos de recuperar todo el dinero invertido hasta ahora: es decir, (25x48x20) o lo que es lo mismo, 24.000 euros.

Estos 24.000.- euros en concepto de pago por indemnización no sólo garantizarían para los nuevos propietarios el beneficioso descuento de veinte años de apuestas durante el que nosotros habríamos estado jugando sin el menor éxito posible sino que el tiempo restante de espera establecido por la certera premonición hasta obtener el ansiado premio del EURO MILLON resultaría, como consecuencia, muy ventajoso además de sensiblemente menor al que nosotros mismos estuvimos en el pasado inútilmente esperando. Es decir, les supondría un ahorro de tiempo de veinte años.

EJEMPLO: 
Si el tiempo de espera para obtener el premio, -según la premonición-, hubiera estado previsto en veinticinco años, los nuevos propietarios de la combinación ganadora, con el pago de los 24.000,- euros, se habrán ahorrado las muchas incertidumbres, desencantos, desilusiones, frustraciones, asistencias a ventanilla, comprobaciones, etc., etc., que les hubieran supuesto las fracasadas apuestas de los primeros veinte años de juego. Por lo tanto, para asegurarse el éxito, sólo les restaría jugar y en consecuencia pagar durante un periodo no mayor de cinco años más hasta lograr convertirse, finalmente, en unos afortunados y felices millonarios.


lunes, 24 de abril de 2017

GUANCHES

Quedé perplejo frente a aquella extraña representación que figuraba en la pulida superficie de los brillantes azulejos que placaba el vertical respaldo de los sólidos bancos que por aquel entonces, -década de los 50 del pasado siglo-, en el popular parque de García Sanabria de Santa Cruz de Tenerife, invitaban a los paseantes a sentarse y descansar.

-Son guanches, -me soltó mi madre, -ante mi total estupor-, sin ninguna otra información complementaria que aclarase mis serias dudas al respecto. Quizá la ocultación de más datos sobre aquella extraña representación doméstica aborigen no sólo se debiera a un desconocimiento total antropológico sino, más bien, a un cierto miedo atávico de un lejano pasado, para ella completamente desconocido, del que nunca había participado ni le había siquiera correspondido y que a mí mismo me había sido ocultado, sin razón aparente aunque con mucha sutileza, durante mis años de escuela primaria en el Colegio San Fernándo de La Cuesta. 

La política llevada a cabo entonces en materia de educación por parte del régimen franquista se preocupaba mucho más de implantar en los planes de estudios asignaturas como la llamada Formación del Espíritu Nacional , Historia Sagrada, Gimnasia, etc., que de dar a conocer en clase, a los niños tanto canarios como peninsulares, el origen de nuestro rico patrimonio cultural primitivo sin usurparnos el relato objetivo de los graves acontecimientos que se produjeron en las Islas durante la conquista por parte de la Corona de Castilla.

Ya de adulto, siempre lamenté mucho más, en materia de Historia, esta inhibición oficial docente franquista respecto de mis orígenes que las graves consecuencias derivadas de la propia conquista, contra la que, naturalmente y como es obvio, nada pude hacer en su día para evitarla aunque, paradojicamente, ni siquiera hubiera sido posible mi nacimiento y, mucho menos, que hoy llevara el común apellido de  López.

Sin embargo, -y no voy a extenderme más sobre el particular-, para ser sincero, sí que aún continúa doliéndome mucho la incongruente nomenclatura que algunos de los pueblos del Norte de Tenerife más característicos conservan todavía porque, en tal sentido, a la memoria histórica del pueblo guanche continúa sin habérsele hecho la suficiente justicia. Me refiero a los bellos municipios de La Matanza y La Victoria de los que a tanta confusión se prestan sus nombres, no sólo por parte de los numerosos peninsulares que visitan la isla sino también por los muchos propios isleños que la habitan, tal y como pude comprobar el año pasado durante mis veraniegas vacaciones en el Puerto de la Cruz.

La Historia, como también sería en el caso concreto de Canarias, ha sido y será siempre escrita, desgraciadamente,  por los vencedores.


viernes, 21 de abril de 2017

ACLARACIONES PROFESIONALES


José Rodríguez Espinosa es natural del Puerto de la Cruz y residente en Cataluña desde hace mucho tiempo. Trabajó durante casi toda su vida profesional  activa como médico en el Hospital de San Pablo de Barcelona y con quién me veo con cierta frecuencia para comer en familia.

Pepe, a quién aprecio mucho y que ha leído en el DIARIO DE TENERIFE mis recuerdos sobre la penicilina, me aclara, -como buen profesional de la medicina que es-, algunas dudas sobre el uso del alcanfor y la propagación del tifus, -allá por los años 50 del pasado siglo XX-, en Tenerife:

"Joder, Zoilo, has conseguido que mi memoria se desbocara con tus recuerdos de infancia sobre la penicilina y el alcanfor. A este respecto, solo unas apreciaciones sin importancia:  sobre el alcanfor, coincido contigo en que casi todos los chicos del barrio lo llevábamos, como tu dices, cual escapulario al cuello, apestando todos a su penetrante «fragancia». Sin embargo, su uso no era para conjurar enfermedades varias, sino para espantar o mantener a raya la poliomielitis, pues el Dr. Salk, por aquellos años, no había descubierto todavía la vacuna. Obviamente, solo servía para calmar la ansiedad de nuestras madres durante los periodos de epidemia, tan frecuentes por aquellos años. Sobre la penicilina me temo que tu memoria te ha traicionado, pues este antibiótico ya se comercializaba desde principios de los 40 y no era eficaz contra el tifus. 

Recuerdo que mi hermana Lola, la mayor de nosotros, lo contrajo durante unas vacaciones en el Realejo Bajo por esos años (50) que tu mencionas. Mis padres también se las vieron y desearon para conseguir el antibiótico recién descubierto que sí curaba la enfermedad, y que no era otro que el cloramfenicol. 

Este artículo tuyo, como los otros que me vienes adjuntando, me ha gustado mucho. Pero este, sin embargo, ha tenido la virtud de activar esa típica reacción en cadena de la memoria que te deja absorto y embobado durante un buen rato".

Gracias y un abrazo,

Pepe

jueves, 20 de abril de 2017

ANCAS DE RANA

Con toda seguridad, la ex-presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, llegó a pensar en su día que hasta que sus ranas no criasen pelos no iban a ser descubiertas con facilidad. Craso error; menudo festín se están dando hoy los jueces, precisamente, con sus deliciosas ancas.

De lo que no estoy seguro es de si éste criminal puñado de adultos anfibios merecen o no pasar, una vez detenidos, por el doloroso suplicio que durante mi infancia se les sometía por parte de aquellos mayores sin escrúpulos que, provistos de una frágil pajita hueca, introducida convenientemente  por el ano de la entrañable rana y soplando suavemente a través de ella, conseguían aumentar su frágil volumen hasta el punto de convertirla, en un momento, en un pequeño y gracioso globito verde de características muy similares a las que estos días presenta el Sr. Ignacio González después de ser finalmente imputado por unos delitos que un batracio convencional sería totalmente incapaz de cometer entre sus semejantes en su, ya de por sí, fresca y profunda comunidad.

Desde luego que no soy, en absoluto, partidario de tamaño suplicio; ni aplicable para las ranas convencionales ni para las de Esperanza Aguirre, máxime cuando para llevar a cabo el de éstas últimas necesitaríamos, como mínimo, una larga caña de bambú  de unos dos centímetros de diámetro y unos pulmones con capacidad suficiente para generar el aire necesario para aumentarlas de volumen.

Cú, cú, cantaba la rana
Cú. Cú, debajo del agua………..


El "Rana" IGNACIO GONZÁLEZ

Casualmente, el pasado 7 de Abril de 2017, se publicó en este mismo diario, en el apartado de OPINIÓN, un breve artículo mío sobre la corrupción política bajo el título de ESPERANZA, ESPERANZA y que ya presagiaba el devenir de los últimos acontecimientos en materia judicial acaecidos esta misma semana y en los que, además, se vería envuelto el que fuera en su día mano derecha de la ya ex presidenta de la comunidad de Madrid, la Sra. Aguirre. Ello demuestra, precisamente, que nada es casual cuando se trata de corrupción en el seno de la más que sospechosa clase política de este país. La cantidad de delitos que se le atribuyen a Ignacio González es tal que difícilmente se puede admitir que haya obrado del todo en solitario.

Llevar a cabo todas las complicadas operaciones realizadas en relación con la compra de otras empresas del sector en el extranjero por parte  del Canal de Isabel II lleva consigo, a mi juicio, tal infraestructura de organización criminal que, difícilmente, podría atribuírsele a un único cerebro, máxime, si el tamaño de éste se reduce al del tamaño del de una rana de las que tanto desprecia Esperanza Aguirre. Por consiguiente, resulta más que probable que Ignacio González se acoja a colaborar con la Justicia en beneficio de su más que probable condena y nos descubra, por fin, el tremendo fraude alcanzado por una trama de corrupción que, en su caso, pasa por la adquisición ilícita del ya conocido ático de Marbella hasta su posible implicación personal en la gestión de la empresa de aguas públicas Canal de Isabel II.

martes, 18 de abril de 2017

¡HAYA PAZ!

Siempre albergué la esperanza, más que la certeza, de que antes de morir no tendría que sufrir las amargas consecuencias derivadas de una nefasta tercera guerra mundial y espero que así sea a pesar de contar todavía con setenta años de vida. Poco después del selecto ataque con misiles de crucero, la madre de todas las bombas ha sido también probada y lanzada con suma eficacia sobre Siria, con el gran éxito obtenido y difundido por todos los medios de comunicación internacionales, pero las posibles consecuencias de esta chulesca provocación de advertencia de Trump, lamentablemente, están aún por llegar. Espero y deseo que Kim Jong-Un no se dé por aludido a pesar de las serias advertencias de sus ensayos en materia termonuclear y que Putin, reservado como siempre, se digne a  tomar a broma la tan descarada prepotencia americana de costumbre.


Al parecer, la paciencia estratégica de EE.UU respecto de Corea del Norte ya se ha agotado del todo pero la resignación a la que nos tendríamos que ver avocados cientos de millones de personas frente a esta nueva situación que desgraciadamente no podríamos evitar, resultaría directamente proporcional al sufrimiento padecido por todos y cada uno de nosotros  en caso de un inminente conflicto bélico internacional.

Mientras tanto, la azarosa vida cotidiana nacional sigue dependiendo de los avatares de  nuestra más que modesta política interna, incluyendo los herrumbrosos tres clavos que todavía nos desangran, -a pesar de la ya pasada Semana Santa-, y que, como es ya costumbre desde hace años, continúan aún enhiestos en el ancho madero que se supone es el Estado: el clavo de Euskadi al Norte, el de Cataluña al Este y, por último, el de Gibraltar al Sur. Sin embargo, me consuela muchísimo saber que estos tres problemas domésticos nuestros todavía por resolver definitivamente, parecen ser bastante inferiores a los que puedan derivarse de ese otro gran conflicto bélico internacional que, por el momento, nos mantiene a todos en vilo.

¿Viviremos para contarlo?

domingo, 9 de abril de 2017

PENICILINA

Entre el cauce del barranco de Tabares y mi domicilio en el Callejón Piñeiro mediaba un largo trecho. Entre ambos puntos y al final de la calle de San Juan, un pequeño estercolero doméstico mostraba todo aquello que ya resultaba inservible para los vecinos más próximos del barrio y que de tanto en tanto arrojaban en aquel lugar. Desde viejos periódicos y cartones hasta baratos muebles desconchados, además de juguetes rotos, latas y botellas vacías, ropa usada y un sinfín de cosas de las que nosotros los niños, ni siquiera conocíamos su verdadera utilidad. Éstas, precisamente, eran las que, entre nosotros, más se cotizaban.

Al otro lado del barranco, comenzaba el barrio de La Candelaria, fuera ya de nuestra jurisdicción infantil por prescripción estrictamente materna.  
-No anden por ahí no vayan a coger alguna enfermedad, -nos advertía mi madre cuando salíamos a jugar en aquella dirección.

Para entonces y sin saber exactamente la razón, a la mayoría de madres del barrio les dio por colgarnos del cuello una especie de escapulario que consistía en una pastilla cuadrada de alcanfor de, aproximadamente, unos tres por tres centímetros y uno de fondo, forrada de tela y que, supuestamente, nos preservaba contra posibles bacterias y determinadas infecciones fáciles de contraer, sobre todo, por picaduras de mosquitos u otros insectos, susceptibles todos ellos de encontrarse en las inmediaciones del vertedero, en el oscuro interior de las cuevas  o en los húmedos fondos del barranco donde cada día acudíamos a jugar.

Inmunizados, como entonces nos creíamos, por el intenso aroma desprendido del alcanfor del escapulario, ya no existía pues obstáculo alguno que se interpusiera en el camino de nuestra banda, --ni siquiera el temido tifus-, para amueblar debidamente la cueva que nos servía de refugio y escondite de nuestros otros enemigos. Ni que decir tiene que aquel sencillo y maltrecho mobiliario nos lo facilitaba el mentado vertedero al final de la calle de San Juan.

Lo peor de enfermar entonces no era tanto la enfermedad en si misma cómo el hecho de conseguir el medicamento apropiado para vencerla adecuadamente, sobre todo, si el remedio prescrito resultaba ser PENICILINA.

No supimos cómo pero enfermé de fiebres tifoideas. De nada sirvió el milagroso escapulario materno de alcanfor . No parecía grave en un principio pero resultaba del todo imprescindible para mi curación la administración inmediata de unos antibióticos que, en aquel entonces, -años cincuenta del pasado siglo XX-, no se encontraban fácilmente en el mercado farmacéutico. Mi padre recurrió entonces a los servicios clandestinos de los estraperlistas de turno que, supuestamente, pululaban a la sazón en torno al muelle de Santa Cruz hasta lograr hacerse, -luego de pagar  una considerable suma para nosotros de doscientas pesetas de la época-, con algo de penicilina y que, según todos los indicios, resultó suficiente para acabar con aquella peligrosa bacteria de salmonella y salvarme así la vida.

De modo que, una vez curado, abandoné definitivamente la banda a la que había permanecido fielmente durante la infancia y fiché por el Infantil Candelaria para dedicarme de lleno y en serio a la práctica del fútbol.


jueves, 6 de abril de 2017

LAS CUATRO DENTELLADAS CARDINALES

Hace ya algunos años, mientras aún permanecía como estudiante en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona, tenía por costumbre mantener frecuentes y amenas tertulias en el bar con muchos de los jóvenes artistas que, por aquel entonces, también cursaban estudios en la misma institución y que por lo común  solían ser mucho más jóvenes que yo. Dijéramos que podría haber sido el padre de cada uno de ellos.

En una de aquellas ocasiones, un joven prometedor como artista, en un tono jocoso pero nada alejado de la realidad, me planteaba una cuestión a la que yo nunca había prestado demasiada atención y que me pareció entonces muy divertida por cuanto, en sí misma, tenía mucho de original y nada carente de un inteligente sentido del humor del que, por otra parte, me encontraba yo tan necesitado.

“España, -me decía-, es lo que resta de las sucesivas y graves mordeduras que su territorio ha sufrido a lo largo de su historia. La mordida del Oeste, la más grave sin duda, es la que le despojó de lo que hoy es Portugal cuando el papa Alejandro III, mediante una bula denominada Manifestis Probatum, reconoció a aquel país como nación independiente y cedida luego a Alfonso y sus herederos. España ha sido además atacada, aunque con muy  distinta suerte, por sus otros tres costados; en definitiva, por los cuatro puntos cardinales de su geografía peninsular. Otra grave dentellada, aunque al parecer no todavía del todo definitiva ni de momento tan grave, es la que yo llamo dentellada del Sur, es decir, la propinada en su día por la pérfida Albión en Gibraltar y que, por el momento insisten aún hoy, en no abandonar su valiosa y estratégica presa en el Mediterráneo, amparándose continuamente en el tan conocido Tratado de Utrech (1701-1714) y cuyo último gobernador español fuera Diego de Salinas.



Las mordeduras del Norte que tantas víctimas dejara en el País Vasco a base de feroces y terroríficas dentelladas, parece que, por suerte, han ido cicatrizando de manera paulatina, sobre todo, a raíz del compromiso por parte de ETA de su desarme total y definitivo en beneficio de la vía política aunque no por ello cejen todavía en perseguir un único objetivo, como viene ocurriendo también en Cataluña: su supuesto derecho a la independencia. 

El Tratado de Utrech tiene también para Cataluña (caso de los catalanes) una significación especial por cuanto Felipe V, aunque concediera en el siglo XVIII, a instancias de la Reina de Inglaterra, una amnistía en favor de los catalanes, no obstante, éstos serían privados por el rey de sus Constituciones, debido, sobre todo, a las evidentes simpatías mostradas en favor de la dinastía de los Austrias en detrimento a la de los Borbones y que el monarca no acababa por aceptar. Desde entonces, una nueva jauría, -siempre según el joven alumno-,  ha seguido merodeando en torno a los sucesivos gobiernos desde el final de la dictadura, esperando el momento propicio de asestar la dentellada definitiva del Este con la que hacer valer aquel viejo tratado y les permita alcanzar definitivamente la independencia tan deseada desde antaño”.

Nunca me había parado a pensar en las CUATRO DENTELLADAS CARDINALES a las que mi joven camarada se refería para, con tanto entusiasmo y maestría, delimitar, con tanta precisión, nuestro territorio peninsular a partir de acontecimientos históricos, algunos aún por resolver.


lunes, 3 de abril de 2017

MORIR DIGNAMENTE

No miento cuando afirmo que lo que uno, en realidad, persigue en la vida es, en definitiva, poder morir dignamente. Lo que resulta mucho más comprometido  de considerar es aquello que entendemos por “morir dignamente”. ¿Acaso vivir dignamente es garantía suficiente para llegar a alcanzar una muerte digna? En cierto modo sí, aunque cabría también preguntarse qué es lo que entendemos por vivir dignamente. Y es precisamente en eso dónde no nos ponemos nunca de acuerdo los humanos.

¿Es del todo indispensable, -me pregunto-, vivir dignamente para morir también dignamente? O por el contrario, una cosa no está en función de la otra.

Para muchos, morir dignamente, independiente del modo de vida que hayan llevado hasta su último aliento, sería hacerlo, por ejemplo, en gracia de Dios, asistidos por un sacerdote y sin dolor. Para otros, sin embargo, independientemente de su fe religiosa, sería que la muerte, a ser posible, les sorprendiera en su propia casa, en la cama, cerca de los suyos, sin sufrimiento alguno. 

Todos, sin excepción, sí que rechazaríamos una muerte dolorosa; por consiguiente, en lo que parecemos estar  todos de acuerdo es en no desear morir con sufrimiento y, a ser posible, evitar tener que ocupar una cama ajena y entubado en la última planta de cualquier tipo de hospital, aunque en sus blancas dependencias, una oportuna dosis de morfina, bien administrada por profesionales, nos evitase totalmente el tan temido dolor físico.

Queda así demostrado que el sufrimiento al que vengo refiriéndome, ya no dependería de ese dolor físico padecido pues el fármaco en cuestión lo evitaría del todo sino que estaría, más bien, en función de tu propio bienestar, físico o psicológico, de las condiciones ambientales y de convivencia, de las relaciones con los que te rodean, sean éstos amigos o familiares dispuestos a acompañarte hasta el final de tu existencia.

¿No podríamos decidir nosotros, en tales circunstancias, nuestro propio final?

Siempre han existido, a criterio de muchos, otras formas distintas de morir dignamente como, por ejemplo, aquellas tan excelsas de "morir por la Patria". Éstas últimas, por el contrario, sí que han sido, no sólo físicamente dolorosas, sino, además, producidas sin asistencia de ningún tipo ni compañía alguna, de repente y en pleno campo de batalla. ¿Fueron acaso unas decisiones propias las de “morir por la Patria?.


domingo, 2 de abril de 2017

LIBERTAD DE EXPRESÓN

Escandalizar a la sociedad hoy día es sumamente fácil, sobre todo, disponiendo como disponemos de los numerosos medios para hacerlo y que tenemos a nuestro alcance. Basta con mentar a la madre de cualquiera en las llamadas redes sociales para conseguir tal propósito. Una cosa bien distinta es que, -amparados en un supuesto sentido de humor contemporáneo-, nos creamos impunes apelando continuamente a la ya de por sí denostada libertad de expresión que yo sí defiendo, -como otros muchos-, a través de otras distintas exigencias éticas y/o estéticas dentro de un marco estrictamente democrático.

En cualquier caso y debido precisamente a la facilidad de disponer de ese inmenso proscenio que representan hoy día las redes, muchos creen tener derecho a ocupar el lugar que les corresponde a los que, a mi criterio, yo denomino artistas en el amplio sentido de la palabra; es decir, con ingenio, con inteligencia, con elegancia, etc., etc. Cualidades que ya demostraron en su día humoristas como Quevedo, Jardiel Poncela, Pedro Muñoz Seca, hasta los ingleses Monty Python, eso sin contar con otros como Charles Chaplin, etc., etc.

Dentro del mundo del denominado estilo RAP, considero que, particularmente, cualquier chirigota de las muchas que se prodigan  en los carnavales de Cádiz representa, -en clave de humor y contenido-, mucho mejor ese estilo nacido fuera de nuestras fronteras que los autoproclamados raperos latinos,  -amparándose como casi siempre en la exigencia de una libertad de expresión restringida-, explotan en beneficio propio; cubiertos, además, de una falsa agresividad verbal que, por otro lado, no convence a nadie. Vamos, que no resulta para nada creíble. Y no resulta nada creíble porque se encuentran totalmente fuera de contexto. Ni nuestra idiosincrasia es la misma que la de los americanos ni tampoco nuestra problemática social y, mucho menos racial que, al fin y a la postre, es precisamente, la que define el estilo RAP como también definió en su día el BLUES o el JAZZ.

Precisamente, son el ingenio, la gracia y el carácter específico de los gaditanos, -es decir, su propia idiosincrasia-, los valores que se aglutinan para que sus afiladas críticas al poder establecido (gobernantes, empresarios, políticos, seglares, etc.) a través de la música, cale tan hondo en el seno de la sociedad española en general, contando entre ellos a todos aquellos que durante el carnaval se dan cita en Cádiz.

¿Se puede pedir más? ¿No es esa, acaso, una forma de rapear a la española?

¿Qué decir u opinar del supuesto ácido humor de la mística, inexpresiva y ensimismada Cassandra?

A mi juicio, esta joven sólo necesitaría, -además de la benevolencia y misericordia de los fiscales-, la ayuda de un experto psicólogo que consiga recuperarla de su propio síndrome y devolverla de nuevo al mundo real, apartartandola por el momento del mito griego que la envuelve y que, por cierto, lleva su propio nombre: el mito de Casandra y que, según Wikipedia, en síntesis, dice así:

"En la mitología griega, Casandra (en griego antiguo, Κασσάνδρα: ("la que enreda a los hombres"o "hermana de los hombres") era hija de Hécuba y Príamo, reyes de Troya. Casandra fue sacerdotisa de Apolo, con quien pactó, a cambio de un encuentro carnal, la concesión del don de la profecía. Sin embargo, cuando accedió a los arcanos de la adivinación, Casandra rechazó el amor del dios; éste, viéndose traicionado, la maldijo escupiéndole en la boca: seguiría teniendo su don, pero nadie creería jamás en sus pronósticos. Tiempo después, ante su anuncio repetido de la inminente caída de Troya".

En cuanto al meteórico ascenso del entonces presidente Carrero Blanco señalado por Tip y Coll en su día, muestro aquí una lógica coartada que bien podrían haber esgrimido los humoristas en el supuesto caso de haber sido culpados por enaltecimiento del terrorismo:

ASCENSO POLÍTICO DE CARRERO BLANCO:
1939 Jefe de Operaciones del Estado Mayor de la Armada
1941 Subsecretario
1951 Ministro de Presidencia
1967 Vicepresidente
1973 Presidente del Gobierno

No quisiera sin embargo terminar este alegato sin dejar de nombrar a la “Revista más audaz para el lector más inteligente”: LA CODORNIZ.

Aunque ha quedado demostrado de manera fehaciente que en aquellos años de dictadura, el parte meteorológico presentado por la revista en su día fue todo un bulo, sin embargo, resultó ser del total dominio público lo que aquel parte entonces decía:
“reina un fresco general procedente de Galicia….” 

viernes, 31 de marzo de 2017

LA CHARCA DE ESPERANZA AGUIRRE

Es difícil de creer lo que afirma Esperanza Aguirre cuando dice que ella sólo sabe bailar cha-cha-cha. Sin embargo, sí que ha llegado a admitir que fue, ella solita, la que destapó en su día el célebre Caso Gurtel.

Hoy por hoy  sabemos que de los cuatrocientos cargos nombrados por ella durante su presidencia en la Comunidad de Madrid, según su propio testimonio, sólo dos le salieron ranas: Francisco Granados e Ignacio Gonzalez. El primero por su implicación en la Púnica y el segundo por el caso del ático de Málaga, pero todos nosotros sabemos hoy que fueron muchísimos más y es que, sin ella saberlo, la comunidad de Madrid, durante su presidencia, se había convertido en una vasta charca, putrefacta a rebosar en un principio, de cientos de escuálidos renacuajos, ávidos como siempre del inminente proceso de metamorfosis que tanto caracteriza a los batracios.


El jefe de policía judicial, a petición de los numerosos periodistas congregados en su propio despacho, nos anticipaba hace unos días su personal experiencia vivida sobre el caso de la siguiente manera:

De nada valen los abriles que vivimos si de mujeres nunca se sabe. La que no es buena lo aparenta muchas veces y la que es mala, no lo parece.

Al final de la rueda de prensa, se lamentaba de este otro modo:

¡Ay qué pena me das, Esperanza, por Dios! Tan graciosa pero no eres buena.
¡Ay qué pena me das, Esperanza, por Dios! Tan graciosa y sin corazón

La policía estima que si, tal como ella afirma, sus hombres de confianza se volvieron ranas, ello, sin lugar a dudas, lleva consigo un notable proceso, -como ya antes hemos anunciado-, de particular metamorfosis, durante la cual y a lo largo de todo ese ciclo, comienzan a aparecer en la fisonomía  de los supuestos culpables, evidentes y suficientes síntomas que anuncian una descarada  y concienzuda corrupción organizada; por lo tanto, la Sra. Esperanza, de ningún modo, podía permanecer ajena, todo ese tiempo, a los tejemanejes que se estaban produciendo entonces en el interior de su propio equipo de gobierno.

En el caso de Ignacio González, el proceso de metamorfosis ya mencionado antes, resulta mucho más evidente que en otros: falta de melanina en la piel, tendencia al color pardo-verdoso en el vestir y, sobre todo, el aumento paulatino apreciado en la sotabarba durante la rápida transmutación.

Con estos signos externos tan evidentes, resulta completamente imposible no llegar a sospechar que estos nuevos batracios estaban dando muestras más que fehacientes de un enriquecimiento personal ilícito, desproporcionado y fuera de lo común. Es, precisamente, la apropiación indebida, -y eso lo sabe todo el mundo además de la propia policía-, lo que hace que se conviertan, al fin, en ranas definitivas. Y como Ignacio González, hemos visto muchos más: Juan José Güemes y Manuel Lamela, entre otros, además de los tres del Caso Gürtel: Alberto López Viejo, Alfonso Bosch y Benjamín Martín Vasco.



SANTIAGO DEL TEIDE Y EL MAR

La mayor  tragedia que puede ocurrirle a cualquiera es, precisamente, la que jamás te esperas, como en el caso de ayer en Tenerife, en el que disfrutas plácidamente de un radiante día de sol y mar en primavera y te sorprende la muerte sin remedio.

Una enorme ola, a lomos de cuya cresta cabalgaba, silenciosa de blanca espuma, la muerte, rompió ayer bruscamente contra la lava petrificada del litoral de Santiago del Teide provocando una tragedia, ceñida de imprudencia, que se saldó con la muerte de dos despreocupados bañistas.



Como canario, me sumo al dolor de sus familiares y amigos. Que en paz descansen.

Pero no olvidemos que el mar continúa cobrándose su rédito humano por muy distintas razones a tener cada vez más en cuenta: debido a imprudencias, como en el caso de ayer, al esquilmo de sus aguas, al cambio climático que nos afecta tan directamente, a los vertidos incontrolados, etc., etc. pero tampoco debemos ignorar que el mar se cobra otros réditos, también humanos, entre muchos de aquellos que, por encontrar una vida mejor, transitan por él sin rumbo, en condiciones, la mayoría de las veces, infrahumanas, huyendo de terribles guerras y de la hambruna, eligiendo para su destino rutas imprevisibles y en peligro evidente de zozobra. Y esos réditos que se cobra el mar, suelen ser casi siempre vidas humanas, casi anónimas, que lo único que poseen es un mínimo de esperanza de alcanzar un  futuro decente en cualquier lugar. Para todos ellos, también mis condolencias.

jueves, 30 de marzo de 2017

VIVIR PARA VER-VER PARA CREER

Cuando digo que a mí ya no me interesa el futuro, no me refiero en absoluto a que, -como muchos puedan suponer-, siga anclado todavía en el lejano pasado sino que el presente siempre será considerado por mí como lo más inmediato y tangible a mis intereses personales. Y mientras en este mundo siga con vida en el presente, ¿qué me importa a mí el dichoso futuro? 

En cualquier caso, considero el presente  como lo más inmediato al futuro, de modo que -cuando al fin fallezca- lo haré irremisiblemente en tiempo y cuerpo presente mientras que el concepto de futuro, por ahora, seguirá siendo para mí una romántica quimera como también pueda serlo ese otro concepto de felicidad siempre perseguida y deseada por el ser humano.

El futuro empezará a existir, por lo tanto, a partir de que cada uno de nosotros ya dejemos de estar físicamente presentes en este vasto mundo que nos rodea; un mundo que será cada vez más pequeño en función de su aumento demográfico aunque, a la vez, mucho más robotizado y tecnológico si cabe, en el que las ideas y conceptos irán,  por fuerza, derivando, cambiando y adaptándose paulatinamente de contexto y significado gracias a la aplicación de nuevas filosofías de vida creadas, ex profeso, para afrontar el fenómeno imparable que se espera de una nueva y exigente civilización.

Un ejemplo de lo que me imagino podría ocurrir haría referencia al concepto de trabajo que les espera a los futuros vivos.

Hoy en día, un desempleado, por ejemplo, cobra un subsidio bien merecido de desempleo  por no encontrar trabajo estable en el agitado mercado laboral, saturado como éste se halla por la alta precariedad en el empleo. En ese futuro del que hablo, el sistema establecido para entonces podría asumir el riesgo de pagarte, -sin ninguna dificultad-, por no trabajar en absoluto lo que significaría que mientras un elevado número de personas cobrarían por no hacer prácticamente nada, otro amplio sector de la población podría muy bien beneficiarse de ello y disponer así de trabajo fijo y bien remunerado el resto de sus vidas laborales, con lo que se establecería un nuevo código de conducta aceptado filosoficamente por todos y por el cual, -el simple hecho de renunciar voluntariamente al trabajo, -aunque cobrando-, garantizando así el de otros muchos para que lo llevasen a cabo cómodamente y con eficacia,  sería visto en su nuevo contexto como una novedosa forma de suma generosidad manifiesta, un verdadero sacrificio humano por parte de los primeros, en favor del resto de la clase trabajadora activa mundial.

No cabría pues ruborizarse al admitir que “VIVO SIN TRABAJAR”


miércoles, 29 de marzo de 2017

O-B-D-C (OBEDECE)

Desde que tengo uso de razón hasta la jubilación hace ya seis años, no he parado de acatar órdenes continuamente o, según se mire, de ser sumamente obediente cada día. Dicho esto, debo suponer que, -o uno nace ya obediente o, por el contrario, aprendemos a serlo sobre la marcha-. Yo, personalmente, me considero de estos últimos, a pesar de que nada más salir del útero materno, el ginecólogo ya te propina dos sonoras nalgadas para que no olvides obedecer en el futuro.

Sin embargo, cabe distinguir entre nacer ya obediente y aprender a serlo. En el primero de los casos, el niño jamás se cuestiona las órdenes que a lo largo de su vida recibe porque, al parecer, cree que debe ser ley de vida y como tal las asume; por lo tanto, será tratado siempre por sus parientes y por la sociedad en general como un “buen niño” pero en el segundo, que parece ser el mío, los niños, -aunque obedecen a pies juntillas y en silencio-, en su fuero interno sí que se cuestionan no sólo la validez moral o ética de las órdenes acatadas sino, además, el derecho o no que tienen a su absoluta obediencia, de tal modo que siempre serán sospechosos de obediencia fingida.

Ya durante mi infancia había confeccionado en su momento una minuciosa lista con los distintos tipos de órdenes según su importancia en el ámbito cotidiano y familiar, en el eclesiástico, en el colegio, en el ejército, en el mundo laboral, etc. etc., y el resultado fue el siguiente: ORDEN DIVINA, ORDEN IMPERIOSA, ORDEN SUPREMA, ORDEN TAJANTE, ORDEN MINISTERIAL, etc., etc.

¡Siéntate bien! Me sorprendía silenciosa mi madre atizándome en la nuca un golpe con su mano calentita, o  ¡te he dicho que te pongas los calcetines! Y ¡Abrígate al salir! A la salida de algún espectáculo nocturno y aunque yo ya me lo esperaba, me gustaba siempre oírselo decir a mi madre: ¡Tápate bien la boca! En todos y cada uno de los casos, obedecía sin rechistar pero yo creía entonces que no era un niño como los demás, que sólo obedecían por que sí y ya está.

Sin embargo y a pesar de todo yo tenía una máxima secreta e imperativa: Zoilo, O B D C (obedece)

Creo que con éstos son ya suficientes los ejemplos como para imaginarnos como sería después el concepto de obediencia en el seno del Servicio Militar Obligatorio y posteriormente en el ámbito de la vida laboral. Toda una vida acatando órdenes; la mayoría, imprecisas y ridículas por su naturaleza misma y no por el ánimo democrático de convencer con argumentos en lugar de hacerlo a base de órdenes, sin más.


martes, 28 de marzo de 2017

100 Km/h

Desde mediados del siglo XX ya se venía anunciando que las distancias, a partir de aquel momento, habría que empezar a considerarlas en Km/hora (kilómetros por hora). Se daba ya por hecho que la velocidad había sustituido finalmente al concepto de larga distancia calculada en kilómetros. Y en ello se afanaba la industria, sobre todo la automovilística, en considerar que a mayor velocidad de sus vehículos fabricados, menores resultaban las distancias entre dos puntos. Distancias más cortas en el tiempo que no en el espacio, -todo hay que decirlo-.

Los niños de La Cuesta nos sentábamos por la tarde en una acera paralela a la entonces carretera general que llevaba al norte de la isla y desde allí jugábamos a calcular las distintas velocidades que alcanzaban los numerosos vehículos que entonces subían o bajaban por ella. En alguna ocasión llegamos a considerar que un determinado coche había alcanzado la escalofriante velocidad de cien kilómetros por hora lo que, a la postre, significaba que había logrado el máximo establecido por un motor de cuatro tiempos. De modo que a todo aquello que nos parecía que se movía con inusitada velocidad decíamos siempre que iba a cien por hora. Por ejemplo, la velocidad alcanzada por un balón de futbol impulsada por un profesional, la munición de una escopeta de balines al ser disparada, un amigo que pasaba a toda velocidad camino del colegio, etc., etc. En aquel entonces no concebíamos que existiera nada que superara  aquella mítica velocidad. 

Una vez jubilado, decidí “sacarme” el carnet de conducir. Hasta entonces no lo había necesitado porque nunca con anterioridad tuve vehículo. Ahora que dispongo de uno, alcanzar con él los cien kilómetros por hora, me parece más que suficiente para la poca prisa que tengo por llegar a los sitios que me interesan. Y ello se debe a que aún conservo aquel esquema mental de niño por el que no mido las distancias en kilómetros por hora en función del tiempo sino que lo hago todavía en función del espacio que media entre ambos puntos: entre el de partida y el de destino. Naturalmente que ello me obliga a administrar el tiempo de distinta manera. Prever, sobre todo, el tiempo que tardaré en llegar a donde pretendo si me muevo a cien kilómetros por hora y, -en función de ello-, adelantar convenientemente la hora de salida para llegar a la hora prevista a mi destino a una velocidad constante y sin sobresaltos. Así de sencillo.

Por último, me gustaría señalar que, gracias a la todavía escasa experiencia adquirida al volante, -a mi modo de ver-, a cada paisaje por el que atravieso en carretera, le corresponde una velocidad distinta cada vez. Una velocidad siempre acorde con la naturaleza que me rodea y que se desplaza ante mí. Una velocidad que nunca superará, mientras pueda, aquellos cien kilómetros por hora que tanto me impresionaron cuando niño.

lunes, 27 de marzo de 2017

MI PERRO NO FUMA

Hace ya más de veinte años que dejé el hábito de fumar y en todo este tiempo no me había parado a reflexionar sobre un detalle aparentemente sin importancia como es el hecho de que nunca, que yo recuerde, llegué a ver fumar a nadie en el interior de un estanco; ni siquiera al propietario. El estanco sólo expende tabaco a su comprador pero el placer de fumar hay que buscarlo luego en cualquier otro sitio distinto: la calle, la plaza, el bar, etc., etc. Esta humilde reflexión viene a cuento a raíz de una simpática anécdota acaecida ayer mismo en el pueblo más cercano a donde vivo: Llagostera.

El aire frío nos obligó a mi perro y a mí a entrar en el bar del viejo casino de Llagostera con la intención de tomarme un café. Una vez atravesado el umbral, el único parroquiano que se sentaba cerca de la entrada, al vernos llegar exclamó en voz alta: 

-¡Vaya, hombre! De modo que prohíben fumar en el interior del local y, sin embargo, sí que permiten la entrada a los perros.

-¡Usted perdone!, –respondí- pero da la casualidad de que mi perro no fuma.

-Encima, con cachondeo, -balbució.

-Encima y debajo, -respondí de nuevo.

El parroquiano entonces, señalando amenazador al perrito con el índice, exclamó en voz alta:

-No me haga Vd. enfadar con sus bromas porque soy capaz hasta de morder al perro.

-Eso si antes no le tumbo yo los dientes de un puñetazo, -amenacé

Se hizo de pronto un incómodo silencio entre nosotros. El parroquiano, acariciando la copa vacía sobre la mesa, mirando compasivo al perro, se lamentó:

-Usted perdone, pero yo sólo quería fumarme un cigarrito en paz. De modo que, en realidad, no me importa que entre aquí su perro, ni siquiera los ciento un dálmatas de ese americano. ¿Cómo se llama?, ¿Disney?

-¡Lo siento!, -dije. Yo también sólo quería tomarme un café con tranquilidad pero, dígame, ¿por qué no sale Vd. fuera y se lo fuma, si tantas ganas tiene? 

-Pues porque hace mucho frío, ¿no le parece?

Al final me arrepentí de mi propia insolencia ante aquel desdichado parroquiano que posiblemente tuviera razón al criticar con tanta vehemencia la estricta prohibición de no fumar en el interior de aquel desvencijado local y que, -frente a la dirección del mismo-,  utilizara la presencia de los perros como excusa para lograr su tan ansiado propósito y calmar así su evidente síndrome de abstinencia.



domingo, 26 de marzo de 2017

DE ESPALDAS AL MUNDO


He aprendido a vivir de espaldas a las llamadas redes sociales. La inmensa mayoría de las opiniones vertidas en ellas por los usuarios de turno sobre cualquier tema de actualidad me interesan muy poco; y no me pregunten por qué, pues porque no sabría explicarlo con exactitud puesto que, como he sugerido antes, no he experimentado todavía tal posibilidad ni curiosidad al respecto. Sin embargo, como muchos de mis conocidos saben, sí que dispongo de un Blog dónde intento dejar constancia de mis propias opiniones sobre lo que acontece a mí alrededor, un entorno que no pretende ser, ni mucho menos, cósmico sino muy cercano a los intereses comunes del resto de los mortales que me rodean; sean éstos afines a mis ideas o no.

Tengo que reconocer, sin embargo, el poder que asumen las redes sociales en general para la movilización de masas en favor o en contra de determinados postulados éticos, estéticos, políticos, artísticos, etc., etc. y eso no me parece mal. La capacidad de concentración de determinados sectores de la sociedad en beneficio de un futuro mejor para las clases más necesitadas hacen de las redes sociales un arma imprescindible en la lucha contra la desigualdad manifiesta de sus propios usuarios. En cualquier caso, desde mi modesto punto de vista, hay que distinguir en ellas la diferencia existente entre la capacidad y calidad de las opiniones vertidas y la capacidad de movilización y concentración de masas. 

En tal sentido y a diferencia de los distintos medios de comunicación tradicionales, la segunda característica, es decir, la de movilización es muy superior a la primera mencionada, la de información y opinión.



De lo que si dispongo, aparte del ordenador con el que me comunico con el exterior, es de teléfono móvil. Un aparatito de primera generación que también me basta para comunicarme con mis semejantes en caso necesario. Por no tener, no tiene ni objetivo con el que fotografiar; por lo tanto, estoy muy lejos de poder hacerme un “selfie” que por otro lado no me serviría de nada porque nunca he tratado de ser el protagonista de los lugares que visito cuando éstos me interesan de verdad.

Con todo ello no quiero alegar que no me interese estar debidamente informado de cuanto acontece a mí alrededor, sino afirmar que todavía me queda la radio, los periódicos, incluso la TV, antes de caer, irremisiblemente y nunca mejor dicho, en las llamadas redes sociales tan características del primer decenio del Siglo XXI.

viernes, 24 de marzo de 2017

...... un canario como tú en un lugar como éste?

En las contadas ocasiones en las que he llegado a hacer examen de conciencia del tiempo vivido hasta ahora, he llegado a darme cuenta de que, precisamente, siempre que  hube logrado ganarme la vida hasta llegar a la jubilación, ha sido a través de muy distintos trabajos para los que nunca había estado especialmente preparado, mientras que para aquellos otros que sí lo estaba, nunca tuve oportunidad alguna de acceder a ellos.

Para concretar; en aquellos periodos de tiempo en que por falta de trabajo fijo y estable necesitaba sobrevivir sí que sirvieron de algo mis conocimientos de fotografía, música, bellas artes y literatura pero jamás me aliviaron lo suficiente como para abordar el futuro en condiciones favorables de éxito. Y eso que he trabajado casi de todo, especialmente en aquellos que me garantizaban, por lo menos, la Seguridad Social cara al futuro: oficinista, cajero de supermercado, barman, camarero, jardinero, etc. 

Los últimos veinte y ocho años acabé de funcionario público en el Ayuntamiento de Mollet del Vallés, en Cataluña. Y siempre tuve que oír lo mismo: ¿pero que hace un canario como tú en un sitio como éste? Como si el buen clima y la calma de la que se disfruta normalmente en Canarias fueran suficientes como para poder vivir sin trabajar.

Hoy no me arrepiento porque, por fin, dispongo de una modesta pensión que me permite, -por lo menos y aunque sea como entretenimiento-, pintar, fotografiar, hacer música y, sobre todo, escribir.

Me sentía muy desgraciado al no poder subsistir de todo aquello para lo que realmente había estudiado y para lo que, en definitiva, me encontraba bien preparado pero así es la vida. No por ello me alegra saber, sin embargo, que no fui el único y que, desafortunadamente, aún ahora, cientos de jóvenes preparados pasan por idéntica situación a la que pasaron otros y yo mismo entonces. Lo único que cambia es la pregunta que hoy por hoy suelen continuar haciendo: ¿pero que hace un joven español como tú en un sitio como Londres? o como Berlín? o como París?  etc., etc.

jueves, 23 de marzo de 2017

TERROR ISLÁMICO

Lo peor del Islam ha vuelto a atacar de nuevo. Esta vez con los escasos medios de los que, por el momento, se hallan a su alcance. Y lo ha hecho en Londres, donde cada uno de cinco habitantes es de origen musulmán.


La lucha armada contra el infiel, según la interpretación que algunos hacen del Corán, les garantizará la Gloria eterna, donde podrán disponer de todo aquello de lo que se han visto privados en vida, incluidas las mujeres, naturalmente doncellas.

Ese goce material de la Eternidad se contradice con aquel otro que preconiza la religión católica, -el cristianismo en general-, en el que alcanzar el Cielo es visto también como un goce eterno pero del todo espiritual; es decir, muy alejado de ese otro que sólo promete placeres terrenales y materiales después de muertos, por lo que la felicidad no es vista en si misma como una entelequia sino que permanece siempre al alcance de cualquier cristiano creyente, arrepentido a tiempo de todos sus pecados.


Visto desde éste punto de vista, ¿Cómo hacer creer a esos musulmanes que los cristianos, una vez fallecidos, como víctimas además de su extrema barbarie, también y según sus propias creencias acabarán, de igual modo, alcanzando la Gloria?

Si los terroristas, -que tanto invocan a Alá para cometer sus criminales atentados-, estuvieran plenamente seguros de que los que hoy son sus acérrimos enemigos también podrían alcanzar la Gloria prometida una vez asesinados, posiblemente llegarían al convencimiento de que quizá no hubiera valido la pena derramar en vida tanta sangre inocente para lograr el mismo objetivo.

Otra cosa muy distinta es la lectura geopolítica que pudiera hacerse de los intereses ocultos que movilizan los ataques terroristas; pero Doctores tiene también la Iglesia.