Con un modesto ejercicio de expresión corporal, no sólo he pretendido poner de manifiesto mi extremo interés por el mundo del espectáculo sino, además, evidenciar mi atlética complexión física (pese a mi avanzada edad), mi característico sentido del humor, mi natural extroversión, mi total desinhibición, mi espontánea ocurrencia, mi exacerbada fantasía y, por si fuera poco, mi más que dudoso sentido del ridículo.
El ejercicio consistió en una serie de flexiones alternadas y sucesivas de ambas piernas para concluir con una última y difícil representación de equilibrio denominada en Catalunya la “papallona”. Para lograrlo, hube de permanecer durante unos minutos suspendido sobre una sola de mis dos piernas mientras la otra y el torso, doblado por la cintura, se mantenían horizontales y paralelos al suelo así como ambos brazos abiertos en cruz. Mientras, una torsión de cuello de noventa grados aproximadamente me permitía mantener la vista fija en la profesora de clase.
Lamento mucho no poder disponer de ningún otro documento gráfico que acredite mi propia participación en el autorretrato psicológico practicado en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona. En su defecto, incluyo una simpática foto tomada a bordo del INTERPRISE CVN-65. GRAN “E”, en el seno de unas maniobras militares llevadas a cabo en el Atlántico sur el pasado mes de Agosto durante mi estancia en la ROYAL NAVY a la que pertenezco en calidad de almirante desde hace ya treinta años y que espero sea del agrado de todos mis profesores y compañeros de curso.

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damente formando parte de las excelentes plantillas de comedor en los distintos restaurantes de los muchos y magníficos hoteles que caracterizaron al Puerto de la Cruz en las décadas de los 70-80.
